Sunday, October 22, 2017

Revuelo por una estatua

Y no por un hombre.
No entiendo, no puedo entender. Más allá de las extrañas conexiones entre el Museo del Bronx en Nueva York; más allá de las extrañas relaciones de la directora de la galería neoyorquina con las autoridades culturales de la isla; más allá de las extrañas circunstancias del «regalo» de una estatua que fue un gesto de una Cuba Republicana; más allá de las faltas ortográficas y las cantorías celestiales a un extraño símbolo.
Más allá de todo eso. No entiendo el revuelo por una piedra inamovible y el olvido multidiverso del hombre estampado en esa piedra.
«Amamos a la patria de Lincoln, tanto como tememos a la patria de Cutting» dijo ese hombre en un escrito conocido como «Vindicación de Cuba».
Inevitablemente suele conocerse quién fue Abraham Lincoln, aunque se olvida fue presidente electo, a quien todos los americanos reverencian como uno de los padres fundadores de la democracia americana. De la misma forma muchos cubanos ignoran quién fue Cutting.
Augustus K. Cutting fue, esencialmente, un aventurero y un mentiroso; un oportunista que tuvo como pasatiempo impulsar todo tipo de aventuras para la expansión territorial de los Estados Unidos a México, provocando uno de los más graves incidentes diplomáticos, en el tiempo de Benito Juárez, entre esos dos países.
Son curiosos los silencios, ¿por qué ninguna figura pública cubana recuerda paladinamente a Cutting?
Los cubanos todos debiéramos conocer la historia de Cutting, de la misma forma que debieran conocer la historia escondida detrás de esa piedra tallada que intenta convertirse en Martí. Eusebio Leal intentó, como hace casi en todo, malabarismo de bellas palabras, proxenetismo de ideas, borrar la escritura real del gesto: un regalo de la Cuba Republicana a Nueva York.
Republicana, ¿no os dice nada el adjetivo?
El regreso de una réplica de aquella estatua pudiera parecer como el símbolo del regreso de una república, despedida y desbancada por los mismos que hoy celebran «puentes» de amistad e intercambios, y celebran «el único camino» por el cual estarían dispuestos a morir como el hombre de la piedra, Martí.
A quienes alude Leal, los fidelismos fidelistas, curiosamente enarbolaron todas las causas, y ejecutaron todos los aventurerismos dignos del Augustus K. Cutting que condenaba el verdadero Martí, no el de la piedra. Y hoy, mientras florecen estas palabras, y como prueba de su cinismo, plantan su intervencionismo en la Venezuela de Maduro.
Re-escribir la historia, o la parte que interesa de la historia, ha sido una de las cosechas tenebrosas de ese espurio experimento que un día reclamó el muy socorrido sustantivo de revolución. De alguna forma muy oscura la fallecida directora del Museo del Bronx, Holly Block – curiosa combinación de palabras hecha nombre  –, le otorga la bendecida oportunidad, surrealista y muy orwelliana, de concederle a un sargento re-escribidor de historias la desafortunada ocasión de la mentira.
Pobre Martí.
Pobre piedra.
Pobre Cuba.

Nota: La foto fue tomada de la Agencia AP

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