Wednesday, October 11, 2017

La burla de Charlie Hebdo sobre Cataluña

La revista satírica francesa «Charlie Hebdo» le ha dedicado su última portada al conflicto «independentista» del gobierno de Puigdemont en Cataluña. La imagen y las duras palabras no dejan lugar a dudas sobre la opinión del muy conocido, y brutal, semanario satírico francés: «Los catalanes, más idiotas que los corsos».
No es la primera vez que este semanario se mofa del independentismo catalán. De hecho, es la segunda vez en un mes que le dedica algo más que una burla brutal a la intentona golpista en aquella región.
Puede que no nos guste el semanario, que su humor duro y brutal no sea de nuestro agrado, o que, incluso, nos hiera parte de sus descarnadas «bromas», hechas muy en serio – no hay nada más serio que una broma bien hecha, ni ningún dardo más doloroso y profundo -.
Ya les advierto, puede que no les guste, pero aquí se los pongo, traducidos por este servidor. Les pido perdon si encuentran alguna diferencia en el empleo de una u otra palabra, no soy un experto, se entiende, ¿ok?

TONTERÍA O MUERTE
 El referéndum organizado en Cataluña para su independencia hace temblar a Europa. Si todas las regiones europeas que tengan una lengua, una historia, una cultura originales empiezan a reclamar su independencia, el Viejo Continente se va a fragmentar como el casquete polar bajo los efectos del recalentamiento climático.
Puesto que hay unas doscientas lenguas en Europa, ¿por qué no crear doscientos nuevos países? ¿Y por qué no proclamar tantas declaraciones de independencia como quesos y vinos hay en el continente?
La independencia, sí, pero ¿respecto a qué? Es legítima la independencia cuando uno quiere liberarse de la tiranía o la opresión. ¿De qué destino trágico quieren liberarse hoy los catalanes? En 1977, poco después de morir Franco - este había prohibido el uso del catalán después de su victoria en 1939 -,  la Generalitat de Cataluña fue restablecida, y luego la región se dotaba de un parlamento y de un gobierno regionales.
Franco ya no está
Pero hoy, cuando Franco ya no está, hay que buscarse otro tirano al que poder derribar. Será el Estado español y, por supuesto, la peor dictadura jamás conocida en el mundo: la Unión Europea con sede en Bruselas.
Detrás de esa palabra esplendorosa, independencia, se ocultan preocupaciones a veces menos nobles. Como pasa con la Liga Norte en Italia, siempre la reclaman las regiones más ricas. Cataluña quiere la independencia porque ya no quiere soltar dinero a las otras regiones españolas menos ricas que ella.
 Es como si oyéramos de nuevo la voz de la innoble Margaret Thatcher: «I want my money back». La lengua, la cultura, las tradiciones están muy bien para las postales, pero la pasta está mucho mejor. Las regiones pobres de Europa pocas veces bajan a la calle para obtener su independencia.
Más allá de estas consideraciones mercantiles, es curioso oír algunas voces de la izquierda reclamar la independencia de una región como Cataluña en nombre de una identidad cultural que, por cierto, nadie cuestiona.
Y además, ¿por qué la identidad cultural reivindicada por los catalanes debería ser tomada en cuenta y no la identidad cristiana defendida por los xenófobos europeos? ¿Por qué las palabras «identidad» o «cultura» suenan bien cuando las pronuncia la izquierda, pero se convierten en infames cuando es la derecha y la extrema derecha las que las pronuncian?
La cercanía a la extrema derecha
La independencia de Cataluña no tiene por objeto liberar a esta región de una tiranía que ya no existe, ni permitir a la economía ser próspera, puesto que ya lo es, y mucho menos obtener el derecho a hablar una lengua autorizada desde hace tiempo. La obsesión identitaria que se expande por Europa como la podredumbre de una fruta afecta a la extrema derecha, pero también a la izquierda. El nacionalismo de derechas y el de izquierdas tienen un punto en común: el nacionalismo.
Cuando Cataluña haya roto las cadenas que la atan a la monarquía española y al Santo Imperio Europeo, ¿qué ocurrirá? Al son de los tambores y de los pífanos, los gallardos independentistas desfilarán por las calles de Barcelona como si fueran la Columna Durrutí, las jovencitas lanzarán pétalos de rosa a los militantes que habrán desafiado con arrojo al estado policial español, corales infantiles con niños de pelito rizado cantarán a la libertad recobrada y al euro derrotado, las abuelas desdentadas tejerán banderas con los colores de la nueva República, y los bisabuelos desempolvarán la boina que llevaban en el frente en el 36.
Será muy bello, emotivo, magnífico. Y luego, al final de la tarde, todo el mundo volverá a su casa para plantarse delante de la tele y ver el concurso de turno o el partido del Barça en cuartos de final de la Copa. Cataluña bien se lo merece.

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