Saturday, October 28, 2017

Habilitado el Cinismo

No es nada nuevo, lo ha practicado el gobierno de Cuba durante toda su existencia. Ahora, como a «golpe de gracia», y como un gesto de «generosidad», nos dice que elimina la «habilitación» del pasaporte.
Generosos los comediantes. Queda la risa despellejada en el rostro cínico.
Somos un pueblo de «habilitados» para escuchar a los que un club privado nos dice; para concurrir ordenadamente a nuestros deberes «con la patria», sin saber cuáles son nuestros propios derechos; para poder entrar y permanecer el tiempo que se nos dispone, por ese club, y ser agradecidos; para pagar un pasaporte que no nos sirve ni para ir al baño, por la generosidad de nuestro dinero sudorosamente ganado; para poder tener el derecho de pertenencia que no debimos nunca haber perdido, aunque estemos en la antártida con pinguinos como vecinos.
Somos un pueblo «habilitado» a vivir una no-existencia, y tenemos que agraceder la generosidad de una «apertura» que no existe. Por cierto, nadie le recordó al tal bruno, así, en minúsculas, ni le dijo, o le sugirió, que las puertas se abren cuando están cerradas, de otra manera no se abren.
El cinismo es la enfermedad infantil de todas las dictaduras. Se la inocula a su existencia como un virus patógeno: infecta no solo a los enfermos, sino también a los que se creen saludables y bien vividos.
¿Qué me dan?
Nada.
Entrar a mi país en un yate, o en un  crucero, como si fueramos una especie alienígena a la que nos tuvieran que considerar la posibilidad de ese derecho. Para además ser pasajeros de un turismo que no existe, porque nadie «turistea» en su propio país, lo visita cuando se vive lejos, para no perder la conexión con sus raíces, aunque se puede vivir siempre «dentro» y no tenerlas.
Como estos mamarrachos que transpiran estas «generosidades».
Se dicen martianos y se olvidan de la más fundamental de sus leyes: la Patria es de Todos… hasta del gusano burócrata que escribe estas «generosidades» en la «Gazeta Oficial de Cuba».
El papel lo aguanta todo.
Ah, ¡que no se me olvide!, ahora podemos «recuperar» nuestra ciudadanía. Podemos ir, aplicar con unos 120 dólares en el MINREX flamante, donde garabatea la araña estos dislates lógicos de la ilógica sinrazón de la dictadura más geriátrica del planeta, después de la coreana, por supuesto – los chinos ya no se sabe ni qué son –, y retornar a nuestra libreta de desabastecimiento.
¿Qué es lo que me dieron este mes?
Dejame ver: arroz, 14 onzas de granos, sal, una libra de azúcar morena, 3 libras de azúcar blanca, una lata de carne rusa (volvieron los rusos y sus laticas grasientas), un paquetico de café mezclado, media libra de aceite para cocinar y una cajita de fosforo.
¡Sanseacabó!
Los «gróceris generosos socialistas».
Para eso nuestros hijos pueden retornar a ser ciudadanos. También nos «habilitan» el conveniente apunte en el registro de direcciones, guardado celosamente por un miembro de los CDR, esto no se me puede olvidar. Es lo único que hacen los «cede-erres», para eso han quedado, y para seguir ejerciendo las infames tareas del deshonor patriótico socialista: chivatear.
Cada dos años hay que hacerse del viajecito para de esa forma no perder nuestra «pertenencia», que no es a ninguna Patria, sino a una península de tierra ordenada por un club geriátrico de seniles burócratas con un sentido genial del cinismo que espanta.
Son 800 mil los que deben ordenarse, o deberían, con la «habilitación» de ese librito azulado que nos cuesta 330 dólares, al menos aquí, en Canadá. Han hecho de la pertenencia a un país que es de todos, amigos y enemigos, la industria más eficiente, casi la única – no se puede olvidar que la industria del cinismo es la primera – del socialismo cubano.
Nada más funciona.
¿Y se pregunta alguien cómo es que han pagado su cuota al Club de París?
Es de risa.
Regístrense sus propios bolsillos. Son ustedes, nosotros, los emigrados, quienes lo hemos pagado. Por eso nos habilitan algo que nunca dejó de pertenecernos, es la cuota de cinismo que nos toca, «por la libreta», este mes.
Hasta eso está normado en Cuba.

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