Sunday, February 21, 2016

A 90 millas y aún muy lejos

Se hace un ejercicio inútil el argumentar las «razones» de Ben Rhodes, quien en última instancia habla por el Presidente Obama, sobre por qué el señor Presidente de los Estados Unidos viajará a Cuba en marzo. No porque no existan suficientes argumentos para replicar a esas «razones» sino porque, precisamente, existiendo demasiados no existe la voluntad de la «escucha activa» por parte de la presidencia norteamericana y su equipo de asesores y analistas.
Entonces las razones de Rhodes, que deben ser interpretadas como las de Obama, se convierten en la argucia técnica de la arrogancia frente al raciocinio. Curiosamente, mientras expresan públicamente, en la misma comunicación del «Asistente del Presidente y Asesor adjunto de Seguridad Nacional de Comunicaciones Estratégicas y Discursos», que es como oficialmente está nombrado Rhodes, que los cubanoamericanos son los mejores embajadores de Cuba en la nación norteña, se interpreta como una verdadera ironía que la respuesta a sus argumentos se perfila como la grácil herramienta para acallarlos o, al menos, servir de la triste argucia de calmar el descontento con una pieza mediocre de escritura política.
Y, por otra parte, mucho más inútil es el ejercicio de desacreditar la reinterpretación del régimen en la pluma de sus representantes propagandísticos, especialmente de Sergio Alejandro Gómez en su escrito del diario «Granma», sobre el «desmontaje del mito de la violación de derechos humanos en Cuba» gracias al viaje del señor Presidentes de los Estados Unidos. De hecho, y como colofón de apuntalamiento de que el general-dictador le tomó la palabra a Barack Obama, está su visita virtual a Santiago de Cuba y el paseo de «selfies» que el segundo canalla se degustó en su alfombra política de conveniencia.
La política siempre tiene sus signos y símbolos.
Y es que el mismo Obama, no solo con la anunciada visita, sino con su «Mensaje Semanal » le sirvió de «partenaire» al establishment cubano para las pantomimas. Pero nada de eso es lo que quiero abordar aquí, ya más que conocido y cocido, más que abordado por analistas, «cafeconlecheros» y por la «crema y nata» del periodismo proreformas.
Hay dos aspectos, sin embargo, que quisiera abordar. Son dos detalles que la prensa mundial, y todo el establishment informativo, ha fallado en mencionar, ¿o ha sido a propósito?
Evalúenlo ustedes.
En las «razones» que en la pluma de Ben Rhodes se publicitó se dice, en una de sus partes, y cito:
“While Cuba released Alan Gross, a number of political prisoners and recently hosted the head of the International Committee of the Red Cross, we continue to oppose and speak out against restrictions on rights like freedom of speech and assemblyand space for independent civil societythat the United States supports around the world. While we do not seek to impose change on Cuba, we strongly believe that Cuba will benefit when the Cuban people can exercise their universal rights.”
Traducción:
“Mientras Cuba liberaba a Alan Gross, a un cierto número de presos políticos y recientemente fue sede de la reunion del Comité Internacional de la Cruz Roja, nosotros seguimos oponiendonos y hablando en contra de las restricciones a los derechos como la libertad de expresión y de reunión - y de [un mayor] espacio para la sociedad civil independiente - que Estados Unidos apoya en todo el mundo. Mientras nosotros no buscamos imponer un cambio en Cuba, estamos convencidos de que Cuba se beneficiará cuando el pueblo cubano pueda ejercer sus derechos universales.”Repito la frase clave: «Mientras nosotros no buscamos imponer un cambio en Cuba».
Es decir, y a todas luces, saben que el paseo por La Habana es solo un paseo político, una visita más entre tantas que el Presidente Obama hace para imponer su legado a la historia de su presidencia. Y esto lo tiene claro Ben Rhodes, porque desde Noviembre del año pasado, 2015, ya habia anunciado que Obama iba a realizar una serie intensa de viajes que, como muchos de sus predecesores, es el intento de desviar de la brújula política doméstica, el foco de atención y redireccionarlo a la política exterior del huésped de la Casa Blanca.
En esta cruzada de viajes, pensada desde Noviembre, ya Obama tenia definido ir a Vietnam, a Laos – otro de los lugares que por primera vez pisará un presidente americano, después de un largo tiempo – y Cuba. Por supuesto, la isla, por estar a 90 millas y ser uno de los lugares más conflictivos de la política doméstica, regional e internacional de aquel país, es el conveniente campo minado para sacar provecho de su etapa de legado antes de despedirse de los salones marmóreos de la casa de gobierno.
En Noviembre no habia aún suficiente noticias de la espansión de los WIFI, del que Obama se centra para hablar de «progreso», pero ya entonces el viaje estaba pensado y decidido, y el anuncio del jueves 18 de Febrero es solo la confirmación de algo que, no por esperado, deja de tener un sabor amargo en nuestras vidas.
Y aquí va la segunda afirmación importante del escrito de Rhodes, hecha, nada menos, que en el mismo principio de su «hoja de ruta»:
“Cuba is only 90 miles from Florida, but for a long time the distance between our two countries seemed a lot greater. [ Cuba esta a solo 90 millas desde La Florida, pero durante mucho tiempo la distancia entre nuestro dos paises parecia mucho mayor.]”
Hay que recordar que ninguna de las palabras que emplea un profesional «escribidor» de discursos y alocuciones públicas de los presidentes se incluye en vano. La inclusión del eje geográfico en que incurre la primera línea de Rhodes está hecho a propósito y tiene el cometido de decir, muy bien claro, «desde hoy, ese eje ha trasladado su centro hacia Washington».
Rhodes está diciendo, claramente, para la cúpula política del régimen, pero, sobre todo, para los políticos cubanoamericanos, que Florida ya no es el centro de decisiones y de lobby seguro para la política norteamericana hacia Cuba.
Y en esto hay que darle la razón a los que en «Granma», y en la prensa secular de la dictadura, establecen que la comunidad cubana en Miami dejo de ser el centro de atención de la Casa Blanca. Lo cual es un entredicho a las mismas palabras de Rhodes cuando los equipara como «los mejores embajadores» de ese país. El hecho es que, está tan escondida la frase y tan amurallada de «otras razones» como para que implote y «desaparezca» de su mismo contexto.
Y así, a pesar de todo lo gastado en tinta, palabras y escritos, Cuba viene estando aún más lejos. Mucho más lejos, porque la administración americana, por primera vez en más de 50 años, ha declarado y ha afirmado que hoy está más cerca de su régimen, que del mismo pueblo, cuyos embajadores por excelencia dice ella misma tenerlos en su propio territorio continental, en La Florida.
Y es por eso que, al inicio de este post, escribí que resultaba un ejercicio inútil ejercer el derecho a la réplica a las «razones» de Rhodes. Quienes no quieren oír, seguirán siendo sordos; quienes no quieren entender razones por sostener las suyas propias, seguirán ejerciendo su arrogancia; quienes quieren imponer un estilo, desafiarán al mejor estilista de cualquier moda.
Hoy Cuba es su moda. Y así la instalan en su pasarela política.
Casualmente unos días atrás el señor Obama argumentaba que Trump no iba a ser Presidente de los Estados Unidos porque la presidencia no era un «reality show». Las palabras parecen fustigarle con sus propias resonancias de cinismo, y en su propia lengua: él mismo es un miembro de su «reality show».

Monday, February 15, 2016

El ojo de la serpiente

El poeta le cantó a su pasaporte y se suicidó. Describió su orgullo con letras de sangre y se suicidó. No hay nada más patético en este mundo, y en cualquier otro, que la muerte de la poesía por sus propios versos. Al menos, de consuelo con su espíritu de poeta, aquel otro puede reclamarle coherencia a sus versos. Les fue fiel.
La muerte de Maiakovski me recuerda la puta sobrevivencia de algún Silvio, y el compromiso de lo que queda de sus versos con la incoherencia.
Hoy tiene un blog, una «segunda cita», porque ya no puede ser la primera. En ella, alguna vez, se deshielan sus dedos arrancando alaridos a sus antiguos versos. No le quedan.
En ocasiones, muchas, le prestan las palabras algunos otros. Y hacen preguntas, y construyen respuestas, y entretejen su red de razones por las ramas para atrapar la mariposa, que nunca se deja enredar en sus fibras viscosas.
He leído algunas de esas palabras prestadas. Unas oraciones que se autosuicidan, ¡como si el suicidio no transcurriera con las manos propias!, pero hasta esa muerte es prestada por otras seculares manos en los confines de aquel archipiélago.
«Los olvidados, los que se quedan», parpadea el titular. Mientras, las luminarias celebran los encuentros fortuitos de religiones ancestrales, que alguna vez se cortaran sus cabezas por el mismo Dios, en salas protocolares.
¿Por qué se van nuestros jóvenes? ¿Por qué otros se quedan? Se pregunta la segunda voz en la «segunda cita». Y se responde: «porque se acabaron los paradigmas de nuestros padres». ¿Y ellos tuvieron?
¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Para construir qué? ¿Qué nos dejaron?
Y entonces, deshilvanada por el mismo trillo de las viejas pautas, la respuesta secular se metamorfosea en un delirio de mala poesía: «visibilizar» a los que se quedan, que «son los olvidados». Que se quedan «porque los mueven fuerzas mayores»
¿Cuáles?, le pregunto.
¿Dónde están?, vuelvo a insistir.
No se entiende que se siga haciendo un ejercicio metafísico con preguntas cuyas respuestas se conocen desde hace mucho tiempo, porque la época de los ornamentos teóricos a la caída de los paradigmas del socialismo ya ha pasado. Ya no quedan, incluso, argumentos contra un enemigo que cada día sigue extendiendo la mano, ofreciendo una benevolencia a cambio de nada.
¿Qué tenían nuestros padres? ¿Qué nos dejaron? Le pregunto a la voz segunda en la «segunda cita».
La culpa, el oficio de creer en algo que fueron culpables de crear: la destrucción del futuro de sus hijos con desventuradas ideologías ajenas. Eso nos dejaron. Ese fue su «paradigma».
Entonces, ¿de qué vale volver a preguntar si no es con el conocido oficio de la serpiente de cerrar el ojo cuando se empeña en la mordida?
Que nuestros padres tenían un «proyecto de nación»; que habia una «estabilidad» en los años 80; que existía el liderazgo carismático de aquel otro que ya no existe, o se diluye en sus vías naturales biológicas de extinción.
Los ciegos de cualquier fe la seguirán ejerciendo aunque le sigan prestando otros ojos, porque no es en el órgano de percepción donde está el problema sino en el órgano de la palabra, que ejerce el ocultamiento, la distracción, la autocomplacencia.
Pero para destruir, emborronar esos mediocres versos están los recuerdos, la memoria histórica, los desastres transcurridos.
No dejamos de tener éxodos en ninguna época, aun con algunos mercados llenos. Aun con «estabilidades» en supuestas décadas. Aun con «proyectos y carismas» y poemas. La memoria, al parecer, no la ejercen algunos poetas, o los que les prestan las palabras en algunas «citas».
Se nos han ido todos, en silencio y sigilosamente por algunas cercanas playas unos; en los ochenta en las escandalosas marejadas de embajadas y cruceros temporales del estrecho; o arracimados en consulados y embajadas en los noventa; lanzados por esos líderes de carisma a noches turbulentas en el ojo de nuestro estrecho tormentoso.
La memoria, poeta, la memoria es el último recurso que puede olvidar la poesía. Ella, en sí misma, es recuerdo.
Por eso, y muchas otras razones que todos silenciosamente SI recordamos  aunque algunos prefieran olvidar , siento pena de los versos por la traición de su poeta, que ha convertido su palabra en el sonido sibilante de la serpiente.

Sunday, February 14, 2016

Pow Pow

Hace tiempo hablo muy poco de la «oposición cubana», de la de allá, la que vive en la isla de Cuba, porque Cuba es un archipiélago que parece extinguirse o explotar, repartirse por todos lados más que quedarse en sí misma, si algún día queda algo en ella que recordar – y espero que siempre quede. Pero los tiempos han degradado las consideraciones políticas y humanas a los grupos y a las personas que componen esos grupos, y digo el tiempo aunque puede expresarse en otras razones. Unas de esas es el autodescrédito que, por las mismas fuerzas de seguridad, diezman la oposición a Castro.
No es primera vez que se usan los agentes infiltrados, no como los «oídos» de los movimientos, algo que muchos cubanos conocemos, sino como esos átomos de implotación que provocan el descrédito. Actúan como fuerzas centrípetas de los movimientos sociales alternativos para hacerlos cambiar de dirección, o al menos alterar su curva de comportamiento, o tal vez girar en su mismo centro y no lograr expandirse más allá de sus pocos activistas. La fuerza centrípeta más devoradora de toda oposición es el descrédito interno de sus propios miembros. Se logra de muchas maneras, y las fuerzas de seguridad de las sociedades totalitarias del Este lo usaron de muchas formas, en Cuba lo ha usado el castrismo en todas sus variantes.
Por eso, cuando a veces me tropiezo con algunas manifestaciones raras de comercialización de la oposición – sí, entendieron bien, comercialización – lo primero que me viene a la sospecha es la mano que todos conocemos, la del enemigo fundamental de toda democratización en Cuba.
El enlace de «Facebook» y el link me llegaron a través de una amistad. Al principio lo tuve que ver varias veces, muchas veces. Una cara me era conocida, pero no lograba entender de dónde, quién era, y pensé que la información me llegaba con el enlace errado. Es que era un comercial y de lo que me hablaba la persona era de «oposición» y de «activistas por derechos humanos» e «infoactivismo» de chancletas. Tuve que volverlo a ver muchas veces, muchas, muchas, muchísimas veces para darme cuenta del nombre y entender que era la misma persona, tan «en shock» estaba que lo leía y no entendía las letras de su nombre.
¡No sé cómo a estas alturas ya no estoy curado de espanto!
Me explico. Era un comercial de «CHANCLETA POWER», o como se dice en el pequeño video de mercadeo, «Pow Pow», y lo acompaña este escrito que les reproduzco:
«ESTE ES UN SUEÑO HECHO REALIDAD!!!! Hace un tiempo comprendimos que los sueños para realizarse necesitan de una fórmula mágica: trabajo. Llevamos casi un año preparando este hermoso proyecto, lleno de profesionalidad y pasión, con el cual queremos exponer los principios en los que creemos; que donde hay comercio hay libertad. 
Tenemos el honor de presentarles, y que sean testigos, del ciber-lanzamiento de nuestra primera línea de chancletas en nuestra tienda online http://www.chancletapower.com/ la cual abrirá sus puertas (viruales) el día 29 de Febrero, a las 9PM Hora del Este.  Solo hay un 29 de Febrero cada cuatro años, sabemos que esta tienda es más que una tienda, por eso eligimos esta fecha para celebrar nuestro aniversario. 
Ha sido arduo pero un proceso único, y lo que se avecina!!! Porque no es un producto, tenemos ya disponibles miles de nuestras chacletas ya físicas, en cajas listas para entrar en el mercado, y miles de ideas para el futuro Estamos muy orgullosas!!!!
#ChancletaPower es un duo creativo-empresarial fundado por Ana Olema & Annelys PM Casanova dedicadas al arte, al infoactivismo, y desde este momento, al emprendimiento comercial. 
Nuestra primera línea femenina "Pow Pow" está diseñada para personas que buscan dejar una marca en la sociedad, que se reconocen como individuos pensantes y rebeldes, y que ante la maldad humana no dudarían en dar un chancletazo!!!
EL 29 DE FEBRERO será nuestro primer CHANCLETAZO

Te invitamos a ser parte de la familia #ChancletaPower.  Be ready for buy your "Pow Pow"!!! »
Llámenme prehistórico al «fin de la historia», o demasiado conservador, o incluso «dinosaurio político» a estas alturas de la neoCuba con una neooposición y neodisidencia de neoestilo. ¡Llámenme lo que ustedes les dé la gana!
Esto es una vergüenza, ¿o es simplemente una campaña de descrédito político más de carambola a la disidencia?
Pero, ¿de quién?
¿Son estas dos personas, una de ellas que me sigue y a quien yo sigo en Twitter y que desde ahora mismo dejo de seguir, átomos activos en la fuerza centrípeta de descrédito sembradas por la Seguridad del Estado cubanas?
O, lo que es para mí aún peor, ¿es una simple manipulación de mercadotecnia de esta bichidencia que ha visto la posibilidad de un mercadeo de chancletas a través del cultivo de una neodisidencia?
No lo sé, pero esto de que «Pow Pow» es una línea femenina diseñada «para personas que buscan dejar una marca en la sociedad, que se reconocen como individuos pensantes y rebeldes» me suena a verdadera diarrea de mercadotecnia burda para ganar dinero.
¡Y que se ofenda quien lo desee!
¿Dónde está el «infoactivismo» aquí? ¿En los $ 9.99 que recobran de cada par de chancletas?
¿Adónde van las chancletas a caminar? ¿A Varadero? ¿O a exhibirlas como forma de protesta frente al Consejo de Estado?
Dejémosnos de burlas a la inteligencia y llámesele lo que es, puro mercadeo de mierda, y del peor estilo.
¡Punto!

Nota: Aquí está el enlace. He respetado la ortografía del escrito original. ¡Júzguenlo ustedes mismos!

Friday, February 12, 2016

Razones para un encuentro

Los protocolos son esos trajes de etiqueta almidonada que definen las formalidades de los encuentros, las palabras después del  protocolo solo son esas postales de recuerdo para la historia secular del momento. Así ocurrió hoy en el aeropuerto de La Habana.
El patriarca de la iglesia ortodoxa rusa Kiril llegó a La Habana el jueves y, como sucedió la tarde de este viernes con Francisco, fue recibido por Raúl Castro. El dictador se ofreció, con evidente agrado, a ejercer de anfitrión entre el patriarca de Putin y el neoteosofo de la izquierda católica, Francisco.
La «disponibilidad activa», como fue calificada la actitud de Castro hacia el encuentro, incluyó hasta el detalle de que los dos líderes religiosos entrasen «contemporáneamente» – según puede leerse en el programa oficial elaborado por el Vaticano – en la sala del aeropuerto de La Habana, acompañado Cirilo por el metropólita Hilarión, y Francisco por el cardenal Kurt Koch.
Terminado las dos horas del encuentro, Francisco no demoró en emitir esas palabras que conforman las postales de recuerdo después del protocolo, como les decía al inicio, solo que, para un Papa que no le gusta que le usen políticamente, resulta muy inconveniente que las palabras escogidas para saludar «al gran pueblo cubano», a través de su dictador, sean que «Cuba será la capital de la unidad».
Una unidad que para el anfitrión de los dos Papas no incluye la de su pueblo, pero eso ya no será convenientemente recordado.
¡Ironías de los encuentros, los protocolos, las palabras de recuerdos y los viajes «pastorales»!
Obviando las protocolares e insulsas palabras de Francisco lo interesante sería conocer, de alguna manera, por qué estos dos personajes seleccionaron a La Habana como punto de encuentro.
He aquí algunas muestras de las razones por analistas y politicastros del evento.
Para John Allen, editor asociado de Crux, publicación del Boston Globe y autor de 10 libros sobre el Vaticano y el catolicismo, en la selección ha habido una parte de suerte y otra de estrategia. Esta es la parte de suerte:
"La parte de suerte tiene que ver con que el patriarca ruso ya tenía previsto viajar a Cuba al mismo tiempo que el papa Francisco iba a México, así que resultaba práctico para ellos verse allí”
¿Coincidencia geográfica de las visitas? ¿Ustedes siguen pensando en las casualidades en este mundo político?
Por su parte Vakhtang Kipshidze, portavoz del Patriarcado de Moscú de la Iglesia ortodoxa rusa, califica a la isla como «territorio neutral» para el encuentro.
"Cuba es ideal porque es un país principalmente católico que tiene una comunidad minoritaria ortodoxa en La Habana. Es un lugar igualmente hospitalario para todos. En cambio,Europa está conectada con experiencias negativas y dramáticas para ambas comunidades religiosas."
¿No es también conveniente la cercanía de Castro con el señor Putin? ¿No se ha dicho demasiada veces que el patriarca Kiril es el «patriarca de Putin»?
Solo pregunto.
Para el corresponsal del National Catholic Register y colaborador de la revista «Foreign Policy», Victor Gaetan,  la elección de Cuba favorece al gobierno de Raúl Castro «al posicionar a La Habana como un mediador entre occidente y Rusia».
Muy incisivas las palabras de Gaetan, y esclarecedoras, coincide con las palabras de las postales para el recuerdo del Papa Francisco al continuar en su viaje a México. ¿Recuerdan? La «disponibilidad activa» de Castro.
Por su parte para Ted Piccone, senior analyst del programa sobre América Latina del Brookings Institution, lo que importa es que el encuentro solo ayudará a mejorar la imagen de Cuba en el exterior.
"Cuba necesita reconstruir su capital en el extranjero ahora que ya no puede limitarse simplemente a quejarse de Estados Unidos. Quiere proyectar la imagen de que es un actor conciliador diplomático neutral como ha hecho con las conversaciones de paz entre Colombia y las FARC.”
Según Ted Piccone el régimen de Castro tiene que encontrar otras formas de captar la atención internacional, «porque necesita toda la prensa que pueda obtener dado que su situación económica no es buena y Venezuela está más débil cada día».
Lo que significa que Cuba tiene que diversificar los vínculos políticos de propaganda con el resto del mundo, amparada en la conveniente sombrilla de Obama, para cambiar la percepción que sobre la isla, especialmente en relación con los derechos humanos de sus ciudadanos, se tiene. En este aspecto el encuentro histórico de los dos líderes espirituales de las nominaciones religiosas que por más tiempo han estado en franco desafío es el vehículo ideal para alcanzar la oportuna ganancia política para la dictadura.
Así, una vez más, la Iglesia Católica le ha tendido bondadosamente al regimen la ayuda política, olvidando la de su pueblo. La primera, para deshacerse de sus presos políticos. La segunda, para romper los cincuenta años de diferendo con los Estados Unidos. Y esta tercera para la bendición espiritual de la etiqueta conveniente de la «tierra de la unidad», como ya el mismo Papa Francisco acaba de bendecirlo con su bula profética.
¡Y algunos siguen creyendo que el argentino representa a la Iglesia del Dios de los pobres!

Monday, February 8, 2016

La Libertad de la Mentira

Los hermanos Yulieski y Lourdes Gourriel Jr., dos de las más importantes estrellas juveniles emergentes del beisbol cubano, acaban de abandonar la selección nacional de su país en Santo Domingo. No demorarán en aparecer en Miami o, tal vez, en algun otro punto del suelo norteamericano. Tampoco demoró mucho esta vez en aparecer una nota en el sitio en internet del «Diario Granma». La nota, de unas muy escasas líneas, termina expresando que el hecho fue «inmediatamente rechazado por los integrantes de la selección cubana, quienes emitieron una declaración».
Por lo pronto la «conocida» declaración está perdida por el momento del periódico, tal vez por la timidez conocida de que muchos de esos que la apoyaron (vean la foto), no la emitieron – ya se sabe que quienes la escribieron y emitieron fueron las autoridades deportivas oficiales cubanas, las únicas que escriben y emiten la opinión por sus deportistas –, muchos de ellos, repito, terminarán alguna vez en la misma ruta de los hermanos Gourriel.
La huida de los hermanos Gourriel, y tantos otros deportistas, no solo del beisbol nacional, sino de cualquier otra rama, aun cuando no sean grandes estrellas en deportes que tampoco son de primera línea en el país, unido a la estampida que en los últimos meses ha ocurrido con la emigración de jóvenes cubanos por el istmo centroamericano, demuestra que en la isla existe un profundo nerviosismo sobre el futuro que puede descubrir las recien estrenadas relaciones políticas entre Cuba y los Estados Unidos.
No solo se cuestionan la posibilidad de que desaparezca la «Ley de Ajuste», y así os cubanos se agreguen al listado nominal de la emigración ilegal latina en los Estados Unidos, sino también la certeza, al parecer en la población cubana, de que el embargo y todos los estamentos de la tradicional política de cincuenta años de administraciones norteamericanas sean abolidas, y con ellas se esfumen las garantías de todo tipo que los cubanos han tenido en suelo americano.
Lo curioso del cambio en esa actitud es que no representa un sentimiento político del régimen, que ya se sabe no es Cuba, sino de la población cubana, especialmente la población en edad juvenil, en edad de emigrar y rehacer su vida en los Estados Unidos.
Tal parece, ateniéndonos al nerviosismo de esta avalancha, a la continua sangría de atletas y profesionales que abandonan las selecciones nacionales o los viajes oficiales, que los que hoy no quieren o no desean que se levante el embargo y desaparezca la «Ley de Ajuste» es el pueblo, mientras que el gobierno de Cuba constantemente exige, con desesperación – tal vez previendo que el próximo en la Casa Blanca no sea un demócrata –, que Obama acabe de dar el siguiente paso y derogue lo que queda del embargo y todo lo demás.
Por supuesto, el cambio de percepción está en las generaciones jóvenes, que son las que fundamentalmente abandonan el país. Aquellas que fundaron con su tolerancia o participación el régimen de los Castros o está en franco proceso de extinción, o sigue manteniendo su petulante ignorancia de las actuales circunstancias o, sencillamente, viven encerrados en sus mitos y no pueden deshacerse de ellos, ni podrán.
Lo ridículo, sin embargo, es que la oficialidad del deporte, de la prensa y del gobierno sigue pensando y actuando de la misma manera que han actuado desde siempre, escribiendo declaraciones en nombre de los atletas que en un futuro próximo seguirán abandonando sus delegaciones a eventos internacionales, y calificando de mercaderes a otros cuando, de hecho, los mercaderes de la mentira, de la conciencia y del salario de esos jóvenes que emigran son ellos mismos, en nombre de un ideal que ya no se cotiza ni tiene valor en el mercado internacional de ideologías.
Una vez más demuestran, como su propio canciller, que en Cuba lo que existe es la Libertad de la Mentira, en vez de la Libertad de la Verdad. Típica mixtificación de toda sociedad que dice construir el socialismo cuando lo que hace es destruir los estamentos nacionales de la sociedad donde pretenden su cacareada «construcción».
Fíjense en los rostros de los que quedan, algunos ni miran a la cámara, otros se encargan de mirar a esos que no miran o rodean a los atletas en la típica actitud de la coacción y el amedrentamiento servil a algo que ya no funciona. Esos últimos son los esbirros que acompañan a todas las delegaciones cubanas al exterior, los perros de los verdaderos mercaderes de los jóvenes cubanos. Recuerden algunos de esos rostros, ya se lo tropezarán algún día, tal vez muy pronto, por las calles de América, y posiblemente de Miami.
¿Emitirán entonces alguna otra declaración los mismos emisores de siempre?
¿Hasta cuándo van a seguir mintiéndose ellos mismos?

Nota: La foto acompaña a la minúscula nota aparecida en primera plana en el sitio internet de «Granma». Les aconsejo lean los comentarios de aquella nota. ¡Imperdibles!

Thursday, February 4, 2016

Cruz - Rubio

Esto no pretende ser una valoración política de los dos aspirantes a ser candidatos de su partido a la presidencia de los Estados Unidos, ni tampoco de su plataforma y pronunciamientos. No pretendo que lo sea, ni lo es. Me aventuraría a llamarlo una especie de quema personal de los demonios sobre estos dos políticos que dicen tener con mi persona algo en común: ser cubanos.
Pero no lo son.
Me explico.
Cruz es hijo de un padre cubano. Nació en un hospital de Calgary y luego, a los tres años, su familia se trasladó a los Estados Unidos. Este senador-pastor-evangelista-aspirante-a-candidato es hijo de dos computer programmers, yo también lo soy, así que además por ahí hay alguna conexión perdida con este mortal que escribe.
Rubio es hijo de dos cubanos por lo que, tal vez, pueda reclamar un poquito más esa conexión con Cuba. Su madre, cajera; su padre, camarero. Los dos trabajaron para que su hijo pudiera ir a la universidad y convertirse en un abogado. Hoy es aspirante a candidato a la presidencia de los Estados Unidos. Como puede inferirse, cualquier padre cuyo hijo alcanzara esas metas pudiera sentirse orgulloso de lo alcanzado con su sacrificio y trabajo honrado.
Definitivamente puedo tener un poquito más de sensibilidad con la historia de Rubio que con la historia de Cruz, por la idea romántica de que los padres de Rubio lograron hacer de su hijo alguien más allá de un simple obrero, o camarero, o empleado de algún banco o comercio. Cruz proviene de una familia con mejor respaldo financiero, sus padres no tuvieron que contar, moneda a moneda, para que su hijo pudiera alcanzar lo que es hoy. ¿Me entienden ahora?
Así las cosas, ¿qué tienen de cubanos estos dos hombres más allá que un apellido o, tal vez, el conocimiento de un sabor en la comida, una tradición en el idioma, y pudieramos agregar que una conexión más cercana a Cuba que la de un candidato como Trump, que no tiene ningún ADN criollo?
La respuesta es MUY POCO.
No conocen Cuba. Toda la información que pudieran tener, o tienen, es de referencia, servida a través del tamiz político de sus tendencias partidistas. Por supuesto, lo evidente es decir que ninguno de los dos han visitado el país de sus respectivos padres. Me imagino que los que gobiernan allá ni quisieran dejarlos entrar si, en caso muy hipotético, alguno de los dos dijera desear visitar la isla, que no lo harán.
A veces siento que se mistifica demasiado esa supuesta pertenencia o ese sentido de «ser» cubano, o italiano, o portugués, o de cualquier otra nacionalidad solo porque nuestros padres nos hayan engendrado y ellos verdaderamente lo sean, lo hayan sido, y hoy vivan en otra parte y hayan procreado a este nuevo ciudadano que dice ser «cubano», «italiano», «portugués». Las preguntas que siempre se me presentan son ¿qué es la pertenencia? ¿Aquella arraigada a la tierra que nos vio nacer o a la otra, a la que nos dejó crecer y hacernos hombres de bien y tener un futuro?
Yo soy hijo de españoles, pero nací en Cuba, ¿es que soy español?
Por supuesto, siento una subterránea simpatía que me hace temblar la piel, la subjetividad, el sentimiento cuando algo le sucede a España, la tierra donde nacieron mis padres, pero yo no soy español, soy cubano, y a veces quiero seguir diciéndolo que lo soy cuando, y aquí golpea la cotidiana realidad, debería decir que soy canadiense, porque este país donde hoy vivo me abrió sus puertas y me permitió vivir en paz, ser lo que soy hoy, rebasar el marco cotidiano de la sobrevivencia.
Es por eso que cuando me enfrento a la profunda incertidumbre de intentar comprender la sicología, los comportamientos y la forma de ser de estos dos políticos, hay algo que se debate confusamente en mis pensamientos que me hace mirarlos con demasiada aprensión. Se dicen cubanos, pero ellos no saben qué cosa es ser cubano, porque la verdadera cubanía no puede ser trasplantada, y lamento sinceramente desafiar a aquellos que pretenden negar esta gran verdad. La conexión de nuestro corazón con nuestro país tiene raices instaladas en aquella isla que, aunque nos vayamos y naufraguemos en cualquier otro lugar, se quedarán profundamente asidas de por vida en nuestro cuerpo, en nuestro organismo de subjetividad y de sentimientos, es un ancla que se hunde y se queda engarzada en lo profundo de nuestra existencia como seres humanos. El resultado es esta embarcación biológica que navega libremente por el mundo con el alma y el corazón anclado muy lejos, en aquella franja de tierra enclavada entre los contornos difusos de dos mares.
Y entonces regreso a Cruz y Rubio. Ninguno de ellos saben qué cosa es eso, porque su país no es Cuba, son los Estados Unidos, por eso cuando en sus discursos políticos me hablan «como cubanos» siento que sucede como una cierta desconexión, como si algún interruptor interno en mi cerebro diera ese «click» que desconectara o apagara el flujo necesario de corriente de veracidad en sus palabras.
No les creo, y sus mentiras le saltan como conejos del sombrero de copa de un mediocre mago en una corte de bufones.
Lo contradictorio de todo esto es que los dos, Cruz y Rubio, son hombres locuaces, estructurados, coherentes en muchos aspectos de su vida pública. Por supuesto, Cruz con ese aura evangélica no deja de influirme negativamente en mi percepción sobre su persona. Para decirlo de una vez, detesto profundamente los evangelistas, estas personas que a todas horas están «con la palabra de Dios» y conjuran y miden a la humanidad con una muy corta y estrecha cinta métrica.
¡Pobre del país gobernado por un todopoderoso señor evangelista! Ya lo digo.
En el otro lado está Rubio, abogado. Sí, ya pueden adivinarlo, ya para mi eso tiene su gota ácida de suspicacia. Sabe hacerse oir, tiene una mente conectada y en sintonía con su audiencia y sabe pulsar los botones para, con su cara de niño mimado, pueda conseguir el aplauso feliz. Rubio es un hombre que sabe aprovechar el tiempo recetado en los debates, está preparado para eso. Y eso también influye en mi botón de apagado.
¡Qué dilema!
A estas alturas se estarán preguntando ustedes hacia dónde se encaminan mis palabras. Bueno, por ahora hacia ningún lado, soy todo un paciente espectador del show mediático más grande del universo en política y, como dije al principio, esto es solo una imagen cerebral de lo que estas dos personas proyectan subjetivamente en mis pensamientos. Por suerte, yo no soy ciudadano americano y no tengo que votar en sus elecciones porque, de suceder, escogiera a cualquiera de los otros candidatos, por la sencilla razón de que yo no puedo creer a alguien que me diga sea cubano cuando lo que debería decir «yo soy norteamericano» y como norteamericano enfocar cualquier discurso político, incluso el de los cubanoamericanos de cualquier estado de esa unión, especialmente de la Florida.
¡Ya sé!, me dirán que eso es, electoralmente visto, políticamente incorrecto. Lo siento, pero así lo pienso y lo digo. Yo no ganaría ni un voto cubanoamericano de esa forma, temo confesarlo y tal vez por eso no me gusta ser político ni miembro de ningún partido, pero al menos fuera coherente con quien debiera ser, en el caso de Rubio, con su país, con los Estados Unidos, y dejar esta diplomacia de la hipocrecia que es lo que, parece ser, es el sentido común de todo candidato a presidente en ese gran país.
De consecuencia tendría entonces que cosechar votos sería cosechar hipocrecia. Lo entiendo.
Así, desde ahora mismo, y quizás para enfado de algunos cubanos que aplauden a Cruz o a Rubio, solo porque alguna corriente subterránea lejana los acerca – ya lo dije antes –, me descarto por que ninguno de estos dos pueda alcanzar la candidatura hasta tanto rectifiquen su enfoque y dejen de estar tejiendo mensajes románticos sobre un país  que ni conocen y al cual no pertenecen, Cuba.
¡Y ya pueden estarse enfadando conmingo! La opción parece que me queda es Trump, porque ni modo estarán pensando que a un viejo flatulento como Sanders y a la más perfecta marioneta de las mentiras como Clinton le estaría ofreciendo mi apoyo, ni en la peor de las pesadillas, se los adelanto.