Friday, August 5, 2016

Algunas consideraciones sobre la oposición cubana



Había decidido no escribir más sobre el tema. Voy a ir más allá de esta simple frase, casi había decidido no escribir más sobre Cuba. No voy a argumentar las razones, tal vez lo haga en algún otro post; tal vez no lo haga y se lo deje a la interpretación del que me lea. Sin embargo, no me gusta el silencio como respuesta porque, de alguna forma, también el silencio significa algo. Por lo que aquí estamos, enfrentando el dilema.
Un grupo de opositores en Cuba realiza una huelga de hambre, el más prominente entre ellos es Fariñas. El Premio Sajarov de Derechos Humanos del Parlamento Europeo realiza su protesta para que Raúl Castro se comprometa públicamente a detener la violencia, allanamientos y confiscaciones contra los opositores, lo cual es una práctica usual del castrismo desde que en 1959 él y su hermano llegaran al poder. El Premio Sajarov también expone entre sus razones el que cesen los abusos contra los cuentapropistas.
Ya sé, es una causa con elevados sacrificios personales, se expone la vida, y con un muy alto crédito moral y espiritual. Yo no subscribo las huelgas de hambre, ni aun cuando pueden llegar a ser ciertamente el factor primordial de algún cambio. Para mí la vida humana está muy por encima de los sacrificios y de las consecuencias de esos sacrificios como para avalar tales riesgos.
Las huelgas de hambre, además, son solo una herramienta útil cuando existe un acompañamiento mediático que impacte a la opinión pública, la opinión pública local, porque es allí donde interesa, y no en el Parlamento Europeo, en las conferencias de prensa que ofrece diariamente el vocero de la Casa Blanca, o las palabras de algún Premio Nobel de la Paz en la prensa internacional. Aun cuando el mundo entero grite, si esa huelga de hambre no conmociona Cuba, y al cubano, nada se habrá logrado.
Pero entiéndase bien, esto no es un artículo que trate de empequeñecer la acción de esos diez opositores en Cuba, ni tampoco de denostar el sacrificio de sus vidas, y mucho menos socavar el prestigio del Premio Sajarov otorgado a Fariñas por ese mismo motivo.
La pregunta central que debe primar aquí es, ¿se ha logrado algo alguna vez con las huelgas de hambre en Cuba? Y ha habido unas cuantas.
No, es la rotunda respuesta.
Más allá de esa respuesta y de los resultados que esas acciones han llevado en el pasado, lo que debe preocuparnos es la intención persistente de la oposición cubana de seguir centrada en su audiencia internacional cuando su imprescindible audiencia, la local, sigue aun ignorando de sus propósitos, su agenda, su proyecto social; cuando aún los cubanos de la isla siguen abandonando Cuba desconociendo, incluso, la existencia de estos grupos de opositores.
Ninguna huelga de hambre va a lograr nada mientras los opositores a Castro sigan centrando su atención en el público internacional, ignorando a su audiencia natural: Cuba.
La oposición cubana sigue obsesionada con su papel de vocero y no con su rol de fuerza impulsora del cambio. No existe, además, propósitos definidos. Hacer una huelga de hambre para que el régimen cambie su política represora es un sin-sentido. No lo van a hacer, porque no tienen esas acciones mayor impacto que el propio sacrificio de sus promotores.
¿Por qué la oposición sigue obsesionada con estos proyectos absurdos y no trata de acercarse a la juventud para que, en vez de irse del país como solución, trate de encontrarlos encausando su descontento en Cuba?
Represión. Silencio. Represión
Ese es el ciclo en el que vive la oposición en Cuba. La presencia de «Todos Marchamos» en un parque sombrío del Nuevo Vedado, adonde casi nadie acude ni para una discreta cita de enamorados, lejos del corazón de La Habana, de los lugares donde el cubano puede impactar con su sola presencia, es otro absurdo. Sacar un cartel allí, reunirse o acudir a una iglesia en aquel «vedado» de diplomáticos, oficiales del gobierno y del silencio capitalino, no agrega mucho a la agenda de los que intentan cambiar Cuba.
Nada cambiará por la acción de Fariñas, aunque tenga su acción una elevada carga moral, más allá de su prestigio como ser humano. ¿Se podrá entender eso de manera ecuánime, racional, sin que se piense en un descrédito a la figura del opositor?
Pero, bueno, tal vez yo estoy demasiado lejos, mi voz nadie va a oírla y los razonamientos no quieran escucharse. Hay un límite racional al sacrificio, pero eso no parece ser entendido por la oposición cubana. El corolario es: antes de salir a la calle, enfrentar una acción como las huelgas de hambre y ejercer una acción de masas, hay que capturar primero la voluntad popular.
¿Es que no se entiende este simple razonamiento?

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