Sunday, March 20, 2016

Unas notas al margen del arribo de Obama a Cuba

Un día lluvioso. Es fácil, casi una cursileria literaria decir que la naturaleza lloraba, por eso me resguardo de afirmarlo. Lo escribo por la presencia de los paraguas, que me hacían recordar a aquellos que en Hong Kong lo usaban mientras protestaban contra las autoridades chinas de ese antiguo enclave inglés.
¿Un guiño de la naturaleza?
¿También un guiño el que el dictador no haya acudido a recibir al aeropuerto a Obama y su familia?
¿Una descortesía provocadora?
Por CNN los comentaristas hablaban de que el cubano común, el de Cuba, se sorprenderían de no ver acudir a Castro al aeropuerto. Tal vez para los cubanos de la desmemoria, pero para mi fue un alivio, una muy personal alegría de que al Presidente de los Estados Unidos lo hubiera recibido una muy pequeña comitiva, y que Cuba estuviera representada por ese pavimento gris, húmedo de esas «lágrimas naturales» que descolorían la tarde cubana.
Obama llegó como lo hacemos muchos cubanos. Con su familia, sin que ningún alto oficial nos reciba. Tomar su auto y, sí, una larga hilera de autos perseguirlo en su trayecto a su temporal morada; como también es la nuestra cuando regresamos.
¡Todo un símbolo!
No se preocupe, Presidente, así lo hacemos muchos cubanos que no somos bienvenidos por el dictador, que no les agrada nuestra palabra y mucho menos nuestra presencia, pero que acude veloz a nuestros bolsillos para sostener su sobrevida.
Tal como le pasa a usted.
¿A quién tendremos que agradecer este «milagro»?
¿A Dios? ¿A los poderes sobrehumanos de algo divino o al capricho de ese que se momifica en algún «punto cero»?
No importa. Ese pavimento gris, esas nubes oscuras, la humedad, el calor, las grietas y el edificio austero son más representativos de Cuba que la oficialidad que mañana lo saludará en el «palacio de gobierno».
Sí, me alegro mucho, casi me siento feliz de que usted, Señor Presidente, haya llegado a Cuba de esta muy sencilla y modesta forma, y sentir que, aunque ese punto del planeta nos pertenece a todos los cubanos, hay un grupo de ellos que la tienen secuestrada, aun en contra de nuestra propia pertenencia.

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