Tuesday, March 1, 2016

Punto Cero

Llega el «Super Martes» y once estados de la Unión Americana se disponen a elegir quiénes serán sus candidatos, de uno y otro partido, a las próximas elecciones. Y la pregunta surge orgánica, ¿cuándo ocurrirá algo similar en Cuba?
Todo parece indicar, si seguimos el resultado de las encuestas, y lo que todo el mundo periodístico vaticina, que los próximos contrincantes serán Hillary Clinton y Donald Trump. Sanders quedará como la hojarasca ocasional de la historia de un período crucial temporal de ese gran país, y así también, al parecer, Rubio y Cruz.
La pregunta, sin embargo, sería si alguno de ellos haría alguna gran diferencia en el «caso cubano». Trump parece ser un ignorante de lo que Cuba es, lo que ha sido. Es casi una incógnita este tipo, más allá de aprovechar todo resorte para clamar su espacio en los medios, reclamar atención. Muchas de sus propuestas son de pura fantasia. Nadie puede llegar a creer, con seriedad, que un gobierno extranjero va a financiar el costo de un muro de contención de sus ciudadanos para evitar el traspaso a otro país. Nadie puede llegar a creer, con seriedad, que Guantanamo puede ser entregada a Cuba en condiciones de renta. Nadie puede creer, con seriedad, que once millones de «aliens» pueden ser deportados sin que ocurra una catástrofe social en ese mismo país.
Son ficciones, dejémonos de cuento.
Pero la historia de estas elecciones parece ser más una historia de cuentos entre dos partidos de fabuladores.
Nadie puede creer en la sinceridad de Rubio cuando habla de hacer retroceder las medidas proCastro de Obama, cuando detrás de su financiación están los mismos «Fanjul» que quieren sellar el pacto de Obama. Y no hablemos del «Evangelio de Cruz», que se sirve de todas las triquiñuelas para engañar al votante de los caucus para ganar, lo más parecido viene a ser aquel «Plutarco Tuero» del recordado «San Nicolas». La señora Clinton es el continuísmo de Obama, quizás algo más.
Y así, el proyecto de Cuba prosigue. Ya casi todo el sistema americano se acomoda a la idea de que el embargo debe cesar, y algo de ese tipo ocurrirá, tarde o temprano. Ninguno de los candidatos parece tener una verdadera voluntad política para hacer retroceder las medidas y el avance de Obama hacia el régimen cubano. Dan por hecho las conseciones.
Y eso ya casi lo percibe La Habana, y los cubanos, que se apresuran a marcharse para dondequiera. Es por eso que, dejando a un lado las políticas foráneas hacia Cuba, deberíamos enfocarnos en lo que ocurre en Cuba y lo que «puede suceder», que es casi nada.
Uno de los hermanos Castro murió, los otros irán con el tiempo al mismo reparto «bocarriba», ¿quiénes quedarán para el continuismo? Una pregunta que el régimen tendrá que responder. La otra es, ¿quién puede remplazar al continuismo?
Y la respuesta es «Nadie».
Seamos honrados. ¿Quién es oposición en Cuba? ¿Quién tiene verdadero liderazgo y ha aglutinado una fuerza detrás de su nombre?
Nadie.
No podemos hablar de un futuro de democracia en Cuba sin un líder y una organización con un proyecto que lo promocione. Y entonces lo que resta es el continuismo, las pequeñas aperturas al mercado que, puede que se torne en una mayor apertura en el futuro para llevar al país a lo que sería una Cuba al estilo de la Rusia de Putin. Ya una vez lo expresé en algún otro post, hoy con las medidas de Obama y la ausencia de liderazgo de la oposición (¿?) se  hace mucho más evidente.
El hecho cierto es que, no solo la oposición, la que exista, sino que el cubano tiene que cambiar su estructura de pensar, de seguir la pauta de todo centrarlo en la «familia real» que todavía hoy timonea el país.
El «kilómetro cero» geográfico de Cuba se encontraba, en un tiempo ya demasiado lejano, centrado en el Capitolio Nacional. Allí supuestamente comenzaba la «Carretera Central», obra maestra del dictador Gerardo Machado, quien también impulsó la construcción de ese capitolio que albergaba las oficinas y salas del poder legislativo de la nación cubana.
Hoy reconstruyen «El Capitolio», todavía nadie sabe si es para restituir esas salas legislativas y restructurar el poder a la forma rusa en un futuro cercano. ¡Nadie se asombre!, puede suceder. Pero aún los cubanos siguen pendientes de aquel otro «punto cero», el nuevo, o el viejo, o el que ha sido atrincherado por más de cincuenta años en la sicología y el pensamiento social cubano.
Donde desaparece biológicamente ese espectro el cubano le sigue llamando «Punto Cero», no importa que ya no esté, que ya no aparezca con frecuencia en la prensa o en la televisión, ni de que se escuche su voz en los medios. A nadie le importa, pero sigue funcionando, como el sutil engrazado mecanismo de un reloj sicológico. Me atrevo a agregar que desaparecerá fisicamente y muchos seguirán hablando del maldito eslabón perdido sin darse cuenta que, hasta que no se borre ese mensaje subliminal de la sicología y de las mentes cubanas, del pensamiento social, no habrá democracia en Cuba.
Y mientras, seguimos esperando que este «Super Martes» despeje la variable de la ecuación incompleta del «caso cubano», pero no sucederá, porque en esencia la variable tiene que ser despejada en Cuba, por los propios cubanos que, al parecer, no se han dado cuenta, no les interesa o no tienen suficiente intención política para hacerlo.
Esperan el «maná»… del cielo.

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