Monday, March 7, 2016

desTRUMPanización

Leo, con asombro, a los «analistas políticos», los «expertos» en los grandes medios de prensa de los Estados Unidos, y un poquito más allá. Leo a Montaner cabalgar las mismas piruetas y descubro el lado de lo «real maravilloso» de la prensa occidental descubriendo, o adivinando, que es a lo que más se parece, el supuesto atractivo para las masas del magnate de los Bienes Raices de New York en la campaña electoral republicana.
Parecen que no acaban de salir del asombro ellos mismos.
Se cansaron de pronosticar el desinfle de la Campaña Presidencial Trump, y ahora están «preocupados». Para asombro mayor, el viejo Partido de Abraham Lincoln se presta, en los próximos días, a impulsar una carrera en contra de unos de sus candidatos. Todo tiene el signo de la implosión. Es algo inaudito y descabellado. Lo peor es que estos analistas, incluso de diarios del establishment republicano, como el «The Washington Post», creen, me imagino que con buena fe, que tumbando al empresario de la carrera lograrán tumbar a Hillary Clinton de la Casa Blanca. Y en esa creencia, cuasi superticiosa, no se dan cuenta que los que apoyan a Trump no necesariamente se apresurarán a apoyar a los «elegidos» por los angeles del establishment.
Algunos «analistas y expertos» siguen con la perspectiva de que el electorado que vota por el magnate es «ignorante y superficial», y solo lo apoyan porque Trump representa el hombre de negocios de éxito. Todo un tópico político elevado a categoría de «análisis académico».
Pero nada de esto es nuevo en América. Y Trump no es menos «inculto» que, por ejemplo, lo fue Ronald Reagan, un ícono en la sábana política americana, un presidente conocido por las muy recordadas pifias en sus discursos públicos y que, sin embargo, demostró saber como timonear la nave gubernamental de América. No se puede hablar de que entonces se era menos superficial que ahora, y no lo era ni mucho menos.
Se trata, ineludiblemente, de una mixtificación conveniente. A la prensa de izquierda, que le cuadra perfectamente de hablar sobre Sanders como el «candidato antisistema», no le produce simpatía alguna que los sectores conservadores o de derecha tengan también su «candidato antisistema». Y eluden llamar a las cosas por su nombre.
Los que acuden a Trump lo hacen porque ven que los «elegidos» del establishment cursan el mismo camino que derrumbo el partido hacia Obama, y el magnate le capta su interés porque no teme romper con los paradigmas de la hipocrecia política del sistema del GOP y apoya mucha de las palabras del magnate. De hecho, Trump lo que ha logrado hacer es atrapar la corriente subterránea de ese sector creciente de los republicanos que no comparten la retórica pública política del partido. De la misma forma, los sectores jóvenes, blancos y cultos de los demócratas ven al viejo flatulento socialista Sanders con la retórica embellecida del populismo de izquierda, y rechazan la del sistema de la superpac Clinton. La diferencia es que, en una gran mayoría, los demócratas han captado tradicionalmente los sectores «minoritarios» de la sociedad norteamericana, que hoy han ido creciendo y convirtiéndose, cada vez más, en menos minoritarios y más influyentes. Y esos sectores no son pro-Sanders sino pro-Clinton.
Detrás de los dos fenómenos, por supuesto, hay ignorancia y arrogancia. Arrogancia, presunción y pedantería de Trump que se complementa con la misma arrogancia, presunción y pedantería de estos analistas que viven en la burbuja que fabrican los medios y a la que, precisamente, los votantes cada día acuden menos.
Y no lo ven o no le es conveniente verlo.
En cuanto a la población cubanoamericana y su inclinación por Trump, la realidad no es tanto su elección, hay que recordar que el sector cubanoamericano es, en la inmensa población hispana, preferentemente republicano y sospecha ver, con buen olfato, que detrás de Marco Rubio está  las finanzas de los proaperturistas con el régimen de Castro y a Ted Cruz no lo miran, ni mucho menos, como un cubano, sino como un ser extraño de Texas transformado en pastor del evangelio político del establisment.
El «atractivo» real de Trump es su inasible coherencia consigo mismo. No hay nada artificial en su arrogancia, en su pedanteria o en su presunción. Desde que bajó las escaleras eléctricas de su torre dorada hasta hoy ha sido fiel a sí mismo. No le debe un centavo al establisment. No persigue al electorado de los otros candidatos porque, creo entender, sabe que nunca lo va lograr capturar por oficio. Su dinero, sea cual fuere, sostenido por bancarrotas, errores, malos cálculos, negocios desastrosos, lo que sea, no viene de otro origen que de su propia cuenta. Y eso significa que no tiene que pagar compromisos políticos con nadie.
Es, tal vez, el componente que más teme mencionar la prensa, cualquier prensa, y hasta el mismo establisment, porque significa que Trump, si llega a ser presidente, podrá tener manos libres para ejecutar sin compromisos su proyecto, sea el que fuere.
Y para los que hablan de su ignorancia y su desconocimiento olvidan  lo que ya el magnate expresó en una ocasión, que colocará en los puestos necesarios a los hombres imprescindibles en esos puestos. Algo que, si tuvieran buena memoria esos mismos «analistas y expertos», recordarían que también lo hizo el entonces muy criticado «ignorante Reagan».
Desafortunadamente, hoy muchos piensan que Trump está llevando al Partido Republicano a una implosión. En mi opinión, sin embargo, la desTRUMPanizacion del GOP, que parece estar en su momento álgido, es lo que bien pudiera provocar la implosión de ese partido. No se puede olvidar que, de ocurrir cualquier jugada que el magnate entienda injusta, él mismo promueva su candidatura paralela al evento de Noviembre.
Lo que resta es vivir para ver lo que sucede.

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