Friday, March 25, 2016

Comité de Defensa de Cruz

La contienda de las primarias norteamericanas viene siendo como el exclusivo carnaval de los pronunciamientos más extravagantes e indignantes en la historia de las elecciones norteamericanas. La presencia de Trump, un candidato antisistema, bordeándolo, despreciándolo con su factura multimillonaria, su ego inflacionario, su arrogancia de corbata y peluquín, despreciando todos los preceptos establecidos, lo garantiza.
Pero no es el único, y es aquí lo que hace exclusivo el momento. El otro contendiente en esta lucha de sobrevivientes entre la extravagancia electoral es Ted Cruz, que para decorar más esa contienda resulta una extraña mezcla cubano-canadiense-norteamericana.
Lo curioso de todo el caso es que, mientras Trump ha recogido todos los dardos de la prensa, Cruz guarda muy escasa distancia en la esencia de sus planteamientos con respecto al magnate sin constituir el mismo apetitoso blanco. Y así el sistema republicano se ha girado hacia Cruz para derrotar al magnate, desconociendo, olímpicamente, que los dos son en esencia casi lo mismo. 
Personalmente yo tendría más miedo a una «Presidencia Cruz», con toda la simbología evangélica de prejuicios que su apellido reserva, que a una «Presidencia Trump», y esto a pesar de que el multimillonario de Bienes Raíces ha tenido la insólita y descarada satisfacción de declarar que acudiría a las torturas de asfixia, conocidas como «waterboarding», de infame memoria de la era Bush, para rendir terroristas, algo insólito a estas alturas del Siglo XXI. Lo verdaderamente preocupante es que muy pocas personas y profesionales de la prensa se han indignado, muy poca gente ha recordado aquella época Bush, y a las despreciables imágenes de Abu Graib, para recordar aquel escándalo y remarcar la bochornosa blasfemia del magnate.
Pero acudir a la tortura no es lo único que desnaturaliza estas primarias republicanas. Que bien pudiera ser este su sucinto resumen:
Misoginia. Insultos. Mentiras. Ataques personales de la más indigna extravagancia. Extremismo. Xenofobia. Asociación con lo peor del período pro-derechos civiles de la población negra de Estados Unidos. Ataques inauditos a todo tipo de minorias, especialmente latinas. Apelación a la violencia y al odio.
Trump no ha dudado en atacar todo lo humano y divino, lo cual lejos de traerle desgracia le ha llevado a situarse en la puntera de la candidatura de «su partido». ¿Sorprendente?
Pues no.
Cruz no se queda atrás. Ahora mismo exige establecer el patrullaje policial de los vecindarios musulmanes. Pero, ¿a qué alude con sus palabras el senador de Texas?
¿Crear los «Comité de Defensa de Cruz»? 
No en balde el actual mandatario norteamericano le ha recordado al candidato republicano sus raíces cubanas, el haber estado recientemente visitando el país ícono de este patrullaje de vigilancia vecinal y señalarle, muy adecuadamente al cubano-canadiense-cualquier-cosa, que su padre era cubano y precisamente emigró de aquel país.
Lo peor de todo esto es que las declaraciones de Cruz suceden a raíz de los atentados de Bruselas. Típica técnica electoralista del más típico estructurado oportunista. Y, nos guste o no Trump, pero tiene razón en llamarle mentiroso a un politiquero de ADN esencialmente enraizado en la mentira.
La idea del patrullaje vecinal es en principios inconstitucional en los Estados Unidos, pero no es descabellado que ocurra. ¿Podemos olvidar los campos de concentración japoneses en ese país durante la II Guerra Mundial? Existieron a contrapelo de la propia Constitución Americana y la existencia de una democracia en aquel país, y sus víctimas no pudieron acudir a ninguna corte y protestar su reclusión. Fue un hecho criminal, ¿se repetirá otra vez?
Un detalle de orden práctico. ¿Cuáles son los vecindarios musulmanes? ¿Tienen algún territorio de exclusividad en América? ¿Es que viven en exclusivas burbujas sociales en ese país como en Bruselas? ¿Guardan algún especial estereotipo que los hace diferentes del «norteamericano normal»? ¿Es que la policía estará en «puntos de chequeo» pidiéndole los documentos de identificación a cualquier persona que tenga la imagen estereotipada del musulmán para encaminarse a su casa, lugar de residencia o reunión? ¿Significará que las autoridades policiales estarán tocando a las puertas de los hogares de cada musulmán, de sus negocios y lugares de encuentro social?
No soy un pro-musulmán, no tengo ninguna simpatía por el islam y sus prácticas religiosas, su cultura y sus estereotipos, que incluyen su misoginia, su odio visceral a la mujer, a la libertad individual, a los valores esenciales que constituyen la piedra fundacional de América. Pero eso es, precisamentre, lo que también están atacando estos dos candidatos a la presidencia de los Estados Unidos. Es un ataque frontal a los valores democráticos esenciales que hicieron de los Estados Unidos el hogar libre de todos los hombres necesitados del mundo, la tierra de la Libertad, donde la figura enhiesta de bronce y concreto de «Lady Liberty» era la primera imagen de un futuro de prosperidad que saludaba al emigrante, desde ese promontorio de sueños que les prometía America. ¿Ya no lo será más?
Es muy peligroso que un candidato a la nominación presidencial en las próximas elecciones norteamericanas esté proponiendo un mecanismo de vigilancia típico de una sociedad totalitaria para una democracia, mientras critica, precisamente, la falta de democracia del país de origen de su propio padre, ícono mundial de ese mecanismo de vigilancia, que pretende establecer en su patria postiza, un candidato al que ahora se une todo el «establishment» republicano para combatir al otro candidato que propone torturas para combatir el mismo fenómeno.
No solo hay límites a la hipocrecía peligrosa de sus pronunciamientos en el marco de una sociedad democrática, sino también tiene que haber límites jurídicos bien claros a los pronunciamientos de los candidatos a la más alta posición ejecutiva, con claras ventajas legislativas, en su lucha por alcanzar esa posición de poder.
Y aquí no solo está en peligro el carácter esencialmente democrático de ese país, sino el balance de poder en el mundo actual, por el importante papel que los Estados Unidos ejerce en el equilibrio de fuerzas a nivel mundial. Que la democracia americana resbale demasiado a la izquierda – Sanders –, o demasiado a la derecha – Cruz y Trump –, constituiría una premisa de un enorme impacto político en el mundo actual.
Es hora de detener esta locura, aunque el precio que tengamos que pagar sea sufrir a otro Clinton en la Casa Blanca.

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