Sunday, March 20, 2016

A propósito de Sanders y Trump

No se si son coincidencias, pero son tres ya las personas que me han escrito, de una forma u otra, por Twitter o por email, para que hable de Sanders. A las tres les he dicho lo mismo: Sanders no me preocupa porque ese tipo no saldrá nunca elegido presidente de los Estados Unidos.
Dejémoslo claro, Sanders es un fenómeno más preocupante y desestabilizador que Trump, y también más peligroso. No solo por la inexperiencia del hombre de Vermont, especialmente demostrada en sus declaraciones sobre qué no debe hacer los Estados Unidos en política exterior, lo que demuestra que este «socialista» es el Caballo de Troya que el castrismo estaría feliz de tener en la Casa Blanca. Y con el castrismo, el chavismo, madurismo, correismo, moralismo y todos los itsmos.
Pero peligroso también por la política interior que el personaje desearía instaurar en los Estados Unidos, un país que no se debe darse el «lujo» de intentar ningún socialismo, el que fuere.
Una de las tres personas me llegó a decir que «atacar a Trump es fácil… pero para hacerlo con Sanders hay que ser astuto». Totalmente en desacuerdo.
Sanders es la presa mas fácil de explicar y enfrentar en cualquier argumento, pero de ahí no parte mi indiferencia a abordar este accidente, que solo puede ser entendido  en la sociedad americana conociendo a quiénes les resulta «simpático» el personaje, suerte de «Einstein en calzoncillos» – entiéndanlo bien, por su parecido físico al viejo cientifico –. Estudiantes, jóvenes, gente que necesita acceder a la educación sin pagar un centavo, blanquitos que no quieren sudar el fondillo como sus padres para levantar su propio futuro con su trabajo, y también algunas perlas del «intelecto artístico» que ganan millones sin haber asistido ni a un college, algo muy tradicional en Hollywood.
Sanders no presenta ningún peligro para el sistema Demócrata porque ese partido está mucho mejor preparado para enfrentar los candidatos indeseables a sus intereses. Entiéndase bien, búsquese el significado de lo que son los «superdelegados» y se darán cuenta que si los republicanos hoy lo tuvieran el «fenómeno Trump» no quitaría tantos sueños y provocara tanto revuelo.
Pero de alguna forma tengo que responder a los que insisten y siguen escribiendo. No acabo de entender por qué no lo hacen ellos mismos, por qué no responden su propias preguntas o invierten sus propias palabras en argumentos.
Por otra parte, los que creen que atacar a Trump, entender ese curioso «accidente» dentro del Partido Republicano es fácil se están equivocando. El problema del magnate va más allá de las simples variables que la gran prensa le ha dedicado, y que alguna sigue ignorando en su totalidad. Trump sobrepasa al sistema, tiene que ver con una reacción de la misma sociedad americana y, especialmente, de la base conservadora entre las huestes republicanas, que tradicionalmente no acuden a las primarias, o no acudían, y que hoy parecen responder al populismo del multimillonario. Pero aun así es mucho más complejo que todo eso.
Hay componentes raciales, hay componentes de xenofobia, hay componentes de desigualdades. Sí, también hay todo eso, como la prensa golpea a Trump, pero no son los únicos componentes ni los esenciales. Hay una reacción a los ocho años de Barack Obama, hay también una pérdida de liderazgo y carisma en el partido, hay falta de autenticidad en las figuras públicas. El carisma no es un componente que se pueda contabilizar, es algo inasible, accidentado, dificil de entender. Trump no es bien parecido, el moño rubio parece un peluquín desordenado, la voz no es agradable, la gestualidad a veces es adocenada y es, para rematar, multimillonario, que a los ojos de un simple trabajador blanco joven sería algo absurdo como para simpatizar con él como su futuro presidente.
Y, sin embargo, Trump causa furor en esos sectores. ¿Cómo entenderlo?
El mensaje. No responder a ningún donante. Lanzar dardos a todos. Salir airoso siempre, aun en los peores contextos sociales. Ser practicamente un «apátrida» dentro de su propio partido. Y, muy importante que se entienda, verlo como el centro absoluto del ataque de todos: prensa, políticos, sistema, caciques republicanos, millonarios y bandidos políticos de las dos partes y, por supuesto, la izquierda toda.
Nada de esto tiene Sanders. El «socialista», sin embargo, a pesar de arremeter contra Wall Street es una máquina de capturar millones de dólares para su campaña, pero su partido ya tiene la respuesta adecuada. Así que, cualquier línea perdida en este oscuro blog sobre Cuba, aun cuando el viejo flatulento le ha dedicado sus malabares laudatorios, no me causa ni el menor de los resquemores ni la simple curiosidad.
Se puede quedar ahí, limpiándose con su papel caro su diarrea política. Así que, por favor, dejen de hacerme solicitudes al respecto: no le dedicaré ni una línea más, ni un minuto de mi tiempo, que es poco.

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