Monday, February 8, 2016

La Libertad de la Mentira

Los hermanos Yulieski y Lourdes Gourriel Jr., dos de las más importantes estrellas juveniles emergentes del beisbol cubano, acaban de abandonar la selección nacional de su país en Santo Domingo. No demorarán en aparecer en Miami o, tal vez, en algun otro punto del suelo norteamericano. Tampoco demoró mucho esta vez en aparecer una nota en el sitio en internet del «Diario Granma». La nota, de unas muy escasas líneas, termina expresando que el hecho fue «inmediatamente rechazado por los integrantes de la selección cubana, quienes emitieron una declaración».
Por lo pronto la «conocida» declaración está perdida por el momento del periódico, tal vez por la timidez conocida de que muchos de esos que la apoyaron (vean la foto), no la emitieron – ya se sabe que quienes la escribieron y emitieron fueron las autoridades deportivas oficiales cubanas, las únicas que escriben y emiten la opinión por sus deportistas –, muchos de ellos, repito, terminarán alguna vez en la misma ruta de los hermanos Gourriel.
La huida de los hermanos Gourriel, y tantos otros deportistas, no solo del beisbol nacional, sino de cualquier otra rama, aun cuando no sean grandes estrellas en deportes que tampoco son de primera línea en el país, unido a la estampida que en los últimos meses ha ocurrido con la emigración de jóvenes cubanos por el istmo centroamericano, demuestra que en la isla existe un profundo nerviosismo sobre el futuro que puede descubrir las recien estrenadas relaciones políticas entre Cuba y los Estados Unidos.
No solo se cuestionan la posibilidad de que desaparezca la «Ley de Ajuste», y así os cubanos se agreguen al listado nominal de la emigración ilegal latina en los Estados Unidos, sino también la certeza, al parecer en la población cubana, de que el embargo y todos los estamentos de la tradicional política de cincuenta años de administraciones norteamericanas sean abolidas, y con ellas se esfumen las garantías de todo tipo que los cubanos han tenido en suelo americano.
Lo curioso del cambio en esa actitud es que no representa un sentimiento político del régimen, que ya se sabe no es Cuba, sino de la población cubana, especialmente la población en edad juvenil, en edad de emigrar y rehacer su vida en los Estados Unidos.
Tal parece, ateniéndonos al nerviosismo de esta avalancha, a la continua sangría de atletas y profesionales que abandonan las selecciones nacionales o los viajes oficiales, que los que hoy no quieren o no desean que se levante el embargo y desaparezca la «Ley de Ajuste» es el pueblo, mientras que el gobierno de Cuba constantemente exige, con desesperación – tal vez previendo que el próximo en la Casa Blanca no sea un demócrata –, que Obama acabe de dar el siguiente paso y derogue lo que queda del embargo y todo lo demás.
Por supuesto, el cambio de percepción está en las generaciones jóvenes, que son las que fundamentalmente abandonan el país. Aquellas que fundaron con su tolerancia o participación el régimen de los Castros o está en franco proceso de extinción, o sigue manteniendo su petulante ignorancia de las actuales circunstancias o, sencillamente, viven encerrados en sus mitos y no pueden deshacerse de ellos, ni podrán.
Lo ridículo, sin embargo, es que la oficialidad del deporte, de la prensa y del gobierno sigue pensando y actuando de la misma manera que han actuado desde siempre, escribiendo declaraciones en nombre de los atletas que en un futuro próximo seguirán abandonando sus delegaciones a eventos internacionales, y calificando de mercaderes a otros cuando, de hecho, los mercaderes de la mentira, de la conciencia y del salario de esos jóvenes que emigran son ellos mismos, en nombre de un ideal que ya no se cotiza ni tiene valor en el mercado internacional de ideologías.
Una vez más demuestran, como su propio canciller, que en Cuba lo que existe es la Libertad de la Mentira, en vez de la Libertad de la Verdad. Típica mixtificación de toda sociedad que dice construir el socialismo cuando lo que hace es destruir los estamentos nacionales de la sociedad donde pretenden su cacareada «construcción».
Fíjense en los rostros de los que quedan, algunos ni miran a la cámara, otros se encargan de mirar a esos que no miran o rodean a los atletas en la típica actitud de la coacción y el amedrentamiento servil a algo que ya no funciona. Esos últimos son los esbirros que acompañan a todas las delegaciones cubanas al exterior, los perros de los verdaderos mercaderes de los jóvenes cubanos. Recuerden algunos de esos rostros, ya se lo tropezarán algún día, tal vez muy pronto, por las calles de América, y posiblemente de Miami.
¿Emitirán entonces alguna otra declaración los mismos emisores de siempre?
¿Hasta cuándo van a seguir mintiéndose ellos mismos?

Nota: La foto acompaña a la minúscula nota aparecida en primera plana en el sitio internet de «Granma». Les aconsejo lean los comentarios de aquella nota. ¡Imperdibles!

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