Saturday, January 23, 2016

Haciendo Literatura

En «El libro de la risa y el olvido» hay un pasaje en que el narrador de la historia, que es la voz transfigurada de Kundera, ve como un grupo de jóvenes comunistas checos, despojados de todas las exigencias mundanas de la vida, como lo exige su ortodoxia ideológica, comienza a flotar sobre la plaza de Wenceslao, bailando en círculos que semejaban, mientras se alejanban en su altura, gigantes coronas de flores volando.
El narrador omnisciente entonces agrega, con una velada envidia por aquella acrobacia ideológica:
“Corrí a la plaza, debajo de ellos, y los miré mientras se remontaban más y más lejos en su altura, y debajo de ellos estaba Praga con sus cafés llenos de poetas y sus cárceles llenas de traidores.”
Casualmente una acción semejante, en las mismas entrañas del arte, la hizo otro artista checo, Michal Trpák , años después de la caída del comunismo, y tal vez inspirado por las imágenes de Kundera, o tal vez inspirado por las soledades de nuestras sociedades occidentales, o de la occidentalidad en que se ha transformado la misma Praga. ¡Quién sabe! Sucedió tambien allí, aunque yo no puedo enunciar cuáles eran las lecturas o los propósitos del artista en ese instante.
Como siempre, las fantasías de Kundera y las veleidades del artista plástico checo provienen del realismo mágico, omnipresente en la obra del narrador, aunque sin olvidarnos que todas ellas tienen un origen secular en la novela que es la madre de todas, «El Quijote», y el zafarrancho del manchego contra los molinos de viento es la versión originalísima de todas las chifladuras de la literatura universal.
Todo esto me lo hizo recordar unas tristes líneas que leí en un sitio sobre Cuba sobre la ordenanza de la policia política para quemar los pasquines con la «Declaración de los Derechos Humanos», que los activistas cubanos habían lanzado al aire frente a la sede de la organización disidente «Damas de Blanco».
Me pareció un hecho escrito por nuestro «realismo mágico» socialista, y la danza de Kundera podría haber sido aquel corro que, desesperadamente, las autoridades formaron frente a la agrupación opositora. En realidad hay tantas manifestaciones de literatura  en la realidad «mágica» de Cuba que uno a veces no sabe si lo que sucede está ocurriendo en un plano real, o en una traslación temporal paralela en el tiempo.
O, ¿qué otra cosa no eran aquellos corros de «pueblo enardecido» tirándole huevos a las casas de los que se iban por «El Mariel», en un país donde aún los huevos seguían estando regulados por «la libreta»?
He ahí otra expresión de «realismo mágico» criollo, un pais «sin huevos» que no estén regulados, o comprados en las «shopping» con dólares. Un país donde las «masas patrióticas» lanzan a lo mejor de la intelectualidad y de sus profesionales a «¡Que se vayan!» y «¡Pin Pon Fuera!», como para que el mismo país sea verdaderamente una nación socialista enteramente compuesta de apretadores de tuercas, que es como lo exige el marxismo ortodoxo, no olvidemos.
¿Nos habremos convertido los cubanos en personajes de una literatura mágica en plena composición de «reality-show»?
La primera foto que atrapan los turistas es la de un «almendrón» del cincuenta, esos dinosaurios mecánicos que todavia transitan en nuestras bacheadas calles resolviendo el transporte diario, aún después de medio siglo, y persistentemente desmontando el mito de las calamidades.
O «Ubre Blanca» y su esfigie, que todavia nos recuerda del vaso de leche diario que sigue sin tocar las puertas de nuestras casas. Se nos olvida, o nos hacen olvidar con demasiada frecuencia, que la famosa lechera tenía sangre holandesa, sí, del mismo lugar donde se fabrica una deliciosa y esquisita mantequilla que sigue escaseando en el mismo país que esperaba el milagro de la leche.
Una vez, mirando uno de esos «actos de repudio», me tropecé con la imagen de uno de estos que nos disfrazan de pueblo para provocar el tumulto, la bachata represiva contra la oposición. Ya saben, la imagen típica del «asere», piel oscura, diente de oro a un lado, ojos desorbitantes en su desafuero de histeria, voz atronadora que, por encima del griterío y la pachanga política, gritaba «Abajo los Derechos Humanos», y continuaba en su histeria enfurecida contra aquellos derechos que podían destruir la estabilidad de un pueblo, y de su ignorancia, o de su imbecilidad, porque a las cosas hay que llamarlas por su nombre, se me quedó la duda de si lo que estaba viendo era una comedia silente de la vieja matineé dominical mañanera de Arnaldo Calderón, ¿se acuerdan?, en que al pobre beodo se le iba el hilo de lo que decía, por los tragos o ya por lo viejo y flatulento, y terminaba con aquello que provocó su desaparición televisiva:
«Y esto está de p…, queridos amiguitos, papaítos y abuelitos».
Y apagar el televisor y no verlo nunca más. También sucedió. O es un mito. O constituye parte del realismo mágico. O es todo eso a la vez.
Es por eso que, cuando se lee buena literatura, como la de Kundera, o al maestro de todos, Cervantes, a veces hay que recordar que la realidad no está ni demasiado lejos, ni demasiado cerca, pero que a veces supera la peor de nuestras fantasías, o la más absurda de ellas.
Hoy leo las noticias de Cuba, con tristeza. Acuden en tropel artistas, ganadores de Oscares, series televisadas americanas, celebridades que solo tienen el dinero y un videito porno que los lanzó a la fama de las revistas y eventos, o tal vez la foto en una cama de un solar habanero de «Vanity Fair», y la sensación es que todos estos visitantes, todas estas visitas acuden a vernos con la misma curiosidad conque, en aquel trashumante circo pendenciero que recorría pueblo a pueblo, se apretujaba el público al anuncio de «la mujer elefante», «el enano de dos caras», y otras barbaridades físicas que era la atracción de los pobres.
Hemos dejado de estar haciendo literatura para convertirnos en los seudocaracteres de ese «realismo mágico» de opereta que se destapó un 17 de Diciembre, casualmente – demasiado casualmente –, el día de un santo leproso.
¡Damos lástima!

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