Thursday, January 28, 2016

1984

En una subrepticia nota de la emisora capitalina «Radio Enciclopedia», la misma conque el régimen «complace» a la alta jerarquía católica en sus transmisiones especiales por los días conmemorativos del almanaque católico, se informó que la editorial «Arte y Literatura», adscrita al Ministerio de Cultuta – no hay ni que mencionar que todas las editoriales cubanas están controladas por el gobierno castrista, pero para si queda alguna duda es bueno repetirlo, ya se sabe, para atajar las malas intenciones y a los idiotas útiles de los que está lleno este mundo – publicará, en el marco de la próxima Feria del Libro, la obra del escritor inglés George Orwell «1984».
La noticia se esparce como si fuera un verdadero suceso, cuando no deja de ser un simple guiño de ironia y cinismo del consejo editorial castrista. Y lo llamo así porque, cuando una decisión de ese tipo se toma, es porque cuenta con toda la aprobación secular de todas las «santas vírgenes» del santuario castrista.
¿Es que es un «verdadero suceso editorial», como lo califican algunos sitios cubanos?
Bueno, digamos que sí. Un libro como el de Orwell que es, sin lugar a dudas, uno de los más despiadados alegatos contra las sociedades totalitarias y la carencia de libertades bajo los sistemas socialistas, tiene que ser un suceso cuando se publica en un país que es el espejo de lo que describe el inglés. Más allá, sin embargo, tendríamos que preguntarnos cuál será el tamaño de la edición, porque en otras ocasiones también las «vírgenes vestales» del santuario castrista han editado, en el mismo marco de ferias de libros o de festivales de cine, obras cuyo mejor tejido de vida es el propio régimen político de ese país.
Y no ha pasado nada.
Lo que me viene a recordar cómo a veces nosotros mismos, los cubanos, nos «vamos con la de trapo» cada vez que ocurre uno de estos guiños de «flexibilización» con que payasea el régimen cubano, y esperamos que Obama y sus hermanas occidentales no interpreten estas muecas de marionetas como lo que no son, simples amagos publicitarios para atrapar idiotas.
¿Es que no hemos visto antes como se apropian de la propiedad intelectual de aquellos escritores, poetas y autores musicales que fueron esencialmente anticastristas para publicarlos y usarlos, después de muertos, como marionetas de cambio en su rejuego político, y en su marketing de artificio?
Un suceso editorial fuera si, además de publicar «1984», publicaran también de Orwell «Barcelona», donde el mismo autor expone las consecuencias de aquella república española prosoviética y como él mismo casi paga con su vida el paso por las cárceles comunistas de «la pasionaria» estalinista.
Fuera un suceso si, además de ese «1984», la editorial del Ministerio de Cultura publicara, en el marco de esa misma Feria del Libro, algunos de los libros de los intelectuales cubanos de éxito que viven aún en el extranjero, como por ejemplo la cubana Zoe Valdes.
Un gran suceso sería si «La ficción Fidel» de Zoe ocupara un puesto junto al «1984» de Orwell, y el libro de Juan Reinaldo Sánchez, «La vida oculta de Fidel Castro», también estuviera a su lado. O las obras completas de Guillermo Cabrera Infante, o las de un Reinaldo Arenas, entre ellas sus memorias.
Fuera un gran suceso si, además de «1984», los cubanos pudieran disfrutar de las obras de muchos, cientos de artistas cubanos que han vivido, y viven, en el exilio, y que tienen a Cuba como el centro gravitacional de sus vidas y de su talento e inspiración. O que, además de ese libro de Orwell, y acompañando a las obras de los cubanos, también se asomara «Persona non grata» del chileno Jorge Edwards y, por justicia, los poemas de Heberto Padilla, así como su libro de memorias «La mala memoria».
Pero ya sabemos que para que eso suceda tienen que cambiar algunas cosas en Cuba, entre ellas el que los personajes inspiradores de esos libros condenados acaben de morirse, y se vayan con una buena patada para el »reparto bocarriba», que es donde debieran haber estado desde hace mucho tiempo.
Y sería también un  gran suceso si las casas editoriales cubanas dejaran de estar en manos del régimen ni de ningún gobierno local, sino en manos privadas, fueran totalmente independientes del control político e ideológico; que el Ministerio de Cultura no fuera un Ministerio de Control de Censura, como se describe en el propio «1984»; que las organizaciones de prensa y artísticas no fueran Comités de Defensa del Castrismo, como lo es la UNEAC; y que la prensa fuera totalmente independiente del gobierno.
Pero nada de eso lo es así que, lo que pudiera haber sido «un suceso», es solo el guiño escuálido de un régimen que sabe articular muy bien, y sin sonrojo, el marketing de cambio, sin existirlo.
Pura payasada, bandidaje de arte y expropiación de la libertad ajena para vender un teatro de marionetas demasiadas veces ya ensayado.

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