Wednesday, December 30, 2015

La Torre de Tatlin

El pincel levantado de Sir Joshua Reynolds parecía que dibujaba, en un color ocre subido casi rojo, la espiral inclinada en el patio frontal de la Academia Real de las Artes de Londres, solo que su pincel era de piedra y la espiral un modelo a escala de la «Torre de Tatlin», que anunciaba la exhibición «Construyendo la Revolución: Arte y Arquitectura Soviéticas 1915 – 1935».
Para entonces la «revolución» – entiéndase, la revolución bolchevique – ya habia pasado, solo quedaban los pilares artísticos inspirados en el asalto al «Palacio el Invierno», y que forman hoy el tejido invisible, intenso, que nutre el arte moderno.
Iba a ser llamada el «Monumento a la Tercera Internacional». La estructura de cristal, hierro y acero de cuatrocientos metros de altura iba a ser una declaración al mundo de que la Unión Soviética era más grande, mejor y mucho más moderna que cualquier otro lugar, y en especial mucho más que la burguesa París y su insignificante Torre Eiffel, de solo trescientos metros. La intención era construirla en la orilla norte del río Neva, en San Petersburgo, y que la estructura ladeada, parecida a un andamio ahusado, apuntase al mundo en un agresivo, aunque elegante, ángulo de sesenta grados. Tenía tres niveles, hechos con las típicas formas geométricas constructivistas del arte de Tatlin. Abajo estaría su «cubo», del que el artista decía que daría una vuelta sobre su eje una vez al año. Encima habia colocado una estructura piramidal más pequeña, que daría una vuelta una vez al mes. Y encima de ella, la torre tendría un nivel cilíndrico, que emitiría propaganda al mundo, que iba a girar 360 grados cada día.
El proyecto arquitectónico, que el artista ruso sí creía posible, iba a reunir a todas las artes visuales, luces, proyección, pintura y arquitectura. No se cansaba de decir Tatlin que ellos no eran artistas, sino «productores». Pero el proyecto murió en un país que construía el socialismo con hambre, un hambre atroz, sobre un camino de cadáveres y una guerra civil que costó millones de vidas humanas, todas segadas en nombre del proletario y de la unión de los pobres.
Lejos, en el Caribe y a unos cuantas décadas de distancia en el tiempo, también existió un profeta con las mismas pretensiones de los líderes del bolchevismo. También pretendió construir una nueva torre, esta vez sin la ayuda de Tatlin.
En el fondo, sin embargo, tengo la sospecha que lo que se propuso fue el desmontaje de un país, muy lejos de su posible construcción, la huida en masa de su fuerza intelectual, de su inteligencia. La historia de las últimas décadas en Cuba se asemeja al aplanamiento de aquella espiral del constructivista ruso. Lo que fue el despojo de La Habana del glamour y el placer hasta convertirla en la del verde olivo y la austeridad, retorna con paso furtivo, leve, con sandalias de seda, para convertirse en el refugio isleño del turismo exótico, y del regreso vacacional de su fuerza productiva nativa, exportada, expulsada, lanzada al macrocosmos del mundo para la construcción de alguna vieja sociedad, como todavía se puede leer en combativos manuales pre-gorbachovianos en la isla, y que plácidamente retornaría con su poder financiero para sostener el paraíso del turismo a su lugar de origen.
En algún momento el narcisismo les hizo soñar levantar la «Torre de Tatlin» o para llamarla con su verdadero apellido, la «Torre de Castro». La historia de Cuba se puede visualizar en su materialidad, simbólicamente, en el resultado de lo que fue la construcción del edificio del CAME en La Habana, que hubiera estado ubicado en lo que hoy son las ruinas de sus cimientos, al lado de la terminal de ómnibus nacionales, muy cercana a la «espalda» de la edificación de concreto del «Consejo de Estado», que nunca fue construido por los soñadores idealistas de la «Torre del CAME» y cuyo objetivo primario tampoco era servir al poder, sino de cómodo resguardo de la papelería y la memoria martiana.
Quedó «guardando» y simbolizando al castrismo.
La mitología constructiva popular de la «Torre del CAME» alcanzó perfiles pantagruélicos. El símbolo ultraterreno de la conexión Moscú-Habana decían que iba a tener 24 pisos de concreto, otros citaban una estatura más elevada. ¡Quién sabe! Todo quedó en rumores y dos maltrechos pisos de paredes desnudas de concreto convertidas en un cementerio de oficinas estatales. También decían que iba a ser el único edificio que tuviera su parqueo en sus dos últimos pisos. No entiendo mucho sobre arquitectura moderna, desafía a veces hasta las fantasías más arriesgadas de mi inteligencia, especialmente la arquitectura socialista, pero ¿cuál es la lógica de colocar en la mejor posición de alcanze visual a automóviles en vez de a los hombres? ¿Por qué parqueos y no oficinas? ¿Por qué autos y no personas, piezas de tecnología mecánica en vez de seres humanos?
La ilógica suprematista socialista tal vez podría sugerirnos que estarían reservados para la flota de Mercedes del «querido líder». O, tal vez, la muy sutil y sui géneris sensibilidad artística constructivista neo-criolla habia llegado a la conclusión de que se podría parquear una flota numerosa de esos adminículos oscuros acristalados, para privilegiados ideológicos, como la envoltura futurista idónea de la moderna oficina del burócrata urbano del castrismo.
¡Quién sabe!
La mitología no guarda ninguna relación coherente con el realismo, mucho menos como el arte pictórico moderno lo guarda con la realidad circundante. Pero esto era lo que muchos decían en aquellos tiempos. Por supuesto, el proyecto babélico incluía el necesitado «elevador de carros». Otra muy sugerente creación pictórica criolla.
De cualquier forma, el incendio de la «Torre del CAME» ocurrió muy cercano en el tiempo con el del otro muy sonado incendio de la planta de teléfonos de Aguila y Dragones, antigua subsidiaria americana de los tiempos de la república, y del icónico «Restaurante Moscú», enclavado más abajo en el camino hacia el malecón habanero.
Algunos vieron en esa sucesión crónica de incendios el reinicio de guerra al sistema. Olieron pólvora enemiga, guerra incendiaria ideológica, bombas, destrucción, sabotaje, imperio. El lenguaje oficial fue de «cortocircuitos», empleados con rabia vengativa personal provocada por expulsiones laborales, e injerencia de sencillos agentes circunstanciales eléctricos. Nada humanamente reprobable con la ideología y contra la burocracia sistémica. Unos pocos se apresuraron a declarar el retorno de los petardos y las rebeldías locales. Nada más lejos, todo quedó en la crónica roja del incendio temporal, del constructivismo.
La muerte de la torre babélica del Tatlin criollo yo la interpreto como la muerte del suprematismo caribeño en nuestra arquitectura. Que me perdonen los críticos de arte, los directores de galerías tan famosos como la Tate de Londres, que me perdone Will Gompertz y cualquier otro, no soy un fanático de los constructivistas rusos ni de suprematistas bolcheviques. Entiendo a Malévich y trato de conocer a Tatlin en su ideal proyección artística, conozco un poquitín de pintura e historia del arte moderno, pero aquella torre para la III Internacional yo la encuentro como la hermana mayor, entusiasta, de nuestro reparto Alamar.
En el apacible y solitario reparto del este habanero esas «cajas de bacalao», como le llamamos los cubanos, se levantan sobre una estructura prefabricada desnuda donde los muros y las vigas que sostienen el techo, como los huesos desnudos del cuerpo enfermo de un tuberculoso hecho de hierro y concreto, sobresalen en ángulos, cornizas y balcones, para antojárseme el resultado de un «artista» anónimo criollo, armado de la técnica bastarda del constructivismo y el suprematismo ruso-soviético, puro bolchevismo en arquitectura. Vamos, ¡a mandarria pura!
La desgracia es que todavía lo podemos ver. La argamasa gris, fría, descuartizada de colores y adornos, porosa como las escamas de un gigantesco reptil paleocénico, puede ser la transcripción fiel de lo que Malévich o Tatlin deseaban para el arte. Nada de adornos burgueses, nada de afeites aristocráticos, servilismo de la realidad y del proletario.
Pues, ¡ahí lo tenemos!
Sobreviven. Llenos de humedad y grietas, y de miles de personas que no tienen otro lugar donde guarecer sus vidas de las inclemencias naturales. El rostro proletario feo de nuestra arquitectura suprematista. Sobreviven en el este de La Habana, lejos del centro, del hervidor de civilización, lejos de mercados, cines, centros de artes y cultura. Enclavados en la prehistoria de nuestra civilización revolucionaria. No en balde le llamamos «Siberia». ¿No era allá donde enviaban a los «enemigos del pueblo», donde construían GULAGs?
Pues, sí, los incendios de la «torre del CAME», del «Moscú» y de la planta de teléfonos fue nuestro Reischtag a la cultura abstracta revolucionaria del socialismo real. No fue nuestra, fue también la ruptura incendiaria del gobierno. No más CAME, no más alianza obrero-campesina, no más socialismo real. Vuelta al turismo, la civilización y occidente. A echar a la calle a los cubanos y «¡Welcome back, yankees!».
El narcisismo nos quiso deslumbrar desde el nacimiento de este engendro. Ibamos a ser la nación más «culta del planeta», la que supiera más idiomas, la que leyera más y todo lo que usted pueda inventarse, el listado de deseos es inverosímil. Hemos terminado siendo, sin embargo, la nación que más huye de sí misma, aun sin que cayeran bombas como en Siria o se despoblara, como lo hizo Etiopía, por el desierto y la sequía. Cuba tiene una población con el nivel educacional dos veces por encima del de Haití, con un ritmo de escape elevado al cuadrado del de la isla empobrecida nación caribeña.
El país que no quería hablar el inglés y reclutaba el ruso, para retornar hoy a su mismo origen occidental, a fuerza de deconstruirse ella misma, o no ella, pero sus deconstructores, los mismos que idearon la construcción-deconstrucción del mismo piélago.
Expulsaron a la burguesía para abrazar al obrero. Y sus obreros no trabajan.
Se fue el campesino y convirtieron el remanente en obrero asalariado de la tierra, expropiada en koljoses caribeños. Tampoco la agricultura sobrevive.
Expulsaron al intelectual, al artista de pensamiento alternativo para construir el «suprematismo» tatlinista de estado. El intelectual articulado al poder, que reinventa y reconstruye el mensaje oficial; articula el artificio ideológico de la elocuencia banal del sistema; santifica la neo-lengua con el neo-pensamiento; confeciona el manual del perfecto instrumentador artístico, ese que reconstruye la realidad de acuerdo a la idea que sobre la realidad que debe existir pero que no es. Nadie entiende este trabalenguas, pero es así como se vive en la realidad intelectual en aquel lugar.
El artista comprometido cubano es el ideal suprematista, el fruto fértil de la idea y la ficción sobre la realidad reinante en sus calles. En Cuba tenemos el santuario perfecto de Tatlin, la idea más que el objeto, el idealismo más que su materialidad. No fue el transplante del realismo socialista, neo-mágico o neo-soviético, fue el reinado del suprematismo elegíaco originario de Tatlin, Popova y Ekster lo que fomentaron nuestras escuelas de artes, nuestras instituciones culturales, nuestro movimiento intelectual, el MINCULT, las asociaciones de escritores jóvenes, los premios litearios nacionales y regionales, los círculos literarios, las escuelas de arte y la educación artistica.
La «Torre de Castro» dejó de ser, proponiéndoselo, la «Torre de Tatlin», porque el ruso pensaba e ideaba un arte de liberación total, aunque se pusiera inicialmente al servicio del bolchevismo. Fue el triunfo temporal de la izquierda intelectual, bolchevique, sobre el occidente amanerado, aun el de Kandinsky y del pos-cubismo.
La evolución del propio creador del constructivismo, Vladimir Tatlin, es un ejemplo del empobrecimiento del arte libre cuando se fosiliza en los muros de una ideología. Luego del fallido intento de crear la torre que derrotaría a la parisina Eiffel, se dedicó a la enseñanza. En 1923 creó el Museo de la Cultura Artística donde produjo e instaló, que es la palabra adecuada para abordar la obra de este soñador, el poema de Velimir  Khlebnikov «Zangezi». Su final fue la obra conocida como «Letatlin», un pájaro mecánico impulsado por el esfuerzo humano, una especie de resurrección del Da Vinci alado del renacimiento. Para entonces el «constructivismo» habia quedado enterrado, y el artista habia retornado al óleo, a pintar flores, en el más tangencial y «tradicional» estilo expresionista. Lejos, muy lejos del arte abstracto y constructivista, que fue y ha sido su legado. Su retorno a la pintura al óleo define su derrota ante el «realismo socialista», el triunfo de la tradición conservadora frente a la revolución en las artes, a las masas.
En Cuba, tal vez, pudiéramos encontrar el pastiche de los dos ismos rusos, el suprematismo Malevichiano y Tatliniano con la más fervorosa fosilización ideológica del arte. Lo encontramos en Kcho y sus construcciones de madera, en la que el «Cristo de Francisco», su más reciente engendro, demuestra en qué ha quedado el suprematismo criollo.
Kcho reconstruye ideológicamente la deconstrucción castrista de Cuba. El Cristo de las Balsas y Remos es el Cristo de la huida, del escape, de la deconstrucción social de Cuba. La codificación pictórica subliminal de este «productor» es la marginación de la causa para romantizar el efecto, la sangría poblacional del país, especialmente de su membresía profesional joven.
El arte no esconde, aunque puede hacerlo, pero puede decodificar o reconstruir una realidad. No la transforma, pero sí la puede transfigurar, desvestirla de su realidad, idealizarla en sus peores argumentos. Y esto es lo que nos queda en la «Torre de Tatlin» cubana. Un instrumento propicio a la transfiguración chovinista de la realidad, la ingerencia del cartel político de gobierno en la sublimidad artística. Es el viaje en retroceso a la vida del artista ruso, un viaje que atrapa a los utilitarios que encuentran la moneda facil en el empleador del poder monopólico familiar de Cuba.
Tatlin elevó el cartel político a Arte, y lo secundaron una decena de seguidores. En Cuba, el Arte oficial se redujo a cartel político. Es decir, Kacho. Sencilla cuenta aritmética, suprarealismo socialista de estado. El edificio del CAME, o para no reconstruir la realidad, sus cimientos, amaneció un día como una gigantesca hoguera, incendiado, dicen algunos que por un «cortocircuito provocado por uno de sus equipos acondicionadores del aire», prendidos en pleno especial período de miseria, o eso contaron entonces. Tal vez haya sido la constructiva reconstrucción de la torre tatliana de la ideología, que se resistía a hacerse realidad y quedar solo en un sueño.
Tal vez.
Porque a veces la misma realidad supera hasta las propias Artes, incluyendo las pictóricas.

Sunday, December 27, 2015

La Complicidad

Las crisis humanitarias tienen sus causas en las políticas de los gobiernos, no en la acción de las víctimas, un cerebro medianamente inteligente comprende esto, a no ser que la inteligencia de ese cerebro sea usada para la aplicación sutil de la astucia, que es el componente de hipocresía que tiene la política.
De todas maneras, ¿un Papa hace política o es el «intermediario» de Dios?
De seguro, un Papa no es Dios, ni siquiera es su Ministro, es una voz del centralizado altar de la religión que ha decidido administrar la liturgia a ese Dios. Como consecuencia de ese acto, que es su causa, he decidido actuar con mi opinión en su contra, por el mismo libre albedrío que me da la libertad de mi credo.
La Complicidad asume muchas entidades humanas, pero el silencio y la palabra son dos de sus más establecidas y usadas. Al menos el silencio se presta a la duda benévola del que lo guarda. La palabra, en cambio, descorre la cortina de la discresión para exponer la hipocresía del acto.
He descubierto, ya no con sorpresa, que usted usa el instrumento de su inteligencia, transformado en astucia, solo para ganar la simpatía del aplauso. Así viajó a Cuba y desconoció la realidad del maltrato, el abuso y la discordia. Decidió entonces usar unas veces el silencio, otras el uso parcial de la palabra. Pero como ya lo he dicho antes, al menos el silencio nos reserva ser benevolente con quien lo guarda, en cambio el uso inadecuado de la palabra se torna en una grosería insoportable.
Es una groseria, Francisco, decir que los migrantes cubanos en Centroamérica caen en manos de traficantes humanos y guardar el obsceno silencio de sus causas: el gobierno de Cuba, sus políticas y sus prácticas.
Es que no se puede confundir las Causas por sus Consecuencias sin necesariamente exponerse a ser Cómplices de los verdaderos Culpables.
Pero no causa sorpresa en un Papado que aún sigue protegiendo sutilmente a los depredadores sexuales, a los que han causado la miseria espiritual de niños y seguir negándose a entregarlos a las cortes seculares, pese a las denuncias de sus víctimas y de investigadores independientes, y de algunas figuras de la propia Iglesia.
¿Por que callar algunas verdades si no es para provocar las complicidades en el silencio de otras?
¿Por qué esquivar las causas fundamentales de algunos si no es para que ellos contribuyan a esconder las causas de las propias desverguenzas de entidades oficiales de la Iglesia que usted encabeza?
No es posible destejer la red de conspiraciones que el silencio ha hilado, las medias verdades y las palabras escritas con la astucia que dicta las complicidades con el abuso. Todas comparten el mismo lecho, hunden sus garras en el mismo lodo.
Los cubanos que están encayados en Centroamérica huyen de Cuba porque en su país no tienen futuro. No han sido las políticas de otros quienes han provocado sus miserias, son sus propias políticas, las prácticas vergonzosas de su gobierno las que han causado que cultivar la tierra no importe, que cuidar la propiedad no sea algo de mérito, que el producto de su trabajo no sea el eje fundamental de sus vidas. ¿Es que tenemos que mencionar hechos, sucesos, acciones inmediatas de ese gobierno? ¿Es que su Santidad no las conoce?
A esta altura de su Papado, después de viajar a Cuba, pero tal vez por eso mismo, ya debería al menos conocer un poquito del fenómeno que hoy ese país sufre. Pero entonces recuerdo que allá no caminó por sus calles, entre sus habitantes, no se bajó de su «papamóvil» aun cuando estaba descubierto, aun cuando algunos opositores tuvieron el valor de romper el cordón de su propia seguridad y decirle algunas atropelladas palabras. Delante de usted mismo surgió la patada, el atropello, pero como la conocida práctica, bien descrita por Blumenberg en su «Naufragio del espectador», de actuar como si todo eso lo dejara indiferente, lo dejó suceder para después eludir su existencia en unas declaraciones espúrias. Vale señalar, por cierto, de que no solo se observa lo que ocurre, sino que todos nos observamos los unos a los otros, para al final mostrar la ignorancia de la indiferencia.
¿Qué decir a todo esto? ¿Qué argumentar y reclamar? ¿A qué palabra divina acudir para que el «naufragio» llegue a tierra firme, se encaye la indiferencia y vuelva a renacer la virtud?
Son preguntas que a veces no tienen una respuesta. No las tienen. El peligro de preguntar entonces es conocer de antemano que no existirá la respuesta y que, inevitablemente. sucederá el naufragio como lo definió Blumenberg.
Al final lo pactado y lo conocido es su palabra, su complicidad, su indiferencia. No es posible eludir esa marca, ¿no es así, Francisco?

Friday, December 25, 2015

Atrapados

Son miles, en Panamá y en Costa Rica, y también en Guatemala, Colombia y México. Comienzan muchos su viaje en Ecuador, y aunque ya le han cortados sus «alas» siguen fluyendo, en esa marea humana que los acomoda y los atrapa.
«Atrapa», es la palabra que, en cierta forma, define la vida del cubano desde que nace, crece, vive su vida de pionero, que es una vida de secuestro, y se convierte en este joven que escapa para seguir atrapado en esa red invisible de conflictos, intereses, poder.
Somos como esas mariposas que persiguen y atrapan los niños con las manos, o con las pequeñas redes que inventamos en nuestros juegos infantiles. Colores que revolotean y vuelan como papeles vivos. Solo que esta vez son almas humanas, con voz, historias que contar, alegrías y descalabros, sentimientos e incertidumbres.
 Me gusta ver sus rostros. Tratar de descubrir, más allá del sinuoso y maltratado perfil, el detalle que desnuda un carácter. Tal vez un tatuaje escondido en la esquina de una mano, o en el hombro, o el gesto torcido de algún suspicaz pensamiento. El brillo de una mirada, un gesto espontáneo, el doblez de una mano al saludar o decir adiós. Los rostros, la gestualidad, el contorno del cuerpo y la figura muchas veces hablan más que las palabras, tienen un lenguaje propio, profanador de secretos y dobleces.
Pero hoy no quiero cuestionar el contorno de esas miradas, las curvaturas de esos labios, la inclinación de una nariz, las arrugas o la línea profunda que traza la incertidumbre en esos rostros, porque todos hemos cruzado esa barrera que definen naciones, países, pertenencias, y que también catalogan vidas en la humana escala de los universos.
Quieren cruzar hasta «el primer mundo», pensando que están «en el tercero». Y se marchan.
La razón porque escribo es precisamente la razón de la marcha, porque a veces nos escapamos de algún lugar, de un espacio temporal que ocupa nuestro cuerpo en la geografía parcial del mundo, y seguimos quedándonos donde mismo estamos, perteneciendo al mismo espacio del que se escapa. Porque estamos atrapados.
¿Se lo ha preguntado alguna vez?
Un niño recuerda su escuela, el uniforme inmaculado con una pañoleta blanca y azul, que en algún momento se transformó «en roja», no recuerda cuándo ni por qué. Recuerda el día en que la maestra habló del «kilo de azúcar» que debíamos todos «donar» a Chile porque un hombre al que llamaban Allende necesitaba nuestra mano generosa, la de todos nuestros hogares, incluida la diminuta ayuda de su manita. Le pareció entonces esa pequeña red de dedos que atrapaban mariposas en las tardes de verano, en vacaciones o en muchos domingos con sus amigos, como extensiones invisibles de una enorme jaula herrumbrosa de hierro. Fuertes, tozudas, hacendosas y útiles. El niño que tenía dentro se le convirtió en gigante y se lanzó a buscar su kilo de ayuda. Se lo dijo la maestra, y la maestra era ese oráculo sagrado de las verdades inmutables. Y él se lo dijo al padre, a la madre, a la abuela, al tío que no creía mucho en las palabras de las maestras, al amigo, al hermano menor, al risueño vecino que le sonreía con sorna el gesto sublime. El quería llevar su «kilo de azúcar» para Allende.
Y se lo tuvieron que poner en su bolsa, junto con sus libros, sus lápices, el pequeño sacapuntas verde y la goma de borrar con olor a fresa, un olor que desconocía en la fruta pero que se le hacía familiar entonces, por esa diminuta goma.
Esperó encontrar en la escuela a los otros niños con «su bolsa» y «su kilo», para descubrir con tristeza el desengaño de que solo él la llevaba allí, escurrida y orgullosa entre sus libros y cuadernos. ¡Cuánto quiso gritarlo a todo el mundo! ¡Y que todos aplaudieran la pequeña y diminuta hazaña!
Tampoco la maestra preguntó por ella. El oráculo de las verdades inmutables ese día guardó silencio. Y llegó la tarde, la hora de regresar a casa y abandonar la escuela, y nadie preguntó por aquel kilo de ayuda en azúcar para una personita necesitada que se llamaba «Allende».
Un regreso triste, encorvado en la humillación aplastante de su grandeza disminuída, paralizada. Le entregó a la abuela la bolsa con todo, lápices, goma de borrar, sacapuntas verde, libretas bien forrradas con revistas «Bohemia», cuadernos de tapas duras, colores y su bolsa, su pequeño embalaje pesado de deshonra. No le quiso decir que «aquel kilo» permanecía allí, entre todas esas cosas. Pero ella lo supo, y le pasó aquella mano cálida que transmitía más que un sentimiento, palabras susurrantes de milagrosos y medicinales consuelos.
Desde entonces teníamos un «kilo» menos de azúcar, no en la escuela, en nuestras casas. Cada mes.
¿Se acuerda alguien de esa historia y de ese niño?
Desapareció la esperanza en creer las palabras de la maestra, en la maestra, en los mayores que hacían discursos y tomaban decisiones por él, por su familia, por muchos.
Se sintió atrapado en una red invisible, como las mariposas que el perseguía cuando era verano y volaban entre la escuela y la casa. Colores que permanecían secuestrados por sus manos, pomos transparentes con agujeros en las tapas de metal o de tela de mosquitero. El también era esa mariposa.
Así están estos cubanos. Todos los hemos estado, en una trampa de la cual no somos la consecuencia, sino su propia causa. Se marchan y quedan en las redes de los mismos de donde se marcharon.
Alcanzan a cruzar la frontera entre el «tercer» y el «primer» mundo, y siguen atrapados.
Un pasaporte, un cuño o una estampa. El silencio o la voz. La actitud o la hipocresía. La ambigua vanidad de ceder el espíritu que nos hace únicos ante la divinidad de la vida.
Estos niños que se hicieron mayores y salieron a cazar mariposas a algún otro lugar para terminar por ser cazados ellos mismos, atrapados en ese frasco de cristal, marcados con la letra que la bestia decidió escribirles con su dedo indeleble sobre su piel.
Desde esa edad tierna hemos estado marcados, secuestrados, amarrados a la red de una voluntad anónima, suprapersonal, supranacional, supraracional. Marcados por consignas, paradigmas de comportamientos y muchedumbres, una sicología que ha modelado como un estigma el pensamiento y las reacciones humanas, dondequiera que estemos y mostremos nuestros colores.
Somos una isla de mariposas atrapadas en su red. Frascos volátiles humanos en el entresijo de naciones. Luciérnagas minúsculas sin luz nocturna con qué mirar y atrapar sus diminutos insectos con qué sobrevivir.
No es extraño que hoy manipulen al vecino para que cierren las puertas de su casa. No es extraño que presionen a cualquier otro para que exijan un ticket de entrada a su propia casa. No es extraño que, con el cinismo de la propia araña,declaren la «bienvenida», el regreso de los extraviados en camino al «primer mundo». No es extraño que acusen de las causas a otros y pretendan ser sus consecuencias.
Las tragedias, los dramas humanos, las crisis humanitarias y los problemas del movimiento global de personas pueden tener un trasfondo universal. Nadie los niega.
Nadie niega la pobreza en Africa, ni las guerras en Siria o en el oriente cercano. Nadie niega el hambre y las carencias humanas de muchedumbres que se hunden en el abismo de la muerte. Pero tampoco se puede negar las corruptelas, los desgobiernos, la miserable ansias de poder eterno en escasas manos, el desprecio de la voluntad de la mayoría, o la propia manipulación de esa misma voluntad por un interés de control político. El populismo no es más que la manipulación de las voluntades ajenas de mayorías para establecer los paradigmas propios de las voluntades de una minoría.
Es la historia del niño con su «kilo de azúcar» para Allende
¿Cuánto más hemos de vivir atrapados? ¿Cuánto más de vida reclamará la red invisible de la araña? ¿Cuántas más mariposas quedarán incoloras en su frasco?

Thursday, December 24, 2015

¡Feliz Amistad!

Cuando el mundo gira al compás de las manecillas de ese reloj que calcula regalos, fiestas, celebraciones ruidosas, lumínicas guirnaldas de una falsa felicidad brillante. Cuando toda la vida rota alrededor de ese centro, engalanado de celofán y afeites, de fantasías de color, y levantamos nuestro árbol de Navidad con lazos, figuras de vidrio soplado por manos penosamente pagadas la hora, y anónimas en su fatiga, y una estrella adorna ese final, como si adornara realmente todo el verdadero mundo. Cuando los días se convierten en un guiño «feliz», travieso, fugaz. Cuando todo eso pasa, quiero pensar que tú aún existes.
¡Tú!
¡Ya sabes cuál es tu nombre!
Esa pequeña personita que alumbra el día con su saludo desde lejos. Con un mensaje discreto. Con un saludo tímido. Con una sonrisa dibujada en la electrónica digital del teléfono «inteligente», que nos sorprende tomando un café, o escribiendo un largo listado de peticiones al «mago» que descubrirá nuestro futuro secreto.
Y mientras «Santa Claus» solo existe en la imaginación de los niños. Y a Cristo le cantan demasiado en las iglesias, los que pretenden «creer». Y otros dioses infieles reclaman tanta sangre, y víctimas, y muertes, y sacrificios divinos.
Mientras todo eso ocurre, estás tú.
Lo más importante en la vida no es ni el dinero - que se necesita, y no lo niego -, ni la abundancia, que es bienvenida cuando se obtiene con el personal talento y la honradez. Lo más importante es la amistad. La Amistad, así, en mayúsculas. Porque sin ella somos un electrón perdido en este mundo, que se torna pura electrónica nocturna y sumergida vida digital.
Los amigos nos dan los buenos días, los verdaderamente buenos. Y también nos tienden la mano cuando la necesitamos y no la pedimos, por timidez y verguenza.
Los amigos, los verdaderos, siempre estarán ahí, cuando los necesitemos; y se marcharán cuando seamos felices y lo tengamos «todo», o casi «todo», que en la vida no se sabe cuánto realmente se tiene o se desposee. Porque la felicidad es también ese sagrado y escaso poquito de egoísmo, y ellos lo entienden. Por eso son nuestros amigos.
La amistad es el granito de sal, no de azúcar; la brizna que revolotea desde lejos con el viento, para hacernos recordar que, desde lejos, alguien también mira hacia nuesto oeste en esta esquina del mundo, cuidándonos bondadosamente, sin pedir nada, sin siquiera reclamar su presencia.
La amistad siempre está allí, invisible, pero cierta.
Lo cura todo, hasta el silencio, y la soledad, y la desgracia, y las lágrimas, y el dolor, y las pérdidas y desencuentros.
Puede ser un regalo de Dios, o el milagro cotidiano que tenemos por accidente. Y es ese el verdadero guiño divino en nuestra vida, porque no tenemos que creer en ella, solo necesitamos dejarnos llevar por su calidez, su abrazo discreto, su murmullo silencioso, su modesta presencia.
Por todo eso, a tí, mi anónima amistad, no te deseo nada mejor que un buen amigo, cualquiera. El que te escoja a tí, o el que tú mismo escojas. Porque no importa la dirección en que se ejerza ese cariño, sino el calor verdadero de su empeño.
En la adversidad, en el entorno de la felicidad suprema, a cualquier hora y en cualquier tiempo espacial, eterno, siempre estarás conmigo, ¡no lo dudes!
Así, en la víspera de la Navidad, ¡Feliz Amistad!
Nota: La foto de este muy especial post es de la obra «Gato de Vidrio feliz», original de la antropóloga y artista plástica argentina Elisa Tabakman. Tomado de su blog personal, «Elisa Tabakman, Metal y Piedra», con su autorización.
Yo la hubiera llamado «Los ojos de la noche», porque me recuerda al «Claro de Luna» de Beethoven.
¡Gracias por el gatito, Elisa!

Monday, December 21, 2015

¡Adiós España!

Las elecciones en España han dejado sin la mayoría al PP, lo que ha colocado a Mariano Rajoy en la frágil posición de tener que negociar con los otros partidos, facciosos más que facciones, para poder volver a formar gobierno. Lo doloroso no es que el PP no haya alcanzado la mayoría, en definitiva no soy un partidario apasionado de Rajoy, pero frente a lo que se ha convertido la España del otro lado, lo que traería el partido de Rajoy sería un salvavidas para esa sociedad.
En cambio, los españoles votaron por la fragmentación. Pero eso tampoco me causa ningún dolor, ni desconcierto, ni el más mínimo asombro. Se veía venir.
Lo verdaderamente vergonzoso es que el PSOE, que es la segunda agrupación con más asientos en el Parlamento, se niega a hacer a Rajoy Primer Ministro… secundando a «Podemos».
¡Qué pendejos se han convertido los españoles!
Así, ¡prefieren hundir a España republicana para construir la España chavista!
¿Y hablan de Franco? ¿Y hablan de la dictadura después de aquella «republiquita» donde fusilaba, en la misma Cataluña que reportaba George Orwell, «la doña» comunista «pasionaria»?
¿Es que ya han perdido la memoria?
Prepárense a sufrir a Venezuela, ¡perdón!, al degeneradito de la colita.
Prepárense a sufrir las políticas irresponsables de esos que creen en el «socialismo del siglo xxi», y lo pongo en minúsculas, porque es lo que se merece.
Pudiera decir mucho más. Pudiera argumentar en miles de palabras, y argumentos, y principios. Pero ahí tienen el brazo largo del  «colita de caballo» en Venezuela. Aprendan a conocer lo que allá ocurre, porque les sucederá, más temprano que tarde.
Entonces la realidad fascinerosa del «socialismo» les amanecerá algún día, casi sin enterarse, y también el producto de desecho que sale por debajo de esa colita en el caballo. Para cuando lo tengan sentado en el trono de poder ya será tarde, ya la gran cagada estará hecha y el arrepentimiento se convertirá en políticas de coerción sobre los arrepentidos.
De nada valdrán entonces elecciones, parlamentos y primeros «ciudadanos», «podemos», «socialismos» y «popularismos». Todo será entonces una sola cosa. ¿Adivinan cuál?
La historia debería haberles enseñado que convivir con «el de la colita» es apostar también por el excremento de esa colita que, en buen lenguaje social, se traduce como la ruina de España… para un buen largo rato.
Y así los dejo.
¡Adiós España!
Nota: Esta es Malpica, La Coruña, España. Pequeño peñón de mis antepasados. Yo soy de alli, aunque no he nacido entre esas piedras. Estoy allí, o habré estado en un tiempo indeterminado de la vida.

Sunday, December 20, 2015

Mis Lecturas Favoritas del 2015

Un año dificil para escoger en libros, lecturas, temas. Un año, además, que ha estado matizado con crímenes sangrientos de ISIS y Boko Haram, el «deshielo» entre Cuba y Estados Unidos y el Premio Nobel a la escritora-periodista bielorrusa Svetlana Alexiévich, furiosa crítica de Vladimir Putin. Por todo eso algunos de esos temas dominan mis lecturas favoritas este año.
No soy un lector monotemático, y disfruto tanto la literatura totalmente de ficciñn como del periodismo o  la historia o un buen testimonio, una crítica despiadada o una crónica personalísima sobre una vida, una figura emblemática o sencillamente un clásico. Leer es como una aventura, un viaje a lo desconocido. Se sabe cómo comienza, pero nunca cómo termina.
Y si después se tiene una actitud corrosiva, pero a la vez apasionada sobre lo que se lee y lo que se quiere leer, pues ya usted tiene una travesía que es todo un laberinto. Pienso, sin embargo, que detrás de cada lectura contemporánea tiene que venir la necesaria compañia de un clásico. Porque un clásico es ese libro que echa luz sobre otros, a la vez que, en algún momento, hubo otros que echaron luz sobre él mismo.
Por eso encontrarán algún clásico pero, sobre todo, libros que representan los conflictos de este momento, y que echan luz sobre el hoy, el ayer, el mañana. Esta vez, sin embargo, no he podido resumirlos en diez. Es una tarea titánica, realmente. Por supuesto, enumero diez lecturas, pero sugiero otras. Algunas son esos complementos imprescindibles, necesarios. Otras son como esa linterna mágica que echa luz sobre el libro que provoca la discusión, el inicio de la travesía de este año.
He aquí mis sugerencias:
  1. «Stoner» por John Williams. Tenía que empezar por esta gran novela. Si usted no queda cautivado, desde la primera página, por esta maravillosa historia, no tiene corazón ni espíritu para la literatura. Para mí este es el «libro perfecto». Si me dieran la oportunidad de «robar» una obra para hacerla mía, esta sería mi elección. Y ahí se lo dejo, ni cuento su historia.
  2. «La vida oculta de Fidel Castro» por Juan Reinaldo Sánchez. Uno de los momentos políticos más importantes del año que casi acaba es el «deshielo» entre Cuba y los Estados Unidos. El libro de Reinaldo Sánchez, fallecido este año, habla del protagonista delirante de la tragedia de aquel país, Cuba. Porque Reinaldo fue un testigo singular e importante, guardaespaldas y jefe de su escolta personal… hasta su caída en desgracia.
  3. «Poderes terrenales» por Anthony Burgess. Ya sé, todos conocen y hablan de Burgess por «La naranja mecánica», pero para mí esta es su obra maestra. Un libro que, además, puede echar mucha de luz sobre el actual inquilino en el Vaticano. Controversial como siempre lo fue, y desde su primera línea, rompiendo estocadas con la censura y los sentimientos más puritanos en este mundo.
  4. «Yo Acuso» por Ayaan Hirsi Alí. Hirsi Alí nació negra, musulmán y somalí. Conoció todo lo que significa esa religión para una mujer, y la enfrentó. Mucho más importante, supo superarlo y ser la voz emancipadora de las mujeres que nacen con el estigma de una religión hundida en el peor de los oscurantismos. Esta es su jornada desde un hogar musulmán hasta su final como atea, y un grito contra el islám, no solo en Africa, sino en las sociedades occidentales, donde fue perseguida y amenazada de muerte por los grupos fundamentalistas musulmanes, por todos. Un libro de imprescindible lectura. Solo sugeriría que, si lee este libro, también trate de conseguir «Why I am not a muslim» por Ibn Warraq. Los dos libros son imprescindibles conocerlos.
  5. «Post Office» por Charles Bukowski. Pienso que Bukowski está sobrevalorado. Ya sé, ya sé, ya sé. Todos lo ponen por «los cielos». Yo siento que hay que leerlo, y valorarlo por lo que es. Este es «su clásico» y, por tanto, necesario conocerlo. Se disfruta, pero nada más.
  6. «El vértigo» de Evgenia Ginzburg. Si usted quiere conocer en primera persona el testimonio de uno de esos que, durante el estalinismo, y siendo una figura del establishment comunista, llegó a vivir en las mazmorras de la Rusia soviética, tiene que leer a Ginzburg. Tal vez no sea el mejor y más abarcador testimonio, pero es una voz que habla desde la empatía con aquel régimen, de esa pequeña trinchera que compartió aquellas ideas hasta sentir todo el horror de lo que significó el comunismo en Rusia. Como importante complemento le sugeriría – ¡qué digo! – le exigiría leer el «Archipiélago GULAG» de Alexandr Solyenitzin, y a Timothy Snyder  con su esclarecedor libro «Europe between Hitler and Stalin». Imprescindibles todos.
  7. «Las partículas elementales» por Michel Houellebecq. Por supuesto que todos han hablado de «Seducción», el «best seller» francés del año, pero yo pienso que mejor que este último son «esas partículas». Houellebecq es uno de los grandes escritores franceses, considerado ya un «clásico» por muchos, que está vivo.
  8. «La fuerza de la razón» por Oriana Fallaci. Una denuncia sin pelos en la punta del lapiz, o en las teclas de la maquina de escribir, o en el teclado plástico de la computadora de Fallaci. Una denuncia brutal contra el mundo musulmán del occidente democrático. No espere menos que controversia con este libro. ¡Magnífico!
  9. «El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas» por Haruki Murakami. El eterno candidato al Premio Nobel de Literatura. En mi opinión, uno de los mejores libros de Murakami. Puede servir de introducción a su estilo y a otros de sus grandes libros, como el imprescindible «Crónica del pájaro que da vuelta al mundo». Pero mejor comience por este «fin de mundo».
  10. «La puerta» por Magda Szabo. La escritora checa conoció de la claustrofobia que la intelectualidad disidente enfrento en la antigua Europa del Este. Fue desterrada de los medios intelectuales, algo muy usual en las sociedades comunistas en todas partes, como el mismo escritor cubano Lezama supo conocer muy bien en la Cuba de Fiel Castro. Poeta ella misma, su prosa tiene esa delicada mirada penetrante que solo un buen poeta posee cuando escribe. Basada en su relación personal con su ayudante. «La puerta» tiene un paralelismo increíble con «El diario de una buena vecina» de la británica, y Premio Nobel, Doris Lessing . De los dos, buenos libros, yo me quedo con el de Szabo.
Y estas son mis diez sugerencias.
Sin embargo, no puedo dejar de añadir otros dos títulos. Se me hace imposible:
  • «Pinochet: las incómodas verdades» de Mario Spataro. Es un libro controversial y, en algunas partes, muy tendencioso. Pero tiene la virtud de descubrir ese lado que, muy convenientemente, mucha literatura, crónica y testimonio, sobre todo de izquierda, intenta ocultas. Es el libro que por excelencia desmonta el mito del Allende «bueno» y del Pinochet «malo». Y no digo más.
  • «La muerte del padre» por Karl Ove Knausgård. Karl Ove ha sido un fenómeno – aún lo es – que ha sobrepasado Noruega. Profundamente personal, tanto que se convirtió en una verdadera controversia entre sus familiares, amigos y pariente. La prosa de este noruego es potente, fuerte, profundamente personal. Un excelente libro, que es el primero de una serie que tituló, también controversialmente, «Mi lucha».

Saturday, December 19, 2015

17D

Las sociedades totalitarias son como cuerpos anestesiados, entumecidos por golpes. Parecen dormir, ofrecen el paisaje asombroso de la unicidad en sus comportamientos y del cosmopolitismo más insólito: todas se parecen, todas logran alcanzar la similitud que las hace convertir en el repetitivo paradigma de la indiferencia.
Al régimen instaurado en Cuba, alejado geograficamente de la tutela soviética,  lo preservo más que su estoicidad, su lejanía de la Rusia comunista. Consecuencia de esta geopolitica de lejanía, el castrismo no sufrió del «efecto dominó» que enfrentaron los países de Europa del Este. El autoaislamiento cubano recogió los frutos de su alienación del mundo socialista, y también del mundo democrático. Se enquistó.
Cuba no fue solo el frente de hostilidades entre el Este soviético de Europa y el Oeste democrático, entre las dos grandes potencias de la «guerra fría», Estados Unidos y la Unión Soviética, también lo fue entre el Oeste Europeo democrático conformado por la Unión Europea, y especialmente España, y el gobierno de los Estados Unidos. Entre todos ellos, Canadá constituyó la pieza entrometida en el juego aislacionista de Washington. Nunca se sumó, nunca abandonó su presencia en la isla, nunca compartió el paradigma impuesto por la política de la Casa Blanca.
Ottawa, tal vez por primera vez en su historia, no secundó a Washington y sirvió de premisa a Europa en su asalto a Cuba. Si el embargo «no funcionó», si «fue un fracaso» y si la política de aislamiento demostró ser un instrumento disfuncional, se lo tiene que «agradecer» el castrismo, en primer lugar, a la política de Ottawa que instaló las bases para que Europa regresara, con sus maletines de préstamos e inversiones, a La Habana aun cuando soplaban los embates furiosos del embargo.
Así, el 17 de Diciembre, 17D como convenientemente lo conocemos, comenzó desde aquel 1ro de Enero de 1959 cuando el Primer Ministro de Canadá, John George Diefenbaker, profundamente anticomunista, se negó a secundar a Eisenhower rompiendo las relaciones diplomaticas de Canadá con La Habana.
La historia que sigue a Diefenbaker casi todos la conocemos. Europa hizo su festín en Cuba… cuando el castrismo abrió sus fronteras a los hombres de negocios occidentales, en las vísperas del derrumbe soviético del este de Europa.
El 17D viene a ser la consecuencia coherente de la incoherencia política de Europa y Canadá, y de la debilidad de los Estados Unidos en el mundo actual. ¿Qué ha pasado desde entonces?
Tratemos de hacer un pequeño resumen de noticias.
A mi me ayudan mucho las matemáticas. Son tan convenientes. He aquí mi aproximación.
Son tres las variables del 17D. Lo podemos resumir en esta simple ecuación aritmética:
C – (RC + PO) * UE = 17D
donde:
C – es Cuba, entendiédose la sociedad cubana con excepción del castrismo.
RC – el régimen de Raúl Castro, que se resumen en él mismo.
PO – la presidencia norteamericana cuyo rostro es el Presidente Barack Obama
UE – la Union Europa, especialmente el gobierno de España.
Se hace facilmente comprensible saber que el signo de la relación de la parte multiplicativa es negativo. El resultado de las negociaciones entre los gobiernos de Estados Unidos y Cuba, entre Obama y Raúl Castro, representada por la operación (RC + PO), ejecutará una operación aritmética de sustracción a la variable Cuba (C). De la misma forma que el componente Unión Europea (UE) estará siempre relacionada con estas dos variables a través de una operación aritmética multiplicativa con el sustraendo, que es la suma bilateral entre las variables principales del conflicto, RC y PO.
El resultado de la operación (RC + PO) será siempre multiplicado por la variable de la Unión Europea y reforzará el valor de este sustraendo a restar a Cuba, variable C, que es su pueblo.
¿Qué ocurrió entonces en este año entre (RC + PO)?
He aquí un resumen de noticias, sin intentar enunciarlos en el requerido orden.
Apertura de las embajadas de Cuba en Washington y de EEUU en La Habana. Comienzo de viajes de grandes cruceros a Cuba. Acuerdo de aviación civil. Alrededor de 110 vuelos diarios entre Cuba y Estados Unidos. Visita de una comitiva de las Grandes Ligas a La Habana, entre ellos prominentes desertores del beisbol cubano, como Yasiel Puig y Alexis Ramírez. Visita de celebridades como Paris Hilton y Naomi Campbell. Conciertos de artistas norteamericanos. Olga Tanon y Katty Perry en La Habana. Ethan Hawke y Tim Robins visitan Cuba durante Festival e Cine. Reanudación de los servicios postales entre Cuba y Estados Unidos. Presencia de compañias norteamericanas en la Feria de La Habana. Contrato de la compañia de comunicaciones norteamericana IDT con ETECSA. Viajes a la isla de miembros del Congreso de los Estados Unidos, gobernadores y alcades de estados e importantes ciudades de  ese pais. Acercamiento de hombres de grandes hombres de negocios al régimen en la isla. Comienzo de transacciones financieras con la tarjeta de crédto MasterCard.
En la formula, como en la realidad, el valor de PO se maximizó, mientras que el valor de RC se comportó como el de una constante aritmética, alcanzando un valor mínimo. Obama demostró que como negociador, que es lo que siempre es un presidente, es verdaderamente muy malo, a pesar de ser abogado. Muy poco concedió Raúl Castro a las constantes concesiones y privilegios que la parte americana cedió, y esto a pesar de estar Obama «negociando» el valor de su variable con La Habana por más de un año. Saque usted sus propias conclusiones.
Inmediatamente Europa se apresuró a secundar a la Casa Blanca. Retornó el diálogo político con el régimen que se reconvirtió exclusivamente en concesiones financieras, y así el Club de Paris le concedió plazos cómodos al régimen para pagar su deuda, una deuda donde el componente español tiene un valor de privilegio.
Mientras la variable PO guardó el formalismo de «abrir una mesa de diálogo sobre Derechos Humanos», la contraparte europea (UE), sin ningún sonrojo, despejó de su variable todas las condicionantes a esos derechos y le tendió la mano a RC. El humanismo europeo vivió ese día su Waterloo caribeño. Lo que funcionó, evidentemente, fueron los temores europeos ante la amenaza de la caja fuerte crediticia americana. El posible levantamiento del embargo es la principal preocupación unionista europea, no la componente humanitaria cubana, la variable C.
¿Qué queda entonces de la variable C, de Cuba?
Lo que todos conocemos.
Represión. Crisis migratoria de cubanos en Costa Rica, casi 6 mil personas encayadas en ese pequeño país. Protestas en embajada de Ecuador en La Habana por la imposición de visas a cubanos. 2 000 cubanos varados en una comunidad panameña. Constante flujo migratorio ilegal a través de Guatemala, Colombia, México, Aruba, cualquier islas del Caribe próximo. El valor fundamental de C, a pesar de los repetidos pronunciamientos de Washington y Europa sobre los derechos humanos y sobre la represion en Cuba, es la exponenciación del flujo migratorio ilegal de cubanos hacia los Estados Unidos para acogerse a la «Ley de Ajuste», una ley que se escribió y aprobó para proteger refugiados políticos, no simples emigrantes ilegales, y que se ha convertido en la protección al oportunismo y y la indiferencia.
No puedo dejar de decir lo que es obvio. En lo ocurrido el 17D la retórica no ha cambiado, curiosamente, por parte de ninguna de las partes.
Así, por ejemplo, la señora Josefina Vidal no se cansa de repetir de que en el área económico-comercial los resultados del componente PO, las órdenes ejecutivas de Obama para impulsar la formula (RC + PO), apenas son visibles – sigue estando el castrismo insatisfecho. De acuerdo a la variable RC muchas de las medidas aplicadas son «positivas pero tienen un alcance limitado». Y le siguen pidiendo a la contraparte, (PO), que siga ejecutando operaciones ejecutivas para cambiar la situación y poder «ampliar el alcance de las medidas o tomar otras».
Y no se detiene ahí el listado petitorio de RC. Según la ejecutora diplomática de esa variable, tampoco se ha avanzado en «temas esenciales» para una re­lación normal. Digase: «fin del bloqueo», embargo, la devolución de Guantánamo, el financiamiento de la USAID a la sociedad civil cubana, las transmisiones radiales y televisivas, etc.
Lo otro más curioso de las peticiones del componente RC es que, casi de olvido, como si no tuviera ninguna importancia, se pronuncia sobre la existencia de la «Ley de Ajuste Cubano». Saque usted mismo las conclusiones. Y, mucho más curioso, que la misma parte norteamericana, PO, insiste en dejar intacta esa ley. También saque usted las conclusiones.
¿Y de C qué, de los cubanos?
Pues, los cubanos están fuera de la fórmula Castro-Obama (RC +PO). Ambas partes parecen ofrecerles dos posibles soluciones: petitorio espiritual a San Lázaro o emigración ilegal. Y hablo de hechos concretos, no de pronunciamientos políticos que llenan los reportes de prensa y las declaraciones presidenciales. La fórmula (RC +PO) puede ser considerada uno de los éxitos logrados por la administración norteamericana. La realidad es otra y se ríe a carcajadas de los bromistas de la Casa Blanca.
Entonces, ¿de qué ha servido el año transcurrido por el 17D?
La respuesta es simple. Le ha abierto las puertas para la entrega del país al establishment Castro. Ha dado credibilidad a la política raulista de los cambios anestesiados. Esa forma de amaestrar a la sociedad, al país, ha avalado jurídicamente la inevitabilidad de la existencia de ese establishment.
Muchas veces se ha cuestionado la «velocidad» de las reformas en Cuba por parte de periodistas, analistas y metrólogos de la cosmetología política de ciertas élites. Se han enunciado teorías de todo tipo, pero la respuesta puede ser muy sencilla. Para mí es esta.
El raulismo ha conocido los escollos que enfrentó China cuando optó por la apertura económica. Las protestas en Tianamen fueron la expresion social y política a la transformación radical, veloz, a los cambios ocurridos en la esfera socioeconómica de aquel país. Los cambios transcurrieron lo demasiado rápidos como para no poder domesticar con cuidado a la población local de que la única apertura permitida era en la esfera económica, pero que el sistema político era intocable y se mantendría intacto.
El régimen de Cuba anotó entonces la experiencia china en su viejo manual de ritos y, teniendo ya la experiencia natural a la ralentización de todas sus decisiones, se dedicó con voluntarismo mandarín a la labor en la que ha sido un paradigma: la domesticación de la sociedad cubana, que ya lo venía haciendo desde hacia años.
Ha sido un trecho largo. Ha llevado años, generaciones, actitudes y enfrentamientos. Necesitó el largo aislacionismo y la división de la familia cubana para incubar el ADN de la indiferencia y el sopor social. Necesitó de éxodos, organizados o espontáneos, crisis de escapismos y huidas. Necesitó fomentar primero el odio al que se marchaba, para después recibirlo con aprensión, siempre haciendole conocer a los «escapados» de que la cubanía, el sello de pertenencia a Cuba, era solo patrimonio del régimen, y que solo él era la única fuente capaz de garantizar la legitimidad de la pertenencia.
Por supuesto, primero necesitaron desprenderse de los enemigos de clase, ideológicos y políticos. Fue la primera e histórica generación, la fundacional generación del exilio. Necesitaron inculcar bien claro que el abandono era un ticket de ida seguro, pero no de regreso; que solo el regimen tenía la potestad y la «benevolencia» del perdón, y que solo podía ser obtenido con su consentimiento.
Toda sociedad cuenta con dos actitudes frente a los problemas que enfrentan: los que lo eluden y los que lo enfrentan. Los que lo eluden llevan en sí mismos el virus maligno de su amaestramiento, su docilidad. Los que lo enfrentan son los agentes activos del cambio. La misma Europa vivió esta experiencia con las guerras y las enfermedades terribles como la peste. Con la peste, por citar un muy conveniente ejemplo, los que la eludían huyendo de las ciudades invadidas por la enfermedad llevaban consigo el virus transmisor de la epidemia, y se enfermaban ellos mismos y enfermaban su entorno, hasta hacerla propagar por aquellos lugares adonde escapaban. Los que se quedaron sufrieron la muerte, muchos, sí, pero otros sobrevivieron enfrentándola, logrando al final ganar la batalla de la civilización.
Las mismas conclusiones podemos sacar de esa Europa de la este para la Cuba del Castrismo.
La variable C reduce su valor en proporción directa al aumento de la población flotante que escapa de sus fronteras. Y los que huyen, y han huido, llevan consigo, inevitablemente, el germen letal de su docilidad y domesticación. Retornan a Cuba con el permiso secular del régimen por su «buen comportamiento», su silencio. Esa es su primera carta de ciudadanía y lo que hace potenciar exponencialmente la variable RC en la ecuación que tiene como resultado el 17D.
Hoy mismo vemos como los que ayer fueron calificados de «gusanos», «escorias», «vendepatrias», personas compradas por el «dinero mercenario», «apátridas», regresan y hacen las paces con sus antiguos amaestradores. Se muestran risueños, les tienden las manos, los saludan y comparten sus copas.
Algunos pueden decir que así ocurre porque son «millonarios» como los Castros, escapistas que regresaron con los bolsillos llenos. Sí, es cierto, pero regresaron con un «permiso especial» y benévolamente le tendieron la mano a los mismos testaferros de su domesticidad. Ellos mismos están siendo sutiles instrumentos de las próximas generaciones de amaestrados, potenciales emigrantes del bolsillo.
Esencialmente lo que muchos llaman muy convenientemente como «emigración económica» es, en principio, una emigración domesticada. Le llevó al castrismo más de cincuenta años, pero el resultado lo vemos hoy: la cosecha de los que regresan. Este es el resultado más evidente del 17D, y también su consecuencia.
El 17D, además, ha creado la premisa esencial para la acreditación política a un régimen de amaestramiento y docilidad, y es ahí donde está el secreto de la controvertida «velocidad» de las reformas raulistas. Fundamentalmente porque Cuba se dirige hacia una China controlada, donde la clase pudiente, su aristocracia, estará conformada por la claque genética del castrismo y la buriocracia militar de fidelidad vertical y forjada a través de complicidades financieras con el poder que se se marcha por el reloj biológico.
Ayer parecía que los éxodos eran crisis estructurales del sistema cubano. Los éxodos fueron, sí, aliviaderos de posibles crisis sociales. Se iban los «problemáticos» que ya habían sido amaestrados en el arte del retorno domesticado y, a su vez, el aparato burocrático del castrismo se deshacia de los miembros ponzoñosos que le quedaban en sus cárceles y calles. Hasta muy poco tiempo atrás este desalojo ciudadano se practicó, en las últimas generaciones de la disidencia, a través del contubernio con la alta jerarquía de la Iglesia Católica y el gobierno de España. ¿Recuerdan lo que dije sobre la variable UE al principio?
Hoy la administracion Obama puede reclamar públicamente cualquier cosa. Puede decir que el diálogo, el restablecimiento de relaciones, la presencia en Cuba de su embajada, posibilita involucrarse con la sociedad civil cubana. Son la palabras adecuadas a la filosofía del despeje de una variable esencial, la C de Cuba, de los cubanos, de la esencia nacional de un país.
Nada de lo que aleguen para el 17D es cierto.
Primero, ¿de cuál sociedad civil hablan? ¿La que se quiere marchar de Cuba?
Pregúntese primero, ¿a qué contribuye la llegada de los ex-cubanos peloteros de las Grandes Ligas a La Habana? ¿Para qué sirve ese recibimiento achampañado de Yasiel Puig y Alexis Ramírez como héroes del regreso, sí, pero como héroes que estrechan las manos de los que los expulsaron en balsas, y les llamaron «apátridas» y demás lindezas, para ahora recibirlos con aplausos y luego que ellos mismos aceptaran la conveniencia del «permiso especial», del besamanos a sus propios amaestradores?
¿No es esto una actitud servil? ¿Y qué enseña?
Sencillo, enseña que se puede ir, pero hay que permanecer dóciles y domesticados, y regresar concediendo el «besamanos» oficial. Todo esto «gracias» a la bendición del «cambio». Gracias a Obama.
¡Triste record, señor Presidente!
La realidad es otra. En Cuba hoy no se gesta ningún cambio. Se sigue gestando el amaestramiento, la domesticación de su sociedad. Son esas las causas por las que nadie se suma a ningun movimiento político, ni a las marchas de sus disidentes. Las «reformas» raulistas, cualesquiera que aparezcan en el futuro, serán las consecuencias inevitables de que ese proceso se logre, y Cuba se erija en una asiática isla caribeña con políticas mandarinas del este. Una sociedad con límites muy bien dibujados y trazados.
Permisibilidades políticas que pudieran llegar, incluso, y no se sorprenda, a cambios en su parlamento para convertirlo en profesional y acabar de cimentar la institucionalidad del parlamilitarismo raulista. O, incluso, aperturas informacionales, como la estatización del conocido «paquete», que inevitablemente se alineará con las burocracias locales. Los mismos «autores intelectuales» de estas irregularidades informativas no han dejado, convenientemente, de haber recordado de que «no son políticos y que le dejan la política a los políticos».
Dejando aparte el trabalenguas, ¿no es esto una actitud de domesticidad evidente?
Las relaciones comerciales, los vínculos económicos, la condonación de la deuda con el Club de París, los cruceros, el turismo eventual norteamericano, los artistas y sus shows, las visitas de celebridades y políticos, congresistas y hasta la posible de su presidente, solo contribuirá a establecer, acreditar y legalizar la política de domesticación de la sociedad cubana.
Las libertades no se provocan negociando con los poderes que la detentan, sino emponderando a los ciudadanos que padecen su inexistencia. Eso está claro y es por todos conocidos, aun por los mismos políticos que están en las variables PO y UE.
Tiene toda la razón Alexandr Solzhenitsyn cuando decía que si no se castigaba ni se censuraba siquiera  a los malvados, estaríamos haciendo algo más que cuidar su miserable vejez: estaríamos socavando por debajo de las generaciones futuras todas las bases de la Justicia, en mayúsculas.
Y es lo que está ocurriendo en Cuba.
El pacto de Obama con Castro el 17D es un pacto de sacrificio de la justicia para obtener el crédito que la administración norteamericana necesita en la latinoamerica populista. Inevitablemente entonces la visión politica global de lo ocurrido el 17D es un rejuego ideológico retórico para obtener un «lavado de cara» y un ticket ante la latinoamerica cubanizada, de la cual el régimen de Castro es su llave.
De cierta forma toda la izquierda necesita la sobrevivencia de la utopía cubana, para tener el remanso ideológico de sus tesis de clase, aunque sepa concretamente que los principios de su ideología han sido totalmente demolidos en el viejo régimen. Para obtenerlo entonces, el castrismo ha impuesto sus condiciones, y la administración norteamericana ha sucumbido a ellas.
Vacláv Havel afirmaba, en «El poder de los sin poder», que la ideología, como interpretación de la realidad suministrada por el poder, está siempre subordinada al interés de ese poder y tiende intrínsecamente a emanciparse de la realidad, a crear un mundo de «apariencia», a ritualizarse.
Lo que Havel nos dice puede ser muy bien aplicado a las variables de la ecuación del 17D. En la cubana porque, como ya todos conocemos, la ideología castrista ha ritualizado todos los actos sociales y privados de la sociedad cubana, hasta los emigrados seguimos sucumbiendo a esa ritualización de la realidad. En la norteamericana porque es la fórmula cómoda que ha servido a la administración norteamericana para conceder su derrota ante el castrismo.
Por supuesto, ha sido una derrota construída después de muchos años de trabajo de zapa en los círculos académicos, políticos y en la propia maquinaria burocrática del gobierno americano. Y ya no hablo solamente de los «Engage Cuba» o «CubaNow», y mucho menos de todo el lobby político procastrista en el Congreso norteamericano. Hablo más allá, en la esfera netamente ideológica e intelectual de la actual administración, del poder ejecutivo hoy, que hoy ha suministrado, como decía Havel, la interpretación de la realidad que necesita ese poder.
Obama en este sentido es, más que su implementador e instrumento, su intérprete. Un instrumentador o un implementador ejecuta la labor del intelecto ajeno, de algún otro. Obama actúa más como el catalizador consciente de la teocracia del engagement, de su misma ritualización de la realidad.
¿Cambiará algo el futuro?
Solo basta leer el mensaje directo de la señora Josefina Vidal.
"El día que el presidente decida venir a Cuba será bienvenido, pero Cuba siempre ha dicho que no va a negociar cuestiones inherentes al ordenamiento interno del país a cambio de una normalización de relaciones con Washington".
Y con su ordenamiento interno quiere decir, su política de domestizaje interno.
El 17D no tiene un valor positivo para Cuba en la ecuación aritmética del presente y futuro político del pais, porque esencialmente, y gracias a las negociaciones que se anunciaron aquel fatídico día de San Lázaro, el minuendo tiene un valor menor, mucho menor, en la ecuación final que el sustraendo.
¿Me empeño en ser demasiado pesimista?
Quisiera pensar que es solo un empeño personal surgido del conocimiento enlodado por los golpes recibidos en la vida, como los que todo cubano ha recibido. Sépase que no me hace feliz ese empeño, pero como decia Kant, «la felicidad no es un ideal de la razón, sino de la imaginación».

Wednesday, December 16, 2015

El viejo y su cartita

Dicen que los hombres viejos se vuelven como los niños, solo que en vez de ganar en memorias y experiencias sensoriales y visuales, las pierden, se hunden en el marcha atrás de la vida, en el crucial retroceso del reloj biológico de la memoria humana. Se trasladan a un tiempo en que se existe, se vive y se piensa en la infancia de su vejez, perdiendo palabras, como un viejo maniquí de moda pierde sus ropas hasta quedarse desnudo, escoriado, asexual, con la árida planicie de su piel convertida en un mapa inhabitado. Una isla sin memoria, una memoria sin principio, una barca que navega en un mar que no encuentra ningún puerto.
Los viejos son niños sin memoria que encayan en los nombres y hechos del pasado porque perdieron el presente, y la brújula de su vida se convirtió en la veleta arrancada de su casa por el viento. No encuentran tejado donde encajar su madero, ni dirección donde apuntar su rumbo. Recuerdan lo primero sin saber cuál es su principio, y el final se les olvida en el acontecer penúltimo de sus años. Agregan nombres, esdrújulas a héroes, hechos del pasado a una historia en el presente, con la misma semántica del viejo marino que busca su ballena blanca y encuentra solo un madero flotando en las olas de un río.
«¿De quién escribo?», me pregunta tal vez ese cubano encayado en Costa Rica, o el que se arriesga aún en alguna balsa a cruzar «el estrecho» – ya saben cuál –, o quizás aquel otro que todavía se arriesga a huir de Venezuela enrolado en «la misión» médica, o aquel otro que, siendo el último en traspasar las fronteras ecuatorianas, presiente que comienza el largo camino de regreso a su verdadera casa.
«De Fidel el loco»,  contesto. De aquel, desvencijado en sus huesos y en la silla móvil que remplaza sus piernas. De aquel ,que hunde la espalda arqueada en un sillón que no se mece, que perdió su balance como él mismo perdió su escritura, su letra, la memoria sensitiva de la realidad. No vive, recuerda. No avanza, se regresa a la colonia donde algún día le antecedieron antepasados, rayadillos ilustres de un apellido que no lograron retornar a la península de su propia historia.
Y se volvió viejo, enclenque, con esos dedos largos que hurtan a la ancianidad la desmemoria, y la entreteje de verbos hirsutos donde lo más importante no es lo que se lee, sino lo que falta en palabras y conjunciones. El viejo entrampado en su sillón, que confunde victoria con entuertos, escuelas con cuarteles, libros con manuales, maestros con sargentos vocingleros, palomas con urracas ladronas.
No se miente a sí mismo porque la edad no le miente, le engaña. No confundamos los verbos. Se miente con la conciencia de una verdad que se oculta, se engaña con la inconciencia que da la pérdida de la vitalidad, la certidumbre y la memoria.
Mi abuelo decía que los viejos hablaban con sus recuerdos, no con los hombres.
Miro las fotos de este viejo y me convenzo cada día más que se les ha convertido en un incordio. Se les ha transformado en ese bufón encogido como lo hace la piel oscura de una oliva sin su aceite. Solo semilla, solo dura semilla infértil.
Este Castro que entrecija palabras para olvidar el zumo. Que habla de colonias e imperios, pero que no encuentra a Cuba, y se imagina a una Venezuela como Alicia encuentra su conejo y se encoge para atravesar el agujero, o cruzar el espejo hacia un portal de fantasía. Lo que queda es este fantaseador de realidades, no porque las imagine, si no por que las vive en su desmemoria. Su mente está allá, detrás de la baranda, meciéndose con su tisana de hierbas polidietéticas mientras su postiza plataforma dental rumia ancianas desmemorias de «ejemplares escuelas» con manuales verdeolivos, hospitales lustrosos donde faltan medicinas, un relato de maravilla que ni la misma Alicia le cree a su conejo.
¿No es trágica esta vejez?
Grandes nombres en la historia política del mundo han aprendido a retirarse en su vejez, a despedir los años en la tímida discreción del hogar, a ser discretos y despedir la edad con la humildad de su grandeza. Se fueron de la luz para que la luz les recuerde cómo fueron, y no en qué se convirtieron en el límite de su razón, ni en qué cáscara transformaron su posible virtud.
La vejez no es un libro confortable para la memoria, ni para el recuerdo, pero este viejo no ha comprendido su estolidez, y el círculo de aduladores ideológicos que le rodea tampoco lo comprende, parece no entenderlo. Viven anclados a ese madero que abandona el puerto y deriva en alta mar a cualquier costa, mientras el gastado ojo de su catalejo confunde precipicio por mansa orilla.
Tal vez merezca esa burla. Tal vez este sea el destino implacable que toda arrogancia debe merecer y sufrir. Acabar de viejo, encogido y desgarbado, menesteroso y tripudo.
Y entonces me lo imagino allí, encogido, doblado sobre su papel, dibujando trabajosamente una letra pequeña, enrevesada por la pomposidad y la vejez, escribiendo su cartita amorosa a Maduro. Encorvado en su sillón movible, masticando sus ancianas e inseguras quijadas, las mismas que algún día dibujaron aquella rabia de condenas y denuestos, y que hoy intenta arrancar trabajosamente, de una memoria perdida, algo que se parezca a una frase de trascendencia, una frase que le haga recordar como aquel otro que ya no es ni será, para una vez más volverse a hundir en lo que es, un incordio.
Lo visitan gobernantes y políticos, generales y doctores. Este «punto cero» que delimita la décima aritmética ínfima de lo que se ha convertido su rincón: el «Museo de Madame Tussauds» de la izquierda lagrimeante, esa que no quiere rehusar a desembarazarse de su propia «utopía» aunque no quiera vivir en ella, porque a ella solo merecen estar condenados los cubanos, y este viejo. 

Tuesday, December 15, 2015

El regreso de las estrellas

La foto resume toda la historia de nuestro país. Yasiel Puig, jardinero de los Doggers, abraza a su antiguo entrenador cubano, Juan Arechavaleta, al llegar hoy a Cuba «gracias» a un permiso especial de Raúl Castro, junto con un grupo de peloteros de las Grandes Ligas para sostener encuentros de entrenamiento con sus «homólogos» cubanos.
¡¿Quién lo diría?!
Puig huyó de Cuba hacia México a través de contrabandistas en el año 2012 para luego cruzar la frontera de los Estados Unidos, el hogar natural de todos los peloteros cubanos que sueñan hacer su carrera en las Grandes Ligas. Es el sueño cubano-americano, el sueño de cada niño que se convierte en joven y crece hasta querer tener un  futuro brillante en América. La juventud cubana sueña con América, no con Cuba. Por ese mismo sueño están atascados casi seis mil cubanos en Costa Rica.
Pero para que Yasiel pudiera regresar, el dictador cubano tuvo que otorgarle un «permiso especial».
Vamos, es como si el vecino grosero de tu propia madre, ese que se pasa toda tu vida obscenamente echándote la basura en tu puerta, ofendiéndote con sus palabrotas y sus desverguenzas, el que te acusa de «gusano» y delincuente, el mismo que acude a la policia por cualquier motivo irracional, solo por la mala leche de joder tu vida, el diario decursar de tu hogar y de tu familia, ese que cotidianamente te vigila, trata de averiguar de qué vives, cómo vives, qué comes y qué dejas de comer, adónde vas, quiénes te visitan, dónde trabajas y por qué y, para culminar su carrera de degenerado social, te acosa en el trabajo para que no puedas ni siquiera tener la imprescindible y necesaria fuente con que sostener tu casa, tu familia, tu propia madre, te repito, como si ese mismo grandísimo señor hijo-de-la-gran-puta te diera permiso para poder entrar A TU CASA.
Bueno, ellos se creen que Cuba es solo su casa, de nadie más. Y por eso Yasiel Puig solo pudo regresar a Cuba «gracias» al permiso especial de ese grandísimo sinverguenza que controla la puerta de la casa de tu madre.
Pero más allá de estas minucias se esconde la historia de esta foto. Porque Puig es el resultado de Arechavaleta, su exentrenador. Y es realmente gratificante ver que los dos se abrazan y el pupilo agradece a ese hombre lo que hoy él mismo es, un gran pelotero de las Grandes Ligas.
En Cuba ha habido y hay muchos Arechavaleta. Hombres que han entregado su vida a entrenar a jóvenes que se han convertido en estrellas, fugaces unos para terminar como Stevenson, vendiendo pizzas para sobrevivir en su casa los años últimos de su vida, y otros como Yasiel, que se marchan porque no están dispuestos a sobrevivir como Stevenson, viendo correr sus años útiles como simples tuercas ideológicas para otros.
Los Arechavaletas ven crecer a sus estrellas con su haz de luz, mientras la suya propia se apaga, desapareciendo en el anonimato y, en la mayoría de los casos, en el olvido de los que los emplearon para servir la maquinaria engrasada de sus personales poderes y caprichos.
Y es que los sueños de los cubanos, de estos peloteros que hoy regresan y de otros cientos como ellos, comienzan en Cuba y terminan en los Estados Unidos. Cursan los mismos caminos de Yasiel, porque aún sigue existiendo este vecino indecente, que le otorgó a Yasiel y a los otros su «permiso especial», por simple conveniencia hoy, pero que le sigue cerrando las puertas a las nuevas estrellas del deporte cubano para que surjan y se realicen en Cuba, y no tengan que huir con contrabandistas hacia México para cruzar la frontera hacia su sueño americano.
Los cubanos desearíamos que nuestro sueño fuera cubano, pero para que eso ocurra tiene que desaparecer aquellos que siguen imponiendo «permisos especiales» para lograr el sueño.
Al final siempre queda una gran pregunta. ¿Qué estará pensando, y diciendo, el dictador mayor hoy, al leer estas noticias, mirar estas fotos, al ver como los «esclavos ideológicos» de ayer regresan siendo grandes estrellas, firmando autógrafos y uniformes a seguidores, constituyendo hoy el sueño de otros miles que los ven regresar y quisieran también ser ellos los que tengan ese regreso luminoso?
Hubo el día en que el mismo beisbol dejó de ser de Cuba para convertirse en patrimonio exclusivo de los que imponen especiales «permisos». Para eso impusieron sus leyes, por eso hoy estas estrellas tuvieron  que solicitar el «permiso especial» para visitar SU PROPIA CASA.
Desafortunadamente para Cuba y los cubanos, como todo lo que el «rey Midas» tocó, hoy el beisbol en Castro – tenemos que acabarnos de dar cuenta que Cuba no existe, que lo que existe es Castro, y así tenemos que seguir llamando a esta isla virtual enclavada provisionalmente en el Caribe – se ha convertido en barro. Todas las grandes figuras siguen marchándose, de cualquier forma, como Yasiel, para algún otro día también regresar, siendo estrellas de esas mismas Ligas Mayores con su «permiso especial».
Mi único deseo personal para esos «otros Yasiel» es que para entonces no tengan que solicitar ningún permiso, y mucho menos que sea «especial». Para entonces, y para todos los cubanos, lo especial sería la partida definitiva de los que hoy aún se creen con derechos de expedir esos «permisos».
Algún día sucederá.
Mientras, ¡Bienvenido a Castro, Yasiel!
Espero no tengas que acudir al «besamanos» de la bestia.

Sunday, December 13, 2015

Bachata Optimista

Acostumbramos a poner etiquetas a todo. Movimientos sociales, derrotas políticas, o victorias electorales, «revoluciones de bolsillo» manufacturadas por desastres económicos o dictaduras sangrientas que corrompieron partidos políticos, derrumbes ideológicos y crisis de religiones estatalizadas.
Vivimos en el mundo pegando etiquetas a personas, artistas, políticos, celebridades cuyo único talento es enseñar el largo trasero en Instagram, cualquier cosa. Esta vez le tocó a Carlos Alberto Montaner engancharle el «sanbenito» a lo ocurrido en Venezuela, Argentina y Guatemala.
Siento ser de los pocos que no sigue esa corriente, el coro de bailaores optimistas ante la bachata rosa del momento. Yo no veo el surgimiento de ninguna «Primavera Latinoamericana» en este continente, tal como Montaner acaba de etiquetar el momento. Más bien una «Primavera de Praga» latinoamericana.
Busquen qué ocurrió en Praga en aquel 1968 y sabrán qué es lo que quiero decir.
Que un comediante haya ganado en Guatemala ante la crisis de la izquierda. Que un ingeniero civil de éxito, fuera de todo el espectro del peronismo y del kirchnerismo, haya ganado las elecciones en Argentina, y solo por un estrecho margen. Que las elecciones parlamentarias en Venezuela hayan acabado con la mayoría chavista y terminado de instalar un Parlamento Opositor abrumador. Que haya sucedido todo eso no significa que estemos en una «primavera». A no ser la «de Praga».
Tanto en Argentina como en Guatemala el signo que hundió el barco de la supuesta izquierda fue la corrupción. Cristina Fernández se fue de la «Casa Rosada» no solo con sus joyas y 100 millones en su cartera, hasta con la cuenta de Twitter del gobierno argentino y con la amenaza de hacer miseria la presidencia de Macri. ¿Se le olvida esto mi muy estimado, Carlos Alberto?
En Guatemala Jimmy Morales hizo sucumbir a Sandra Torres por las mismas causas, corrupción. ¿Y qué diremos de Venezuela?
Sobrinos de la primera dama, parientes, oficiales de gobierno, y hasta el presidente del parlamento chavista están salpicados de narcotráfico, y el muy fulgurante General Padrino, que en estos días gana estatura de héroe, también está salpicado del mismo síntoma.
¿Significa eso que caerá Evo Morales, Rafael Correa y Daniel Ortega?
Entonces, ¿cómo interpretar la caída de Martinelli en Panamá por Juan Carlos Varela, que fue su Ministro de Relaciones Exteriores hasta el 2011? El propio Martinelli está acusado de corrupción y hoy ha sido declarado en desacato ante la justicia, algunos alegan que es una venganza política. Puede serlo.
Tanto en Nicaragua, como en Bolivia y Ecuador se arregla la constitución para la reelección indefinida, siguiendo el precedente de Venezuela. Y al parecer seguirán por ese camino, no hay signos evidentes de que lo contrario ocurra.
Lo que fue de la «revolución sandinista» en Nicaragua y de la «revolución indigenista» en Bolivia ya nadie lo cuenta, pasó a la memoria de reescritura de la izquierda. El caso de Correa parece acercarse mucho más al tipo de personalidad de Castro. Tiene todos los ingredientes. Saque conclusiones a cambio.
¿Y en Venezuela?
Bueno, digámoslo de una vez. El mayor peligro de lo ocurrido en Venezuela no es el chavismo, sino la propia oposición, la MUD. Podemos encontrar los signos del peligro si leemos entre renglones de las dedclaraciones de los principales cabezas de esa «mesa de unidad».
Capriles ya habló de su esperanza presidencial. El «eterno candidato» no deja de soñar con la presidencia, y ya dijo «estar preparado». Usted saque sus propias conclusiones también aquí. Yo solo le digo esto, Capriles sería una desgracia para una Venezuela en transición de un sistema al estilo cubano hacia la democracia. En cambio, sería un modesto presidente en tiempos de democracia y estabilidad política. No quiereo decirlo todo ahora, en algún momento lo diré.
Hoy mismo en una entrevista que publica «ProDavinci» Borges, que ha ganado el 68% de la simpatía para ser el próximo presidente del parlamento venezolano opositor, ya ha asegurado que «La Salida» fue un error y es hora de pasarle la cuenta. Ni menciona a Leopoldo López. (¿?)
Nadie menciona quitar a Maduro, lo cual, al parecer, estaámás allá de las posibilidades de la mayoría alcanzada por la MUD en el parlamento. Creo que hacen bien porque a Maduro hay que desgastarlo al punto de que lleve al chavismo a su extinción. ¡Nada menos! Pero cuando usted mira los devaneos de algunos de los componentes políticos de la MUD lo primero que le asalta a la mente es la duda de que el balance de fuerzas se mantenga estable por demasiado tiempo, y ya comienzan a haber resquebrajaduras.
Elegir a Borges presidente del parlamento sería un gran error, y yo me inclino más por Henry Ramos Allup. En mi beneficio acudo a Nelson Bocaranda, quien dijo del muy vocal político:
“Para un gobierno abusador, alguien con sobrado burdel político”
Muy cierto.
Pero las cosas en Venezuela están muy lejos de tocar el punto de ser una «primavera latinoamericana». Lo más esencial que tendría que ocurrir para que de verdad existiera esa «primavera» es algo que esta a años luz de suceder: la transformación democrática de Cuba.
Dejémonos de soñar. Lo que está ocurriendo en Cuba es la acreditación a perpetuidad de la dictadura por parte del «establishment» político internacional, con la apertura de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. Y también el económico, con las negociaciones y el condonamiento de las deudas castristas con el Club de París. Con lo último llegan definitivamente las aspiraciones de crédito financiero que tanto necesita el gobierno castrista. Lo cual puede poner en una gran ventaja a ese gobierno de frente a las negociaciones del litigio de las expropiaciones realizadas por la dictadura a inicios de los sesenta.
Con el embargo en un tilín, a merced de las elecciones presidenciales norteamericanas. Literalmente. Lo que sucede en la isla es la prolongación del «postotalitarismo», como lo sentenció Vacláv Havel en «El poder de los sin poder».
Para los que no han leído el muy esclarecedor libro de Havel – se los recomiendo –, les aclaro cuál es su definición de «postotalitarismo», no vaya a ser que se les trabe el lenguaje en sus conciencias: un régimen construido en la mentira colectiva, cuya coartada es un elaborado ordenamiento jurídico y social, con un aparato represivo temible y temido.
Mientras la antesala de cualquier «primavera» siga siendo la misma, el postotalitarismo cubano, no habrá un verdadero cambio de fuerzas en Latinoamérica. Dejémonos de cantar victorias, etiquetar fenómenos parciales y sucesos electorales momentáneos con la melodía romántica bachatista del optimismo desmesurado. No conduce a nada, por lo contrario, nos lleva al callejón sin salida de los paradigmas del Socialismo del siglo XXI.
En Argentina los Kirchner de Cristina le harán la vida imposible a Macri, saben que se juegan la vida con el nuevo flamante presidente. Guatemala, digámoslo con claridad aunque moleste, no cuenta mucho para el balance político de este continente. Venezuela, bueno, ¡ese sí es un pez gordo!, es la banca de toda la inestabilidad política castrista de este continente y de otras partes del mundo. ¿Es que ustedes creen que el castrismo se la dejará quitar con tanta facilidad? Realmente, ¿lo siguen creyendo?
El populismo y sus consecuencias no cesarán hasta que caiga totalmente el chavismo, de una vez por todas, o deje de existir el postotalitarismo cubano.
Cualquiera de las dos variantes es dificil que suceda… de momento.