Saturday, November 28, 2015

El barco, el mar y su capitán

El barco ha sobrevivido todos los escollos, el terrible viaje ha terminado y el puerto está cerca. Se oyen las campanas y el pueblo sigue atento la cercania de la quilla, mirando como al final se acerca la nave, sana y salva, como ancla en el puerto, solitaria, como ausente. Su capitán yace en el suelo, frio y muerto, sin voz, pálidos los labios, los ojos como dos cristales oscuros, secos. Muerto mientras la nave encaya, intacta, en su puerto.
No es un poema, o pudo serlo en voz de Walt Whitman. Acaso lo fue entonces.
Esos célebres versos del poeta norteamericano se me antojan sus palabras como si estuviera el 6 de Diciembre en Venezuela, entre los espectros invisibles de esas elecciones legislativas que se acercan y que parecen anunciar lo inevitable, la caída del capitán, la llegada de una nave sin su timonel al puerto.
Mirando ese mar, turbulento, aquel promontorio en forma de isla que queda más allá de ese mar y que ha estado timoneando por otros la vida terrestre de Venezuela, me pregunto, ¿cuál será esa nave? ¿Cómo anclará? ¿Quién será el capitán que asuma su cargo?
Hoy todas las empresas de encuestas auguran la victoria de la oposición. Casi nadie duda. Hasta el presidente en cargo, respondiendo en la tormenta a ese temor, ha reafirmado su voluntad de sobrevivir a cualquier coste esa tormenta. «La revolución continuará», ha dicho, la nave será capitaneada «con la gente en una unión cívico-militar».
¿Cuál es esa «revolución» que encaya en su puerto? ¿Qué queda de ella?
El salario mínimo en Venezuela es de $9.648 bolívares  pero la canasta familiar está calculada en 110.116 bolívares mensuales. El sueldo, al cambio no oficial, equivale a solo 11 dólares, y condena al trabajador a vivir exclusivamente de los artículos subsidiados por el gobierno, a filas de tres y cuatro horas, al desabastecimiento, a lo que haya el día en que, por terminación de su cédula, se tiene derecho a comprar. Falta papel higiénico, champú, el desodorante es un «milagro» en el país de las distopias televisadas. En esa televisión todos los días se anuncia un «golpe de estado imperialista» que nunca sucede. En la calle todo se consigue, pero a precio no subsidiado, un precio que cada día se multiplica exponencialmente hasta el infinito. Lo mismo pasa con las medicinas, los artículos para la casa, los repuestos para el carro, cualquier cosa. Del deterioro del salario no escapa ni la clase media ni la intelectualidad. Un profesor universitario gana 24.000 bolívares al mes, pero la canasta básica de su familia necesita un sueldo 4 veces mayor que el que devenga, y ese profesor aún puede considerarse un «privilegiado».
¿Y la seguridad?
Otra de las tantas tragedias cotidianas. Solo el pasado Octubre su capital, Caracas, registró 984. De ellos más del 90% quedarán impunes, sin olvidar que muchos de esos mismos esconden no solo los ejecutados por las bandas de criminales comunes, sino también por las bandas paramilitares chavistas que operan con armas y transportes suministrados a esos grupos por el gobierno. Y, por supuesto, todos ellos quedan inmunes, muchos criminalizados por el gobierno de Maduro como simples «ajustes de cuentas» entre pandillas. En boca del Presidente del gobierno y del Parlamento corren los más vulgares y peores epítetos que el bravo idioma español puede soportar, las peores amenazas y sentencias. La justicia se ha convertido en el bolsillo del ladrón que asalta la república.
¿Cómo salir a la calle en estas circunstancias?
Al hacerlo es evidente el caos: la mayoría de los taxis son improvisados, sin licencia ni número de registro. Por doquier motociclistas sin casco, circulando sin placas. Las señales de tráfico parecen una reproducción sacada de algún catálogo navideño de Macondo, solo sirven como decoración, nadie las respeta. De los apagones no se salvan ni los propios aeropuertos. Los mercados se inundan por las colas y no es extraño el día que no haya reyertas, que la gente se enrede en peleas y asaltos para alcanzar el producto más esencial para la vida, como la harina. Tampoco se salva el venezolano de la inestabilidad de los servicios y de las ofertas que ofrecen esos mercados.
Mientras, Caracas está forrada de vallas políticas a favor del gobierno, como la television y la mayoría de los periódicos. Maduro ejecuta su descarada propaganda electoral y amenaza con no respetar los resultados si pierden. El crimen de Luis Manuel Díaz, a plena luz del día y cuando transcurría un acto pre-electoral con la asistencia de Lilian Tintori, esposa de uno de los políticos opositores más populares del momento encarcelado, demuestra la inmunidad del chavismo y sus bandas armadas.  El Presidente del Parlamento venezolano, Diosdado Cabello, a sabiendas de su propia mentira y con conocimiento de facto de toda la población venezolana, culpa de sicariato al ejecutado por sus propios seguidores. El acoso a los opositores, empezando por la propia esposa de Leopoldo López, causa cada día más miedo. Ni siquiera se intenta disimular, ya no se esconden ni en la mentira ni en el más turbio de los engaños. Y López, cuyo partido lidera las encuestas, sigue incomunicado y sentenciado a 13 años tras un juicio amañado para todo el mundo, hasta para sus mismos ejecutores. Para el propio 6 de Diciembre la boleta electoral ha sido diseñada para que la gente que busque algún partido de oposición se equivoque y en su lugar marque al partido oficial de gobierno. Son tan obvios los abusos, la intención de hacer trampa y las amenazas que se ejecutan por todos los miembros de las ramas ejecutivas y legislativas del gobierno chavista, que todo parece más salido de la burda y jocosa caricatura aquel programa de los setenta de la cubana televisión nacional que todos conocemos tan bien, «San Nicolás del Peladero».
¡Plutarco Tuero Maduro, en persona!
No entiendo como a nadie se le ha ocurrido pensar en Chile, en aquel Chile de los ultimos dias de Allende. Pues, ¡sí!, lo que ocurre hoy en Venezuela me recuerda sin lugar a dudas aquellas circunstancias. Son los mismos síntomas y las mismas consecuencias, con una gran diferencia. Esta es: el Chile de Allende se enfrentaba a la nave mal piloteada por Allende siguiendo el capitaneado de Castro desde Cuba, con un Castro que aún no timoneaba con suficiente astucia, maña y descaro, y que no lograba hacer entrar en razún a sus suboficiales de gobierno en el país austral. Todavía quedaban tibiezas, todavía se trataba de velar las trampas, el acoso, la mentira con algún golpe de mano. Todavia quedaba un poco de pudor para ejecutar el crimen.
Hoy en Venezuela ese poco de pudor no existe. Los crímenes se cometen. Las mentiras se dicen sin que los rostros enrojezcan de verguenza, y sin que la vergüenza se conozca en las mentes delincuenciales de sus ejecutores. Las armas que en Chile se almacenaban para el día del autogolpe, precisamente un 16 de Septiembre, ya se usan para atacar indefensos estudiantes, políticos de oposición y hasta para la intimidación cotidiana de los simples ciudadanos y propietarios. Se han usado todos y cada uno de los instrumentos de terror que empleó Allende con sus socios de gobiernos, y que tanto las izquierdas ocultan, se callan y silencian: expropiación forzosa, robo de propiedades, asaltos, amenazas, extorsión. El chavismo añadió el descaro, la acción violenta sin vergüenza pública, el total desparpajo.
Todos los analistas coinciden en que el 6 de Diciembre el partido de Maduro perderá, con un amplio margen de pérdida. El propio Maduro ya casi se confiesa perdido y asume que procederá a establecer un poder paralelo a la legislatura que suceda a esas elecciones. La cacareada «unión cívico-militar» no es otra cosa que un autogolpe, así de sencillo, como aquel que Allende intentaba hacerse el 16 de Septiembre, únicamente abortado por la oportuna intervención del ejército comandado por tres generales, entre ellos Pinochet, un 11 de Septiembre de 1973.
No está de más, para los desmemoriados o los convenientes oportunistas de paso, recordar como entre los documentos encontrados en «La Moneda» estaba el listado de nombres de los miembros de los partidos y organizaciones de la oposicion chilena que iban a ser ejecutados por los integrantes del exgabinete de Allende, miembros del Frente Patriótico «Manuel Rodríguez» y la Brigada «Ramona Parra». En Venezuela esos nombres ya están siendo ejecutados, y los autores intelectuales de los crímenes no se ocultan ni en veladas mentiras ni en pudorosas palabras. Desde el estrado del Parlamento y desde el Palacio de Gobernación, Miraflores.
Nada de esto transcurre sin que los que se asientan más allá del mar de las costas venezolanas lo desconozcan. Maduro y Cabello y otras oficialidades locales viajan a La Habana, consultan con los hermanos Castro. Si en Chile habían 10 mil cubanos que adiestraban y dirigían a los grupos terroristas de izquierda y a la isla viajaban chilenos para entrenarse en las tareas de sabotaje y de guerra de guerrillas, hoy en Venezuela esa cifra se multiplica por un factor exponencialmente más alto de lo que era en Chile en su momento más álgido, y están hasta en las fuerzas armadas, algo que nunca pudo lograr Allende.
Muchos analistas teorizan sobre la posibilidad de que Maduro suspenda las elecciones reclamando «circunstancias de emergencia», excepcionales. Otros hablan de que se empleará a fondo todo el arsenal de trampas, desde las más burdas hasta las más ingeniosas. Para estos últimos el chavismo está repitiendo el mismo manual de siempre, en el que los medios de comunicación los hacen ver como «débiles», en el que las encuestas dicen que la oposición es mayoría, en el que una serie de noticias vinculan a funcionarios de alto poder con actos ilícitos, en el que Maduro sale diciendo que «si pierde, habrá violencia y se lanzará a la calle» y en el que la gente empieza a repetir que «en estas elecciones sí vamos a sacar a los chavistas».
Para esos toda esa manipulación es para convencer a la gente de que vaya y participe, porque la única forma de que una trampa electoral tenga éxito es que se vote masivamente, con lo que se le da legitimidad al proceso, mientras que en la sala de totalización se voltean los resultados a conveniencia.
¿Ocurrirá esta última versión en el «hundimiento del barco»?
No lo sé. No lo puedo reafirmar ni denegar con total convencimiento.
Se hace aún mas dificil no solo por las circunstancias, sino por la misma naturaleza de los personajes involucrados y su total falta de escrúpulos y vergüenza.
Se hace muy dificil conocer cuáles serán las maniobras que el ejecutivo chavista aplicará llegado el momento. Pero de lo que sí estoy totalmente convencido es que los dueños de «los caballitos petroleros», aquellos que desde lejos mueven los hilos, ejecutan los gambitos de ajedrez e intercambian las fichas, no vacilarán en aplicar el remedio desesperado, aquel que no le lograron que le aplicaran en Chile.
En la Venezuela del 6 de Diciembre si las trampas no funcionaran, si la votación fuera tan abrumadora a favor de la oposición y si las principales figuras chavistas estuvieran con toda seguridad desbancadas a consecuencia del voto popular,  los verdaderos dueños del país – y ustedes saben a quienes me refiero  – no dudarían en aplicar aquel autogolpe de izquierda que no pudo ser ejecutado en el Chile de Allende, como consecuencia de haber actuado primero el ejército chileno.
El ejército en Venezuela está en manos del chavismo, las fuerzas paramilitares, la policia, las bandas de delincuentes políticos armados desde mucho antes por el mismo Chávez «sorprenderán» a Caracas y a todo el país con una sorpresa que no  sorprenderá a nadie más allá de sus mismas fronteras.
En Venezuela lo que transcurrirá entonces será un autogolpe. Su jefe lo acaba de anunciar cuando no se sonroja en declarar su «unión cívica-militar». Una formal dictadura militar de «izquierda», bendecida por los mismos que querían bendecir la de Allende; defendida por la misma izquierda que sigue con el mito del «bueno Allende» y del «malévolo Pinochet»; y condonada esta vez por una administración norteamericana que ha perdido todo protagonismo político, de inteligencia y militar en la región.
Algunos se calientan el cerebro pensando que el autogolpe no sucederá, que América intervendrá para salvar una vez más la democracia en Venezuelay que la CIA seguirá el mismo guión de aquel 11 de Septiembre en Chile. Desgraciadamente, para aquellos y para los otros, las circunstancias regionales han cambiado, los tiempos han variado demasiado, Venezuela esáa rodeada de una red de cómplices pagados por su petróleo y la administración norteamericana que hoy se encuentra en la Casa Blanca, no solo está involucrada en muchos fiascos y frentes internacionales, sino también es demasiado débil, timorata y pusilánime, demasiado autodidacta hasta en su misma mediocridad. No moverán un dedo y condenarán solo de palabra, una palabra que cada día va siendo cada vez más débil y menos respetada en este mundo nuestro.
La nave que se avecina a su puerto en la Venezuela de este 6 de Diciembre encayará o con el mismo capitán o con alguno nuevo de ocasión.  Y el bueno de Walt Whitman se sentará una vez más a la orilla de aquel puerto para cantar sus ya reconocibles versos.

“¡Oh, capitán!, ¡mi capitán!, levántate y escucha las campanas

Mi capitán no contesta, sus labios están pálidos y no se mueven,
mi padre no siente mi brazo, no tiene pulso ni voluntad,
la nave, sana y salva, ha anclado, su viaje ha concluido,
de vuelta de su espantoso viaje, la victoriosa nave entra en el puerto.
¡Oh playas, alegraos! ¡Sonad campanas!
Mas yo, con tristes pasos,
recorro el puente donde mi capitán yace,
frío y muerto.”

Friday, November 27, 2015

Pin Pon pa’Fuera, Queremos Ser Gusanera


Los gritos marchaban de la avenida ordenada por «milicianos», «segurosos» y «fieles al género». Era como una corriente de gritos. Algunos habían «improvisado» carteles y no faltaba el que aprovechaba la ocasión y saltaba, de aquella marea humana, para incorporarse a la otra «marea», la que estaba dentro de la embajada peruana.
«¡Pin Pon Fuera, Abajo la Gusanera!», se escuchaba por aquella avenida, que fuera burguesa  veinte años atrás, y que entonces era el enclave de embajadas extranjeras en La Habana. Lo sigue siendo.
Treinta y cinco años han transcurrido y los gritos pueden ser ahora diferentes.
«¡Pin Pon pa’Fuera, Queremos Ser Gusanera!» algún gracioso pudiera gritar, recordando con picardia aquellos otros, «revolucionarios», «enardecidos», «combatientes».
Hoy casi nadie quiere revolucionar nada, ni parecer muy enardecido por algo que ya ni provoca patriotismo, y la combatividad se ha convertido en estos gritos de «¡Visa Visa Visa!».
No se quieren quedar, ninguno quiere echar a nadie para «Fuera», ellos mismos se quieren quedar «Fuera». Ser los otros. Ser «la gusanera».
Es patético comprobarlo. Lo que no provocaron cataclismos ideológicos en Europa, ni caídas estrepitosas de «campos socialistas», ni «desmerengamientos» y «períodos especiales» lo ha provocado los años y el anuncio de un gobierno extranjero de suspender la entrada a su país de ciudadanos cubanos sin visa, para aquellos que quieren quedarse «Fuera».
Lo más patético es que le exigen a una autoridad extranjera, a la cual no tienen absolutamente el derecho de ningún reclamo, lo que debieran exigirle a la suya propia.
Mucho más. Porque ninguno de estos quiere quedarse empantanado en Ecuador, sino comenzar la «caminata hacia el Norte». Entonces, ¿por qué no van y le hacen la misma protesta a la recién estrenada embajada americana en La Habana?
Lo otro aún más patético es que la corriente, aquella corriente de gritos combativos no existe, y esta vez es solo un coro de policias quien contiene la muchedumbre de protestones de visa. ¿Cuántos de estos policias también desearían quedarse «Fuera»?, me pregunto.
Lo siento, cubanos. Yo puedo entender la desesperación por querer vivir una vida decente, útil, sosegada en su trascendencia. Una vida en la que el valor esencial de vivir sea la honradez. Pero, ¿no debiéramos empezarla siendo honrados?
Los que protestan, al parecer, vendieron todo, o invirtieron dinero enviado por familiares y amigos, desde «Fuera», para iniciar el largo viaje de marcha, para también «estar Fuera». Nadie, absolutamente nadie, se pregunta si sería más útil quedarse dentro y echar «Fuera» a otras personas. Solo al menos hacerse la pregunta.
La nación cubana, que es el conjunto generacional de hombres que la sostienen, hoy muestra el rostro más patético y triste de nuestra historia. Duele comprobarlo.

Wednesday, November 25, 2015

Tribuna para Gulliver

Estuve pensando en una alternativa a este título, pero entonces pensé que la esencia y mensaje de este post  se identificaba más con «Buscando una señal», mientras el título podría aludir a un escenario más allá de mi intención original. De cualquier forma digámoslo de una vez por todas, la señal que algunos buscan desde la «Tribuna de Gulliver» no la encuentro. Pero persiste el deseo, la ansiedad de algunos medios, cuasi-escribientes, «Gulliveres» del buen deseo y la melcocha nihilista que nos envuelve en ese nuevo «nuevo periodismo cubano», de encontrar intenciones, débiles palpitaciones de señales de un muy delicado manjar de periodismo crítico. Entiéndase, el periodismo desde dentro de la «Isla de Gulliver».
Primero fue una oscura parodia sobre un criollo pretendiente «Gulliver», que no era el de Jonathan Swift, en el sitio en internet del periódico habanero «Tribuna de La Habana». En un lenguaje que recordaba «al mejor Saura» de aquella película que hizo época en Cuba, «Cría Cuervos», que ganó tantos premios en Europa e hizo suspirar por la posibilidad de un Oscar, sin obtenerlo.
Lo curioso de este paralelo está en que, como mismo «Cría Cuervos» fue popular en Cuba solo por su banda sonora, aquella pegajosa melodia cantada por Jeanette, «Por qué te vas», el «Gulliver de Tribuna» no pudo alcanzar la Saurina popularidad en La Habana porque apareció en la versión en internet del diario habanero, un sitio al que muy pocos o casi ningún cubano accede, y porque los poseedores de la llave al sitio le prohibieron la publicación de comentarios. ¡Cuán valientes! Ya me pareció oír a Geraldin Chaplin encarnando a la Ana de Saura en plena mudez, y con la música encerrada persistentemente en mi cerebro como en una muy sofisticada alegoria de Murakami, sin oirla en el salón de proyección de la sala cubana. Casi una experiencia surrealista estilo Buñuel, el clásico maestro del conocido Saura.
No obstante, para la inmensa cantidad de cubanos ocupados en doblar las piernas y calentarse los fondillos en las aceras duras de «Tía Fé», que es como yo llamaba a aquel parque habanero surgido sobre las ruinas de la famosa tienda «El Encanto», intentando sorprender esa furtiva señal WIFI para contactar con familiares y amigos, o buscar la vía de escape de Cuba, me imagino que tropezarse con el «Tribuna» sería como estar frente por frente al mismísimo «Gulliver» en calzoncillos largos y masturbándose al ritmo de Jay-Z con un filme de Judy Dench en el Malecón habanero.
¿A quién se le ocurre que el cubano que vive en esas vicisitudes accede a ese pobrecillo de periódico?
Gulliver, sin embargo, se hizo famoso entre nosotros, los emigrados, y habló en todas partes del gigante flatulento de los enanos del periódico «Tribuna». ¿Por qué?
Bueno, saltemos unas cuantas semanas y enfrentémonos a este otro «esfuerzo» Swiftiano por encontrar alguna otra señal que sobreviva el orgasmo crítico de «Tribuna», ahora en una «Joven Cuba», un blog que algunos catalogan de menos ortodoxo, más rejuvenecido y «crítico».
Detengámonos ahí. ¿No fue eso lo que se encontró en el «Tribuna»?
Precisamente.
La mirada Swiftiana encontró una muy velada ¿crítica? a las andanzas turísticas en islas griegas del hijo de Castro. La parodia funcionaba de lo mejor para estos cazadores de señales porque el artículo espaciaba, entre su lenguaje paródico, algo de la pimienta de lo realmente ocurrido en aquel paraíso griego con el benjamín castrista. El problema se pone kafkiano para estos «cazadores» de señales cuando descubrimos que, el normal destinatario de las tribulaciones de estas atribuladas tribunas gulliverianas es, con casi una total exclusividad, el lector más alla de la otra isla, aquella que debiera ser el destinatario final pero que sigue sin serlo.
¡Por Dios, Borges!, ¡¡¡¿¿¿acabarás de tener sobrevida???!!!
La pregunta inevitable: entonces ¿para qué publicar estas atribuladas parodias sobre el Gulliver criollo?
Sucede hoy lo mismo con el artículo de la ¿joven? Cuba, que muchos claman está hasta censurada para los locales habitantes de la «Isla de Gulliver», no reclamo ese señalamiento crítico, algunos lo dicen, no yo. El colmo del desparpajo es que el finado post, que algunos reclaman como crítico de la visión oficial sobre la «Ley de Ajuste Cubano» no llega a ningún puerto, se encaya desde el mismo momento que comienza a navegar para terminar en una insípida abstinencia a cualquier crítica, a cualquier opinión, pasando por el consabido «paso’emano» al gobierno de Gulliver y decir que sin «esa ley» los cubanos serían «explotados» en los países destinatarios de la emigración de los enanos, como sucede con los otros emigrados del mundo.
No se entiende mucho esto, ¿a qué explotados se refiere? ¿En qué país estaba pensando el escribiente? ¿En Cuba? ¿Es que los nacionales no son explotados allí? ¿No es por eso por lo que se marchan, como insiste la doctora?
Causa a veces dolor leer estas tonterías grotescas, apresuradas, emborronadas en un blog como si fuera el diario embrutecedor de un petrimetre. Pero causa más dolor el que algunos consideren esto digno de destacar «porque contradice la visión oficial del gobierno de Cuba» ¿En qué? ¿Me lo pudieran aclarar los Saurinos escribidores del «nuevo periodismo independiente»?
Pero el caso se torna más patético. Las respuestas a estas simples preguntas no llegan ni a balbucearlas los enanos escribidores de las «aventuras griegas de Gulliver». No son los mismos autores, pero el estilo y la escuela de escritura es la misma. Frente al autor, esperemos que así haya sido, la doctora a la que reclama las palabras expresa en términos bien precisos y claros que se irá, con o sin pies secos o mojados, pero ese enanito escribidor de esta Cuba que dice ser joven no acaba de pronunciar con sus dedos las palabras mortales de la respuesta al por qué.  Un verdadero episodio borgiano.
Y es aquí donde me vuelve Saura a la memoria, tan aplaudido como uno de los mejores directores de aquella década del 70, la década del cambio en España. «Cría Cuervos» apareció cuando «el caudillo» estaba muriendo y desaparecía su legado de la escena ibérica. Algunos vieron en el filme «el canto de cisne» de la dictadura franquista, una alegoría a la muerte de dictador y su época.
Dejémoslo claro, pudo haber sido la intención de Saura, y pudo entenderlo así su publico español de aquella época. Pero en Cuba los que acudían a las salas de cine se deleitaban solo con la música de Jeanette, que se habia convertido en un hit del momento en la radio cubana.
Aquí sucede algo parecido. La «Tribuna de Gulliver» y las palabras de esta abstencionista «joven» Cuba trabajan sobre la misma cuerda de Saura. Hablan para un mismo público, el que quiere ver una señal donde no existe ninguna.
Nada ha cambiado en el periodismo cubano, y no dudo de las ganas de algunos de escribir unos renglones mas en sus blogs y escritos en la prensa. No hay nada más precioso que la libertad suprema de expresar lo que se piensa. Opinar es ser libre, ser libre es vivir plenamente la vida, cada minuto de ella. No, ahí no está el problema. Hay un límite razonable para salirse del plato ofertado en la prensa cubana, y ellos lo saben. Cruzar ese límite es quemar las alas, dejar de existir como persona, volatilizarse y desaparecer. En su lugar queda el ejercicio artificioso de «Cría Cuervos» y «Gulliver».
En una muy vieja y archivada entrevista a Saura recuerdo que el cineasta decia que no valia nada hacer un filme si el público para el que estaba hecho no lo esperaba, es decir, si la audiencia no estaba preparada para entender lo que queria comunicar el filme. He aquí el caso, las señales no existen si no existiera este público desesperado para verlas, descubrirlas, encontrarlas desesperadamente como el orgasmo liquido de una vieja baronesa de Sade. Para el usuario normal de los medios en Cuba, no existe. No ha existido nunca. Punto. Fin de la parodia y de «Gulliver».
Pero así vivimos, en un mundo desesperado porque exista un pequeño Gulliver que se rebele contra los enanos, o al revés, que sería lo adecuado. El caso es, ¿quién de esos enanos desea hoy rebelarse contra el gigante?

Tuesday, November 24, 2015

Una relación vergonzosa

La reunión de cancilleres del Sistema de Integración Centroamericana (SICA) junto a los de sus colegas de Colombia, Ecuador, México y Cuba  concluyó sin lograr una solución a la crisis humanitaria que enfrenta la región por la llegada de cerca decasi  3000 cubanos a Costa Rica. No voy a abundar mucho sobre la reunión y sus conclusiones, los resultados – o su falta –, sin embargo merece unas pocas líneas.
Da verguenza comprobar, una vez más, cómo algunos políticos de la región implicados en el conflicto están más especialmente interesados a servir ideologías primero que a seres humanos, y utilizan estas crisis para intereses vergonzosos. Intereses que tienen que ver con el servicio oportunista de ese miserable servicio diplomático de intercambio de favores políticos.
Muy bien claro, hablo de Daniel Ortega.
Pero conociendo de qué pié cojea este odioso personaje, no vale mucho abundar en sus deshonrosa trayectoria. No está de más recordar que su mentor en La Habana siempre encuentra un despreciable sirviente de intelecto mucho menor a su estatura para ejecutar sus órdenes despreciables.
Despejada esta parte de la ecuación pasemos a algo un poquito diferente, pero directamente relacionado.
La crisis de migrantes cubanos ha «ayudado» a descubrir una faceta mucho más vergonzosa de nosotros mismos, emigrantes cubanos dondequiera que estemos. Les pido naveguen por los sitios cubanos que publican noticias sobre las Crisis de Pies Secos en Costa Rica». Podrán comprobar lo que digo: el racimo doloso de expresiones realmente bochornosas d nuestra comunidad vocinglera.
«Emigrantes del Caldero», «malnacidos», «so descarados», son algunos de los epítetos, pero hay otros, abundan. No puedo ponerles nombres, son «anónimos» escribientes en sitios sobre Cuba. ¿Desde dónde lo harán? ¿Desde Cuba? ¿Desde Miami?
Por lo que escriben se descubre que ellos también un día fueron emigrantes, y lo siguen siendo a pesar de su desprecio por los demás. Se olvidan precisamente de eso, del día en que compartían causa con muchos otros que también huían de Cuba y entraban a los Estados Unidos tal vez por las misma vías, ateniéndose a la misma ley.
Hay otros, mucho más cínicos, que justifican el cierre de la frontera con Nicaragua y se olvidan que días antes estaban abiertas, y cursaban por esos mismos lugares la misma cantidad de cubanos que hoy está varada en Costa Rica. Lo que demuestra la posición oportunista del gobierno de Ortega, y su complicidad con el de Raúl Castro.
No se debe impulsar la ilegalidad en las migraciones, en ninguna parte, es una actitud irresponsable, pero tampoco los emigrantes deben ser tratados como criminales. Ellos son las víctimas, cualesquiera sea su posición frente al gobierno de su origen natural, y deben ser tratados con humanidad y atender sus problemas.
Lo ideal, como ya he planteado en otras circunstancias, es que puedan retornar a sus lugares de origen y vivir allí a plenitud. Desgraciadamente la generación actual cubana es indiferente a enfrentar algún proyecto que cambie Cuba. No va a suceder y no sucede, es también parte de las consecuencia sociales del «modelo castrista».
Digo más.  Muchos de los que están en Costa Rica comparten esa indiferencia, a otros la misma crisis y su situación personal en ella puede que les ha abierto los ojos, tal vez por primera vez, de los problemas de su propio país y su responsabilidad personal frente al problema, y de su posición cómoda de eludir con su huida el enfrentamiento al sistema, pero retornar sería un verdadero suicidio. Los cubanos, todos, debemos entender esto. No podemos pedirle «peras al olmo».
Pero eso no nos puede llevar a sentir el odio por ellos y tratarlos como subcubanos. Esa actitud nos desmerita a nosotros mismos, y nos demerita en primer lugar frente a nuestra propia historia personal.
El conflicto actual debe ser resuelto de manera regular para todas las partes, y las próximas oleadas deben ser evitadas con acuerdos regionales de todos los países implicados en el conflicto, atendiendo, en primer lugar, al aspecto humano por encima del político. Es lo que ha tratado de hacer el gobierno de Costa Rica, torpedeado por la actitud oportunista del de Nicaragua.
Es dificil, muy dificil, teniendo un componente como el del gobierno cubano, y un factor tan oportunista como el que representa el gobierno de Ortega.
Y así, llegamos a la conclusión de la reunión, sin acuerdos, como era de esperarse, en primer lugar porque el causante principal del problema, el gobierno de Cuba, no quiere asumir su responsabilidad y las consecuencias de sus actos.
La suerte de estos casi tres mil cubanos no se sabe, pero todos los emigrantes cubanos, toda nuestra comunidad tenemos que tener presente que, aunque muchos ni les interese hacer nada por Cuba, ni mover un dedo, y mañana mismo estarán visitando La Habana en cuando tengan su tarjeta de residente en los Estados Unidos, si llegan, es verdaderamente bochornoso y despreciable seguir el recurso del odio y la división, y el del desprecio fundamentalmente, que es y ha sido la política de 56 años del principal instigador de estos éxodos.

Las puertas abiertas para nuestros hermanos cristianos

Una noche fría de abril llegué a Toronto. Durante todo el viaje me habia estado preguntando cómo sería el momento en que, por primera vez, mis pies tocaran un suelo que no era el de mi país – hasta entonces nunca habia salido de las fronteras líquidas de Cuba.
Recuerdo todo, todavía en mi memoria veo pasar las primeras luces, que eran las de New York y no las de la ciudad canadiense situada más al norte, mi destino final, Toronto. Mi preocupación iba desde el incipiente idioma, que nunca habia hablado hasta entonces, hasta como iba a ser todo el procedimiento con los oficiales de emigración, el recorrido por el aeropuerto, la llegada a mi lugar de destino aquella noche clara, muy fría para mis sentidos alertas. No puedo dejar de olvidar la anécdota graciosa de cuando un joven, evidentemente de ascendencia china, me preguntó algo antes de salir de los predios de emigración, y mi estupor al no poder entender absolutamente nada de lo que me dijo. Los acentos en este país y esta ciudad a veces provocan las más hilarantes situaciones. Me imagino que mi respuesta debe todavía estar provocando la misma risa a aquel muchacho de la misma forma que su pregunta la provoca en mí.
Nadie sabe con exactitud todas las preguntas y preocupaciones de un emigrante hasta el mismo momento en que lo es y recorre sus primeros pasos en su lugar de destino. Desde entonces todo ha cambiado, este es mi país. Aquí camino y respiro una vida de plenitud. Tomo un autobús o el metro, camino en la calle o recorro un centro comercial. Disfruto un café o paseo por las orillas tranquilas del lago Ontario. Vivo.
Esa vida que ayer era una promesa, hoy se ha transformado en una realidad. Por supuesto, detrás está mi país natal, los viejos contornos de mi niñez, las viejas memorias de entonces, los recuerdos y heridas de un pasado que todavía pesa demasiado para olvidar. No se puede olvidar, nos está prohibido a los que emigramos, especialmente a los cubanos.
Al menos a los de mi generación. La nueva es toda olvido, indiferencia.
Y es por eso que las preguntas son hechas en primer lugar desde mi vida como canadiense, como el ciudadano que soy, que paga sus taxes, gana su salario con el sudor de su trabajo cotidiano y quiere que las autoridades de este, su país, inviertan el dinero con que cada uno de nosotros contribuye, en lo mejor, en lo más adecuado para todos nosotros, los canadienses, en primer lugar.
Un país que no mire en primer lugar a sí mismo sacrifica su futuro como nación. Y no es egoísmo, es pura racionalidad.
Por eso me preocupan muchas cosas del nuevo gobierno canadiense, de este irresponsable Trudeau. Me preocupan las liberalidades que ponen en riesgo la seguridad de la que nos enorgullecemos nosotros, los canadienses.
Nuestro «flamante» Primer Ministro realizó toda su campaña política para ganar las elecciones sobre bases populistas, profundamente irresponsables. Liberalización de la marihuana, hay planes para venderla en las LCBO (tiendas de licores y bebidas alcohólicas), aceptación de 25 mil refugiados musulmanes sirios, retirar las fuerzas aéreas canadienses de su combate al ISIS, levantar las visas a México, etc.
Es muy romántica la imagen de un país compasivo con el extranjero – después de todo, ¿no es Canadá un país de emigrantes? –, pero ¿por qué la selección tan parcial a la hora de fijar los objetivos de política exterior de un gobierno?
¿Por qué la insistencia en la agenda Trudeau de obsecciones populistas como «el cambio climático», la crisis de «refugiados sirios», la «liberalización de la marihuana», entre otros?
¿Por qué empezar hablando de una economía de déficit fiscal, inversión de 12 billones de proyectos públicos que provocarán, no solo una evidente inflación futura, sino también el inevitable desembolso a nuestros bolsillos en el futuro cercano, aunque ahora a la clase media se nos prometa una «amnistía mínima de taxes»?
Señor mio, yo no quiero ninguna sospechosa amnistía de taxes hoy para mañana hundirme en las deudas y en el pago oneroso de servicios que no se podrán sostener con el déficit público.
Es simple y llanamente pura vanidad y arrogancia de un Primer Ministro obsecionado con su imagen de «rock star», más que con su responsabilidad política en el futuro de una nación que es hoy próspera, ¡que lo somos!
En estos días se han publicado las cifras de «refugiados sirios», todos musulmanes, que Quebec y Ontario recibirán. Nuestro regalo de Navidad: 16 mil sirios no-cristianos. Así amanecemos hoy.
¿Por qué recibir musulmanes, miembros de una sociedad cuya religión talmudista ataca, desde sus libros sagrados, su libro, es solo uno, las raíces cristianas de nuestra cultura?
¿Por qué Justin Trudeau, en vez de recibir musulmanes, no le tiende la mano a la minoria cristiana que también huye en Siria de los crímenes de los «extremistas» de la religión a la que le abre las puertas tan fácilmente?
Ah, ¡ya sé!, me replicará la inteligencia apocada de algunos occidentales, muy de moda en defender causas populistas, «también el cristianismo quemó herejes, persiguió y asesinó disidentes y judios».
Muy a propósito, ¿no es así, señores?
De un simple manotazo quieren borrar los siglos de iluminación intelectual dentro de nuestra misma iglesia. Borrar nombres como los de San Francisco y su «Sermón a los pájaros». Olvidar a San Benito y San Agustín. Eliminar de sus respuestas obscenas a Santo Tomás de Aquino y prescindir del hecho de que, todos ellos, absolutramente todos, recogen el fruto de lo más erudito y sabio de la cultura grecorromana.
Nuestros melancólicos sibaritas occidentales deciden obviar la existencia de los mismos terribles disidentes dentro de nuestra propia Iglesia, y su personal responsabilidad en la futura evolución hacia una religión humanista, centrada en el hombre. Olvidar al Savonarola que incendiaba con sus sermones a los pobres y clase media de Florencia para atacar la corrupción de su gobierno secular, y el mismo cisma provocado por Martín Lutero y la profunda revolución espiritual de su enfrentamiento contra el Papado. Pero, por encima de todo, nos quieren hacer olvidar de la influencia del Renacimiento en el advenimiento de una civilizacion centrada en las libertades individuales del ser humano, una religión humanista, y el posterior despege del cristianismo del centro de la vida política de nuestra sociedad. Pero, esencialmente, nuestra civilización hoy no es talmúdica sino cristiana.
Nada de eso ha «sufrido» el islamismo, que sigue siendo la misma oscura religión talmúdica de sus inicios. Ni herejes espirituales, a los que condena a muerte. Ni Renacimientos intelectuales, ni siquiera posibles interpretaciones al libro sagrado del Islam, «el Corán», que se pena también con la muerte. El islamismo hoy sí vive un resurgimiento de lo que en esencia es, extremismo. Y en eso tienen sus raíces culpables los mismos teóricos de esa religión, muchos «refugiados» en sociedades democráticas occidentales, principalmente en el Reino Unido, y que comenzó por aquella «revolución» iraní, muy santificada por la izquierza del momento, que expulsó al Sha de una de esas sociedades «Made in Sharia».
Nada ha cambiado. Y no es un extremismo.
Basta recorrer nuestros centros comerciales para observar, con frustración, como la «Sharia» comienza a observarse con abrumadora presencia por la comunidad musulmana. Como crece la presencia del chador y el velo. Por cierto, no es el «Corán» quien lo prescribe sino libros y leyes escritas sobre su interpretación que, curiosamente, no sufrió ninguna suerte de holocausto. No está de más recordar la contribución del ayatollah Khomeini con su «Libro Azul» – les recomiendo leerlo –. Los «mandamientos de Khomeini», que también es llamado así aquel libro, hoy se imponen como la ley islámica esencial, tan esencial para el «multiculturalismo» de este gobierno de Trudeau, que ha permitido el uso del chador y el velo en las ceremonias de aceptación de nuestra nacionalidad canadiense a estos «refugiados».
Me pregunto si entonces permitiéramos llevar a estas ceremonias el cilicio, las vestimentas franciscanas, grandes cruces y sortilegios cristianos de todo tipo, o del budismo. No estamos jurando y obteniendo el tributo de ningún Dios, y es sentido común que los que allí estamos, cantando nuestro himno a Canadá y jurando nuestra pertenencia a esta nación próspera, seamos iguales ante todos, y nos reconozcamos.
Mientras todo esto ocurre, nadie habla de aceptar cristianos. Nadie levanta la voz en el Parlamento en Ottawa por recoger los miembros de nuestros hermanos de religión, perseguidos en Siria. Nadie se acuerda de ellos. El Premier de Saskatchewan ha pedido que no se apresure el gobierno en recibir los 25 mil «refugiados sirios» y su llamado, en vez de recibir la aprobación coherente de todos nuestros políticos, más preocupados en su populista divismo mediático, se han apresurado a secundar la sugerencia salida de nuestras locales mezquitas: «racismo».
No se entiende que estemos más preocupados por una cultura basada en una religión de intolerancia, incluso contra los miembros de nuestra misma cultura en Siria a quienes condena a una muerte horrenda, como la muy antigua y recordada crucifixión (ver la imagen de una de esas abominaciones en la Siria actual con uno de los miembros de la comunidad cristiana), y el olvido de sus hermanos de iglesia en aquella región, del que nunca pronuncia una palabra.
«No habrá concesiones hechas por la seguridad de los canadienses», nos dice Trudeau en una de sus respuestas a las pocas críticas. «En términos de financiación estamos muy satisfechos con la forma en que las cosas están llevádose a cabo.»
Sí, de nuestros bolsillos saldrá 1.2 billones de dólares para olvidar a cristianos y aceptar musulmanes. El Departamento de Emigración Federal le ha dicho a algunos patrocinadores privados que el costo, por cada «refugiado», alcanzará un mínimo de 20 mil dólares canadienses en un período de 12 meses, y solo para necesidades básicas. A esto se une el que una docena de fuerzas militares en el Líbano, Jordania y Turquía que, en vez de atacar a ISIS, factor en las ejecuciones y crímenes de nuestros hermanos cristianos, se encargará de recibir y trasladar a los «refugiados» no-cristianos.
La política occidental sobre Siria es sencillamente una burla a la inteligencia humana y, en primer lugar, la canadiense. El objetivo fundamental de esa política debe ser que los refugiados retornen a sus lugares de origen, que puedan vivir allí, en paz, eliminar las causas que provocan estas crisis de emigrados, causas conocidas por todos pero temidas de ser dichas públicamente por las figuras políticas que nos dirigen.
Causa verdadera vergüenza oírlos defender al Islam y olvidarse de la suerte de sus hermanos de religión y de cultura. Causa estupor ver las puertas de nuestro país abiertas a los que reniegan de nuestras raíces espirituales y viven en bolsas aisladas en nuestra sociedad, y ver el olvido en que los cristianos viven su suplicio en las tierras donde el Islam se ha convertido en política de estado.
Las puertas de nuestro país, por responsabilidad esencial espiritual, deberían estar abiertas, en primer lugar, para nuestros hermanos cristianos mucho, muchísimo antes, que para los miembros de otras denominaciones religiosas que, como mínimo, han sido demasiado tímidas, no solo en condenar los abusos y crímenes de sus «hermanos» para con nuestros Hermanos en sus propias tierras, sino para la resolución definitiva de ese holocausto que día a día vemos ejecutar ante nuestros propios ojos, y ante la mirada de indiferencia de nuestro políticos, como el señor Trudeau.

Monday, November 23, 2015

Los Políticos de Novela

No he tenido la oportunidad de leerme ninguno de los libros del argentino Marcos Aguinis, sin embargo creo que después de leer su entrevista en el diario español «El País» leeré alguno de sus libros. Aguinis comete lo que yo llamo un crimen de lesa verdad cuando cataloga al recién elegido Presidente de Argentina, Mauricio Macri, como un hombre que «no es un político, no tiene carisma y quizás esos defectos puedan ser un beneficio».
Lesa verdad, señor Aguinis. ¡Como que los cubanos hemos sufrido de ella tanto tiempo! No se su carencia, sino de su probable «abundancia».
Tal vez Cuba hubiera tenido alguna otra mejor suerte con un líder político con menos carisma y menos pathos de trascendencia que Fidel Castro.
A decir verdad, el carisma y esa ontológica patología de estar en todo, serlo todo, centrarlo todo y ser la prima ballerina assoluta de todo ha sido más una pretensión, y una construcción artificial y artificiosa de su propia autoría, que la propia verdad. Fue Jorge Edwards quien cometió el primero y el último, tal vez, de los crímenes de lesa verdad cuando escribió, en su muy conocido y odiado libro «Persona Non Grata», como el mismo Castro iba deshaciéndose de todos aquellos que le rodeaban, y que comenzaban a demostrar una mayor y muy desafortunada estatura intelectual que la suya, para rodearse de una corte de «vendedores de corbatas».
Frase lapidaria pero muy cierta.
Desde entonces, la ilustre izquierda intelectual, conociendo las debilidades patológicas del personaje, y necesitándolo a él y a su criatura revoltosa nihilista, le ha servido en bandeja de plata toda suerte de elegante tributo. Desde italianos periodistas de izquierda como Gianni Mina, cruzando las venas del Macondo garciamarqueano hasta desembocar en un colega rioplatense de Aguinis, el señor de «Rayuela», Julio Cortázar.
La visión del cubano, del simple cubano que ha vivido toda su vida en Cuba, que no ha salido del país y no ha tenido otra fuente para contrastar la imagen señorial, cuasi santificada de la deidad revolucionaria de este caudillo con botas y basbas, es algo más inasible, casi orgánica en su biológica naturaleza subjetiva. La imagen, además, ha evolucionado de generación en generación, degenerándose, perdiendo la sacralizada poesía inamovible de lo infalible.
Hoy en la juventud mayorea una indiferencia a la figura, al santo grial de su palabra. Las últimas décadas de su estancia en el poder generó, no solo el hastío de su palabra, sino hasta la propia burla. Pero, precisamente, eso ha sido también parte de nuestra desgracia social, porque el deseado «hombre nuevo» creció indiferente, hastiado de tanta política que trataba de escurrirsele hasta en sus sabanas húmedas, en sus bolsillos y portañuelas, en el carnal pedacito de sexualidad agnóstica que le quedaba de intimidad. De esta operación litúrgica ideológica nos ha quedado un producto indeseable, el oportunismo generalizado en una generación que crece con el signo del sobrevivir más allá del sistema, dejarlo pasar, cruzarle por el lado y vivir una existencia paralela, muda, silenciosa en tanto en cuanto su vida pueda de alguna forma subsistir.
Las heridas del «exceso de carisma» o de la sacralización de la mediocridad del carisma se hacen evidentes en la inexistencia de un proyecto político nacional en las generaciones jóvenes – no me cansaré de repetir hasta el cansancio, aunque algunos culpen a los demas, y los demas a cualquier otro en su pasado –, que escapan por bandadas, que le dejan «la política a los políticos», como si «los políticos» fueran una planta que solo los adecuados cultivadores de ideologías tuvieran el privilegio de plantar, ver crecer, seleccionar y cuidar de su sobrevida.
Nombres no faltan. Díaz-Canel, Carlos Lage, Roberto Robaina, Pérez Roque, Carlos Valenciaga, Luis Orlando Domínguez, Juan Contino, Victoria Velázquez, Joel Iglesias Leyva, la lista es demasiado larga en el jardín otoñal de esta «revolución abandonada» a la suerte de los «vendedores de corbatas». Las «plantas selectas» han perecido en el camino su transplante secular, quedan los transplantadores.
En la entrevista de Aguinis el argentino dice que el primer libro que escribió sobre su país se titulaba «Un país de novela», porque una novela no se sabe como termina. Desgraciadamente para Cuba la novela que podría haberse escrito se sabe, siempre se ha sabido, cómo termina, y a sus personajes coprotagónicos, no el principal, pero los que le rodean y sirven de corte al protagonista principal siempre les hemos conocido el final.
Presos, destituidos, «corrompidos» por el poder, como si el dedo que los acusara no lo estuviera desde el inicio. El poder corrompe, el poder absoluto corrompe de manera absoluta. Y la novela de estos absolutos corruptos de Cuba termina en la disidencia biológica de sus propios protagonistas, despreciando sus propios orígenes, sus propios estatutos ideológicos, su propia cacareada filosofia.
Todavía hay quienes abrigan un poco de optimismo sobre el futuro, sobre nuestro futuro como nación. Piensan que con la biológica desaparición también desaparecerán los pocos rasgos inamovibles que hoy quedan al cuerpo envejecido del experimento, sobreviviendo a las edades, los años y la inercia. Desafortunadamente no pertenezco a esos optimistas. Vale mirar en derredor, escuchar algunas voces de las disidencias permisibles que ahora vemos, las nuevas perchas de políticos de novela que, como dice Aguinis, podríamos no conocer de su final, pero desgraciadamente alguien con muy mala leche nos lo ha descubierto desde mucho antes y todos lo conocemos.
No, no creo en ninguno de ellos. No puedo creer en entidades que recorren las cátedras viejas con palabras acicaladas de verbos. Ya las he escuchado antes y las hemos visto dessembarcar en los mismos puertos de siempre. Lo peor que nos ha sucedido a los cubanos, y nos sucede, es que no conocemos la historia, la olvidamos o ignoramos, o cerramos los ojos a lo que nos enseña nuestro propio pasado como pueblo. Hay que volver al pasado para conocer el presente y ver como nos alumbra con luz muy clara el futuro.
¡Pero no lo hacemos!
Preferimos escuchar los viejos cantos de sirenas. Preferimos seguir creyendo el sonido de la flauta dulce de los encantadores de serpientes. Lo peor es que merodean nuestros lugares de anclaje en este mundo más-allá-de-Cuba, recolectan nuevas almas para su dolosa labor y los que le quieren oír oyen, los que quieren seguir vendiéndonos el mismo dulce vino nos empalagan con su canción y, al final, muchos, muchísimos terminan creyéndose el mismo cuento.
Por eso, cuando Aguinis me habla de la carencia de carisma de Macri yo me alegro por Argentina, me alegro porque ese «probable hombre gris» que será su presidente no tiene la arrogancia íntima del que se cree especial, elegido, trascendente, y puede se concentre en resolver los problemas exactos de su país y de su tiempo, del ahora y del aquí, en vez de estar dándonos lecciones de filosofia, mediática grandeza en interminables horas de aburrido verbo en los tele-medios.
Eso, más que cualquier otra cosa, sería bienvenido en Cuba para su probable salvación… si existiera.

Sunday, November 22, 2015

La Cancillería del Abandono

El canciller cubano Bruno Rodríguez ha salido de paseo por Ecuador y Nicaragua, origen y destino temporal de la oleada de emigrados cubanos en este «Nicaraguazo» de la Navidad del 2015. La gira vacacional política de la «cancillería del abandono» ha eludido visitar Panamá y Costa Rica, dos países claves en el camino de esa oleada de escape de Cuba. Las conclusiones son evidentes: el gobierno de la desbandada no quiere solución a la crisis migratoria, quiere entorpecer la solución a los que estan varados en la frontera sur de Nicaragua, lo que santifica la muy probable teoriía de que el gobierno de Castro ha instrumentado el problema y está detrás de la manipulación del escape, disfuncional e independiente, de sus ciudadanos.
Los cubanos se han ido, y se van, se escapan por su propia decisión impulsados por la disfuncionalidad de la política local instrumentada por su gobierno. Utilizan Ecuador porque es el único país de la región que admite cubanos sin visa previa. Cabe preguntarse si esto no ha sido instrumentado por el gobierno de Castro con su maniquí Correa.
Por supuesto, en Ecuador está Correa, y hacia él se fue corriendo el «canciller del abandono» para impartir instrucciones. ¿Cuáles pueden ser?
Dos variantes me aventuro a adelantar, porque su agenda se desconoce.
Uno. Cerrar el pacto para que ningún otro cubano pueda viajar a ese país sin visa. Improbable, porque eso traería como consecuencia que el flujo de emigrantes cubanos se cerraría, lo cual no es el objetivo del gobierno que representa este canciller del abandono.
Se hace evidente que las autoridades cubanas utilizan la crisis actual para poner en jaque a los gobiernos locales. No olvidar que el Presidente de Costa Rica viajará en diciembre a La Habana. A estas alturas, ese Presidente debería estar pensando mas de una vez si es de algún valor ese viaje. Desde el punto de vista de La Habana se impone, por tanto, un mecanismo de presión. Los emigrados cubanos son el perfecto mecanismo de empuje para torcer los brazos centroamericanos.
Dos. Decirle a Correa que no haga nada. Muy apropiado al momento y a las circunstancias. Castro quiere seguir con su política de extorsión a un tercer gobierno, el de los Estados Unidos. Ese es el objetivo del abandono y por eso su «canciller» no viajó ni a Panamá ni a Costa Rica. No quiere solución humana, quiere solución a su litigio de cincuenta años con los americanos. Los humanos son solo tuercas en este conflicto.
El destino final de las dos visitas, Nicaragua, es para decirle a Ortega que cumpla sus orientaciones: no dejar el paso a más cubanos.
Debemos recordar que el gobierno de Castro ha sido siempre el timonel de las crisis migratorias de sus ciudadanos, y los ha abandonado siempre a su suerte y su muerte. Primero abarrotando de migrantes aquellos yates que en la Crisis del Mariel llegaban a La Habana a recoger los cubanos. Tenemos que recordar, una y mil veces, cómo recargaban aquellas embarcaciones como si fueran no-personas, entidades inhumanas, reses, animales de carga de las que no importaba su destino, aun cuando fuera su muerte.
Siempre ha sido así.
Y en el 94, empujando a los cubanos a escapar libremente, en frágiles balsas. Yo recuerdo aquellas «congas nocturnas» de cubanos por las calles de La Habana. Las ví. Un grupo de jóvenes con una balsa en alto sobre sus hombros, y la multitud que los acompañaba hasta el Malecón, como si fuera una comparsa de carnaval – los verdaderos carnavales ya ni existían, eran liturgias nocturnas de alcohol barato. Y las autoridades cubanas, «gracias» al visto bueno de su jefe, los dejaban ir, a su ventura. Eran, una vez mas, los servicios humanitarios de un tercer país, los Estados Unidos, los que los re rescataban para después devolverlos a Guantánamo. Aquella base se convirtió en prisión, no olvidar esto, gracias a las propias autoridades castristas.
Aquí vuelve a suceder lo mismo. Un tercer país socorre a los ciudadanos de Cuba, mientras su gobierno, no solo los desprecia, sino que los abandona. Ojo, porque podría esta vez suceder lo mismo y ese país convertirse en la segunda cárcel internacional de refugiados gracias a la «cancillería del abandono» y su gobierno.
Las autoridades costarricenses han establecido 12 campamentos provicionales para cubanos en su territorio, en el borde de Nicaragua. Le dan comida, albergue, agua, y ahora incluso su Ministerio de Cultura, por medio del Sistema Nacional de Bibliotecas, le da una donación de 500 libros de literatura, tanto nacional como internacional, así como publicaciones de información general sobre Costa Rica y su historia.
Además, la Banda de Conciertos de la provincia de Guanacaste (noroestede Costa Rica) le dará dos conciertos el próximo lunes en el Liceo Nocturno y en el Liceo Experimental Bilingüe, ambos en la localidad de La Cruz, que funcionan como albergues. En el programa musical, informan sus autoridades,  incluirá temas cubanos como el danzón "Almendra", así como boleros y música costarricense, como "La Guaria Morada" y "Caña Dulce".
Mientras, la presidencia de ese país ha impreso un Boletín de Información a los cubanos (ver el boletín en el encabezamiento del post).
¿No es una desverguenza que el gobierno de un país abandone a su suerte a sus nacionales y que tenga que ser el país destinatario de esa crisis el que asuma la decencia y la responsabilidad de una posición humanitaria frente al abandono?
Pero ninguna autoridad mundial emite ni una palabra ni una línea de condena al abandono del gobierno de Castro.
Mientras, el gobierno de esa dictadura, no se puede decir de Cuba porque un gobierno que desprecie a sus nacionales y los abandone a su suerte no representa «su gobierno», apunta a la víctima como al culpable de la crisis y su «canciller» da viajecitos despreciables por sus países cómplices.
Se comprueba, una vez más, quiénes son los degenerados y sinverguenzas, quiénes sus cómplices y cuáles son las personas de pudor que ayudan a las víctimas.
Cuba, Ecuador y Nicaragua se apuntan a la desverguenza.
Costa Rica, que clama por una solución humana y regional, mira a los humanos que son el centro de esa crisis. Evidentemente, el canciller y el (des)gobierno de los cubanos solo desean su abandono.

Friday, November 20, 2015

La Desverguenza y el Mar

Es una falta total de respeto a la inteligencia y una desverguenza del (des)gobierno de Castro el culpar a otros del éxodo masivo de sus ciudadanos. Cuando las personas se marchan de un país de la forma en que los cubanos nos hemos ido, masivamente, por todos los medios, legales e ilegales, quedándonos en un frío aeropuerto canadiense en ruta hacia la «Unión Soviética»  – para nunca más unida –, en balsas atravesando el furioso «estrecho» que todos sabemos que es el de la Florida, con un pasaje de avión hacia Ecuador, o de turismo a México, a merced de los traficantes de personas, a merced de descarados gobernantes sandini-castros, que acumulan dinero y desverguenzas a las llamadas de su mentor cubano, cuando eso ocurre la primera causa, la primaria y casi siemprela única, es del sistema en que viven esos migrantes, nosotros.
Pero, al parecer, hay que llevar el caso a lo personal para contestar a estos esbirros convertidos en faraones criollos, que no quieren abandonar el puesto que usurparon ni aún después de muertos, so pena de legárselos a sus hijos, nietos y basura descendiente.
Así que asumo la primera persona.
Me fuí de aquel lugar incorpóreo – no digo país, mi país, porque él no se ha marchado de mí –, no porque existiera ninguna ley «de pies secos y mojados». Yo no me fui para los Estados Unidos, aplique en la embajada canadiense, «aruñeé» bastante trabajo y sudor para reunir el dinero, el duro dinero del emigrante, que nadie me prestó y facilitó, y emigré de manera legal a este país en el que algunas veces patino en el hielo.
Años de persecución por movilizaciones militares a las que no queria ir, ni fui; multas por una inaxistencia que no pagué; persecuciones nocturnas a mi casa, la de mi madre, por oficiales a los que nunca me importó despreciar y eludir, en horarios tan inauditos como los de la madrugada; acoso en los lugares donde trabajé, al punto de tener que solicitar vacaciones y huir a casa de familiares en el centro del país, donde vivían muchos de mis antepasados, hasta llegar a la última, la que de seguro no iba a poder escapar, la cárcel. Desgraciadamente para mis captores, un teniente-coronel del ejército, esa noche ocurrió cuatro días después de haber aterrizado, felizmente y con solo 60 tímidos dólares en mi bolsillo, en Toronto.
Infelicidad de mis captores que tuvieron que marcharse en su lada frío sin el «capturado».
Fueron cuatro años de una verdadera persecución a alguien que nunca le interesó defender ninguna «revolución», porque no defiendo dictaduras aunque le pongan apellidos románticos de izquierda. Todas terminan teniédolo.
Me fui de mi país, pero mi país no se fue de mí, no me lo pueden quitar, está conmigo, en cada momento de mi vida. Mi país no son esos himnos pomposos que entonan en esa plaza arrebatada a los civiles. El «Martí» no fue hecho en mármol para vigilar fusiles y botas militares, sino para acoger con su sombra a la pareja de enamorados, al hombre feliz, al niño que no tiene que crecer con la amenaza del servicio militar obligatorio.
Mi país es algo más inasible, tan inasible, ¡tanto!, que aún, después de 56 años, los que usurpan su libertad no saben qué cosa es, y por eso desprecian a sus nacionales, los empujan a la muerte, al éxodo, al abandono en manos solidarias de otros pueblos, humildes pero con el alma que no poseen los que provocan esos éxodos. Es el desprecio de no tener nacionalidad lo que ha llevado a estos petrimetres vestidos de verde a empujar al mundo al cubano, sin darse cuenta que quien se marcha es Cuba, y ellos se quedan con la cáscara vacía de su cuerpo.
No, señores de las botas, y sus lamebotas de oficio cuando todavía no se han marchado también, yo no me he ido, ustedes fueron los que se marcharon. No tienen ni la identidad ni el suficiente valor de enfrentar al cubano simple, a ese que hoy está varado en Costa Rica llevando a su isla a cuestas, como ese caracol criollo que lleva su casa sobre los hombros, para mostrarle al mundo cómo es su casa, de qué esta hecha y cuál es su condición.
Las «revoluciones» dejan de serlo inmediatamente que sus hijos las abandonan. La de Cuba dejó de existir, se marchó en el camino de sus hijos, ya son muchas generaciones que se la han llevado y, en todos estos años, aún siguen huérfanos de razones para justificar el por qué de nuestra marcha: Cuba no está en aquel país, ustedes la expulsaron en una balsa.
En Camarioca, en las lanchas y yates del Mariel, en la marea de balsas del éxodo del 94, en los «balseros de pies secos» de este fin de año en Costa Rica. Cuba se va, ustedes se quedan, por el resto de sus vidas, cada dia más solos. Es ese gobierno de proxeneta que vende el país al mejor postor extranjero y le da la patada al nacional, después de haberle esquilmado hasta el último sudor de su frente, su voluntad de vivir, la vida, la poca vida que le ha quitado.
A nuestros padres y abuelos les quitaron sus propiedades, las pocas que tenían con su esfuerzo honrado, pero ustedes se quitaron a sí mismos su vergüenza y su pertenencia a ese país que ya no tienen. Son, en definitiva, bastante desventurados, y por esa desventuran desprecian a los que nos fuimos, a los que se van y los que seguirán marchándose por cualquiera de sus puertos, aéreos y marítimos, legales o ilegales.
El poeta de mármol, desde aquella altura mirando la plaza desierta, pudiera responderles: nos fuimos porque es mejor vivir «sin Patria, pero sin amo». Se los dijera si no fuera por la propia desmemoria de los que moran detrás de sus espaldas, en aquellas oficinas. Pero hasta el mismo Poeta se les ha escapado.
¡Pobres de ustedes!
Por cierto, muchos de los que están en Costa Rica, encallados en sus esperanzas y sueños, los otros que se fueron en el 94 o cuando el Mariel, no saben con seguridad qué cosa es ser cubano, porque lo son ellos mismos. Cuando se es no hace falta averiguar qué cosa significa la cubania, qué cosa es ser Cubano. Sencillamente SE ES.
Cuando se carece de esa membresía espiritual, íntima, escondida en el ser inasible que los hombres denominan «alma», siempre se acusa a algún otro de robársela a los demás, porque se sabe a ciencia cierta qué es, y se conoce íntimamente que no se le tiene.
Así, en definitiva, ustedes se han convertido a sí mismos en los invasores, apátridas extranjeros en un país que fue nuestro y se ha ido, se sigue marchando. No nos hace falta mirar la bandera al lado del pedestal del Apóstol, porque el verdadero Martí no es de mármol, si no de ideas, de versos, de sentimientos, de voluntades.
Tengo mi bandera en la misma entrada de mi casa, ampara la puerta como un soldado resguarda el más sublime tesoro, el más valioso. Es la mejor vigía de mi casa. Ya sé, para algunos ella también ha sido robada, pero !no! Ella no se deja robar tan fácilmente y cuando abro la puerta es ella la primera imagen que descubre mis ojos. Y con ella regresa el aroma virgen de La Habana, de la verdadera, no de la carcomida, apóstata, con muletas como San Lázaro, que se cae en pedazos mientras se levantan vidrieras de proxenetismo para el turista.
¿Cómo es que le dicen los gallegos, mis ancestros, a la memoria del terruño perdido?
«Morriña», me responde mi abuelo desde su memoria, allá, lejos, en los muelles de madera de aquel Caibarién cuando me llevaba a caminar siendo yo un pequeñajo de seis años. Allí vivía su cuerpo, porque su alma recorría cada día los mares que separaban ese pueblo de pescadores con aquel otro de su niñez, Malpica. Y regresaba a su casa de piedra, al aroma del pescado, al salitre y al agua, a la voz de su padre que también lo llevaba a caminar por la orilla rocosa de aquel perdido lugar del norte de Galicia.
Entonces, mi abuelo me cogía de la mano, pequeña, firme, regordeta, endurecida de tanto trabajo y, frente a ese mar, más allá de las pobres embarcaciones, del pescado, del olor salitroso a mar, arena y marisco fresco, me señalaba un lugar, lejos, tan lejos que se confundía con el hilo infinito del horizonte:
«Yo vivía cuando era como tú allí» me decia. «Teníamos una pequeña casita de piedra. Mi padre también se hacia al mar como estos pescadores. Yo lo veía venir cada mañana, lo esperaba a la orilla del mar, y él me hacia tocar el agua como lo hago hoy contigo y me pedía recordar a España en esas aguas. Me decia que esa agua era España y que tocándola, dondequiera que estuviera, volvería a saber de esa España, de ese pequeño lugar, de Malpica, de ese pequeño rincón donde habia nacido. Tú siempre podrás volver a regresar. Es más, nunca te has ido. Tócala, mira», y me hundía mis pequeñas manos en el agua oscura de Caibarién, con olor a mar y a pescado. «Es la misma agua. Viaja millas y millas y regresa para volverse a ir. Los países, las ciudades, los pequeños pueblos, tu casa, nosotros, todos, somos como esas aguas. Todos los días se van. Todos los días regresan»
Tal vez lo dijera de otra forma y mi memoria de adulto le adorne las palabras con mi poesía de niño, pero eso no importa, las palabras tienen el mismo significado. Su voz le temblaba en ocasiones cuando intentaba atrapar esa agua que «era España», y yo nunca lo entendía, nunca logré entonces entenderlo. Yo miraba aquella línea entre gris y azul, que se perdía de noche con el sol, como pescándolo tambien en su inmena red oscura, profunda y pensaba que mi abuelo me contaba un cuento, me hacia una historia, adornaba una leyenda bonita o, tal vez, quería sembrar algo más que una esperanza, la de mi regreso a España.
El no volvio nunca más a verla, corpórea, y yo me fui de Cuba.
Hoy, hoy comprendo a mi abuelo, ¡más que nunca!. Ya sé por qué él tocaba el agua y pensaba en su España, su Galicia, su Malpica, su casa de piedra. Hoy sé que no es necesario trasladarse a ningún otro lugar y sentir que hemos vuelto.
Cuba no se ha ido, son otros lo que han dejado escapar su cuerpo. ¡Nosotros vivimos con él muy dentro!
Por eso molesta tanto esa desverguenza maligna, cancerígena, sucia, esa desverguenza que denota la frustración del huérfano de pertenencia a algún lugar. Dejaron irse a Cuba, mientras nosotros seguimos guardándola en nuestras manos.
¿Es que todavia no se enteran?

Thursday, November 19, 2015

Unión de Jóvenes de Cuba

Están en Costa Rica y sin solidaridad de sus «juventudes» y sus federalistas mundiales. Pero este12 de Noviembre se clausuró en La Habana la XIX Asamblea General de la «Federación Mundial de Juventudes Democráticas», un nombre bastante pomposo para bien poca cosa. Su presidente, el griego Nicolas Papademetriou, dió a conocer en su clausura algunos acuerdos y metas interesantes. La mejor de todas:
«Nuestra meta sigue siendo la derrota total del imperialismo para alcanzar un mundo de paz y solidaridad». Las palabras fueron recogidas por el periódico de los viejos, «Granma», y repetido por el de los «jóvenes», el otro.
Lo jocoso y curioso de las palabras del griego, y del reporte del diario oficialista cubano es que, estableciendo esa asamblea una meta tan alta como la de la solidaridad, nadie haya levantado la voz y propuesto un  llamado de esa solidaridad con los jóvenes cubanos varados en Costa Rica, desde ese mismo 12 de Noviembre.
Pero no ocurrió.
No se entiende mucho la coherencia de las palabras del griego, aunque pudiera entenderse un poquito más si sabemos que la Unión de Jóvenes Comunista fue elegida la «secretaria general de esa federación».
Sin embargo, siguen existiendo extrañas incoherencias. Por ejemplo, ¿hay que esperar que «desaparezca el imperialismo» para alcanzar un mundo solidario? ¿Quiere esto decir que como el imperialismo no ha sido derrotado – llevan en esta marihuana ideológica un siglo, exactamente un siglo – no puede existir la solidaridad de los jóvenes de esa «Federación» con sus  mismos jóvenes?
Como ya dije la UJC cubana es miembro de esta ortodoxa organización, surgida en los tiempos de la «guerra fría». Estaban allí sus dirigentes y voceros, los periodistas que informan y escriben en sus medios escritos e informativos, pero nadie habló de solidarizarse con los jóvenes, miles, que están encallados en la frontera de Costa Rica y Nicaragua.
¿Es que ellos no son jóvenes cubanos? ¿Dónde esta la coherencia y la «democracia» de estas «juventudes mundiales»?
La inmensa mayoría de los cubanos en Costa Rica, y que no paran de llegar, son precisamente jóvenes que no se sienten representados en estas organizaciones federalizadas con la izquierda, con una izquierda que hace mucho tiempo se diluye y no sabe qué banderas tomar, qué rumbo coger, incluso en qué país celebrar sus «asambleas».
No les quedan países donde asistir y reunirse, y como la derrota del «imperialismo» cada día parece ser más lejana se vislumbra que no van a poder ofrecer «solidaridad» a nadie.
No esta de más recordar los ejercicios intelectuales burocráticos que la organización comunista cubana ha hecho en sus congresos en La Habana para poder dilucidar cuáles son los motivos de la indiferencia de su juventud, como esta que acude a la frontera de Nicaragua, para incorporarse a su organización, sus «actividades», para quedarse en el pais y construir «ese mundo de paz y solidaridad»..
Las preguntas, sin embargo son evidentes. ¿Qué ofrecen? ¿Cuándo los representan? ¿Quiénes hablan para defender sus  necesidades y para ofrecer su «solidaridad» cuando esos jóvenes la necesitan?
Los miembros de esa federación mundial, casi extinguida, y extinguible por innecesaria, no tienen respuesta para ninguna de estas preguntas. Viven una realidad virtual, enclaustrada en un mundo que ha ido desapareciendo, con representantes que no saben qué direccion política seguir ni qué baluartes ideológicos establecer. Cuba no es ya ninguno, dejó de serlo hace mucho rato.
Si los miembros de las organizaciones que componen esa exótica y muy ortodoxa federación de juventudes quisiera conocer la Cuba real, la juventud cubana de la calle, tendría que haber realizado su asamblea en aquella escuela a la orilla de la frontera entre Costa Rica y Nicaragua. Tener el valor de preguntarle a aquellos jóvenes por qué se marchan, por qué no quieren permanecer en Cuba y ni en sueño quieren que los regresen. Algunos de ellos, incluso, puede que aun porten en sus mochilas y bolsillos hasta el aburrido carnet rojo, si no es que lo arrojaron en el primer charco de lodo, por inútil.
No es un vano ejercicio intelectual, en un año se han marchado de ese país 43 mil cubanos, la inmensa mayoría de ellos jóvenes, muchos se marchan con sus hijos muy pequeños, otros dejan novias, esposas y hasta algún hijo detrás, con la esperanza de llegar a los Estados Unidos y acogerse a la «ley de pies mojados y secos» para lograr reclamarlos después.
¿Entienden estos «jóvenes democráticos y federados» este lenguaje? ¿Conocen el país que visitan en «Asamblea General» para luchar contra el imperialismo y «alcanzar un mundo de paz y solidaridad»?
La UJC tiene en La Habana sus oficinas centrales, sus ejecutivos y dirigentes de cuello blanco, una organización fantasma, como casi todas las que sobreviven en ese país, pero la Unión de Jóvenes de Cuba se está exiliando, desde hace mucho rato y tiene una mejor representación en estos jovenes ahí, varados en Costa Rica.
Ellos, ellos solos le pueden decir qué cosa no funciona en aquel país, Cuba, y quiénes verdaderamente no los representan ni se solidarizan.
Es extremadamente encantador conocer que, en vez de ser las autoridades cubanas, sus representantes consulares y diplomáticos en Costa Rica, y la burocracia afiliada a la «juventud federada» en La Habana las que se solidaricen con ellos, sea el pueblo y el gobierno de un país centroamericano, que no pertenece a ninguna federación de izquierda juvenil, la que se solidarice y atienda los reclamos de los jóvenes cubanos.
No es cuestión meramente de semántica, es cuestión elemental de humanidad que, al parecer, se les ha escapado también a estos federalistas «jóvenes» reunidos en La Habana.

Wednesday, November 18, 2015

Hazanavicius: A los de Daesh y a las de Daesh

No suelo reproducir posts de nadie, pero a veces, en el camino, aparecen esas aves raras, únicas, que dicen exactamente en otras tintas, letras, lenguas y palabras tus propios pensamientos. Por mí hoy habló Michel Hazanavicius, el creador del fantástico filme francés «El Artista».
Sí, francés él también. París hoy habló por él, y lo que su cultura, que es la de todos nosotros, significa frente a los actos de barbarie de una (in)civilización enlodada en las aguas turbulentas de una época talmúdica.
Ya lo sé, hay algunos renglones que puede no les guste a algunos, y otros se refocilen en esos mismos. He ahí la clave de nuestro mundo: no nos tiene que gustar todo a todos y en todo momento. Como dice Hazanavicius, eso se llama LIBERTAD, el don más preciado que no conocen los terroristas musulmanes.
Y porque es eso lo que quieren destruir, sin poder lograrlo, lo reproduzco aquí:
A los de Daesh, a las de Daesh
Ya está. Es oficial: estáis en guerra contra nosotros. Lo que es frustrante es que no tenéis ni uniforme ni signo distintivo. No sabemos reconoceros, por lo que no tenemos a nadie contra quien luchar.
Frustración que espero que no se traduzca en la designación de falsos culpables.
Sin embargo, aunque cada muerte representa para vosotros una victoria, debéis saber que no estáis preparados para ganar. A decir verdad, eso es imposible.
Porque, hagáis lo que hagáis, no nos cambiaréis.
Aquí, en Francia, lo que nos gusta es la vida. Y todos los placeres que conlleva. Para nosotros, entre nacer y morir lo más tarde posible, lo principal es follar, reír, comer, jugar, follar, beber, leer, echarse la siesta, follar, discutir, comer, argumentar, pintar, follar, pasear, cuidar el jardín, leer, follar, regalar, enfadarse, dormir, ver películas, rascarse los huevos, tirarse un pedo para hacer reír a los amigos, pero sobre todo follar y, de vez en cuando, hacerse una alegre paja. Somos el país del placer, más que el país de la moral. Aquí un día tendremos la plaza Monica Lewinsky y nos hará gracia. Aquí nadie la juzgó.
También es verdad que, en el sexo, en Francia hacemos cosas que no os gustan. Nos gusta chuparle el sexo a las mujeres. Seguro que no a todos, pero a muchos. Y los muslos y el culo, también. Vale, tampoco a todos, pero bueno. Y a las mujeres les gusta hacer felaciones. Las llamamos mamadas. Es muy agradable. Por supuesto, tampoco a todas las chicas les gusta, y no obligamos a nadie, pero se hace. Regularmente. Y con mucho placer. Luego, también hay chicos a los que les encanta. Y que se hacen felaciones y se la chupan y se penetran entre ellos. Lo mismo ocurre con las chicas. De hecho, aquí lo que nos gusta es hacer lo que queremos. Intentamos no molestar a los demás, ese es el principio, pero no nos gusta mucho que nos digan lo que tenemos o no tenemos que hacer. Eso se llama Libertad. Acordaos bien de esa palabra porque, en el fondo, es eso lo que no os gusta de nosotros. No es que no os gusten los franceses, ni los caricaturistas, ni los judíos, ni los clientes de cafeterías, ni los aficionados del rock o del fútbol. Es la Libertad lo que no soportáis.
Lo segundo es que, asesinando así, a ciegas, con un objetivo únicamente contable, corréis el riesgo de matar a franceses cada vez más representativos de Francia. Al final, matando sólo a judíos o a dibujantes, los no judíos que no sepan dibujar siempre podrían encontrar excusas o sentirse ajenos a esta guerra, pero eso cada vez va a ser más difícil.
Porque, al alcanzar una muestra representativa del país, vais a llegar a lo que somos realmente. ¿Y quiénes somos en realidad? Lo curioso, precisamente, es que somos muchas cosas. Por supuesto que hay franceses franceses franceses. Pero hay franceses italianos, franceses españoles, franceses árabes, franceses polacos, franceses chinos, franceses ruandeses, franceses senegaleses, franceses argelinos, bereberes, ucranianos, georgianos, americanos, belgas, portugueses, tunecinos, marroquíes, chechenos, marfileños, malienses, sirios, franceses católicos, franceses judíos, franceses musulmanes, franceses taoístas, franceses budistas, franceses ateos, franceses agnósticos, franceses anticlericales, franceses de izquierdas, franceses de derechas, franceses del centro, franceses que se abstienen, franceses de extrema izquierda, de extrema derecha, y seguro que incluso franceses yihadistas y futuros terroristas a los que podéis matar. Hay franceses ricos, franceses pobres, franceses simpáticos, franceses gilipollas, franceses enamorados, franceses egoístas, franceses misántropos.
La lista podría alargarse hasta el infinito, con todas las combinaciones y todos los subgrupos posibles. Incluso hay franceses no franceses, porque Francia es tan bonita que siempre hay una parte de nuestra población formada por turistas. Y sin contar a las personas clandestinas, que quizás no son oficialmente franceses, pero que viven aquí, por lo que también los podéis matar como a todo el mundo.
Eso se llama igualdad. Frente a la muerte, podéis apuntar a lo que queráis, y nos daréis a todos. Y nosotros comprenderemos lo que estáis atacando. Nuestros valores. Simplemente. Los que hacen que la vida aquí se parezca a lo que es. Imperfecta, sí, con su conjunto de injusticias, sí, pero son valores que hacen que vivamos aquí de la manera más digna posible. Este país en el que nuestros padres y los padres de nuestros padres y sus padres eligieron vivir, y por el que muchos de ellos lucharon.
Lo que va a ocurrir, de un momento a otro, es que vamos a ser solidarios gracias a vosotros. Vamos a entender que estos valores están en peligro. Y vamos a cuidarlos y a hacer que vivan incluso con más ahínco. Juntos. Eso se llama fraternidad.
Por eso no podréis ganar. Es verdad que provocaréis muertes, sí. Pero, a ojos de la Historia, sólo seréis los horribles síntomas de una ideología enferma.
Por supuesto, nosotros tampoco ganaremos. Hay personas que van a morir para nada. Otras decidirán ponerse en manos de Le Pens, Assads o Putins para deshacerse de vosotros, y entonces nosotros perderemos por partida doble.
Pero vosotros no ganaréis.
Los que se queden, seguirán follando, bebiendo, cenando juntos, acordándose de los que hayan muerto, y follando.
Nota: El texto apareció en su idioma original, francés, en la página de Facebook de su autor: Michel Hazanavicius

Tuesday, November 17, 2015

Nicaraguazo

La pregunta obvia que pudieramos hacernos es, ¿por qué en Costa Rica sí, y por qué en Cuba no?
Este grupo de cubanos le cerró la frontera sur a Nicaragua para el paso de vehículos de carga, causándole al gobierno nicaraguense una pérdida de 720 461 dólares en su primer día de bloqueo. La cifra de cubanos varados en la frontera entre Costa Rica y Nicaragua se calcula superior a los dos mil, y el intento fallido de cruzar la barrera fronteriza ha causado un choque político entre los dos gobiernos centroamericanos, con protestas de organizaciones de derechos humanos y de la misma oposición nicaraguense. Los cubanos no les interesa esos diferendos, solo quieren cruzar para continuar su rumbo a los Estados Unidos. No se sabe, sin embargo, por qué el gobierno de Ortega reacciona ahora de esta forma si antes no habia impedido el paso de las otras oleadas de cubanos.
¿Un guiño de su mentor en La Habana? ¿Una jugada política con su vecino?
¡Quién sabe!
Se ha corrido mucha tinta y se ha hecho mucha teoría e hipótesis sobre por qué ocurre esta crisis humanitaria en este momento. Si es provocada artificialmente por el gobierno de Raúl Castro, para cualesquiera propósitos políticos, si los cubanos temen por el fin de la «Ley de Ajuste», o por la desesperación ante la pérdida de esperanzas por el futuro de las reformas, lentas, rápidas, inexistentes, desiguales, muy limitadas. ¡En fin, el mar!
La tesitura de las teorías son infinitas, pero a lo que cierran los analistas, todos, absolutamente todos, los ojos es a la actitud de enfrentamiento de estos cubanos.
Todos, absolutamente todos, olvidan las lecciones del «Maleconazo».
Todos, absolutamente todos, siguen pensando en aquellos sucesos como el «levantamiento del pueblo» cuando en realidad fue una crisis humanitaria migratoria, como esta. Y estos que cierran esas fronteras bien pudieran haber sido aquellos que rompieron los cristales del «Hotel Deuville», o de las tiendas recaudadoras de divisas en la calle «Neptuno», o los que lanzaron los contenedores de basura a mitad de las calles «San Lázaro» y «Galiano».
La negra que le levanta la mano al chofer pudiera haber estado aquel 5 de Agosto en La Habana, levantándosela al policia, acoquinado y acobardado ante la muchedumbre que, desesperada, veía todas las vías posibles de escape cerradas.
O el «blanquito», con los tatuajes y el pantalón colgándole de la cintura, pudo haber sido aquel que cogió aquella piedra y le reventó el ojo al policía –  ¿se recuerdan del reportaje de la TV Cubana? –, o tal vez uno de los que rompían cristales a las tiendas en dólares.
Nos separan veinte años, una cifra casi redonda, y aquí estamos, en Centroamérica. La actitud es la misma, y los cubanos seguimos sin darnos cuenta, todos, absolutamente todos, que las protestas en Cuba y en Costa Rica-Nicaragua no son para «tumbar una dictadura», sino por irse a refrescar a Miami y olvidarse de Cuba.
Correcto, tienen derecho de querer irse del país, nadie se los cuestiona, pero no debemos de olvidar que esos cruces son ilegales, que los cubanos están allí poniendo en jaque el sistema migratorio de todos estos países, creándole dolores de cabeza a autoridades ajenas a las suyas propias. Les están pidiendo a otros que resuelvan los problemas que son solo suyos y que, en primer lugar, deberían ser enfrentados por el gobierno de Cuba, y no por el de Costa Rica o Nicaragua.
Entre estos dos mil cubanos hay muchos jóvenes, hay familias enteras, hay niños, muy pequeños algunos también. Y los ves, en el campamento improvisado por las autoridades costarricenses en una escuela, dibujando, mirando las cámaras con esos ojos redondos, preguntándose dónde están, qué hacen allí, adónde los llevan sus padres.
Es una situación llena de dramatismo por su humanidad.
De toda esta tragedia el único componente que está ausente es el causante principal del problema: el gobierno cubano.
Por eso, porque de lo que se trata es de una operación de despeje de variables, dejémonos de hipótesis y teorías superfluas, pongamos los pie en la tierra. La diferencia entre el «Maleconazo» y el «Nicaraguazo» es que no ocurre en Cuba, no sucede en La Habana.
Y esto sucede así porque las autoridades cubanas ganaron en experiencia en enfrentar estos éxodos y ahora los exportan en vez de enfrentarlos en casa. Les permiten que se vayan y formen sus problemas en cualquier otro lugar menos en Cuba. Mientras, La Habana tranquilita, serenita, en paz, llena de turistas sus hoteles. Los periódicos no dicen ni una palabra, ni un renglón gastan en la crisis que debieran reportar. La prensa de Cuba una vez más ha cerrado sus páginas a Cuba.
El castrismo ha sido, de todos los gobiernos que han estado involucrado en el diferendo cubano, el único que ha logrado tomar nota y sacar las conclusiones correctas de estos conflictos. El cubano quiere irse, ¿por qué impedirlo? Que se vayan. Resuelto el problema de la huida que será devengado exponencialmente cuando regresen.
Y, además, resolvió otro dolor de cabeza de décadas: le abrió las puertas a los cubanos para que viajen, y se anotó la ventaja de quitarse aquel sermón de la falta de libertad de movimiento paras sus nacionales, ¿se acuerdan?, y además exportó los «Maleconazos» para que hoy existiera este «Nicaraguazo».
De todo esto quienes no acaban de entender nada son los cubanos, todos, absolutamente todos.
Cuba no es un proyecto para nadie más allá que para los que ocupan y se benefician de la «Finca de los Castro». Por eso es una finca.
El resto son hipótesis, viajecitos de payasos que se dicen «disidentes 2.0», o les llama así alguna prensa. ¡Tonterías! Lo que ocurre hoy ya ocurrió aquel 5 de Agosto en La Habana, ahora solo se ha trasladado a Nicaragua.
Es un «Nicaraguazo».