Saturday, October 31, 2015

Una «Colina» demasiado alta


No quiero dejar de reconocer, como premisa inicial ineludible a toda opinión, el valor de las palabras de Enrique Colina en el contexto de Cuba, la actual, la «reformada» por algunos escribanos de ese periodismo tangencial que últimamente estamos padeciendo.
Quiero comenzar por ahí, por reconocer el valor intelectual de una muy conocida figura del cine y la televisión al salir en defensa de un artista caído en desgracia por la burocracia oficial. Y mucho mas, también quiero reconocerle aquel otro valor – en ocasiones mucho más importante, casi siempre –  asentado en ese punto neurálgico geográficamente localizado entre las dos piernas para publicar una opinión que, se sabe, puede llevarle al más pinto a la pérdida de muchas cosas y, con mucha seguridad, a la pérdida de otra parte importante de su anatomía humana: su cabeza.
Para los miembros de la cultura cubana, secularizados en esa porción de tierra rodeada de aguas y de muchas acotaciones ideológicas, salir en defensa de un amigo, un conocido, un vecino o, sencillamente, de un artista y su obra, se ha convertido muchas veces en una labor de una heroicidad dantesca.
¡Lo hemos visto tantas veces!
No están muy lejos en el tiempo los nombres de Tania Bruguera, Angel Santiesteban y Danilo Maldonado, «El Sexto». ¿Cuántos miembros de la UNEAC, del MINCULT y del ICAIC salieron en su defensa? ¿Cuántos miembros de la cultura cubana, intelectuales, pintores, artistas plásticos, cineastas, teatristas, cubanos en general, escribieron algunas palabras en su defensa, acudieron a los diarios tangenciales?
¿Tendré que decir que muy pocos? ¿O ninguno?
Tampoco lo hizo Enrique Colina. Pero, bueno, no todo el mundo tiene que escribir por «todo el mundo», y en el mundillo cultural cubano subsisten muchas parcelas y propiedades de interés. Las amistades, además, se miden en su confrontación con el miedo, la proximidad de la pérdida de esas pequeñas parcelas de poder y de oportunidades y, especialmente, con la confrontación con los cultos a las figuras de poder, las intocables.
En ese sentido Cremata cometió la peor de todas las herejías «revolucionarias»: atentar contra el culto a la figura del «profeta» de la «revolución» cubana, de la mas popular de las revoluciones, Fidel Castro. Y lo hizo de la peor forma, a través de la ironía y la risa. Los dictadores tienen muy poco sentido del humor y todos padecen de una alergia especial a las bromas finas del
intelecto. Tal vez por eso es que a la defensa de Colina tenemos que agregarle ese componente de testosterona exponencial. Reconozcámoselo, pero pasemos cuenta.
Lo que me preocupa de todo el escrito del cineasta y crítico es su anfibología a la hora de enfrentar su defensa de Cremata. Dice Colina:
“La intolerancia a la crítica ha sido una proyección para afrontar las responsabilidades de un poder burocratizado que ha cometido errores, extravíos y desviaciones de su inicial impulso revolucionario y libertario.”
Lo siento, Colina, pero he preferido recortar la parrafada de tu articulo «La censura y sus demonios», me es imposible incluir completa todas tus frases, y todas tus digresiones, uno de los tantos puntos oscuros de tu ya decimonónica exposición.
De esta frase existen dos aspectos que se me ocurren claves, y que son recursos repetidos en infinidad de ocasiones cuando un cubano, intelectual, posicionado en Cuba, trata de insertar una crítica, una denuncia o una ligera desavenencia formal sobre el sistema.
El primero y más importante de todos es la ambigüedad, y por eso hablo  de anfibología. Se habla de «un poder burocratizado» y no se menciona quién es ese poder, ¡y todos lo conocemos!
Se habla de «errores, extravíos y desviaciones» y no se mencionan cuales son, dónde fueron cometidos y por quienes.
Por supuesto, nada de esto tiene que ver solamente con Colina. Ahora mismo, démosle marcha atrás al tiempo, busquemos las cartas de aquella tormenta de mensajes que unos pocos años atrás ocurriera con la aparición televisiva de los personajes de la década gris en la cultura, y veremos que la redacción de Colina coincide con la de muchas de esas cartas. Es una semántica repetida en infinidad de ocasiones, lo diferente es que trascendió un poquito más, solo un poquito.
Es el mecanismo habitual al que el cubano apela para cuidarse que esa porción superior del cuerpo que todos tenemos no se nos separe del resto de nuestra mortal humanidad, allá, por algun oscuro rincón de la de la vetusta «Cabaña».
El segundo componente de este «método del discurso» es seguir con esa ya antológica frase del «inicial impulso revolucionario y libertario».
Al parecer, a los revolucionarios y a los libertarios no les gusta que le recuerden que, su libertad y su revolución, muchas veces tienen mucho que ver con la guillotina, o casi siempre. Y esta guillotina adopta muchas formas: silencio, censura, represión abierta, enclaustramiento, presidio y otras muchas «hermosas» páginas de sacrificios humanos en nombre de las libertades de otros que no conocen cuáles son sus verdaderas libertades.
¡No se nos puede olvidar la inolvidable «poesía revolucionaria» intrínseca en aquellas partículas viscerales de documentos deglutidos por María Elena Cruz Varela, gracias a los esfuerzos artísticos de los miembros de la Seguridad del Estado!
Allí, arrodillada ante tanta «libertad» y tanta «revolución», con toda probabilidad María Elena estuvo recordando cuanto de poesía se ha esfumado de Cuba, cuantas palabras y versos, cuanto de rima se ha convertido en cristales que desgarran las lenguas diversas de los verdaderos poetas.
Para entonces olvidarnos, muy convenientemente, de que ¡tampoco nadie salió en defensa de María Elena!
Pero no es todo.
Me causa pena, por ejemplo, que las palabras se le enreden a Colina al repetir las muy conocidas y mil veces naufragadas «aperturas y rectificaciones». ¿Dónde están o estuvieron? ¿Qué quedó de ellas? ¿Por qué siempre han sido cíclicas?
Ah, y el conjunto de los personajes que convocaron estas «aperturas y rectificaciones» son los mismos. ¡Y no se mencionan!
La pregunta para el mal pensado, ¿habría que hacerlo?
Pues, ¡sí! Es que de eso precisamente se trata. Llevamos cinco décadas, casi seis, eludiendo nombres, castrándolos, apuntando a grises figuras burocráticas para después decir «la sacralización e intocabilidad de las decisiones verticales».
¡Gracias, Colina! Ya eso lo conocemos, ¿qué más?
Hay otro subterfugio maligno, ¡y tan repetido! Aquí no me puedo contener no citarlo de de dedillo:
“Esa pérdida de valores… son también el resultado de no haber promovido y alimentado en la práctica ciudadana esa rebeldía y autonomía de criterio que el Che alentaba contra todos los falsarios y oportunistas que pregonan los dictados de discreción, cautela y mesuraen la expresión de nuestras inconformidades ciudadanas”
¿Para qué, Colina? ¿Para perder la cabeza en «La Cabaña»?
Dejémonos de bromas y sofismas. Esta es la figura de artificio que toda poética «revolucionaria» apela cuando escribe una crítica al «poder libertario» en Cuba. Disfrazarnos de monje para consagrarnos ante Dios. Mencionar a todos los santos y vírgenes del «paraíso» socialista para que el fuego ardiente del purgatorio revolucionario no nos cueza.
¡Preciosa poesía socialista!
Puedo comprender el sentido común al que apela Colina, puedo comprender sus intenciones, puedo incluso perdonarle sus subterfugios, pero ¿hasta cuándo seguiremos usando la misma retórica para no decir, de una vez y por siempre, la verdad?
Decir que ese «impulso revolucionario y libertario» fue el proceso violento que entronizó otra dictadura. ¡Digámoslo!
Antes que las «rectificaciones» existió las «Palabras a los Intelectuales» que santifico todas las censuras. ¿Hasta cuándo vamos a convertir todo esto en sofisma, pura retorica?
El Ministerio de Cultura, el ICAIC y la UNEAC son las piezas del mecanismo transmisor del control de esas «Palabras a los Intelectuales» desde el poder, de la ejecución partidista y parcializada de una sola verdad, personalizada y unidireccional. Los «aperturismos» han sido esos sofismas necesarios para adaptar este proceso violento a los tiempos de «reformas y periodismos tangenciales».
El mecanismo de control está ajustando las velocidades, ¡nada mas!
Ya no funcionan los mecanismos «estilo Cabaña». Ya no pueden existir muchos «Che» libertarios enviando en las nocturnidades habaneras a muchos cubanos a oír las «poeticas alabanzas libertarias de la muerte».
Cuan útil nos seria releer con más asiduidad a Octavio Paz. También tú, Colina. Recordar aquella pequeñísima frase lapidaria del mexicano frente a otra de las reconocidas herencias de una de las tantas «revoluciones» americanas, la mexicana. Decía Paz que «los estadistas y los criminales modernos no matan, suprimen».
Mataron ayer en «La Cabaña», hoy suprimen a Cremata, ayer a «El Sexto», antes a Bruguera y mucho, mucho antes, a Santiesteban, Raúl Rivero, la misma María Elena y Padilla, ¡no olvidar a Padilla!.
Poetas, escritores, artistas plásticos.
¡Suprimen!
Tampoco se pueden olvidar las clarividentes palabras de una personalidad política que conoce muy bien las estructuras y los sofismas con que trabaja el totalitarismo, Aun San Suu Kyi:
“No es el Poder lo que corrompe, sino el miedo… A quienes tienen poderlos corrompe el miedo de perderlo, y a quienes viven sometidos a éllos corrompe el miedo al flagelo del Poder.”
No solo existe el miedo en el poder, Colina, también existe en las víctimas. ¡En tí mismo! Una parte del esfuerzo para poder cambiar Cuba se debe invertir en hacer que se pierda ese miedo en las víctimas y se multiplique en el poder y en sus victimarios. Y ese esfuerzo debe comenzar en el cambio semántico del uso de la verdad, sin que la ambigüedad, sin que la anfibología se conviertan en figuras exclusivas de su cuerpo escrito... en cualquier defensa.
Esencialmente lo que me sucede con el cineasta y crítico de cine es que, como tantos otros, han subido una «Colina» demasiado alta o, al menos, un poco más alta de lo que su vértigo les permite en el momento, y no saben cómo bajar de ella, o cómo subir un poco más sin temor al fatal accidente. Pero en esa jugada hay que asumir el riesgo, perder el temor al accidente y confrontar la muy posible caída para levantarse de nuevo, o sencillamente caer… para siempre.
¡Una de dos!

Tuesday, October 27, 2015

SOMOS+ y la escuelita de disidentes

Tenía un amigo en Cuba que cada vez que alguien decía alguna tontería, barbaridad o, simplemente, un disparate le gritaba, con aquel vozarrón que recordaba el de un sargento de segunda en un cuartel, «Socio, acuérdate de Twain». La mayor de las veces el aludido lo miraba aturdido o desubicado por desconocer qué quería significar aquella frase, lanzada como un cañonazo de palabras.
Mi amigo hoy está en España, trabaja en un hospital neurológico, es programador y se llama Angel, el apellido se los debo porque ya hace tanto tiempo que lo único que recuerdo es el nombre, pero me imagino que le seguirá gritando, con su acañoneada voz a cualquier tonto «Acuérdate de Twain».
Se refería a Mark Twain, el gran escritor norteamericano, y a su muy conocida frase:
“Es mejor tener la boca cerrada y parecer estúpido, que abrirla y disipar la duda.”
Bueno, yo hoy también hubiera querido gritarle a un tecleador de tonterías, en los comentarios de un post del Diario de Cuba, «Acuerdate de Twain».
El artículo del diario online habla de lo que se ha convertido en el chanchullo del momento, las desafortunadas palabras del «nuevo» líder – ¡otro  más! – Eliecer Avila, y el escribidor desafortunado de ditirambos dice llamarse «Javier», de «Buenos Aires». [En el encabezamiento de este post está todo su comentario]
Antes de comentar sobre lo dicho por «Javier» desearía detenerme brevemente sobre las últimas desafortunadas «aclaraciones» dadas por Eliecer, en un post que le dedica a Liu Santiesteban:
Primero: El problema de sus palabras [de Eliecer] no está en lo que Liu editó o no editó, lo que publicó en su cuenta de Facebook o lo que dejó de publicar, el problema aquí NO ES LIU SANTIESTEBAN, el problema es, evidentemente, el ego que le ha crecido al señor Avila. Las acusaciones de corrupción fueron dichas por él, fuesen cualesquiera los contextos.
Segundo: En el post para aclarar «el contexto» en que FUERON DICHAS las palabras no hay la mas mínima prueba de CORRUPCION, lo más que alega son exabruptos, discusiones, diferencias y ¿amenazas?, ¿golpes?, por parte de Rodiles. Y no ofrece pruebas. ¿Ocurrieron? ¿No ocurrieron? Pero nada de eso es importante para justificar acusaciones públicas sobre presuntos hechos ocurridos de manera privada.
Tercero: Si la agrupación SOMOS+ no desea participar en un movimiento de desobediencia civil no tiene que estar acusando a nadie de CORRUPCION, sencillamente su LIDER, si verdaderamente lo es, puede explicar perfectamente como todo LIDER CIVILIZADO que su agrupación NO ES UNA AGRUPACION DE DESOBEDIENCIA CIVIL, y que ha escogido otro camino para enfrentar su lucha. ¿Es difícil explicar eso, pensarlo y emitirlo de manera estructurada sin necesidad de recurrir a acusaciones disparatadas?
Cuarto: Y lo más esencial. Los líderes tienen que demostrar su estatura, no con chanchullos, acusaciones de las que no pueden presentar pruebas y pedanterías de improvisados. Si eso no se puede entender, si los supuestos «cientos» de miembros de SOMOS+ no están en disposición de asumir esta actitud, lo mejor sería que dejaran de elegir un muy dudoso camino político POR LA DEMOCRACIA. La democracia no se hace gritando, acusando al libre albedrio a otros, ni dando pataditas de niño majadero. Y, por favor, déjense ya de estar en tanta discusión inútil, y dedíquense a lo que es la razón de un opositor: oponerse al régimen y NO A SI MISMOS.
¡Es así de sencillo!
Ahora regresemos al caso «Javier».
¿Qué respeto puede tener una persona – y lo dice, vean el mensaje – cuando acto seguido, pocas palabras detrás de ese inicio de oración, se llena los dedos para despreciar 57 años de disidencia cubana, donde se incluyen muertos, asesinados, encarcelados y exiliados?
Dice «Javier»:
“díganme que han logrado los que marcxhan cada domingo en La Habana, nada, absolutamente nada”
[He respetado su ortografía, ninguna crítica aquí, probablemente fue una equivocación en el teclado que usaba cuando escribía su comentario]
Señor mío, sí, 57 años llevamos con «los mismos bueyes» porque personas como Usted y tantos otros, yo incluido, NO HEMOS SALIDO A LA CALLE para acompañar a los que SI LO HACEN y marchan.
¡Punto!
Es muy fácil, desde un teclado, desde miles de millas al sur de La Habana, bailando quizás hasta un tango, escribir «No han logrado absolutamente nada», pero olvidando que usted mismo los vio pasar por la calle, o vio como le daban un acto de repudio, o sencillamente como el tránsito se detenía en una intersección y  la policía y los cuerpos represivos golpeaban, «el pueblo enardecido» gritaba «Gusanos» – que usted sabe son desvergonzados miembros voluntarios de la G2, organizados en grupos paramilitares – Y NO HIZO NADA.
Usted sabe todo eso y no se conmovió, no se unió al grupo de cubanos que sí tuvieron COJONES de enfrentar ese dilema y salir a marchar, por el que usted no siente absolutamente ningún respecto para agregar, de manera despreciativa, que no ha resuelto «absolutamente nada» por 57 años.
En las dictaduras la pasividad también es una complicidad.
Aquí viene la «lechuga mayor» del señor Javier:
“Mientras los Castro estén nada va a cambiar, les guste o no, les duela o no. Nosotros preferimos prepararnos para cuando no estén…”
Amigos míos, al fin alguien dijo con claridad lo que es SOMOS+: una escuelita de pretendidos «disidentes» para cuando no haga falta la disidencia, el futuro, cuando no estén los Castros.
Yo no sé en qué escuela, cuándo, qué edad tiene este «Javier», por cuáles manuales y libros de historia estudió cuando vivía en Cuba, y dónde. Es cierto que en ese país la educación a todos los niveles, y desde hace mucho tiempo, es un desastre, y que la historia se estudia por metodologías, libros y folletos con muchas lagunas históricas, ausencias, censuras y mucho adoctrinamiento político. De esto podemos estar hablando por mucho tiempo, no alcanzaría este post, pero la realidad es que aun se sigue estudiando los más importantes períodos de nuestra historia, y con ellos sus héroes y sus patriotas, entonces recordemos el caso de Rubén Martínez Villena. Comunista como Eliecer Avila, el avileño militó en la UJC, fue en una reunión de ese tipo donde salto a la fama.
Digo más, pongo el caso de Villena porque fue comunista y enfrentó una dictadura… como LIDER.
Imaginemos que Villena hubiera dicho que las marchas contra Machado no resolvían «absolutamente nada», y se hubiera dedicado a formar «escuelitas de disidentes» para cuando no existieran los Machado presentar «las propuestas sificientes para presentarlas ante el pueblo de Cuba».
Señores, yo he oído de todo, de lo humano y de lo divino, pero esto es el colmo del desparpajo.
Le pregunto al señor «Javier», si eso hubiera decidido Villena, ¿qué hubiéramos tenido hoy en Cuba?
Muy sencillo. Los tataranietos de Machado dictando sus ukases y viviendo «la mona» en mansiones y hoteles, visitando islas turcas en yate desde la Grecia de las protestas o yendo a New York en visitas académicas, invitados por muchos otros, mientras los tataranietos de Villena en «escuelitas de disidentes» para cuando los Machados no estén en Cuba presentar, como dice «Javier», «las propuestas sificientes para presentarlas ante el pueblo de Cuba».
Las lecciones de la historia, señor «Javier», NO SE PUEDEN OLVIDAR. Hay que conocer el pasado para construir el futuro.
Tercera «lechuga», y última que voy a desgranar de este dislate:
“Sin embrago lo mejor es que cada día Somos +, sobre todo dentro de esa emigración que hoy es mayoría”
Ya lo ha dicho todo. Ahora ya sé adónde va Eliecer Avila a recaudar fondos para su organización. Ya puedo ver quiénes son «sus militantes» y, sobre todo, en qué lugar: fuera de Cuba.
Honradamente, con agrupaciones como estas, «líderes» como estos y «disidentes» como nuestro «Javier» en Buenos Aires tendremos dictadura para TODA UNA VIDA.
¡Dios nos ampare de dictadores y de «escuelitas de disidentes»!

Monday, October 26, 2015

Hillary

Maya Angelou escribió un poema para celebrar la llegada de la era Clinton a la Casa Blanca. Maya fue una brillante poeta, su pensamiento volaba como sus palabras, y sus palabras, en aquel día en que Clinton llegó a la presidencia, volaron, se esparcieron por el viento, como hojas.
Años más tarde, en el 2008,  Angelou entregó sus palabras, en unos versos mezclados con prosa, a la que fue antes la Primera Dama de los Estados Unidos, esa vez en su carrera por ser Presidente. Y escribió:
“Podrás inscribirme en la historia
Con tus mentiras amargas y retorcidas,
Podrás arrastrarme en el fango
Y a pesar de todo, como el polvo, me levantaré.”
Las palabras de Angelou de entonces han perseguido a Clinton, como una profecía.
Se levantó sobre el polvo y regresó.
Desde hace algún tiempo tengo una deuda con Hillary, y me he prometido a mí mismo saldarla. Es una promesa de palabras, de preguntas, de sentimientos.
Es una prueba para mi inteligencia porque, debo confesarlo, yo pienso que esta mujer es una personalidad vibrante, una persona inteligente y brillante, un ser humano de energía interesante y de una serenidad a veces sobrecogedora. Cautiva verla, seguir sus movimientos, ver mover sus manos como alas, tornar el rostro, cruzar los dedos, sonreír con un brillo pícaro en sus ojos ante la pregunta indiscreta o molesta del periodista o del político.
Algunos hombres les intimida la presencia de una mujer en la política, porque la política es árida, sucia, arenosa, aferrada a la tierra como los cerdos, y a las mujeres nosotros los hombres las imaginamos libres, en el viento, cruzando como aves ligeras el azul del cielo, límpidas, frágiles como pétalos de una flor cultivada por manos dulces. Tal vez levantamos un pedestal a su nombre o, como dice Vicente Huidobro, «se hace más alto el cielo en tu presencia» y no lo podemos tocar.
Pero yo pienso que la mujer puede traernos al mundo una visión más humana, más cercana al corazón y más alejada del cerebro.
Y, ¡pobre de mí!, es aquí donde se me rompe la imagen cristalina de Hillary.
En el 2008 cuando Obama luchaba por la presidencia, yo apostaba por Hillary, tenía fe en que aquella mujer pudiera cambiar el rostro de la política norteamericana, humanizarla sin dejar de ser una gran potencia. ¿Esperaba demasiado de ella? Tal vez.
Pero los americanos escogieron la peor opción y eligieron a Obama. Lo sé, es mi opinión, pueden combatirme con su ráfaga de palabras.
¿Tuvo que ver el sexo en la elección? ¿Tuvo que ver los nervios de acero de esta mujer serena, que a veces parece distante, con la mente fría del gran estadista frente a un plan de guerra?
Yo no sé qué fue lo que se rompió, Hillary, pero algo se rompió desde entonces.
Y luego vino Benghazi, y ahora los servidores privados de tu correo electrónico, y los mensajes borrados y otros detalles minúsculos en los que la gente no se detiene y cruza, sin verlos, sin percatarse de que tu presencia se va deshojando, como lo hace una flor marchita en el viento. Ya no eres tú, ya dejaste de serlo.
Y aquí no tiene que ver nada ni la prensa, ni los ataques rabiosos de los republicanos, ni la insistencia de reportes, analistas, televisoras y contendedores a la presidencia de los Estados Unidos.
¿Puedo decir algo más?
No tiene nada que ver los partidos políticos, Demócrata y Republicano. Ni los Socialismos y liberalismos imaginables existentes. Tampoco tiene nada que ver Cuba, ¿o sí?, ni la continuidad de la debilidad política de Obama frente a un Putin y frente a tantos otros dictadores, mafiosos políticos y locos.
Eres tú, Hillary, la que escogió cometer el error tonto estratégico de romper un protocolo que presupone transparencia y elegir ese oscuro servidor privado para tus mensajes, personales, divinos y de gobierno. Dime, ¿no fue un error de juicio tan tonto, tan pequeño, tan minúsculo?
Eres tú, Hillary, la que en «Hard Choices» hablas de levantar el embargo y cambiar la política hacia Cuba para ahora cambiar y matizar las palabras.
Estos cambios de hoy. Estos cambios de ayer. ¿Cuántos cambios mañana?
Es curioso, en el debate con Sanders alegaste que cambias con los tiempos, pero que a la vez puedes ser tú, solo tú y tu decisión frente al mundo, frente a los eventos.
Sí, debo confesarlo, las personas cambiamos, todos los días. Nos cambian esos eventos, la vida, la experiencia, los golpes, pero también las conveniencias. Yo no sé separar los cambios de conveniencia en un político de los cambios en su persona como ser humano, porque los políticos son, en esencia, políticos de conveniencia ante las circunstancias que se le presentan.
¿Cambiarás por conveniencia del corazón humano de mujer o por conveniencias del cerebro frio del estadista? ¿O será las dos cosas juntas?
A contrapelo de los que no vieron en tu gesto nervioso ante las imágenes del asalto a la cueva de Bin Laden la firmeza necesaria de un candidato a la más alta posición política de este mundo, yo veo a la mujer, al ser humano, a la partícula minúscula divina con vida y sensible. Algunos vieron cualquier otra cosa.
Tal vez sea mi peculiar forma de percibir el poder en su relación con la humanidad, y también mi penosa experiencia con el poder absoluto, que modela a los líderes en estatuas de sal, recortadas sobre un trasfondo de acero. Las debilidades hacen a las personas, el estoicismo frio modela las estatuas de mármol.
De todo esto lo que no me gusta es que, tú misma, Hillary, tú misma hayas matizado ese gesto nervioso como una reacción a un resfriado. Te me rompes en pedazos, Hillary, te rompes.
¿Y Benghazi?
Pues, no sé. Yo prefiero pasar ese capítulo y dejártelo a tu conciencia. ¿Hiciste lo suficiente? ¿No dormiste en casa pensando en las víctimas y los sacrificios humanos de otros?
Todos tomamos decisiones, todos los días. Las nuestras no trascienden de nuestra casa y nuestros sentimientos. Las de otros las toman los políticos. Siempre es imprescindible dudar, preguntarse si es necesario arriesgar una vida por algo que no valía la pena, o que no hubiera hecho mucha más diferencia en aquellas circunstancias. No obstante, lo que ocurrió en Benghazi y en aquella noche a solas en tu casa, Hillary, es solo un capítulo al que no podemos ponerle una palabra que nos lleve a su final. Está en las últimas horas en los pensamientos de las víctimas y de los protagonistas lejanos de los sucesos. Tú, uno de ellos.
Pero lo que me sucede ahora contigo no es un problema de política, un problema de decisiones de gobierno y partidos, un problema de ideología y posiciones filosóficas, sino un problema humano.
A veces todavía encuentro el gesto oportuno, la ironía y sonrisa que yo mismo ejecutara en las circunstancias y los momentos si fuese yo y no tú, Hillary. Aún queda esa chispa pura, oportuna, como esa risa nerviosa y carnalmente humana en tu última comparecencia sobre Benghazi ante el Congreso, ¿te acuerdas?, ante la pregunta de aquella legisladora que insistía en saber si estabas a solas en casa, aquella desafortunada noche.
Por Dios, la política no puede adentrarse en la intimidad, no puede escudriñar nuestras camas y aposentos, nuestros momentos íntimos, desgraciados y felices. Mi abuela decía que la política era asunto de la calle, lejos de la mesa y la familia.
Aquella Hillary espontánea era la que Angelou llamaba a levantarse, y me gusta. Pero no me gusta la Hillary de acero que escoge esconder y borrar mensajes, que selecciona un equipo de seguridad y coloca sogas para torear periodistas y a la prensa, ¿te acuerdas, Hillary? ¿O no te diste cuenta?
«Podrás arrastrarme en el fango y a pesar de todo… me levantaré» escribió Angelou sobre ti, Hillary.
Y te has levantado.
¿Cómo serás si llegas a formar gobierno? ¿Sabrás hablar con voz de acero con Putin? ¿Serás la Margaret Thatcher de América con sus enemigos? ¿Sabrás hundir el «Almirante Belgrano» si se te presentara una oportunidad como aquella, con sangre fría, en el mismo despacho donde, horas después, redactes las cartas a cada familia de cada soldado caído en la acción, cada hombre muerto por tus decisiones de gobierno, como lo hizo la Margaret británica? ¿Lo harías así? ¿O encargarías a alguien de tu equipo a redactar el texto, corregirlo a conveniencia, teclearlo fríamente en alguna computadora del edificio blanco que llaman «Casa» los Presidentes, para después solo firmarlos sin leer, automáticamente, como se firma una ley debatida ya durante demasiado tiempo?
¿Lo hiciste cuando Benghazi?
Para mi tienes que romper muchas barreras, muchos estereotipos en política, muchas teorías vanas que creen en América cuando piensan que, hablando con dictadores, se logra romper las barreras de sus cadenas para lograr la democracia. Por eso me preocupa que algunos te pidan que continúes el legado de Obama y que tú, Hillary, lo hagas.
Ha pasado un año, no cien días, y el régimen de Raúl Castro no ha hecho nada, no ha dado un gesto garante de ninguna promesa de cambio. La esperanza y la acción política de Obama no han justificado nada y aquel 17 de Diciembre del 2014 es una fecha más de olvido.
Yo quiero y deseo una América fuerte, y humana, que pueda enfrentar a capos como Putin, que no tema enfrentar a dictadores ancianos con trajes de buen corte pero con botas verdes aun en sus pies, y garras, y muchas ideas viejas, desgastadas, inútiles. Una América que sea la garantía de la Democracia porque es fuerte en su humanidad frente a los prepotentes y arrogantes, y que no tema enfrentar las preguntas difíciles, y los eventos, con audacia.
¿Serás tú el Presidente de esa América nueva, renovada?
Pasará un año más y, en ese Noviembre de elecciones, Hillary, estaré leyendo ese poema de Angelou y preguntándome si te levantarás, definitivamente, del polvo y el barro, y serás tú, la persona, y no esa estatua de mármol, con mente, tal vez lúcida, de acero, pero con el corazón helado y sin sonrisa, una sonrisa para guardar un secreto y una debilidad de conveniencia.
Porque no quiero que desaparezca las alas de tus manos, ni la sonrisa de picardía ni el brillo de los ojos, quiero que desaparezca la astucia del político de conveniencia y resurja la inteligencia del corazón de mujer, de la mujer que cree una América fuerte.
¡Por solo eso es que valdría tu presencia en la Casa Blanca!
¿Lo sabrás hacer? Me pregunto.
Nota: La foto que encabeza el post fue tomada de AP en la sesión de comparecencia de Hillary Clinton ante el Congreso sobre Benghazi.

Sunday, October 25, 2015

¿SOMOS + o SOMOS -?

Hay una pretensión más peligrosa que la arrogancia en el poder y es la de creernos, con auténtica pasión, las mentiras que nosotros mismos nos inventamos, recreamos y decimos. Y así, por pura convergencia de segunda ocasión, nos transformamos en tragicomedia, pequeñísima figura de barro a escala milimétrica de la otra, que imita y secunda, a propósito o sin tenerlo, pero sin poder contener el impacto de la original, ya suficientemente desgraciada para todos, demasiado amplificada en una historia de mesianismo, personalización y culto en los medios, y en la sicología social del cubano.
No sé si ha sido eso, precisamente, la consecuencia de no la «enseñanza» pero sí el adoctrinamiento del maestro de todos los mesianismos, Fidel Castro. De repente, nos hemos reconvertidos todos en EL mismo.
¡Y entonces llegó el YouTube, y las redes, el internet WIFI y los videítos!
Y comenzó el «chanchullo». He visto el video de «nuestro hombre en... Cuba», Eliecer Ávila. Ya me he leído en otra parte esta novela, escrita por Graham Greene, excelente escritor, gran saboreador de nuestras realidades naturales para la fantasía política del extremismo latino.
"En esos países [de América Latina] la política rara vez significa una mera alternativa de partidos políticos rivales, sino que siempre ha sido una cuestión de vida o muerte"
Nos conocía muy bien el gran escritor, pero nunca avizoró que nuestras fantasías políticas de extremismo nos llegara a llevar a la alucinación, pero era una tierra fértil y tuvimos que esperar a que llegara Fidel Castro para enseñárnosla. Después, solo bastó esperar por sus discípulos de cátedra moderna, Eliecer entre ellos.
Vale aclarar que solo «sobreviví» unos minutos viendo, oyendo y sufriendo el discursito neo castrista de Ávila. Unos minutos interminables, estoicamente oyendo esa retórica demasiado conocida, esas palabras demasiado abusadas, esos gestos que me hacen saltar años al pasado, en la historia de algún otro que hoy desaparece, se desvanece en la edad de Cuba, se olvida para bien de la república, o también para su mal. Lo más importante en historia es nunca olvidar, jamás. Pero se hace difícil interpretar las tragedias de la historia de frente a las tragicomedias de sus discípulos, en segundas partes.
Y este discípulo recorre tierras ya devastadas por su mentor. Descalifica a todo el que puede hacerle sombra, no participa en los eventos pero pretende insertarse en el devenir cotidiano del país, se inserta en las circunstancias y hace esta disensión de manera virtual, de pantallita cibernética. No, hablo de Eliecer Ávila, y no de Fidel Castro.
No SOMOS +, de hecho SOMOS -.
No se puede comenzar una trayectoria restando pretendiendo sumar. Los movimientos políticos contra cualquier dictadura se han construido consensuando posiciones, sumando agrupaciones, acercando los proyectos y las opiniones de cada uno de los sectores de la sociedad a lo que todos tienen de común: derrocar la dictadura.
Pero en Cuba tenemos la práctica del petimetre político que nos enseñó el maestro de todas las divisiones, si no me eres útil pues te construyo un expediente de peligrosidad, o te aparto por alguna debilidad o te descalifico por cualquier sectarismo, corrupción o invención de las circunstancias.
Y lo han aprendido todos... de EL.
¿No es verdaderamente algo patético y doloroso?
Leo y releo las pretendidas «bases» de la «Convención Anual del Movimiento Político SOMOS +» y no me dejo de preguntar, ¿es esto una broma?
"Cientos de personas que nunca se habían vinculado a temas políticos han brindado voluntariamente su apoyo a nuestro proyecto que cada vez más se perfila como una opción seria y competitiva de cara a las posibles elecciones del 2018."
¿Dónde están estos «Cientos»? ¿Qué hacen? ¿Por cuáles ciudades marchan y crean sus agrupaciones opositoras? ¿Quiénes son? ¿Por qué nunca tenemos noticias del muy conocido accionar de la policía política con cuanto «movimiento político» con estos «Cientos»? ¿Se manifiestan en sus casas, frente a sus laptops, computadoras e iPads modernos? ¿Son invisibles para el gobierno, ERGO, también para Cuba?
"Si bien es cierto, que desde su fundación el movimiento ha mantenido una estricta línea ética, apegado a la verdad y la transparencia, también estamos convencidos de que los nuevos tiempos impondrán retos más difíciles, que exigirán de nosotros la máxima consagración y preparación."
¿A quién estoy oyendo? ¿No se les parece a la lectura del informe de cualquier congreso gris de ese partido comunista que todos conocemos? ¿Y a cuál de sus convocatorias? ¿A la poscastrista sin Castro con EL?
«Transparencia», ¿cuál? ¿Dónde está que no la vemos? ¿También transparente? ¿O son las descalificaciones su «transparencia»?
«Convencidos de que los nuevos tiempos impondrán retos mas difíciles», ¿es que por fin saldrán a las calles a manifestarse como las «Damas de Blanco». ¿A qué Iglesia, parque, en qué ciudad o ciudades?
"Somos+ anuncia la celebración de su primera Convención Anual que tendrá lugar en dos partes: una exterior y una nacional."
Ah, «el exterior», ¿por qué siempre estaremos en presencia, y con la duda, de este sustantivo tan sospechoso?
Anuncia «chinchín», viajecito esotérico, palabritas amables, un poquito más de autobombo y medios, regreso a casita con algunos kilos de más y una frescura enlechugada que muchos conocemos.
"La clausura estará a cargo del Presidente del Movimiento Ing. Eliécer Ávila Cicilia. Como novedad la jornada será transmitida vía Streaming en tiempo real y podrá ser vista y descargada desde la Isla a través de las redes Wifi instaladas recientemente en todas las provincias."
Ah, Mrs. Wifi. Ya me lo imaginaba. Ya sueño ver esos parques de nuestras provincias llenos y el estudio de Kcho, ¡nada menos!, inundados de cubanos, todos doblados sobre sus iPhones, iPads, y teléfonos inteligentes de todo tipo, "streaming" a nuestro próximo líder «in the making», Eliecer Ávila.
Puede que nos de risa estas cuchufletas avilianas, a mi me da verdadera lástima a lo que hemos sucumbido, a las profundidades de nuestro escarnio. Una de las sociedades más refinadas en el continente, la meca de la televisión, quien enseñó a crear en los medios audiovisuales a media América, la tierra de escritores ilustres, grandes poetas, intelectuales de proyección mundial como hasta Cortázar tuvo que reclamar para enemigos de su credo político, ¿convertidos en esto?
¡No «SOMOS +», SOMOS –!
No «SOMOS +» si, lejos de participar y compartir, conjuramos con las descalificaciones y los chanchullos. SOMOS –
No «SOMOS +» si, en vez de apoyar a los que salen a las calles, los calificamos de corruptos por cualquier motivo, incluido el prurito propio. SOMOS –
No «SOMOS +» si, a semejanza de la política de desconfianza conque los órganos de seguridad de la dictadura tratan de dividir y pulverizar cualquier convergencia de grupos y opositores, condenamos a los otros para intentar ganar alguna mediatizada publicidad mediocre, ¡y en el extranjero nada menos!, protagonismo de opereta. Es el típico Marketing del Desprestigio, técnica privilegiada por 56 años en los medios oficiales de la dictadura. SOMOS –
No «SOMOS +» si, a semejanza de guiones pasados, se pretende erigir nuevas figuras sobre aquellos mismos guiones. Líderes de barro sobre cimientos engañosos. SOMOS –
Y eso es lo que logra «SOMOS +», una operación matemática de resta sobre las variables sociales que pretenden destruir una dictadura que ha estado igualando la sociedad al valor infinitesimal de su división.
SOMOS –
Y así se me antoja que los cubanos estamos, como dice Bukowski, atrapados en el destino singular de no encontrar jamás al otro, de no querer buscar ese encuentro:
No hay ninguna
posibilidad:
estamos todos atrapados
por un destino
singular.
Nadie encuentra jamás
al otro.

Friday, October 23, 2015

Animalitos de Zoológico

¿Ha estado alguna vez en algún zoológico? ¿Los ha visitado con sus hijos, su esposa, nietos o amigos, novia o novio, compañero o conocido? ¿Cuál ha sido su primera reacción? ¿Dejar caer una minúscula partícula de ese sándwich que se está comiendo, aun cuando en cada jaula cuelga un cartel que dice «No alimentar a los animales»?
Ah, ¡las jaulas y sus animales!
¿Se ha percatado de sus ojos? ¿Ha visto como algunos miran más allá de sus manos, el sándwich, mas allá de la distancia a la que usted está observándolos con curiosidad y detenimiento?
Miran el espacio abierto que usted recorre. Observan con una mirada dulce, aletargada, el pavimentado o apedreado camino que conduce a la salida de aquel recinto, a algún mas allá.
Pero usted no se percata. Usted toma su cámara, la levanta, encuadra pacientemente mientras esos ojos dulces miran mas allá de su lente, y da el CLICK que le resguardará a ese infeliz animalito que lo único que ha conocido en su vida es ese espacio entre rejas.
Toda su vida estará allí, viendo pasar a otras personas como usted, deteniéndose a mirar cómo le tiran una foto, y quizás levante una pata, tuerza la cabeza, emita algún sonido o haga alguna mímica y después regresará a su cubil, entre las piedras o la paja.
El zoológico es un circo donde vamos a divertirnos a costa de la sumisión y el encierro de animales que debían ser LIBRES, pero están PRESOS.
Esa es Cuba para el turista, para el fotógrafo ganador de premios que levanta esa cámara y capta el gesto de esa mujer vieja que tiende ropa, su ropa, gastada, lavada muchas veces, tantas que ha ido perdiendo el color o se ha desgarrado en algún costado y la ha vuelto a coser. Nada de eso aparecerá en su foto, ni tampoco usted lo mencionará. Ella sabe que usted la está mirando, pero está en su jaula transparente, invisible, es un animalito dulce, o cascarrabias, pero que no puede salir mas allá de su espacio, a la libertad de ese rincón del cual usted captura su foto, su premiada foto, la foto que le dará algún nombre, algún premio, algún dinero. Ella no le podrá reclamar ¡NADA!
Y esa foto que estará en su próxima exhibición, cuando regrese a su «isla del tesoro» para exponer sus postales tropicales de la jaula grande que es Cuba, tendrá o pretenderá tener mas derechos que esa pobre vieja que tiende ropa. Los derechos en una dictadura son inversamente proporcional a las prioridades humanas, pero eso no es de su interés, usted toma su fotografía y se aleja de la jaula y su león.
Entonces mañana saldrá a exhibirla en algún salón mientras un grupo de conversadores de refrescos, «expertos» de ocasión, hablarán de embargo, negocios con una dictadura, levantamiento de la prohibición para que todos los ciudadanos americanos, y no solo los que acuden «pueblo a pueblo», que es «pueblo a jaula», puedan ir a tomar su foto en el zoológico humano que está a 90 millas al sur de Tampa.
Su foto tendrá su COPYRIGHT, garantizada por unas leyes cínicas que permiten que exhiba el fruto de su visita oportunista a ese zoológico, PERO SIN PAGAR NI UN CENTAVO AL SUJETO DE LA FOTO. Y gritará a todos los visitantes de aquel salón que no pueden tomarle fotografía a «su obra», no pueden anotar ninguna información, ni pronunciar su nombre.
«Tengo COPYRIGHT», les recordará. ¡Hasta de Dios!
Pero esos seres, encerrados en su jaula que usted fotografió, no pueden hacer ni la mímica en silencio por sus derechos. SUS DERECHOS. SU COPYRIGHT, incluida la de que usted le pague el fruto de su indigna curiosidad de ocho dias.
En Cuba nos explotan dictadores eternos, turistas disfrazados de fotógrafos, fotógrafos convertidos en divinidad a causa de un accidental premio, ¡y qué premio! La foto de ese animalito cubano, asomado al balcón de una casa, que ni es su casa y ni es una casa. Menos de tres metros cuadrados con barbacoa, donde comer, bañarse, prepararse algún alimento y dormir a veces es una jornada más dolorosa  que el vivir cotidiano en la jaula de un zoológico de alguna ciudad populosa de occidente.
A los dictadores todos los conocemos y sufrimos. Tenemos sus nombres, sus rostros, aparecen todos los días en los diarios, los aplauden y reciben estos fotógrafos, todo el mundo conoce sus garras institucionalizadas en organizaciones, sus gestos y sonidos, sus pretextos y funciones degenerativas, como todo organismo enfermo, parásito, inútil.
¿Y de los turistas? ¿Y de los fotógrafos de ocasión? ¿Los aplaudidores de esta fauna a la que los dictadores han convertido a Cuba?
Esos que después de lanzar su flash, tomar su foto se «parten las patas» corriendo, como indignos zancudos, a estamparle su signo de COPYRIGHT.
Estos viajan a Cuba, ¿«pueblo a pueblo»? 
¡No!
«Pueblo a animalito de circo», «pueblo a jaula», «pueblo a zoológico de cristal».
Y allí, sin pedirle permiso, sin la obligación de las leyes espurias locales, y con su propia personal arrogancia de colono degenerado, le roban esa foto, tendiendo ropa en un estrecho balcón que, graciosamente, llaman «veranda», para hacer esos escasos tres metros cuadrados una «residencia» en un reporte de algún diario. No sonría, ¡ya ha ocurrido! Y cuando algún cubano descarga su ira sobre su ignorancia o soberbia, ¡o las dos cosas! Nos gritan:
«¡Copyright!, que soy fotógrafo multipremiado»
Sí, con esta personita que no puede hacer ni el asomo del gesto de protesta, la mímica de objeción o sencillamente levantar la voz como lo hace cualquier ser humano mas allá de esa jaula. Usted también los trata como «animalitos de circo», usted es parte de esa humillante dictadura.
Indigna ver tanta inmoralidad en ciudadanos norteamericanos, casi en el mismo corazón de Tampa, donde fue el Apóstol a reclamar, centavo a centavo, la dulce pero dura ayuda de los tabaqueros cubanos para la Libertad de Cuba. Indigna conocer que, ¡allí mismo!, hayan personas que viajen por ocho días a La Habana, conviertan unas pocas decenas de fotos, ¡con Copyright incluida!, en la postal de la vergüenza, y con nuestros cubanos de la isla como animalitos de exhibición, y vengan a reclamarnos conocer «la esencia de Cuba» en esos ocho días. ¡Y exigir COPYRIGHT cuando se les da la opinión vibrante de indignación por su desvergüenza!
Y regresan. Vuelven a su hogar. Exhiben sus postales como trofeos de caza. Y ganan premios. ¡Y adquieren la Copyright del animalito doméstico en que dictadores y turistas han convertido al cubano, sin pagar un centavo, solicitar su permiso o, incluso, utilizar lo obtenido con sus postales tropicales para ayudar de regreso al «animalito» enjaulado, esa señora colgando la ropa en su cuartucho de Centro Habana, para que pueda obtener un hogar decente, sin barbacoas ni agua estancada en el tanque de su balcón para su consumo, porque por las vías normales no le llega!
Ya lo he sufrido, lo hemos sufrido todos.
Reclaman derechos que no le conceden al ciudadano cubano en Cuba. Le tiran su foto y se marchan, y cuando le reclamamos pundonor, cuando lo desnudamos de sus andrajos de payaso, gritan indignados por su COPYRIGHT de MIERDA.
¿Y la de los que dejaron en Cuba, aquellos que son los protagonistas de sus premios, trofeos y dineros, a los que ni permiso pidieron para tomarle la instantánea de su miseria, para después solo recordar la ropa tendida y los tendidos eléctricos, Y NO RECORDARLOS A ELLOS?
¿Qué clase de fotógrafos premiados son estos que hacen del hombre el centro de su imagen para hacer culto solo a los superficiales abalorios que le rodean, y no a los de su propia vida, su pobre vida?
Si se es fotógrafo, si se es un hombre digno y se es fotógrafo debiera haber dicho, y se toma a la persona humana como tema de lo que se fotografía, es para hacer culto a la vida de ese hombre, dar testimonio de él y no de su entorno de cables y ropas tendidas. Pedirle permiso a su persona, INTERESARSE cómo vive y cuál es su entorno, y REGRESAR y entregar a cambio de su premio lo que le corresponde por SUS DERECHOS.
¡NO SE PUEDE RECLAMAR COPYRIGHT SIN PRIMERO OTORGARSELA A SUS PROTAGONISTAS!
Es una vergüenza y hay que decir ¡BASTA!
Por todas estas causas, en estos días, he recibido algunos anónimos, o supuestos mensajes con la firma de una persona de la cual no puedo confirmar su identidad, porque ha elegido, ¡vaya cobardía humana!, escribir desde un sitio que ofrece correos electrónicos volátiles, que desaparecen tan pronto como el fulano envió su recado anónimo, usualmente utilizados para ocultar la identidad real de las personas. Me reclama a MI lo que no admitiría que le reclamaran los sujetos de sus fotos a EL: esa señora que en mi post «El ojo de la ignorancia fotográfica» tiende la ropa y mira al lente, desde lejos, y no puede reclamar, está encerrada en esa jaula invisible que este fotógrafo, premiado, exhibido y orondo nos muestra en su foto.
Ella no tiene su Copyright para cambiar su vida. Ella no tiene su Copyright para reclamar su voz de protesta o de indignación. Ella no tiene su Copyright porque es el sujeto frágil de una sociedad que la ha enjaulado sin DERECHOS para que, paseantes fotográficos, como la persona anónima que me escribe, tome indecentemente su foto y le conceda Copyright y lo reclame, con urgencia al principio y después gritando de favor.
A ese paseante solo le interesan sus derechos, ¡no los de los otros!. Y reclama su foto, que no es suya sino de esa señora a la que no le pidió permiso para atraparla en su cámara. Ya sabemos, está en una jaula, y a usted le interesan más los DERECHOS DE UNA FOTOGRAFIA, que los derechos de un ser humano.
Ah, y que no se me olvide, reclama con urgencia borrar información, nombres, todas las cosas, todo lo que se resume en MI OPINION.
¡Vaya descaro!
Personita ANONIMA, insignificante y minúscula partícula indecente de este universo, a la que no puedo autenticar su identidad porque se esconde en curiosos sitios de correos volátiles, con un dominio con nombre muy curioso, «Guerrilla» – ¿como las narcoguerrillas colombianas? –, las FOTOS LAS ELIMINO CUANDO USTED LE PAGUE COPYRIGHT A ESA SENORA DE LA FOTO, a la que, cínicamente, ni siquiera intentó conocer cómo vivía, qué necesidades tenía ¡y mucho menos pedirle permiso para tomarle la degenerada foto!
Y de mi opinión, ¡OLVIDESE!, esa se queda ahí, per secula seculorum. De esa, ¡Yo, y solo Yo tengo la Copyright!
¡Nadie, y mucho menos con ANONIMOS o cartitas imperiosas desde lugares clandestinos de correos - lo que demuestra con toda evidencia la clandestinidad de la transacción ejecutada en ocho días en Cuba - podrá hacerme callar, borrar o censurar mi pensamiento.
¡Nadie!

Nota: Por cierto NO RESPONDO ANONIMOS, ni cartitas de personas que escriben vía correos volátiles a los que no se puede AUTENTIFICAR su IDENTIDAD. No respondo a amenazas. Y mi OPINION no se negocia, ¡Por principios!

Wednesday, October 21, 2015

Mon Amour Trudeau

Transcurría la noche del 3 de Octubre de este «precioso año liberal» en el debate francés de la más larga y costosa campaña electoral del congelado Canadá, precisamente en Quebec, el lider de la bancada liberal, Justin Trudeau, y del Bloc Québécois, Gilles Duceppe, cruzaban espadas verbales sobre el muy polémico «Bill C-51» [hablaré en alguna otra oportunidad de esto, no hoy] cuando, al parecer derramando demasiado dulzor, el joven «príncipe liberal» Trudeau  –  perdónenme que repita esta bufonada de «Letras Libres», pero así lo llamó la conocida revista – giró hacia su derecha su enmalezada cabeza y se dirigió a Gilles Duceppe como «Mon Amour» [Mi amor, en francés].
Me imagino que su padre, el muy amado Primer Ministro Pierre Trudeau, debió haber estado dando  grandes bofetadas al oído de su «príncipe político», heredero de su apellido y de su legado político, sobretodo porque, si bien todos recuerdan, el muy amado padre Trudeau tuvo que enfrentar duras pruebas de este bloque afrancesado que, con otros rostros y otros métodos «electorales», quisieron  separarse de Canadá. [Le costó la vida a un miembro del gobierno de Trudeau padre].
Al parecer, el cariñoso debate francés terminó muy románticamente para este príncipe de Montreal. La noche del lunes 19 de octubre se encaramó, detrás de la sombra de su padre, como nuestro próximo Primer Ministro.
Lo que tuvimos ese lunes fue, sin lugar a dudas, una «Furia Liberal».
Más de 17 millones de canadienses fuimos a votar en las elecciones federales número 42, tornándola en la más alta votación de su historia desde 1993. Y aquí están los resultados finales:
Liberales: 6.9 millones para un 39.9% [No, aquí no está mi voto, mon ami, Trudeau]
Conservadores: 5.6 millones para un 31.9% [Mi voto incluido]
NDP: 3.4 millones para un 19.7%. El NDP se esperaba fuera el hueso duro de roer, pero fue solo queso.
Partido Verde: 600 000 votos para un 3.4%
Bloc Québécois: [L'amour de Trudeau] 818 000 votos para un 4.7%.
Los liberales ganaron 184 asientos en el Parlamento en Ottawa, de 338, para conformar un gobierno de mayoría y abrirle la puerta al gobierno por decreto de «el príncipe».
¿Cómo explicar la abrumadora victoria de Justin Trudeau?
Tal vez una playa cristalina y unas arenas doradas al sur de la alargada isla de Cuba nos ofrezcan algunas claras explicaciones al «milagro». Un soleado picnic en un cayo coralino que, años después, deviniera una de las escalas de yates del turismo de apartheid en la accidentada historia de la revolución cubana.
Sin lugar a dudas, «Cayo Largo» tuvo que ver con la victoria de Trudeau. Aquella jornada de arena, mar azul y límpido, conversación franca y brutal, como la caracterizan las memorias de Robert Wright, convertido todo en un bestseller del «The New York Times».
Era el 27 de Enero de 1976, un día después de entrelazar las manos Fidel Castro y Pierre Trudeau. Pero esa no había sido la primera jornada cubana del canadiense. Hagamos un poco de historia.
Fidel Castro y Pierre Trudeau
Es un dato muy conocido el hecho de que fue Pierre Trudeau, siendo Primer Ministro de Canadá, la primera alta personalidad política occidental que visitó Cuba. Ocurrió en Enero de 1976. El Primer Ministro canadiense viajó acompañado de su esposa Margaret y de su benjamín, Michel. Allí, en la ardiente placa del aeropuerto internacional José Martí fue cuando, por primera vez, los dos hombres se saludaron y se vieron las caras. Pero la historia del «encanto cubano» de Trudeau no comenzó esa tarde de Enero, sino 28 años antes, un día de 1948.
He aquí sucintamente la alucinante historia:
1948: un joven Trudeau de 29 años visita Cuba luego de «un largo viaje espiritual» por Europa del Este y el Medio Oriente [En realidad debe decirse en buen Español Cercano Oriente, pero así nadie lo conoce]. La estancia cubana fue, según se recuerda, para cortar caña, una tarea a la que quería enfrentar como un reto personal. [No, no existían entonces las «Brigadas Venceremos», Hilary]
1ro de Mayo 1960: Trudeau y otros dos amigos de su ciudad natal, Montreal, trataron de hacer en canoa el cruce entre Key West y La Habana, pero no eran buenos rivales de la poderosa corriente del golfo y el sol ardiente del Estrecho de La Florida. [Creo Hilary era demasiado joven para esto].
1964: el futuro Primer Ministro de Canadá se aventuró a visitar Cuba por segunda vez, para ver «la revolución» de primera mano. Pasó 3 semanas viajando a través de toda la isla y sumergiéndose lo más posible en el ritmo diario de la vida de los cubanos. El resultado no fue ningún encuentro con Castro, pero sí a su retorno expresó mucha admiración por «un país tan pobre que, pese a atravesar sanciones económicas, estaba trabajando contra viento y marea para mejorar la vida de sus ciudadanos más pobres». [No existía Punto Cero todavía, y ya Castro no tomaba frecuentemente sus batidos en el Habana Hilton, tampoco lo hizo Trudeau. ¿Y qué con Hilary?].
17 de Octubre de 1970: Carta de agradecimiento de Trudeau a Fidel Castro por ofrecerse para acoger en santuario a los asesinos de Pierre Laporte, Ministro del Trabajo de Quebec, asesinado por miembros del «Frente de Liberación de Quebec». [¿Se imaginan la cara que pondría Pierre cuando Justin le dijo “mi amor” a Duceppe?]. Castro se había ofrecido para acoger a los criminales y a sus familias. Días después de la llegada de ellos a La Habana, Trudeau enviaba una carta de agradecimiento y le solicitaba que «los individuos que han recibido su salvoconducto no emprendan ninguna actividad dirigida contra Canadá, mientras estén en Cuba». [Vamos, a ir a joder a Bolivia, a Argentina, a cualquier otra parte menos a Canadá, ¿ok? Hilary estaba manejando también su tractor en un campo de papas, no se enteró del asunto].
26 de Enero de 1976: Llegada del Boeing 707 de las Fuerzas Armadas Canadienses al aeropuerto «José Martí». Castro y Trudeau estrechan las manos y el dictador comienza a cortejar a Margaret Trudeau con «un inglés florido y romántico», según las memorias de la viuda. Según esas mismas memorias, el Castro de aquel día sintió especial afecto por el cuatromesino hijo de la pareja canadiense, Michel. [No, con los hijos propios no se vale. A esos, ¡pan y agua!].
Si quieren conocer un poquito más sobre el viejo Pierre y el otro Viejo pues léanse «Three Nights in Havana: Pierre Trudeau, Fidel Castro and the Cold War World» de Robert Wright. Yo ya estoy harto de lo mismo.
El Nuevo Trudeau
Definitivamente, Fidel Castro sembró más que una amistad en el viejo Trudeau. Cementó una doctrina. Cementó una ideología. Cementó un convencimiento en el padre que fue transmitido a sus hijos, y especialmente a Justin, aunque él, con ambición política, y teniendo la experiencia amarga de su padre que, a su regreso de su picnic cubano, fue más de una vez zarandeado por la oposición canadiense y por la prensa por su amistad con Castro, ha mantenido su boca muy bien cerrada y ha hecho muy escasos comentarios sobre Cuba. Pero la prueba de que aquellos días impactaron en la familia Trudeau estuvo en la asistencia de Castro al funeral de su viejo Pierre, al encuentro con sus vástagos, testimonio fotográfico que incluyo en el encabezamiento de este post y, sobre todo, las muy conocidas y controversiales declaraciones de su Alexander Trudeau, el otro miembro del clan, al «Toronto Star» el 4 de Agosto del 2006. Aquí les pongo un extracto por lo mucho que dice por sí mismo:
“Crecí sabiendo que Fidel Castro tenía un lugar especial entre los amigos de mi familia. Teníamos una foto de él en casa: un gran hombre, alto, con una barba, que vestía uniforme militar y sostenía a mi bebé hermano Michel en sus brazos… Fidel puede haber sido al principio un contacto político de mi padre, pero su relación fue mucho más que eso.”
Sí, fue mucho más que eso. Lo podemos ver en Justin, aún callado sobre Cuba y Fidel Castro, pero queriendo eliminar el Senado, para facilitar la gobernabilidad de un Primer Ministro me imagino. O cuando alaba el sistema político en China y dice cosas como estas, las pongo primero en inglés, tal como fueron dichas por este «príncipe de la liberalidad»:
“There is a level of admiration I actually have for China because their basic dictatorship is allowing them to actually turn their economy around on a dime and say we need to go green, we need to start, you know, investing in solar.”
Traducción: Hay un nivel de admiración que realmente yo siento por China porque su dictadura básica le permite a ellos transformar su economía alrededor de un centavo y decir «necesitamos ser ecológicos», «necesitamos comenzar a invertir en energía solar».”
Hay un muy interesante post de Geoffrey John Brittan donde se afirma, de manera bastante cínica pero muy incisiva, que el Primer Ministro Stephen Harper le negó al recién electo Trudeau la oportunidad de terminar lo que comenzó su padre, refiriéndose al embargo norteamericano a Cuba. Por supuesto, Pierre Trudeau no impuso ningún embargo, ni tampoco fue Trudeau padre quien se negó a plegarse a la política norteamericana sino el Primer Ministro Conservador John Diefenbaker quien, aun siendo un rabioso anticomunista, se negó a romper relaciones con el recién régimen de Fidel Castro.
Vueltas que da la vida, ¿no es verdad?
Lo más interesante del post de Brittan, sin embargo, es su muy acertada afirmación de que fue bajo Pierre Trudeau cuando la política de fortalecimiento de los lazos con Cuba se convirtió en una marca característica de las administraciones canadienses, fuesen conservadoras o liberales. Un rasgo que permanece hasta el día de hoy y que, con mucha seguridad, continuará su hijo a partir del 4 de Noviembre.
Pero, ¿quieren conocer otras lindezas del señor Trudeau?
Aquí se las incluyo.
Invertir bajo déficit:
Se comprometió, e hizo prácticamente de plataforma económica, el incurrir en déficit en el gasto de infraestructura, al doble del gasto actual del gobierno de Harper. Trudeau piensa invertir la asombrosa cifra de 125 billones de dólares en los próximos diez años, el doble de los 65 billones de Harper en un mismo período. Con ello piensa ayudar a mejorar el transporte y todos los servicios de las ciudades canadienses, a costa de olvidarse de balancear el presupuesto.
¡Deficit! ¡Deficit! ¡Deficit! Politica de este «príncipe».
Y también hundirnos en deudas. ¡Ah!, y cortar una uñita de taxes a la clase media. Sí, los que ganamos entre 44 mil y 89 mil dólares al año.
En este aspecto el señor  Trudeau es mas rosca-izquierda que la rosca-izquierda liberal. Cuando el señor Trudeau visitó Mississauga, la más veterana de los alcaldes liberales de Canadá, Hazel McCallion le dio su estampa de divinidad que era garantizarle el voto seguro de esa riquísima ciudad. McCallion fue, ha sido, y es, el alcalde que más tiempo estuvo en su labor, la asombrosa cifra de 36 años, desde 1979 hasta el 2014, momento que se retiró. No necesitaba hacer campaña, no necesitaba acudir a debates, no necesitaba desperdigar esfuerzos, dinero, carteles, propaganda y presencia en su jurisdicción. Su nombre ya era el cuño del éxito, y ganaba siempre.
Mississauga votó por Trudeau, gracias a McCallion.
Sin embargo, esta muy astuta e inteligente mujer, también liberal, nunca arriesgó una política de déficit, ni aun al costo de tratar de implementar mejor infraestructura en su ciudad. Hoy, después de su retiro, Mississauga es la ciudad que mas rápido ha crecido en casi todos los aspectos de los que Trudeau ha planeado crecer en déficit. Y todo eso lo logró McCallion sin implantar ninguna política irresponsable de déficit. ¿Y preguntan que qué tiene que ver aquel cayito de Cuba?
Hay una cosa que Justin Trudeau no aprendió ni aun al costo de señalárselo a Harper: gobernar por decreto propio. Ser un líder sin equipo, o con equipo pero sin acudir y oír a ese equipo.
¿Tal vez una herencia de la amistad y de los recuerdos de la amistad de su padre con Castro?
Siguen los «milagros».
Legalizar Marihuana:
En una muy «sincera» entrevista en el «Huffington Post» «el príncipe» confesó haber fumado marihuana alrededor de 5 o 6 veces, en el patio familiar y… cuando sus hijos no estaban en casa, entre amigos, en una fiesta. ¿Ustedes se lo creen?
Pues yo sí.
Ya me lo veo levantando el pitillo y mirando como las pequeñas partículas de humo azules se escapan en la tarde-noche, trazando algunas extrañas figuras que resemblan las famosas «niqab», esos «preciosos» turbantes que cubren las tímidas figuras de las mujeres musulmanas, convirtiendo este país en el eterno país de brujas sin aún estar en Halloween.
Trudeau no perderá tiempo para legalizar este muy útil producto de ensueño, convertido en medicamento mágico por algunos estadistas de «café con leche». «En los primeros dos años» se implementará, se ha apurado en afirmar. El líder marihuanero, en cambio, no ha aclarado a cuánto ascenderá el tax que le aplicará al expendio de este cigarrillo mágico, cuya prohibición «pone en peligro a nuestros hijos y pone en peligro a nuestras comunidades».
Palabras textuales del «príncipe».
Por cierto, encontré un muy gracioso evento convocado en estos días de Halloween y de «Furia Liberal». Un tal Chris, el nombre es un alias porque no quiere revelar su identidad – por obvias razones – está organizando la «III Búsqueda del Tesoro Escondido de Marihuana» en el «High Park», un icónico parque de la ciudad de Toronto. En esta búsqueda el tal Chris esconderá en el parque certificados por un valor total de $50 000, que podrán ser reclamados en el dispensario de marihuana de su propiedad.
¡Hay gente que saca chispas hasta en un charco!
El fulano dice que si ganara Justin Trudeau – ya lo hizo –, le dará marihuana a cualquier adulto, aun aquellos que no tienen la licencia de ese soporífero producto. Si el caso fuera que Harper hubiera ganado, los únicos que podrían reclamarla seria los que posean la conocida licencia.
Como vemos, es fácil de imaginar qué amplitud de «votantes» y con qué liberalidad lo obtuvo el benjamín Trudeau.
ISIS, MIQAB, Aviones F-35 y Obama:
No bien se hubo informado de la victoria del clan Trudeau, «el príncipe» hubiera lanzado sus alegres palabras en Montreal, el señor Presidente de los Estados Unidos llamó a su vecino liberal y esta fueron sus benévolas palabras de agradecimiento:
"Me comprometí a seguir implicados de una forma responsable que reconoce el importante papel que Canadá tiene que jugar en la lucha contra el Estado Islámico. Pero el [Obama] entiende los compromisos que he realizado sobre la terminación de la misión de combate".
Sí, como lo oyen, Canadá ya no estará combatiendo al grupo terrorista que quema vivos a personas en jaulas, es responsable de la crisis de refugiados de aquella zona y ha identificado a Canadá como un blanco para sus ataques. En cambio, Trudeau ha ofrecido su «forma responsable»: seguir alguna forma de asistencia y asesoramiento.
Asistencia y asesoramiento… para eliminar terroristas que cortan cabezas, queman personas, lanzan homosexuales desde elevadas alturas, les lavan el cerebro a niños para que cometan actos salvajes de asesinato.
«El príncipe» Trudeau, de las asistencias y los asesoramientos.
Otras  «delicias»:
  • Eliminar la visa canadiense para los mexicanos. ¿Lo habrá oído Trump decir esto aquí, en el mismísimo Ontario?
  • Recibirá 25 mil refugiados sirios. !Y eso ya!, !ahora mismo! Lo dijo el segundo día después de coronada su victoria, en mitin público. Y sin olvidar que, en las palabras de agradecimiento la noche de su victoria, hizo referencia a la conversación que tuvo con una musulmana de que le permitiera usar la niqab a su hija en los eventos oficiales del gobierno. Es ese turbante que nos invade como la pulga todos los lugares, todas las estaciones de metro, todos los centros comerciales, los salones donde nos juramos ser canadienses entonando el himno de este, nuestro nuevo país, para hacer nuestros los valores tradicionales de este gran Canadá… libérrimo. Pues, sí, ya nos verán usando turbantes a todos, gracias al «príncipe».
  • No comprar los nuevos aviones F-35 para combatir ISIS. Total, ya no vamos a luchar contra estos terroristas sino a darles nuestra otra mejilla, para que nos decapiten la cabeza completa.
  • Eliminar el gobierno bicameral, ya lo dije. Es evidentemente una herencia de aquella playa azul, de aquellos corales y de aquellas aguas cristalinas de Cuba. Y, ¡por supuesto!, de la forma tan moderna de aprobar leyes del «Parlamento» chino. Gobierno por decreto.
¿Y ustedes me preguntan que qué tiene que ver Cuba con todo esto?
Saquen conclusiones.
Justin Trdueau no tiene ni que mencionar el nombre de aquella isla. Tiende un apellido, una historia que circula por su sangre, unas palabras que definen hechos. El 4 de Noviembre este país comenzará una nueva etapa de su vida… la de su derrota como nación de occidente.

Sunday, October 18, 2015

Nido de urracas

No voy a decir su nombre, no voy a declarar su identidad, tal vez por suerte de ese destino en manos de unos dados bien cargados, sus padres y ella estén hoy bajo el mismo techo, en el mismo país que abandoné hace ya varios años, con el mismo auto, tal vez reemplazado por uno más nuevo y lujoso, de acuerdo a las nuevas circunstancias y roles sociales, aunque ya entonces era un occidentalizado «Nissan» entre la muchedumbre de Ladas y Fiats «polacos», que eran la dádiva de entonces para funcionarios, y atletas, y «héroes» del trabajo socialista, como si el trabajo por ideología tuviera más mérito que el simple trabajo humano.
¡Bueno, la ideología tal vez sude gotitas sangrientas de dolor, mientras la humana labor solo muestra la salada secreción del esfuerzo!
Aristocracia del esfuerzo, aristocracia ideológica.
No era bonita, tenía el pelo largo negro, brillante y bien cuidado por los «shampoes» de marca que consumía, y unos ojos negros, redondos y expresivos, parecían mirar todo el mundo. Llegaba a la facultad siempre en aquel «Nissan» azul, saludaba y conversaba con la élite del año, ese grupo selecto de muchachas, agraciadas o feas, pero adornadas con el secreto distintivo de ser hijas de la nueva «jailaif». Hija del embajador de …, les dejo el lugar en suspenso. A veces estos funcionarios hacen mucho daño, se elevan sobre los hombros de tantos otros, aplastan tantas cabezas humanas como si estuvieran reventando huevos de algun corral de su granja privada, para entonces caer, desde aquellas cimas, con un peor estrellón que el simple obrero, aunque casi nunca ocurre algo así.
Las llamábamos "las urracas", no porque robaran nada, sino porque se mantenían inaccesibles e inasibles, apartadas del género masculino de nuestro año, al parecer demasiado ordinarios y terrenales. Sus aristocráticos cuerpos estaban destinados para hijos distinguidos de la realeza comunista. Tampoco voy a mencionar nombres, aún siguen arrastrando sus vidas en Cuba, lo sé de buenas fuentes.
Una era hija de un alto encargado en el Ministerio de Relaciones Exteriores, y por eso siempre llegaba a la facultad en un viejo y destartalado Lada, yo en cambio tenía que morder "la guagua", ese pequeño monstruo vedado a las paradas usuales y al horario reglamentado. 
Otra era hija del Vice-Rector docente de la Universidad. No arriesgo dejar escapar mucho la identidad del personaje por decirlo, no les declaro el año ni mucho menos. ¡Dejémosle vivir!
Hay un recuerdo fastidioso de este personaje que acude a mi memoria con frecuencia, y es una de esas raras conversaciones, atrapadas de casualidad, donde le escuché a esta personita sofisticada decirle a otra de «las urracas» que en cuanto se casara se llevaba a vivir con ella a la «manejadora» de su mamá. Con «manejadora» quería decir «la criada» de la casa de su mama, ella no iba a lavar y planchar la ropa de su marido.
La memoria es como esa hormiga escarbadora incansable, abre su camino, se arrastra hasta su deseado alimento, lo empuja con esa insensatez absurda, una y otra vez, hasta llevarlo a aquel oscuro agujero donde tantas otras arrastran lo mismo, lo suyo. Tan joven, tan poco agraciada, tan despreciativa de los valores comunistas, sembrada en un hogar de la nomenklatura del régimen, portadora de un carnet ideológico, de una ideología y pensamiento – se supone, verán que de estos personajes es todo, absolutamente todo, suposición, disimulo –, estudiando en una facultad que, en un pasado glorioso, fue la facultad de medicina, hoy de números e integrales, este retoño académico de esa élite castrista que «despreciaba» el consumismo no podía vivir sin criada – «manejadora» era su nomenclatura socialista para lo que todos conocemos como «criada» (por cierto, no siento ningún menosprecio por ese empleo, tan decoroso o más, que el de sus empleadores) –, no conocía el democrático autobús denominado «guagua» en Cuba, no le dirigía la palabra a sus masculinos diminutos correligionarios de estudio, había elegido por selección natural su club de amistades de élite, su relación sexual-amorosa-espiritual como marido.  Yo aun sigo preguntándome qué había de comunismo y socialismo en todo esto.
El tercer componente era una rubia platinada. Unos ojos azules preciosos, una figura escultural de modelo de revista de moda, propia de aparecer en «Vanity Fair». Labios perfectos, dentadura bien cuidada, caminar de gacela y un olor a perfume francés que envolvía los pasillos, el patio de laureles, las hojas, los libros, el asiento donde posaba su grácil cuerpo para escuchar las mismas lecturas académicas que este mortal debía oír. Era la muchacha más hermosa de nuestro curso, y ella lo sabía, y actuaba a cambio. ¡Intocable! Por bella y por hija de un general del ejército.
El cuarto elemento era, entonces, aquel que hablé al principio. Esta mujer joven, ni bonita ni fea, ni inteligente ni tonta, con clara conciencia de quién era, qué posición ocupaba en la escalera social de mi país, qué podía hacer, de qué y quién podía encapricharse y por cuánto tiempo, qué ropa vestir, de qué ostentar, qué vocabulario modular. Tenía una letra bonita, una buena ortografía, y una excelente voz de mezzo-soprano. El librero que su padre tenía en aquel apartamento en el Nuevo Vedado albergaba libros que la élite ortodoxa no perdonaba su lectura o permitía publicar. Allí estaban, bien encuadernados en ediciones de lujo, algunos en el vistoso cuero, parecían no estar allí para ser leídos sino solo para ser contemplados por algunos seleccionados ojos. Los mios fueron solo un desgraciado accidente.
Desde fuera el edificio era como uno de tantos a los que nos había acostumbrado la arquitectura estalinista cubana. Rectangulares, balcones estrechos, comprimidos en esos elementos prefabricados de cemento que tanto conocemos, pero un edificio concebido para la nomenklatura oficial: tres pisos, tres apartamentos, tres familias oficiales. En su caso, ella y sus padres en el primer piso. En el segundo sus abuelos, que ya no eran «oficiales» del gobierno según los estándares, pero lo habían sido. En el tercero el hermano de su padre, también en la élite gubernamental, pero no en el servicio diplomático sino en el «Palacio de Gobierno», ya saben, aquel edificio rectangular detrás del Martí de mármol de aquella plaza.
Para un joven que nunca había conocido las comodidades modernas, que a veces tenía que caminar a pie la distancia entre su casa y la Colina Universitaria con un viejo pantalón blanco confeccionado en casa, o alguna otra cotidiana realidad cubana, visitar un apartamento que, en cualquier otro lugar hubiera sido solo algo muy ordinario, solo que con todas las facilidades que debería tener una vida moderna, aquella casa era «un lujo» nunca visto. Mis ojos eran como los de esos peces en las peceras de los acuarios de las grandes ciudades, planos, redondos, sorprendidos.
Visto a la altura de hoy nada puede llamarse de esa forma, pero para la Cuba en que yo vivía encontrar electrodomésticos japoneses, cocina de gas de encendido automático, cristalería de Venecia, algunas estatuillas de mal gusto pero caras de «Shadro», o vajilla inglesa de porcelana, acompañada de quesos alemanes, aceitunas italianas y un pan blanco de corteza, fresco y bien horneado, era un «consumismo burgués» intolerable para el comunismo cubano.
Pero esta era la Cuba del consumismo que no era consumista. La Cuba que condenaba el capitalismo en congresos, reuniones partidistas y escritos encendidos en los diarios en circulación. La Cuba que nunca aparecía en el «Granma».
Para esa Cuba no existía la sociedad de estas «urracas». La Cuba de las «manejadoras» para parejas de recién casados, que ya tendrían casa donde vivir , y no necesitaban imperiosamente una plancha eléctrica, ¡ah!, y no querían plancharle la ropa al marido. La Cuba de los «Ladas» destartalados para la hija del empleado del servicio exterior, que estudiaba en la misma facultad que este mortal, que tenía que luchar por «la guagua» si la podía capturarla, o si no ir a pie hasta la colina imponente, al final de Neptuno, dios del mar y los océanos. La Cuba de los jeans de marca, los zapatos consumistas occidentales, los perfumes franceses, el buen pan y también su vino.
Esa misma Cuba había expulsado estudiantes por el pelo largo, por esos mismos jeans en cinturas obreras, por abalorios y fetiches consumistas. Lo habían catalogado en el lenguaje oficial como «diversionismo ideológico», pero a ninguno de estas jóvenes la habían excluido de esos mismos centros de estudios. Yo no he encontrado mas ortodoxia, extrema ortodoxia, que en las mismas aulas de la élite castrista, en sus mismos órganos políticos y de gobierno. Condenan tan rabiosamente cualquier tipo de liberalidad en el mundo externo a su vida personal como mismo cometen la mas rabiosa alevosía contra sus predicamentos en el corazón de sus hogares y círculos de amistades.
Parecen una iglesia, se comportan mas celosos que una religión, aterrorizan y predican peor que aquel fraile desventurado de la edad media, Girolamo Savonarola, que aterrorizaba con sus sermones incendiarios a la vieja y culta Florencia. Solo que aquel levantaba la ira popular contra los amos ricos de la ciudad italiana. Estos levantaban la ira, también curiosamente popular, contra los mismos pobres, contra la masa inmensa de la Cuba silenciosa, de la Cuba que no era de esa «élite de urracas».
Vale decir que no me sentí a gusto en aquella casa, entre aquellas gentes. Por primera vez, a la vista de tanta maravilla tecnológica para mejorar la vida humana, me sentí incómodo, fuera de lugar. Era un mundo verdaderamente consumista. La propia ortodoxia castrista había hecho de la mentira, lo oculto, la simulación y el engaño un consumismo de lo que era sencillamente una vida normal en cualquier otra parte.
Pero, ¿cuál era el pecado de servir una buena mesa, de comprar un buen perfume o de tener una decente cocina de gas donde poder cocinar una buena comida caliente y confortable?
El pecado no estaba en la comida, ni en los abalorios, ni en la marca del fogón o el jean conque el anfitrión nos cocinaba el plato para la ocasión, tampoco en el perfume que pude oler cuando le dí un beso a aquella muchacha de pelo largo, su mismo carmín era de una marca que no todas las cubanas podían comprar en alguna tienda de La Habana. 
El pecado estaba en el engaño. El consumismo es un engaño, no importa el lugar, la ocasión, el planeta o la ideología. Cuba hoy es, tal vez, mas consumista que la propia Norteamérica, a pesar de que en este mundo occidental nos inunda la propaganda comercial, los anuncios en la televisión y en los diarios. 
En La Habana no existe nada de eso y, sin embargo, el submundo consumista ha inundado desde las élites hasta el rincón más pobre de nuestra alargada isla. Recuerdo mi mirada asombrada del refrigerador «Sanyo» en una choza de cartón y tablas que una vez vi, al lado de una cama desfondada, en el barrio marginal de «El Palenque», en plena Habana a pocos metros del Hospital Ortopédico Nacional, y también la videocasetera de la misma marca, y su respectivo televisor a color. Esos mismos aditamentos del consumismo occidental los descubrí, por primera vez, en aquella casa del Nuevo Vedado, con esos anfitriones de la élite poderosa que, en una muy corta ocasión, me dejaron ver el interior de sus vidas, descubrir todo ese manto de simulación, silencio e ilegalidad.
Después de aquella ocasión pude contactar que, lo que podía ser un excepción era sencillamente una regla. Los rasgos de corrupción que condenaba Castro en sus discursos públicos eran los mismos de su familia, de sus empleados gubernamentales, de los que le servían, le ordenaban sus libros y papeles, le abrían las puertas de sus autos «Mercedes Benz», sus hijos y nietos, sus oficiales y ministros, sus consejeros y representantes en el extranjero.
En la facultad le decíamos a ese pequeño club «las urracas». No estábamos equivocados, lo son. Como su similar en el reino de las aves, estas humanas han robado a la sociedad cubana de lo esencial: la honradez.
Hoy Cuba es precisamente eso, un nido de urracas. Cada quien trata de robar mas a cualquier otro y todos al gobierno, que les roba en viceversa. Esencialmente, se roban a sí mismos.
Nota aparte sobre los consumismos
A diferencia de muchas personas que creen que el consumismo es solo una cuestión de «consumo» de objetos, prendas, artículos materiales, ropa y efectos eléctricos, muy ligados, últimamente al impacto de la tecnología, yo pienso que esta mas allá de todo eso. Hay también un consumismo espiritual, de personas y personajillos, de relaciones y celebridades, un consumismo mas esotérico, menos evidente, pero que no es privativo de las sociedades de consumos sino también de aquellos lugares donde, supuestamente, por ideologías, religiosidad y tabúes, los estamentos políticos y sociales imponen moralidad, censura y comportamientos de grupos.
En Cuba, por más de cincuenta años aislada del mundo, por políticas internas y políticas externas, creció ese consumo de lo extranjero exponencialmente. Nos convertimos en ese tipo de «encantador de serpientes» que, con el dulce sonido de la delicada flauta, adormece a cuanto visitante y turista nos cae en la cesta. ¡Cuán especialmente con celebridades!
Y esto ocurre a todos los niveles. Desde el chancletero miembro de uno de esos solares habaneros, hasta el miembro «ilustre» de la realeza política del país.
Pero, incluso a estos, no es difícil descubrirle en sus viajes políticos por el extranjero el culto difundido a la «jabita consumista». Me ha tocado verlos, y he sufrido, personalmente, cuando de buena fe he viajado a Cuba y he tratado de llevar ropa, calzado, cualquier tipo de prenda necesaria para la vida cotidiana.
No con amarga sorpresa he sorprendido a parientes sorteando de la ropa y artículos que les he llevado para «descubrir» aquellos de marca, y despreciar otros a pesar de su utilidad. O la mirada de «águila» extasiada del joven primo que, desde lejos, comprueba la marca del reloj que he tenido la ocasión de tener en mi muñeca, o el desprecio de la máquina de afeitar eléctrica que le ofrezco de regalo al vecino, ¡es la mía propia!, porque no es "Philips".
Yo mismo no compro un artículo por su moda sino por su utilidad, pero esta trascendencia de utilidad se rinde a la intrascendencia de la marca entre los jóvenes cubanos. Es una juventud «de marca» más que de utilidad.
Es que, sencillamente, las políticas de austeridad, todas, provocan la expansión subterránea de los consumismos, todos.