Friday, December 4, 2015

Las putas de James Deen

No iba a escribir, en realidad tengo cosas más importantes que hacer que dedicarle tiempo y esfuerzos de escritura a algo que se torna ya banal. La liturgia medradora en que se ha hundido la administración norteamericana es, sencillamente, una estupidez. Cuesta creer que a la altura de las circunstancias en San Bernardino y después de tantas muertes, tanta perfidia, tantas municiones y fusiles de combate hallados en la camioneta negra y en el lugar donde vivían los asesinos, de su natural identidad, de sus contactos con terroristas, un presidente de ese país todavía dude en catalogar a la masacre en ese lugar como un acto terrorista.
Y todavía más, apellidarle «doméstico», como si los que cometieron el de París fueran «importados», «internacionalistas».
Por Dios, ¡que estupidez!
Por todo esto, y muchas cosas más, no me sorprende que el señor Alex Lee, secretario adjunto para el hemisferio occidental del Departamento de Estado, se agregue a la lista mediocre de los que «hacen literatura» política de putas al mas banal y mediocre estilo de la señora E.L. James. Vamos, si al menos fuera un coherente seguidor de Sade, o un paródico en su lucidez lúdrica como lo fue el poeta francés Apollinaire, se le podría perdonar.
A veces se hace más literatura, de la mala por supuesto, haciendo política de estado que escribiendo uno de esos libritos sadolibidinosos que vende muy bien la señora James, donde un hedonista multimillonario se pasa casi todo el tiempo del libro observando al mundo desde el ojo circunspecto de su verga, para complacencia de amas de casas desesperadas.
Quizás la literatura que escribe el señor Lee se parezca en mucho a esa del hedonista Christian Grey de la británica James, derramando su simiente infértil en las bondadosas curvas de la sabrosa Culculine d’Ancóne. ¿O tal vez sea más coherente decir que es la autoconfesión del  hospodar rumano Mony Vibescu que describe el innombrado autor Apollinaire en «Las once mil vergas»?
No, no tengo otra forma de describir las declaraciones de ese «adjunto señor» que acudir al famoso poeta francés, no en su poesía, sino en la escritura de ese paródico compendio de todos los motivos eróticos de la literatura universal tratado en forma de parodia. Es que al pobre tipo le dieron la infeliz tarea de regalar declaraciones sobre las posibles y últimas negociaciones con la dictadura cubana, especificamente los futuros regalos que la administración de Obama piensa  ofrecer sobre aviación civil a la dictadura más longeva del continente.
Los aviones de Cubana desde hace un decenio ya cruzan los cielos americanos, pero no pueden tocar su suelo en tanto en cuanto pueden ser requisados como pago a las expropiaciones onerosas ejecutadas por la dictadura castrista por allá por los sesenta. Es una de las tantas premisas que el gobierno de Castro, y no Cuba, vamos a dejar bien claro esto, tiene que cumplir para garantizar la normalidad en sus relaciones, no solo con su vecino del norte, que fue uno de los afectados, sino también con sus ciudadanos originarios, los cubanos dueños de companias y propiedades robadas con la ilegalidad de aquel golpe de estado.
Pero como a veces escribir de putas y coñazos suena demasiado ligero, corrido de mano y de otras partes eréctiles, el señor adjunto del Hemisferio Lee del Estado de ese Departamento declaró que el Gobierno de los Estados Unidos está muy dispuesto a que la aerolínea estatal castrista «Cubana de Aviación» adopte un esquema de propiedad compartida que impida la incautación de sus aeronaves si tocan territorio estadounidense. En sus palabras:
"La solución a corto plazo es tal vez un acuerdo de propiedad compartida que beneficie a Cubana"
Lo escatológico y repugnante del asunto no son las declaraciones surrealistas de Lee que, ya les digo, se parecen demasiado a las conversaciones libidinosas del príncipe rumano en el libro anónimo del francés, ni tampoco lo triviales que parecen ser en el contexto actual de la política obamista sobre Cuba, lo realmente inconcebible es que este sibarita de la asexualidad política le preste el pobre favor a su propio gobierno, a las víctimas del robo castrense, a los cubanos exiliados de aquellos ladrones y a todo el pueblo americano,  y le comience a encontrar soluciones presidenciales a una ilegalidad jurídica, y desde los mismos departamentos que ordenan las relaciones internacionales de la Casa Blanca.
Es trágica esta suerte de prostitución del intelecto, tenura filípica de un masoquismo político hacia una dictadura que ya ni puede usar su verga herética y exhibe sus harapos misantrópicos como las prebendas de recambio perdidas en un holocausto humano del que ha sido ella misma su causante.
A todo esto, sin embargo, lo que me trae a colación las declaraciones del señor Lee es a las inculpaciones de cuatro putas del mundo de la pornografía californiana contra un puto semental llamado James Deen, o ese es su alias de estrella de las vergas y los coñazos.
Nunca he sido consumidor de pronografía. Vamos, no soy puritano, pasé por la adolescencia con la misma curiosidad sexual de cada joven normal a esa edad en que todas las partes de nuestra geografía masculina reverbera hormonas y deseos,y  vi algún que otro corto, o alguna que otra revista agazapada entre las que podían escabullirse de la puritana verdeolivo censura. No hay nada insano en ver algún video y disfrutarlo, la insanidad está en vivir del voyeurismo cotidiano de la pornografía y convertir la experiencia sexual humana expresamente en el consumo de ese cine.
Por todo eso cuando comencé a leer en los reportes de prensa que James Deen era acusado por una puta del cine porno, y después otra, y se le sumaron cuatro, y alguna exconyugue de la industria de las penetraciones genitales lo acusó de violación, pensé que el tal Deen era otro de los senadores o congresistas o alcaldes neoyorquinos, ido de putas, regocijado con coñazos y penetraciones.
Pero, ¡no!, resultó ser un puto semental de la industria del cine porno, y con una base de fanáticas que lo arrastra a la popularidad y a la fama. Estrellato de la verga, ¡vamos! En serio, a veces es aleccionador leer lo que este tipo de personas comparte en las redes, declara a la prensa y a los medios y se hace famoso y recibe cientos de retweets. Por ejemplo, este tweet lo publicó el 26 de Noviembre, en la misma antesala de «las violaciones putanas»:
“¿ Las mujeres sienten lo mismo por los cojones  como lo que los tíos sienten acerca de las tetas?”
Una pregunta de un profundo contenido filosófico humano, ¿no cree, señor Lee? Al menos no interfiere con el robo de propiedades ajenas, ni con la falta de libertades ciudadanas de todo un pueblo, ni con los deseos de huir de un país por falta de un futuro para sus jóvenes miembros.
Pero no es de eso de lo que se trata. Lo verdaderamente cómico del caso de Deen con sus cuatro putas y su exesposa-puta-estrella-de-coñazos-y-vergazos es que ahora, después de años, y después de no sé cuántas penetraciones cinematográficas, luego que todos los orificios imaginados, y no imaginados, de estas desmelenadas enfermeras de cuanto solitario cazador de sexo y deseo hayan sido frecuentados por vergas, dildos, Blancanieves y banda de enanitos en cuero y con las manos en los bolsillos, es ahora cuando vienen a acusarlo de violación, de cogeduras y apelotonamientos genitales.
Bueno, ¿y no es de eso de lo que se trata en tantos videos porno?
Ah, y el detalle mejor, no acuden a las cortes sino a la confesión de Twitter. Vamos, como el señor Lee.:
“Mister Castro, tenemos embargo, pero si pasan por casita le dejamos el coñazo a disposición de compartir su vieja verga herética. Como compromiso darnos una felación Cubana en cualquier aeropuerto si compartimos las «once mil vergas».”
Vamos, que hasta las putas de Deen con video, enanitos y dildos de visitadores libidinosos tienen más crédito porque no embargan nada mas allá de sus cinturas. James Deen solo tiene el talento que le carga sus cojones, no se le sube el intelecto a mayor estatura del estirón cuando copula cinematográficamente sus putas y su cerebro descanza a la altura de su glande, con lo cual puede remplazar su foto de identidad con la del miembro más prominente de su cuerpo. Es una prostitución de vergas, cojones y coñazos que no compromete la poca inteligencia que le resta después de su corrida, ni tampoco su honradez como ciudadano mediocre de una sociedad porno en California. Puro semental.
El caso de Lee es más complicado y vergonzoso. No compromete su sexo, pero sí su conciencia. No desvirga impudorosamente ningún coño, pero compromete la virtud y el futuro del país que representa, no está de balde recordarlo, el sueño de muchos cubanos que huyen para acogerse al sur de esa gran nación, y algunos tal vez muy cercanos al vecindario californiano de las putas del señor Deen, como tributo al sacrificio de su esfuerzo en el escape.
Que una puta se abra de piernas, un semental eyacule su intelecto sexual y «trepemil» video-productores pornográficos hagan la crónica de la gozadera francesa en California no provoca ninguna tragedia social, ningún compromiso político, ninguna desverguenza de gobierno. Pero que un secretario del adjunto hemisferio occidental de un Departamento de Estado trafique con sus leyes, las burle, o sirva de instrumento para su burla con el enemigo, con el mismo enemigo que le robó las propiedades a sus soberanos ciudadanos, y con el mismo solaz conque las putas trafican con su sexo y como James Deen trafica con su verga, es una de las más vergonzosas violaciones políticas a la integridad de una nación como lo ha sido América.
Y así se me antoja que Alex Lee pudiera presentarse, en esa misma conferencia de prensa donde hizo sus desfallecidas lúdricas confesiones, como una de las meretrices famosas de Apollinare en su pecaminoso librito:
“Yo soy Culculine d”Ancóne, tengo diecinueve años [aquí tendría que utilizar muchos afeites el señor Lee para alcanzar la frescura de la francesa], ya he vaciado los testículos de diez hombres excepcionales en las relaciones amorosas [¿estaría Fidel Castro entre uno de ellos?], y la bolsa de quince millonarios [definitivamente Fanjul].” 

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