Tuesday, December 15, 2015

El regreso de las estrellas

La foto resume toda la historia de nuestro país. Yasiel Puig, jardinero de los Doggers, abraza a su antiguo entrenador cubano, Juan Arechavaleta, al llegar hoy a Cuba «gracias» a un permiso especial de Raúl Castro, junto con un grupo de peloteros de las Grandes Ligas para sostener encuentros de entrenamiento con sus «homólogos» cubanos.
¡¿Quién lo diría?!
Puig huyó de Cuba hacia México a través de contrabandistas en el año 2012 para luego cruzar la frontera de los Estados Unidos, el hogar natural de todos los peloteros cubanos que sueñan hacer su carrera en las Grandes Ligas. Es el sueño cubano-americano, el sueño de cada niño que se convierte en joven y crece hasta querer tener un  futuro brillante en América. La juventud cubana sueña con América, no con Cuba. Por ese mismo sueño están atascados casi seis mil cubanos en Costa Rica.
Pero para que Yasiel pudiera regresar, el dictador cubano tuvo que otorgarle un «permiso especial».
Vamos, es como si el vecino grosero de tu propia madre, ese que se pasa toda tu vida obscenamente echándote la basura en tu puerta, ofendiéndote con sus palabrotas y sus desverguenzas, el que te acusa de «gusano» y delincuente, el mismo que acude a la policia por cualquier motivo irracional, solo por la mala leche de joder tu vida, el diario decursar de tu hogar y de tu familia, ese que cotidianamente te vigila, trata de averiguar de qué vives, cómo vives, qué comes y qué dejas de comer, adónde vas, quiénes te visitan, dónde trabajas y por qué y, para culminar su carrera de degenerado social, te acosa en el trabajo para que no puedas ni siquiera tener la imprescindible y necesaria fuente con que sostener tu casa, tu familia, tu propia madre, te repito, como si ese mismo grandísimo señor hijo-de-la-gran-puta te diera permiso para poder entrar A TU CASA.
Bueno, ellos se creen que Cuba es solo su casa, de nadie más. Y por eso Yasiel Puig solo pudo regresar a Cuba «gracias» al permiso especial de ese grandísimo sinverguenza que controla la puerta de la casa de tu madre.
Pero más allá de estas minucias se esconde la historia de esta foto. Porque Puig es el resultado de Arechavaleta, su exentrenador. Y es realmente gratificante ver que los dos se abrazan y el pupilo agradece a ese hombre lo que hoy él mismo es, un gran pelotero de las Grandes Ligas.
En Cuba ha habido y hay muchos Arechavaleta. Hombres que han entregado su vida a entrenar a jóvenes que se han convertido en estrellas, fugaces unos para terminar como Stevenson, vendiendo pizzas para sobrevivir en su casa los años últimos de su vida, y otros como Yasiel, que se marchan porque no están dispuestos a sobrevivir como Stevenson, viendo correr sus años útiles como simples tuercas ideológicas para otros.
Los Arechavaletas ven crecer a sus estrellas con su haz de luz, mientras la suya propia se apaga, desapareciendo en el anonimato y, en la mayoría de los casos, en el olvido de los que los emplearon para servir la maquinaria engrasada de sus personales poderes y caprichos.
Y es que los sueños de los cubanos, de estos peloteros que hoy regresan y de otros cientos como ellos, comienzan en Cuba y terminan en los Estados Unidos. Cursan los mismos caminos de Yasiel, porque aún sigue existiendo este vecino indecente, que le otorgó a Yasiel y a los otros su «permiso especial», por simple conveniencia hoy, pero que le sigue cerrando las puertas a las nuevas estrellas del deporte cubano para que surjan y se realicen en Cuba, y no tengan que huir con contrabandistas hacia México para cruzar la frontera hacia su sueño americano.
Los cubanos desearíamos que nuestro sueño fuera cubano, pero para que eso ocurra tiene que desaparecer aquellos que siguen imponiendo «permisos especiales» para lograr el sueño.
Al final siempre queda una gran pregunta. ¿Qué estará pensando, y diciendo, el dictador mayor hoy, al leer estas noticias, mirar estas fotos, al ver como los «esclavos ideológicos» de ayer regresan siendo grandes estrellas, firmando autógrafos y uniformes a seguidores, constituyendo hoy el sueño de otros miles que los ven regresar y quisieran también ser ellos los que tengan ese regreso luminoso?
Hubo el día en que el mismo beisbol dejó de ser de Cuba para convertirse en patrimonio exclusivo de los que imponen especiales «permisos». Para eso impusieron sus leyes, por eso hoy estas estrellas tuvieron  que solicitar el «permiso especial» para visitar SU PROPIA CASA.
Desafortunadamente para Cuba y los cubanos, como todo lo que el «rey Midas» tocó, hoy el beisbol en Castro – tenemos que acabarnos de dar cuenta que Cuba no existe, que lo que existe es Castro, y así tenemos que seguir llamando a esta isla virtual enclavada provisionalmente en el Caribe – se ha convertido en barro. Todas las grandes figuras siguen marchándose, de cualquier forma, como Yasiel, para algún otro día también regresar, siendo estrellas de esas mismas Ligas Mayores con su «permiso especial».
Mi único deseo personal para esos «otros Yasiel» es que para entonces no tengan que solicitar ningún permiso, y mucho menos que sea «especial». Para entonces, y para todos los cubanos, lo especial sería la partida definitiva de los que hoy aún se creen con derechos de expedir esos «permisos».
Algún día sucederá.
Mientras, ¡Bienvenido a Castro, Yasiel!
Espero no tengas que acudir al «besamanos» de la bestia.

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