Sunday, December 13, 2015

Bachata Optimista

Acostumbramos a poner etiquetas a todo. Movimientos sociales, derrotas políticas, o victorias electorales, «revoluciones de bolsillo» manufacturadas por desastres económicos o dictaduras sangrientas que corrompieron partidos políticos, derrumbes ideológicos y crisis de religiones estatalizadas.
Vivimos en el mundo pegando etiquetas a personas, artistas, políticos, celebridades cuyo único talento es enseñar el largo trasero en Instagram, cualquier cosa. Esta vez le tocó a Carlos Alberto Montaner engancharle el «sanbenito» a lo ocurrido en Venezuela, Argentina y Guatemala.
Siento ser de los pocos que no sigue esa corriente, el coro de bailaores optimistas ante la bachata rosa del momento. Yo no veo el surgimiento de ninguna «Primavera Latinoamericana» en este continente, tal como Montaner acaba de etiquetar el momento. Más bien una «Primavera de Praga» latinoamericana.
Busquen qué ocurrió en Praga en aquel 1968 y sabrán qué es lo que quiero decir.
Que un comediante haya ganado en Guatemala ante la crisis de la izquierda. Que un ingeniero civil de éxito, fuera de todo el espectro del peronismo y del kirchnerismo, haya ganado las elecciones en Argentina, y solo por un estrecho margen. Que las elecciones parlamentarias en Venezuela hayan acabado con la mayoría chavista y terminado de instalar un Parlamento Opositor abrumador. Que haya sucedido todo eso no significa que estemos en una «primavera». A no ser la «de Praga».
Tanto en Argentina como en Guatemala el signo que hundió el barco de la supuesta izquierda fue la corrupción. Cristina Fernández se fue de la «Casa Rosada» no solo con sus joyas y 100 millones en su cartera, hasta con la cuenta de Twitter del gobierno argentino y con la amenaza de hacer miseria la presidencia de Macri. ¿Se le olvida esto mi muy estimado, Carlos Alberto?
En Guatemala Jimmy Morales hizo sucumbir a Sandra Torres por las mismas causas, corrupción. ¿Y qué diremos de Venezuela?
Sobrinos de la primera dama, parientes, oficiales de gobierno, y hasta el presidente del parlamento chavista están salpicados de narcotráfico, y el muy fulgurante General Padrino, que en estos días gana estatura de héroe, también está salpicado del mismo síntoma.
¿Significa eso que caerá Evo Morales, Rafael Correa y Daniel Ortega?
Entonces, ¿cómo interpretar la caída de Martinelli en Panamá por Juan Carlos Varela, que fue su Ministro de Relaciones Exteriores hasta el 2011? El propio Martinelli está acusado de corrupción y hoy ha sido declarado en desacato ante la justicia, algunos alegan que es una venganza política. Puede serlo.
Tanto en Nicaragua, como en Bolivia y Ecuador se arregla la constitución para la reelección indefinida, siguiendo el precedente de Venezuela. Y al parecer seguirán por ese camino, no hay signos evidentes de que lo contrario ocurra.
Lo que fue de la «revolución sandinista» en Nicaragua y de la «revolución indigenista» en Bolivia ya nadie lo cuenta, pasó a la memoria de reescritura de la izquierda. El caso de Correa parece acercarse mucho más al tipo de personalidad de Castro. Tiene todos los ingredientes. Saque conclusiones a cambio.
¿Y en Venezuela?
Bueno, digámoslo de una vez. El mayor peligro de lo ocurrido en Venezuela no es el chavismo, sino la propia oposición, la MUD. Podemos encontrar los signos del peligro si leemos entre renglones de las dedclaraciones de los principales cabezas de esa «mesa de unidad».
Capriles ya habló de su esperanza presidencial. El «eterno candidato» no deja de soñar con la presidencia, y ya dijo «estar preparado». Usted saque sus propias conclusiones también aquí. Yo solo le digo esto, Capriles sería una desgracia para una Venezuela en transición de un sistema al estilo cubano hacia la democracia. En cambio, sería un modesto presidente en tiempos de democracia y estabilidad política. No quiereo decirlo todo ahora, en algún momento lo diré.
Hoy mismo en una entrevista que publica «ProDavinci» Borges, que ha ganado el 68% de la simpatía para ser el próximo presidente del parlamento venezolano opositor, ya ha asegurado que «La Salida» fue un error y es hora de pasarle la cuenta. Ni menciona a Leopoldo López. (¿?)
Nadie menciona quitar a Maduro, lo cual, al parecer, estaámás allá de las posibilidades de la mayoría alcanzada por la MUD en el parlamento. Creo que hacen bien porque a Maduro hay que desgastarlo al punto de que lleve al chavismo a su extinción. ¡Nada menos! Pero cuando usted mira los devaneos de algunos de los componentes políticos de la MUD lo primero que le asalta a la mente es la duda de que el balance de fuerzas se mantenga estable por demasiado tiempo, y ya comienzan a haber resquebrajaduras.
Elegir a Borges presidente del parlamento sería un gran error, y yo me inclino más por Henry Ramos Allup. En mi beneficio acudo a Nelson Bocaranda, quien dijo del muy vocal político:
“Para un gobierno abusador, alguien con sobrado burdel político”
Muy cierto.
Pero las cosas en Venezuela están muy lejos de tocar el punto de ser una «primavera latinoamericana». Lo más esencial que tendría que ocurrir para que de verdad existiera esa «primavera» es algo que esta a años luz de suceder: la transformación democrática de Cuba.
Dejémonos de soñar. Lo que está ocurriendo en Cuba es la acreditación a perpetuidad de la dictadura por parte del «establishment» político internacional, con la apertura de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. Y también el económico, con las negociaciones y el condonamiento de las deudas castristas con el Club de París. Con lo último llegan definitivamente las aspiraciones de crédito financiero que tanto necesita el gobierno castrista. Lo cual puede poner en una gran ventaja a ese gobierno de frente a las negociaciones del litigio de las expropiaciones realizadas por la dictadura a inicios de los sesenta.
Con el embargo en un tilín, a merced de las elecciones presidenciales norteamericanas. Literalmente. Lo que sucede en la isla es la prolongación del «postotalitarismo», como lo sentenció Vacláv Havel en «El poder de los sin poder».
Para los que no han leído el muy esclarecedor libro de Havel – se los recomiendo –, les aclaro cuál es su definición de «postotalitarismo», no vaya a ser que se les trabe el lenguaje en sus conciencias: un régimen construido en la mentira colectiva, cuya coartada es un elaborado ordenamiento jurídico y social, con un aparato represivo temible y temido.
Mientras la antesala de cualquier «primavera» siga siendo la misma, el postotalitarismo cubano, no habrá un verdadero cambio de fuerzas en Latinoamérica. Dejémonos de cantar victorias, etiquetar fenómenos parciales y sucesos electorales momentáneos con la melodía romántica bachatista del optimismo desmesurado. No conduce a nada, por lo contrario, nos lleva al callejón sin salida de los paradigmas del Socialismo del siglo XXI.
En Argentina los Kirchner de Cristina le harán la vida imposible a Macri, saben que se juegan la vida con el nuevo flamante presidente. Guatemala, digámoslo con claridad aunque moleste, no cuenta mucho para el balance político de este continente. Venezuela, bueno, ¡ese sí es un pez gordo!, es la banca de toda la inestabilidad política castrista de este continente y de otras partes del mundo. ¿Es que ustedes creen que el castrismo se la dejará quitar con tanta facilidad? Realmente, ¿lo siguen creyendo?
El populismo y sus consecuencias no cesarán hasta que caiga totalmente el chavismo, de una vez por todas, o deje de existir el postotalitarismo cubano.
Cualquiera de las dos variantes es dificil que suceda… de momento.

1 comments:

Mario Riva said...

Coincidimos en casi todo. Montaner no estuvo muy lúcido en su artículo. Algunos amigos preguntaron por mi opinión y dije que era muy pronto para opinar. Tenemos que dar tiempo al tiempo y ver como se desenvuelven los acontecimentos.