Saturday, December 19, 2015

17D

Las sociedades totalitarias son como cuerpos anestesiados, entumecidos por golpes. Parecen dormir, ofrecen el paisaje asombroso de la unicidad en sus comportamientos y del cosmopolitismo más insólito: todas se parecen, todas logran alcanzar la similitud que las hace convertir en el repetitivo paradigma de la indiferencia.
Al régimen instaurado en Cuba, alejado geograficamente de la tutela soviética,  lo preservo más que su estoicidad, su lejanía de la Rusia comunista. Consecuencia de esta geopolitica de lejanía, el castrismo no sufrió del «efecto dominó» que enfrentaron los países de Europa del Este. El autoaislamiento cubano recogió los frutos de su alienación del mundo socialista, y también del mundo democrático. Se enquistó.
Cuba no fue solo el frente de hostilidades entre el Este soviético de Europa y el Oeste democrático, entre las dos grandes potencias de la «guerra fría», Estados Unidos y la Unión Soviética, también lo fue entre el Oeste Europeo democrático conformado por la Unión Europea, y especialmente España, y el gobierno de los Estados Unidos. Entre todos ellos, Canadá constituyó la pieza entrometida en el juego aislacionista de Washington. Nunca se sumó, nunca abandonó su presencia en la isla, nunca compartió el paradigma impuesto por la política de la Casa Blanca.
Ottawa, tal vez por primera vez en su historia, no secundó a Washington y sirvió de premisa a Europa en su asalto a Cuba. Si el embargo «no funcionó», si «fue un fracaso» y si la política de aislamiento demostró ser un instrumento disfuncional, se lo tiene que «agradecer» el castrismo, en primer lugar, a la política de Ottawa que instaló las bases para que Europa regresara, con sus maletines de préstamos e inversiones, a La Habana aun cuando soplaban los embates furiosos del embargo.
Así, el 17 de Diciembre, 17D como convenientemente lo conocemos, comenzó desde aquel 1ro de Enero de 1959 cuando el Primer Ministro de Canadá, John George Diefenbaker, profundamente anticomunista, se negó a secundar a Eisenhower rompiendo las relaciones diplomaticas de Canadá con La Habana.
La historia que sigue a Diefenbaker casi todos la conocemos. Europa hizo su festín en Cuba… cuando el castrismo abrió sus fronteras a los hombres de negocios occidentales, en las vísperas del derrumbe soviético del este de Europa.
El 17D viene a ser la consecuencia coherente de la incoherencia política de Europa y Canadá, y de la debilidad de los Estados Unidos en el mundo actual. ¿Qué ha pasado desde entonces?
Tratemos de hacer un pequeño resumen de noticias.
A mi me ayudan mucho las matemáticas. Son tan convenientes. He aquí mi aproximación.
Son tres las variables del 17D. Lo podemos resumir en esta simple ecuación aritmética:
C – (RC + PO) * UE = 17D
donde:
C – es Cuba, entendiédose la sociedad cubana con excepción del castrismo.
RC – el régimen de Raúl Castro, que se resumen en él mismo.
PO – la presidencia norteamericana cuyo rostro es el Presidente Barack Obama
UE – la Union Europa, especialmente el gobierno de España.
Se hace facilmente comprensible saber que el signo de la relación de la parte multiplicativa es negativo. El resultado de las negociaciones entre los gobiernos de Estados Unidos y Cuba, entre Obama y Raúl Castro, representada por la operación (RC + PO), ejecutará una operación aritmética de sustracción a la variable Cuba (C). De la misma forma que el componente Unión Europea (UE) estará siempre relacionada con estas dos variables a través de una operación aritmética multiplicativa con el sustraendo, que es la suma bilateral entre las variables principales del conflicto, RC y PO.
El resultado de la operación (RC + PO) será siempre multiplicado por la variable de la Unión Europea y reforzará el valor de este sustraendo a restar a Cuba, variable C, que es su pueblo.
¿Qué ocurrió entonces en este año entre (RC + PO)?
He aquí un resumen de noticias, sin intentar enunciarlos en el requerido orden.
Apertura de las embajadas de Cuba en Washington y de EEUU en La Habana. Comienzo de viajes de grandes cruceros a Cuba. Acuerdo de aviación civil. Alrededor de 110 vuelos diarios entre Cuba y Estados Unidos. Visita de una comitiva de las Grandes Ligas a La Habana, entre ellos prominentes desertores del beisbol cubano, como Yasiel Puig y Alexis Ramírez. Visita de celebridades como Paris Hilton y Naomi Campbell. Conciertos de artistas norteamericanos. Olga Tanon y Katty Perry en La Habana. Ethan Hawke y Tim Robins visitan Cuba durante Festival e Cine. Reanudación de los servicios postales entre Cuba y Estados Unidos. Presencia de compañias norteamericanas en la Feria de La Habana. Contrato de la compañia de comunicaciones norteamericana IDT con ETECSA. Viajes a la isla de miembros del Congreso de los Estados Unidos, gobernadores y alcades de estados e importantes ciudades de  ese pais. Acercamiento de hombres de grandes hombres de negocios al régimen en la isla. Comienzo de transacciones financieras con la tarjeta de crédto MasterCard.
En la formula, como en la realidad, el valor de PO se maximizó, mientras que el valor de RC se comportó como el de una constante aritmética, alcanzando un valor mínimo. Obama demostró que como negociador, que es lo que siempre es un presidente, es verdaderamente muy malo, a pesar de ser abogado. Muy poco concedió Raúl Castro a las constantes concesiones y privilegios que la parte americana cedió, y esto a pesar de estar Obama «negociando» el valor de su variable con La Habana por más de un año. Saque usted sus propias conclusiones.
Inmediatamente Europa se apresuró a secundar a la Casa Blanca. Retornó el diálogo político con el régimen que se reconvirtió exclusivamente en concesiones financieras, y así el Club de Paris le concedió plazos cómodos al régimen para pagar su deuda, una deuda donde el componente español tiene un valor de privilegio.
Mientras la variable PO guardó el formalismo de «abrir una mesa de diálogo sobre Derechos Humanos», la contraparte europea (UE), sin ningún sonrojo, despejó de su variable todas las condicionantes a esos derechos y le tendió la mano a RC. El humanismo europeo vivió ese día su Waterloo caribeño. Lo que funcionó, evidentemente, fueron los temores europeos ante la amenaza de la caja fuerte crediticia americana. El posible levantamiento del embargo es la principal preocupación unionista europea, no la componente humanitaria cubana, la variable C.
¿Qué queda entonces de la variable C, de Cuba?
Lo que todos conocemos.
Represión. Crisis migratoria de cubanos en Costa Rica, casi 6 mil personas encayadas en ese pequeño país. Protestas en embajada de Ecuador en La Habana por la imposición de visas a cubanos. 2 000 cubanos varados en una comunidad panameña. Constante flujo migratorio ilegal a través de Guatemala, Colombia, México, Aruba, cualquier islas del Caribe próximo. El valor fundamental de C, a pesar de los repetidos pronunciamientos de Washington y Europa sobre los derechos humanos y sobre la represion en Cuba, es la exponenciación del flujo migratorio ilegal de cubanos hacia los Estados Unidos para acogerse a la «Ley de Ajuste», una ley que se escribió y aprobó para proteger refugiados políticos, no simples emigrantes ilegales, y que se ha convertido en la protección al oportunismo y y la indiferencia.
No puedo dejar de decir lo que es obvio. En lo ocurrido el 17D la retórica no ha cambiado, curiosamente, por parte de ninguna de las partes.
Así, por ejemplo, la señora Josefina Vidal no se cansa de repetir de que en el área económico-comercial los resultados del componente PO, las órdenes ejecutivas de Obama para impulsar la formula (RC + PO), apenas son visibles – sigue estando el castrismo insatisfecho. De acuerdo a la variable RC muchas de las medidas aplicadas son «positivas pero tienen un alcance limitado». Y le siguen pidiendo a la contraparte, (PO), que siga ejecutando operaciones ejecutivas para cambiar la situación y poder «ampliar el alcance de las medidas o tomar otras».
Y no se detiene ahí el listado petitorio de RC. Según la ejecutora diplomática de esa variable, tampoco se ha avanzado en «temas esenciales» para una re­lación normal. Digase: «fin del bloqueo», embargo, la devolución de Guantánamo, el financiamiento de la USAID a la sociedad civil cubana, las transmisiones radiales y televisivas, etc.
Lo otro más curioso de las peticiones del componente RC es que, casi de olvido, como si no tuviera ninguna importancia, se pronuncia sobre la existencia de la «Ley de Ajuste Cubano». Saque usted mismo las conclusiones. Y, mucho más curioso, que la misma parte norteamericana, PO, insiste en dejar intacta esa ley. También saque usted las conclusiones.
¿Y de C qué, de los cubanos?
Pues, los cubanos están fuera de la fórmula Castro-Obama (RC +PO). Ambas partes parecen ofrecerles dos posibles soluciones: petitorio espiritual a San Lázaro o emigración ilegal. Y hablo de hechos concretos, no de pronunciamientos políticos que llenan los reportes de prensa y las declaraciones presidenciales. La fórmula (RC +PO) puede ser considerada uno de los éxitos logrados por la administración norteamericana. La realidad es otra y se ríe a carcajadas de los bromistas de la Casa Blanca.
Entonces, ¿de qué ha servido el año transcurrido por el 17D?
La respuesta es simple. Le ha abierto las puertas para la entrega del país al establishment Castro. Ha dado credibilidad a la política raulista de los cambios anestesiados. Esa forma de amaestrar a la sociedad, al país, ha avalado jurídicamente la inevitabilidad de la existencia de ese establishment.
Muchas veces se ha cuestionado la «velocidad» de las reformas en Cuba por parte de periodistas, analistas y metrólogos de la cosmetología política de ciertas élites. Se han enunciado teorías de todo tipo, pero la respuesta puede ser muy sencilla. Para mí es esta.
El raulismo ha conocido los escollos que enfrentó China cuando optó por la apertura económica. Las protestas en Tianamen fueron la expresion social y política a la transformación radical, veloz, a los cambios ocurridos en la esfera socioeconómica de aquel país. Los cambios transcurrieron lo demasiado rápidos como para no poder domesticar con cuidado a la población local de que la única apertura permitida era en la esfera económica, pero que el sistema político era intocable y se mantendría intacto.
El régimen de Cuba anotó entonces la experiencia china en su viejo manual de ritos y, teniendo ya la experiencia natural a la ralentización de todas sus decisiones, se dedicó con voluntarismo mandarín a la labor en la que ha sido un paradigma: la domesticación de la sociedad cubana, que ya lo venía haciendo desde hacia años.
Ha sido un trecho largo. Ha llevado años, generaciones, actitudes y enfrentamientos. Necesitó el largo aislacionismo y la división de la familia cubana para incubar el ADN de la indiferencia y el sopor social. Necesitó de éxodos, organizados o espontáneos, crisis de escapismos y huidas. Necesitó fomentar primero el odio al que se marchaba, para después recibirlo con aprensión, siempre haciendole conocer a los «escapados» de que la cubanía, el sello de pertenencia a Cuba, era solo patrimonio del régimen, y que solo él era la única fuente capaz de garantizar la legitimidad de la pertenencia.
Por supuesto, primero necesitaron desprenderse de los enemigos de clase, ideológicos y políticos. Fue la primera e histórica generación, la fundacional generación del exilio. Necesitaron inculcar bien claro que el abandono era un ticket de ida seguro, pero no de regreso; que solo el regimen tenía la potestad y la «benevolencia» del perdón, y que solo podía ser obtenido con su consentimiento.
Toda sociedad cuenta con dos actitudes frente a los problemas que enfrentan: los que lo eluden y los que lo enfrentan. Los que lo eluden llevan en sí mismos el virus maligno de su amaestramiento, su docilidad. Los que lo enfrentan son los agentes activos del cambio. La misma Europa vivió esta experiencia con las guerras y las enfermedades terribles como la peste. Con la peste, por citar un muy conveniente ejemplo, los que la eludían huyendo de las ciudades invadidas por la enfermedad llevaban consigo el virus transmisor de la epidemia, y se enfermaban ellos mismos y enfermaban su entorno, hasta hacerla propagar por aquellos lugares adonde escapaban. Los que se quedaron sufrieron la muerte, muchos, sí, pero otros sobrevivieron enfrentándola, logrando al final ganar la batalla de la civilización.
Las mismas conclusiones podemos sacar de esa Europa de la este para la Cuba del Castrismo.
La variable C reduce su valor en proporción directa al aumento de la población flotante que escapa de sus fronteras. Y los que huyen, y han huido, llevan consigo, inevitablemente, el germen letal de su docilidad y domesticación. Retornan a Cuba con el permiso secular del régimen por su «buen comportamiento», su silencio. Esa es su primera carta de ciudadanía y lo que hace potenciar exponencialmente la variable RC en la ecuación que tiene como resultado el 17D.
Hoy mismo vemos como los que ayer fueron calificados de «gusanos», «escorias», «vendepatrias», personas compradas por el «dinero mercenario», «apátridas», regresan y hacen las paces con sus antiguos amaestradores. Se muestran risueños, les tienden las manos, los saludan y comparten sus copas.
Algunos pueden decir que así ocurre porque son «millonarios» como los Castros, escapistas que regresaron con los bolsillos llenos. Sí, es cierto, pero regresaron con un «permiso especial» y benévolamente le tendieron la mano a los mismos testaferros de su domesticidad. Ellos mismos están siendo sutiles instrumentos de las próximas generaciones de amaestrados, potenciales emigrantes del bolsillo.
Esencialmente lo que muchos llaman muy convenientemente como «emigración económica» es, en principio, una emigración domesticada. Le llevó al castrismo más de cincuenta años, pero el resultado lo vemos hoy: la cosecha de los que regresan. Este es el resultado más evidente del 17D, y también su consecuencia.
El 17D, además, ha creado la premisa esencial para la acreditación política a un régimen de amaestramiento y docilidad, y es ahí donde está el secreto de la controvertida «velocidad» de las reformas raulistas. Fundamentalmente porque Cuba se dirige hacia una China controlada, donde la clase pudiente, su aristocracia, estará conformada por la claque genética del castrismo y la buriocracia militar de fidelidad vertical y forjada a través de complicidades financieras con el poder que se se marcha por el reloj biológico.
Ayer parecía que los éxodos eran crisis estructurales del sistema cubano. Los éxodos fueron, sí, aliviaderos de posibles crisis sociales. Se iban los «problemáticos» que ya habían sido amaestrados en el arte del retorno domesticado y, a su vez, el aparato burocrático del castrismo se deshacia de los miembros ponzoñosos que le quedaban en sus cárceles y calles. Hasta muy poco tiempo atrás este desalojo ciudadano se practicó, en las últimas generaciones de la disidencia, a través del contubernio con la alta jerarquía de la Iglesia Católica y el gobierno de España. ¿Recuerdan lo que dije sobre la variable UE al principio?
Hoy la administracion Obama puede reclamar públicamente cualquier cosa. Puede decir que el diálogo, el restablecimiento de relaciones, la presencia en Cuba de su embajada, posibilita involucrarse con la sociedad civil cubana. Son la palabras adecuadas a la filosofía del despeje de una variable esencial, la C de Cuba, de los cubanos, de la esencia nacional de un país.
Nada de lo que aleguen para el 17D es cierto.
Primero, ¿de cuál sociedad civil hablan? ¿La que se quiere marchar de Cuba?
Pregúntese primero, ¿a qué contribuye la llegada de los ex-cubanos peloteros de las Grandes Ligas a La Habana? ¿Para qué sirve ese recibimiento achampañado de Yasiel Puig y Alexis Ramírez como héroes del regreso, sí, pero como héroes que estrechan las manos de los que los expulsaron en balsas, y les llamaron «apátridas» y demás lindezas, para ahora recibirlos con aplausos y luego que ellos mismos aceptaran la conveniencia del «permiso especial», del besamanos a sus propios amaestradores?
¿No es esto una actitud servil? ¿Y qué enseña?
Sencillo, enseña que se puede ir, pero hay que permanecer dóciles y domesticados, y regresar concediendo el «besamanos» oficial. Todo esto «gracias» a la bendición del «cambio». Gracias a Obama.
¡Triste record, señor Presidente!
La realidad es otra. En Cuba hoy no se gesta ningún cambio. Se sigue gestando el amaestramiento, la domesticación de su sociedad. Son esas las causas por las que nadie se suma a ningun movimiento político, ni a las marchas de sus disidentes. Las «reformas» raulistas, cualesquiera que aparezcan en el futuro, serán las consecuencias inevitables de que ese proceso se logre, y Cuba se erija en una asiática isla caribeña con políticas mandarinas del este. Una sociedad con límites muy bien dibujados y trazados.
Permisibilidades políticas que pudieran llegar, incluso, y no se sorprenda, a cambios en su parlamento para convertirlo en profesional y acabar de cimentar la institucionalidad del parlamilitarismo raulista. O, incluso, aperturas informacionales, como la estatización del conocido «paquete», que inevitablemente se alineará con las burocracias locales. Los mismos «autores intelectuales» de estas irregularidades informativas no han dejado, convenientemente, de haber recordado de que «no son políticos y que le dejan la política a los políticos».
Dejando aparte el trabalenguas, ¿no es esto una actitud de domesticidad evidente?
Las relaciones comerciales, los vínculos económicos, la condonación de la deuda con el Club de París, los cruceros, el turismo eventual norteamericano, los artistas y sus shows, las visitas de celebridades y políticos, congresistas y hasta la posible de su presidente, solo contribuirá a establecer, acreditar y legalizar la política de domesticación de la sociedad cubana.
Las libertades no se provocan negociando con los poderes que la detentan, sino emponderando a los ciudadanos que padecen su inexistencia. Eso está claro y es por todos conocidos, aun por los mismos políticos que están en las variables PO y UE.
Tiene toda la razón Alexandr Solzhenitsyn cuando decía que si no se castigaba ni se censuraba siquiera  a los malvados, estaríamos haciendo algo más que cuidar su miserable vejez: estaríamos socavando por debajo de las generaciones futuras todas las bases de la Justicia, en mayúsculas.
Y es lo que está ocurriendo en Cuba.
El pacto de Obama con Castro el 17D es un pacto de sacrificio de la justicia para obtener el crédito que la administración norteamericana necesita en la latinoamerica populista. Inevitablemente entonces la visión politica global de lo ocurrido el 17D es un rejuego ideológico retórico para obtener un «lavado de cara» y un ticket ante la latinoamerica cubanizada, de la cual el régimen de Castro es su llave.
De cierta forma toda la izquierda necesita la sobrevivencia de la utopía cubana, para tener el remanso ideológico de sus tesis de clase, aunque sepa concretamente que los principios de su ideología han sido totalmente demolidos en el viejo régimen. Para obtenerlo entonces, el castrismo ha impuesto sus condiciones, y la administración norteamericana ha sucumbido a ellas.
Vacláv Havel afirmaba, en «El poder de los sin poder», que la ideología, como interpretación de la realidad suministrada por el poder, está siempre subordinada al interés de ese poder y tiende intrínsecamente a emanciparse de la realidad, a crear un mundo de «apariencia», a ritualizarse.
Lo que Havel nos dice puede ser muy bien aplicado a las variables de la ecuación del 17D. En la cubana porque, como ya todos conocemos, la ideología castrista ha ritualizado todos los actos sociales y privados de la sociedad cubana, hasta los emigrados seguimos sucumbiendo a esa ritualización de la realidad. En la norteamericana porque es la fórmula cómoda que ha servido a la administración norteamericana para conceder su derrota ante el castrismo.
Por supuesto, ha sido una derrota construída después de muchos años de trabajo de zapa en los círculos académicos, políticos y en la propia maquinaria burocrática del gobierno americano. Y ya no hablo solamente de los «Engage Cuba» o «CubaNow», y mucho menos de todo el lobby político procastrista en el Congreso norteamericano. Hablo más allá, en la esfera netamente ideológica e intelectual de la actual administración, del poder ejecutivo hoy, que hoy ha suministrado, como decía Havel, la interpretación de la realidad que necesita ese poder.
Obama en este sentido es, más que su implementador e instrumento, su intérprete. Un instrumentador o un implementador ejecuta la labor del intelecto ajeno, de algún otro. Obama actúa más como el catalizador consciente de la teocracia del engagement, de su misma ritualización de la realidad.
¿Cambiará algo el futuro?
Solo basta leer el mensaje directo de la señora Josefina Vidal.
"El día que el presidente decida venir a Cuba será bienvenido, pero Cuba siempre ha dicho que no va a negociar cuestiones inherentes al ordenamiento interno del país a cambio de una normalización de relaciones con Washington".
Y con su ordenamiento interno quiere decir, su política de domestizaje interno.
El 17D no tiene un valor positivo para Cuba en la ecuación aritmética del presente y futuro político del pais, porque esencialmente, y gracias a las negociaciones que se anunciaron aquel fatídico día de San Lázaro, el minuendo tiene un valor menor, mucho menor, en la ecuación final que el sustraendo.
¿Me empeño en ser demasiado pesimista?
Quisiera pensar que es solo un empeño personal surgido del conocimiento enlodado por los golpes recibidos en la vida, como los que todo cubano ha recibido. Sépase que no me hace feliz ese empeño, pero como decia Kant, «la felicidad no es un ideal de la razón, sino de la imaginación».

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