Wednesday, November 25, 2015

Tribuna para Gulliver

Estuve pensando en una alternativa a este título, pero entonces pensé que la esencia y mensaje de este post  se identificaba más con «Buscando una señal», mientras el título podría aludir a un escenario más allá de mi intención original. De cualquier forma digámoslo de una vez por todas, la señal que algunos buscan desde la «Tribuna de Gulliver» no la encuentro. Pero persiste el deseo, la ansiedad de algunos medios, cuasi-escribientes, «Gulliveres» del buen deseo y la melcocha nihilista que nos envuelve en ese nuevo «nuevo periodismo cubano», de encontrar intenciones, débiles palpitaciones de señales de un muy delicado manjar de periodismo crítico. Entiéndase, el periodismo desde dentro de la «Isla de Gulliver».
Primero fue una oscura parodia sobre un criollo pretendiente «Gulliver», que no era el de Jonathan Swift, en el sitio en internet del periódico habanero «Tribuna de La Habana». En un lenguaje que recordaba «al mejor Saura» de aquella película que hizo época en Cuba, «Cría Cuervos», que ganó tantos premios en Europa e hizo suspirar por la posibilidad de un Oscar, sin obtenerlo.
Lo curioso de este paralelo está en que, como mismo «Cría Cuervos» fue popular en Cuba solo por su banda sonora, aquella pegajosa melodia cantada por Jeanette, «Por qué te vas», el «Gulliver de Tribuna» no pudo alcanzar la Saurina popularidad en La Habana porque apareció en la versión en internet del diario habanero, un sitio al que muy pocos o casi ningún cubano accede, y porque los poseedores de la llave al sitio le prohibieron la publicación de comentarios. ¡Cuán valientes! Ya me pareció oír a Geraldin Chaplin encarnando a la Ana de Saura en plena mudez, y con la música encerrada persistentemente en mi cerebro como en una muy sofisticada alegoria de Murakami, sin oirla en el salón de proyección de la sala cubana. Casi una experiencia surrealista estilo Buñuel, el clásico maestro del conocido Saura.
No obstante, para la inmensa cantidad de cubanos ocupados en doblar las piernas y calentarse los fondillos en las aceras duras de «Tía Fé», que es como yo llamaba a aquel parque habanero surgido sobre las ruinas de la famosa tienda «El Encanto», intentando sorprender esa furtiva señal WIFI para contactar con familiares y amigos, o buscar la vía de escape de Cuba, me imagino que tropezarse con el «Tribuna» sería como estar frente por frente al mismísimo «Gulliver» en calzoncillos largos y masturbándose al ritmo de Jay-Z con un filme de Judy Dench en el Malecón habanero.
¿A quién se le ocurre que el cubano que vive en esas vicisitudes accede a ese pobrecillo de periódico?
Gulliver, sin embargo, se hizo famoso entre nosotros, los emigrados, y habló en todas partes del gigante flatulento de los enanos del periódico «Tribuna». ¿Por qué?
Bueno, saltemos unas cuantas semanas y enfrentémonos a este otro «esfuerzo» Swiftiano por encontrar alguna otra señal que sobreviva el orgasmo crítico de «Tribuna», ahora en una «Joven Cuba», un blog que algunos catalogan de menos ortodoxo, más rejuvenecido y «crítico».
Detengámonos ahí. ¿No fue eso lo que se encontró en el «Tribuna»?
Precisamente.
La mirada Swiftiana encontró una muy velada ¿crítica? a las andanzas turísticas en islas griegas del hijo de Castro. La parodia funcionaba de lo mejor para estos cazadores de señales porque el artículo espaciaba, entre su lenguaje paródico, algo de la pimienta de lo realmente ocurrido en aquel paraíso griego con el benjamín castrista. El problema se pone kafkiano para estos «cazadores» de señales cuando descubrimos que, el normal destinatario de las tribulaciones de estas atribuladas tribunas gulliverianas es, con casi una total exclusividad, el lector más alla de la otra isla, aquella que debiera ser el destinatario final pero que sigue sin serlo.
¡Por Dios, Borges!, ¡¡¡¿¿¿acabarás de tener sobrevida???!!!
La pregunta inevitable: entonces ¿para qué publicar estas atribuladas parodias sobre el Gulliver criollo?
Sucede hoy lo mismo con el artículo de la ¿joven? Cuba, que muchos claman está hasta censurada para los locales habitantes de la «Isla de Gulliver», no reclamo ese señalamiento crítico, algunos lo dicen, no yo. El colmo del desparpajo es que el finado post, que algunos reclaman como crítico de la visión oficial sobre la «Ley de Ajuste Cubano» no llega a ningún puerto, se encaya desde el mismo momento que comienza a navegar para terminar en una insípida abstinencia a cualquier crítica, a cualquier opinión, pasando por el consabido «paso’emano» al gobierno de Gulliver y decir que sin «esa ley» los cubanos serían «explotados» en los países destinatarios de la emigración de los enanos, como sucede con los otros emigrados del mundo.
No se entiende mucho esto, ¿a qué explotados se refiere? ¿En qué país estaba pensando el escribiente? ¿En Cuba? ¿Es que los nacionales no son explotados allí? ¿No es por eso por lo que se marchan, como insiste la doctora?
Causa a veces dolor leer estas tonterías grotescas, apresuradas, emborronadas en un blog como si fuera el diario embrutecedor de un petrimetre. Pero causa más dolor el que algunos consideren esto digno de destacar «porque contradice la visión oficial del gobierno de Cuba» ¿En qué? ¿Me lo pudieran aclarar los Saurinos escribidores del «nuevo periodismo independiente»?
Pero el caso se torna más patético. Las respuestas a estas simples preguntas no llegan ni a balbucearlas los enanos escribidores de las «aventuras griegas de Gulliver». No son los mismos autores, pero el estilo y la escuela de escritura es la misma. Frente al autor, esperemos que así haya sido, la doctora a la que reclama las palabras expresa en términos bien precisos y claros que se irá, con o sin pies secos o mojados, pero ese enanito escribidor de esta Cuba que dice ser joven no acaba de pronunciar con sus dedos las palabras mortales de la respuesta al por qué.  Un verdadero episodio borgiano.
Y es aquí donde me vuelve Saura a la memoria, tan aplaudido como uno de los mejores directores de aquella década del 70, la década del cambio en España. «Cría Cuervos» apareció cuando «el caudillo» estaba muriendo y desaparecía su legado de la escena ibérica. Algunos vieron en el filme «el canto de cisne» de la dictadura franquista, una alegoría a la muerte de dictador y su época.
Dejémoslo claro, pudo haber sido la intención de Saura, y pudo entenderlo así su publico español de aquella época. Pero en Cuba los que acudían a las salas de cine se deleitaban solo con la música de Jeanette, que se habia convertido en un hit del momento en la radio cubana.
Aquí sucede algo parecido. La «Tribuna de Gulliver» y las palabras de esta abstencionista «joven» Cuba trabajan sobre la misma cuerda de Saura. Hablan para un mismo público, el que quiere ver una señal donde no existe ninguna.
Nada ha cambiado en el periodismo cubano, y no dudo de las ganas de algunos de escribir unos renglones mas en sus blogs y escritos en la prensa. No hay nada más precioso que la libertad suprema de expresar lo que se piensa. Opinar es ser libre, ser libre es vivir plenamente la vida, cada minuto de ella. No, ahí no está el problema. Hay un límite razonable para salirse del plato ofertado en la prensa cubana, y ellos lo saben. Cruzar ese límite es quemar las alas, dejar de existir como persona, volatilizarse y desaparecer. En su lugar queda el ejercicio artificioso de «Cría Cuervos» y «Gulliver».
En una muy vieja y archivada entrevista a Saura recuerdo que el cineasta decia que no valia nada hacer un filme si el público para el que estaba hecho no lo esperaba, es decir, si la audiencia no estaba preparada para entender lo que queria comunicar el filme. He aquí el caso, las señales no existen si no existiera este público desesperado para verlas, descubrirlas, encontrarlas desesperadamente como el orgasmo liquido de una vieja baronesa de Sade. Para el usuario normal de los medios en Cuba, no existe. No ha existido nunca. Punto. Fin de la parodia y de «Gulliver».
Pero así vivimos, en un mundo desesperado porque exista un pequeño Gulliver que se rebele contra los enanos, o al revés, que sería lo adecuado. El caso es, ¿quién de esos enanos desea hoy rebelarse contra el gigante?

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