Friday, November 27, 2015

Pin Pon pa’Fuera, Queremos Ser Gusanera


Los gritos marchaban de la avenida ordenada por «milicianos», «segurosos» y «fieles al género». Era como una corriente de gritos. Algunos habían «improvisado» carteles y no faltaba el que aprovechaba la ocasión y saltaba, de aquella marea humana, para incorporarse a la otra «marea», la que estaba dentro de la embajada peruana.
«¡Pin Pon Fuera, Abajo la Gusanera!», se escuchaba por aquella avenida, que fuera burguesa  veinte años atrás, y que entonces era el enclave de embajadas extranjeras en La Habana. Lo sigue siendo.
Treinta y cinco años han transcurrido y los gritos pueden ser ahora diferentes.
«¡Pin Pon pa’Fuera, Queremos Ser Gusanera!» algún gracioso pudiera gritar, recordando con picardia aquellos otros, «revolucionarios», «enardecidos», «combatientes».
Hoy casi nadie quiere revolucionar nada, ni parecer muy enardecido por algo que ya ni provoca patriotismo, y la combatividad se ha convertido en estos gritos de «¡Visa Visa Visa!».
No se quieren quedar, ninguno quiere echar a nadie para «Fuera», ellos mismos se quieren quedar «Fuera». Ser los otros. Ser «la gusanera».
Es patético comprobarlo. Lo que no provocaron cataclismos ideológicos en Europa, ni caídas estrepitosas de «campos socialistas», ni «desmerengamientos» y «períodos especiales» lo ha provocado los años y el anuncio de un gobierno extranjero de suspender la entrada a su país de ciudadanos cubanos sin visa, para aquellos que quieren quedarse «Fuera».
Lo más patético es que le exigen a una autoridad extranjera, a la cual no tienen absolutamente el derecho de ningún reclamo, lo que debieran exigirle a la suya propia.
Mucho más. Porque ninguno de estos quiere quedarse empantanado en Ecuador, sino comenzar la «caminata hacia el Norte». Entonces, ¿por qué no van y le hacen la misma protesta a la recién estrenada embajada americana en La Habana?
Lo otro aún más patético es que la corriente, aquella corriente de gritos combativos no existe, y esta vez es solo un coro de policias quien contiene la muchedumbre de protestones de visa. ¿Cuántos de estos policias también desearían quedarse «Fuera»?, me pregunto.
Lo siento, cubanos. Yo puedo entender la desesperación por querer vivir una vida decente, útil, sosegada en su trascendencia. Una vida en la que el valor esencial de vivir sea la honradez. Pero, ¿no debiéramos empezarla siendo honrados?
Los que protestan, al parecer, vendieron todo, o invirtieron dinero enviado por familiares y amigos, desde «Fuera», para iniciar el largo viaje de marcha, para también «estar Fuera». Nadie, absolutamente nadie, se pregunta si sería más útil quedarse dentro y echar «Fuera» a otras personas. Solo al menos hacerse la pregunta.
La nación cubana, que es el conjunto generacional de hombres que la sostienen, hoy muestra el rostro más patético y triste de nuestra historia. Duele comprobarlo.

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