Tuesday, November 17, 2015

Nicaraguazo

La pregunta obvia que pudieramos hacernos es, ¿por qué en Costa Rica sí, y por qué en Cuba no?
Este grupo de cubanos le cerró la frontera sur a Nicaragua para el paso de vehículos de carga, causándole al gobierno nicaraguense una pérdida de 720 461 dólares en su primer día de bloqueo. La cifra de cubanos varados en la frontera entre Costa Rica y Nicaragua se calcula superior a los dos mil, y el intento fallido de cruzar la barrera fronteriza ha causado un choque político entre los dos gobiernos centroamericanos, con protestas de organizaciones de derechos humanos y de la misma oposición nicaraguense. Los cubanos no les interesa esos diferendos, solo quieren cruzar para continuar su rumbo a los Estados Unidos. No se sabe, sin embargo, por qué el gobierno de Ortega reacciona ahora de esta forma si antes no habia impedido el paso de las otras oleadas de cubanos.
¿Un guiño de su mentor en La Habana? ¿Una jugada política con su vecino?
¡Quién sabe!
Se ha corrido mucha tinta y se ha hecho mucha teoría e hipótesis sobre por qué ocurre esta crisis humanitaria en este momento. Si es provocada artificialmente por el gobierno de Raúl Castro, para cualesquiera propósitos políticos, si los cubanos temen por el fin de la «Ley de Ajuste», o por la desesperación ante la pérdida de esperanzas por el futuro de las reformas, lentas, rápidas, inexistentes, desiguales, muy limitadas. ¡En fin, el mar!
La tesitura de las teorías son infinitas, pero a lo que cierran los analistas, todos, absolutamente todos, los ojos es a la actitud de enfrentamiento de estos cubanos.
Todos, absolutamente todos, olvidan las lecciones del «Maleconazo».
Todos, absolutamente todos, siguen pensando en aquellos sucesos como el «levantamiento del pueblo» cuando en realidad fue una crisis humanitaria migratoria, como esta. Y estos que cierran esas fronteras bien pudieran haber sido aquellos que rompieron los cristales del «Hotel Deuville», o de las tiendas recaudadoras de divisas en la calle «Neptuno», o los que lanzaron los contenedores de basura a mitad de las calles «San Lázaro» y «Galiano».
La negra que le levanta la mano al chofer pudiera haber estado aquel 5 de Agosto en La Habana, levantándosela al policia, acoquinado y acobardado ante la muchedumbre que, desesperada, veía todas las vías posibles de escape cerradas.
O el «blanquito», con los tatuajes y el pantalón colgándole de la cintura, pudo haber sido aquel que cogió aquella piedra y le reventó el ojo al policía –  ¿se recuerdan del reportaje de la TV Cubana? –, o tal vez uno de los que rompían cristales a las tiendas en dólares.
Nos separan veinte años, una cifra casi redonda, y aquí estamos, en Centroamérica. La actitud es la misma, y los cubanos seguimos sin darnos cuenta, todos, absolutamente todos, que las protestas en Cuba y en Costa Rica-Nicaragua no son para «tumbar una dictadura», sino por irse a refrescar a Miami y olvidarse de Cuba.
Correcto, tienen derecho de querer irse del país, nadie se los cuestiona, pero no debemos de olvidar que esos cruces son ilegales, que los cubanos están allí poniendo en jaque el sistema migratorio de todos estos países, creándole dolores de cabeza a autoridades ajenas a las suyas propias. Les están pidiendo a otros que resuelvan los problemas que son solo suyos y que, en primer lugar, deberían ser enfrentados por el gobierno de Cuba, y no por el de Costa Rica o Nicaragua.
Entre estos dos mil cubanos hay muchos jóvenes, hay familias enteras, hay niños, muy pequeños algunos también. Y los ves, en el campamento improvisado por las autoridades costarricenses en una escuela, dibujando, mirando las cámaras con esos ojos redondos, preguntándose dónde están, qué hacen allí, adónde los llevan sus padres.
Es una situación llena de dramatismo por su humanidad.
De toda esta tragedia el único componente que está ausente es el causante principal del problema: el gobierno cubano.
Por eso, porque de lo que se trata es de una operación de despeje de variables, dejémonos de hipótesis y teorías superfluas, pongamos los pie en la tierra. La diferencia entre el «Maleconazo» y el «Nicaraguazo» es que no ocurre en Cuba, no sucede en La Habana.
Y esto sucede así porque las autoridades cubanas ganaron en experiencia en enfrentar estos éxodos y ahora los exportan en vez de enfrentarlos en casa. Les permiten que se vayan y formen sus problemas en cualquier otro lugar menos en Cuba. Mientras, La Habana tranquilita, serenita, en paz, llena de turistas sus hoteles. Los periódicos no dicen ni una palabra, ni un renglón gastan en la crisis que debieran reportar. La prensa de Cuba una vez más ha cerrado sus páginas a Cuba.
El castrismo ha sido, de todos los gobiernos que han estado involucrado en el diferendo cubano, el único que ha logrado tomar nota y sacar las conclusiones correctas de estos conflictos. El cubano quiere irse, ¿por qué impedirlo? Que se vayan. Resuelto el problema de la huida que será devengado exponencialmente cuando regresen.
Y, además, resolvió otro dolor de cabeza de décadas: le abrió las puertas a los cubanos para que viajen, y se anotó la ventaja de quitarse aquel sermón de la falta de libertad de movimiento paras sus nacionales, ¿se acuerdan?, y además exportó los «Maleconazos» para que hoy existiera este «Nicaraguazo».
De todo esto quienes no acaban de entender nada son los cubanos, todos, absolutamente todos.
Cuba no es un proyecto para nadie más allá que para los que ocupan y se benefician de la «Finca de los Castro». Por eso es una finca.
El resto son hipótesis, viajecitos de payasos que se dicen «disidentes 2.0», o les llama así alguna prensa. ¡Tonterías! Lo que ocurre hoy ya ocurrió aquel 5 de Agosto en La Habana, ahora solo se ha trasladado a Nicaragua.
Es un «Nicaraguazo».

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