Friday, November 6, 2015

Guillermo Tell se dispara la flecha

Corrían los ochenta, acostumbraba a escuchar una emisión bastante nocturna de un programa en Radio Progreso llamado «Perspectivas». Comenzaba a las 11:30 de la noche y quien hablaba, con esa voz cansada, engolada, trastabillera, como si en su andar de palabras le costara enlazar algún verbo o disentir algún sustantivo, era Guillermo Rodríguez Rivera. Primero leía un poema, demasiado acartonado en esa voz inflexible, y después agregaba un grupo de canciones disímiles, raras para la usual fonía media cubana. Un poco de rock, un poco de música alternativa, algún comentario crítico muy meloso. Era un programa raro, pero por eso mismo acostumbraba a oirlo.
Nunca supe que Guillermo fuera un poeta, porque si hubiera conocido de su crimen de lesa literatura hubiera apagado aquel pequeño radiecito blanco «Sanyo» y me hubiera dedicado a leer uno de esos versos ríspidos de Baudelaire, como para desintoxicarme de la melaza y de aquella pegajosa y verbal apatía de su voz. Después pude descubrir que sus versos eran como su voz, cansados, socorridos, penosos. ¡Pobre poesía!
Tampoco llegué a conocer de su consumada afición herética a ser un «reformador» político, al estilo de los modernos reformadores de dictaduras, porque entonces también hubiera apagado el mismo radio y cambiado la emisora. Pero aquí lo tenemos, «reformando» nuestra cansada «Asamblea Nacional». Poetizando 108 asientos profesionales para afirmadores silenciosos de un ritual de iglesia social dos veces al año. ¡Todo un maratón de poesía política en dos días! Los griegos se ensarzaban más tiempo discutiendo sus crímenes locales y sus robos que estos modernos eunucos ideológicos.
El pobre Guillermo nos propone «aumentar la democracia y la transparencia de» aquel modelo electoral de los mismos ancianos solicitando un salario para la mudez de aquellos parlamentos.
Y entonces me pregunto si estoy viendo pasar algún paisaje más desde algún tren, si estoy en ese asiento que se balancea, inconteniblemente,traqueteando a su paso voces, cuerpos, humanidad abrumada por la vetustes y las circunstancias, y observando desde mi ventana postales de algún futuro cercano, de un lugar próximo a la estación final de la vida, donde esa voz, cansada, engolada, trastabillera, me estuviera relatando el paisaje de un posmodernismo castrista, encayado en un 24 de Febrero del 2018.
Estas son las postales de Guillermo, el poeta que intenta reformar la política con una poesía vieja en páginas nuevas de un «Caimán» que dejó de tener barba, por su vejez.
Al ritmo del balance, de las voces que se mezclan y conversan, de un café aguado y del olor húmedo a cigarrillo, desperdicios y suciedad impregnada de ese color inasible e inmaterial de tantas asentaderas, me cuenta Guillermo, en esa noche de «progreso», que habrá reunión de un «Comité de Base» de unos cientos que dicen ser MAS, signo aritmético de SUMA, pero que significa MENOS. Menos en Cuba, y Menos en Miami. Se comprende, el ahorro de voluntades pensantes es lo que garantiza toda democracia socialista.
Y sigue Guillermo explicándome, con voz quejosa, que sus alumnos de versos recolectan fondos, 20 CUC por replicante humano, para streaming y escuelitas modernas de disidentes del 2018. Que el Capitolio se engalana, ¡otra vez!, y reparan algunos muebles, que a algunas salas y hemiciclos volverán olvidados congresos. Y le pregunto, mientras la noche transcurre entre su voz pausada, monótona, sibilante, si los nuevos consejales reclamarán el pasado con peaje de socialismo moderno.
¿Te pondrás a poetizar en el amaderado hemiciclo de mármoles y damasco rojo embutacado, Guillermo, para «renovar» el viejo modelo? ¿Escribirás un desteñido «libro rojo» reescribiendo los símiles de la revolución del Mao cultural chino, pero con la revolución Xiaoping de millones rosa?
No sé, tengo la sospecha que Eliecer agradecerá algunos de tus versos. Y ya veo a Yoani desde el teléfono, y otras irrelevantes «Y», entrevista en dedo, recogiendo las palabras pausadas de este viejo, contento y encorvado por el repetir de ese resumen de noticias que ya no trascienden más allá de la estatura de sus letras. ¡Fue un poeta, y un profesor, y en algún pasado le dieron un espacio en un lugar de la radio que se llamaba «Progreso»! Hoy es un pobre viejo, el progreso pasó por su lado y le dejó con canas.
Quiero creer que Elaine ya camina por los barrios, haciendo la crónica trascendental de cómo se puede cambiar un bache de la esquina, o cómo al café pueden mezclarlo con garbanzos y saber mejor, no tupir las conocidas criollas cafeteras, o cambiarle el sexo a las vitrolas de aquellos espantosos bares del 50, y apuntárselo de una vez a Mariela Castro en su agenda de Congreso. ¡Las crónicas de barrio tienen tanto valor transformador político!
Ah, Mariela. Tenemos un espacio en aquel hemiciclo que nos versifica Guillermo. Protectora de animales y plantas, de invertebrados y vertebrados ordenados, socialistas y modernos, gente suave, de sonrisas italianas y de amaneradas figuras de porcelana, multicolores. De femicidios, que no de feminicidios, de revoluciones perfectibles que nunca hicieron nada correcto, ni siquiera hablar buen español.
Pero, ¿qué culpa tiene Mariela si las escuelas no hablan correcto nuestro común idioma? El mundo ha cambiado tanto, lo ha transformado todo, ya no sueñan trovadores con serpientes, en su lugar se convierten, se transforman en la guitarra, el arpegio, las voces y los cuerpos de esos Silvios que ya no cuecen versos y nos deleitan con «Cuba sí y Yanquis también». No recuerdo qué me dijo Guillermo sobre los sueños y las pesadillas con los aviones, hoy ese otro trovero-poeta-deglutiente-de-consonantes-socialistas desgarra virtuales letras en un internauta blog, las notas y canciones se le quedaron sin métrica, y metáforas hoy caminan por México para hacer su propia música.
Debo dejarte Guillermo con esa poesía y ese cansancio. No sé si en tu letargo has podido despertar de ese sueño y darte cuenta, por tí mismo, que muchos de tus posibles oyentes, a las 11:30 de la noche de aquellos lejanos dias «de progreso», hoy marchan. En Santa Rita, y también por nuestras Santas Tierras de Centroamérica.
¡Todos los días!
Unos marchan por todos, en La Habana, los otros marchan por ellos mismos, en Centroamérica. Una muy importante diferencia en métrica y en significado, ¿no crees?
Hay cientos que marchan por «Santa Tierra» de Centroamérica, ¡y no son los del otro, el de los MAS!
¡Y miles!
Más de 43.000 cubanos llegaron a Estados Unidos en el último año fiscal de ese país. Ese número casi redondo representa un aumento de más del 77% con respecto al período anterior y es superior al conocido éxodo de los balseros ocurrido en 1994. ¿Alguna vez has hablado de aquellos balseros? ¿Te has preguntado si han leído tu poesía, Guillermo? ¿Aquel «libro rojo» o cualquier otro?
¿Es que no te enteras, o es que sí lo sabes?
¿Por eso propones remodelar lo modelado?
Temo esa métrica rusa de tus versos, Guillermo, con la rima indiferente de unos pantalones cortos, americanos, amenizando de sonrisas y poesía alcoholizada nuestras doradas playas. Cultivan esa literatura de indiferencia que impone el ritmo cadencioso de esa huida por la «Santa Tierra».
Esos jóvenes, no son viejos Guillermos, ni tampoco tienen la voz cansada, ni recitan acartonados versos, acaso ni los conocen, viajan con su pasaporte, portan el «jean» americano, o el criollo «pitusa». ¿Cuál de las dos palabras te gusta más? ¿Tal vez el castizo «vaquero»? Si ya tenemos a la serpiente Rodríguez cantándole melodías yanquis a los cubanos, ¿por qué no versos frígidos tuyos?
Esos jóvenes cruzan por México, las ciudades de Miami y Tampa, por Búfalo, en Nueva York, y Seattle, en Washington. Pero la gran mayoría, 30.966 modernas almas que no conocen tus versos, ni tu voz apelotonada de lentas palabras, entraron a través de la frontera sur con México. Y a través del aeropuerto y puerto de Miami arribaron otros aritméticos 9.999. ¡Una cifra tan poética, Guillermo! Se me antoja que debes estar buscándole una métrica a esos números y por eso no has hablado de ellos, ¡son tan socialistas!
Ah, ¡no se me olvide!, hay que SUMAR los que interceptan la Guardia Costera Americana en el estrecho de Florida, el Caribe y el océano Atlántico, esos se van a perder la emblemática y virtual asamblea del «Comité de Base» de Eliecer Avila. ¡Los regresaron!
Pero desde octubre de 2014 hasta la fecha han sido más de 4.300 cubanos. Qué pena de «virtuosos», ¿no es verdad, Eliecer?
Me pregunto si a esta sangría generacional Mariela la llamaría «juvecidio» o «juvenecidio» ¿Cuál sería el término en el Español correcto? ¿Habría que preguntárselo a la Academia? Pero, ¿es que acaso importa? Es una sangría, sigue siéndolo en términos correctos o en cualquier dialecto.
Esta generación de la poesía del desamparo, que todo lo dieron, hasta la voluntad, y todo lo dejaron, hasta los sueños, hoy no puede componer otro poema que no sea el de Guillermo Tell disparándose su propia flecha. Lo trágico de todos ellos es que abandonaron a sus hijos creyendo tener un proyecto, ¡y creyéndolo!, y hoy esos hijos los abandonan a ellos, sin tenerlo y sin creer en ningún proyecto tampoco.
Convéncete, Guillermo, ya no consumen versos, mucho menos los tuyos, viven de algún «paquete». Es la generación de «la manzana».

2 comments:

Unknown said...

"El Mundo mío" no tenía gran relación con la literatura. Mi profesión de siempre ha sido reparar televisores.
Pero como todos los cubanos me refugiaba en las películas por televisión y recuerdo a Guillermo Rodríguez Rivera que estuvo un tiempo como presentador de Historia del Cine o un programa similar.
Y nos reíamos que "ese tipo debe tener algo de familia con los perros porque habla mordiendo".
Metía "sus muelas" bastante pesadas y con unos gestos en la cara y movimientos de la quijada cuando hablaba que en vedad daban la idea de que al hablar estaba mordiendo algo.

Un saludo,
Simón José.

Juan Martin Lorenzo said...

Jajaja, yo lo vi en una ocasión en "La Moderna Poesí", la libreria al inicio de lo que llamaban "el boulevard" de Obispo, con su tradicional camisa a cuadros y su cara como si estuviera en otra época. El tipo siempre tuvo ese rostro que parecía estuviera en una pecera. Hojeaba un libro de poesía con la misma parsimonia con que hablaba. Era un libro de selecciones de poesía soviética. Entonces habia una libreria en inglés frente a la misma "Moderna Poesí" y le recomendé fuera allí, que habian libros de selecciones de la época del deshielo de Jruschov, con Ajmátova y otros poetas que no editaban en Cuba. Me ladeó esa cara alargada y me miró como si me oyera desde dentro de una escafandra de buzo, no esperé me respondiera porque creo aún estuviera allí esperando su respuesta. El tipo no solo habla despacio, también piensa y reflexiona igual. Yo lo describiera como "un gran danés", grande y bobo, simplón y sumiso. Su poesí es tal cual él se comporta.

Un saludo,

Juan M