Thursday, November 12, 2015

¿Adiós a Radio Martí?

¿Cómo trascender la parcialidad o la subjetividad y representar de la forma más objetiva posible la realidad? ¿Dónde termina la interpretación y comienza la opinión personal? ¿Transmitir a los lectores solo las «noticias comprobadas» y abstenerse de incluir en ellas las opiniones personales? ¿Hasta dónde es legítimo que las ideas personales o la subjetividad del periodista afloren en las informaciones? 
La asepsia total en el periodismo no existe. Ninguna información, por muy factual que sea, queda totalmente libre de las impregnaciones ideológicas, culturales, subjetivas del periodista. Pero entre una asepsia ideal y una interpretación totalmente moldeada por la subjetividad de quien escribe hay un enorme y largo trecho que los periodistas «podrían» recorrer en diferente medida. Eso dice la teoría, y algunos manuales de estilo en conocidos diarios internacionales. ¡Léase «El País»!
Y después existe la preocupante incógnita de quién es el que escribe, por qué lo hace y de dónde, para qué medio informa y qué reglas y principios ha establecido con el órgano donde se publican sus palabras.
Es casi un mito el nombre de Ryszard Kapuściński. Todos los que quieren demostrar conocimiento del medio, todos los que presuntuosamente se quieren presentar como periodistas, o desean demostrar su estatura intelectual y su alcance como miembros establecidos de ese gremio selecto de «establecedores y esclarecedores de la verdad» no pueden dejar de mencionar el apellido, al menos, del polaco.
La historia se tuerce, sin embargo, cuando se conoce que el afamado periodista colaboró con la policia secreta comunista de su país desde 1967 hasta 1972. Algunos de sus amigos argumentan que, para salir entonces de Polonia, habia que solicitar una autorización al gobierno polaco y y esa autorización no se obtenia sin firmar un documento donde se comprometían a colaborar con el régimen.
La historia es bonita, demasiado bonita, ¿no se les parece demasiado a la de tantos periodistas cubanos que hoy pululan las calles de Miami y ayer trabajaron el «Granma», «Trabajadores» y otros lugares desafortunados? Precisamente muchos de ellos han hablado de estas «colaboraciones», y muchos de ellos y otros hablan del  «maestro Ryszard Kapuściński».
Y entonces me recuerdo de una mujer, de una soberbia mujer de ese mismo mundo, el periodismo.
Oriana Fallaci.
Uno es como escribe y lo que escribe. Fallaci fue de una sinceridad feroz, visceral, casi salvaje, a la entrevista la convirtió en una emboscada donde atrapó a varios de los hombres más importantes de la historia, muchos de ellos no volvieron a ser los mismos después de que hablaron con ella. Tal vez por eso Fidel Castro siempre rechazó ofrecerle una entrevista, y ella nunca pudo verlo de cerca, y él tampoco cambió. Los hombres de estatura mediana en su intelectualidad, pero de astucia de zorro saben descubrir los depredadores más sutiles y feroces y peligrosos. Fallaci nunca se encontró con Castro. Castro le temió, por una vez, a una mujer.
Y esa mujer dijo:
“Debemos tomar posiciones. Nuestra debilidad en Occidente nace del hecho de la llamada «objetividad». La objetividad no existe, no puede existir ... La palabra es una hipocresía que se sustenta en la mentira de que la verdad está en el medio. No, señor. A veces la verdad está en un solo lado.”
Precisamente a Fallaci me recordó Tiziano Terzani cuando leí su libro de memorias «El Fin es el Principio». En él Terzani, mediante el recurso narrativo de contar su vida a su hijo Folco, repasa su trayectoria de periodista, en especial los treinta años que pasó como corresponsal en Asia. En una de sus partes el italiano cuenta su obsesión sobre la historia, sobre los antecedentes a lo que sucede a su alrededor, al hecho que debe contar en sus reportajes, en sus noticias.
“El suceso de hoy tienes que situarlo en su contexto o no entiendes nada, no comprendes la actualidad. Si escribes sobre los sucesos actuales, cuentas mentiras, cuentas lo que ves a través del microscopio, cuando lo que hace falta es un telescopio
Pero Terzani, como Orianna Fallaci, se enfrenta a la «objetividad», a la sagrada «imparcialidad» o verdad que Orianna decía sin temer podria estar solo en un solo lado.
“Yo no he dicho nunca que soy un periodista objetivo porque no lo soy. Porque nadie lo es, y lo que afirman serlo son falsos e hipócritas. ¿Cómo puedes ser objetivo? No lo eres nunca. Porque la manera en que miras un episodio, los detalles en los que te fijas, los olores que percibes son tu elección personal, que influye muchísimo en tu juicio. Además, ¿por qué debo decir que soy objetivo? ¿Qué valor tiene esa objetividad? Está bien que el lector sepa que no eres objetivo. Que eso es lo que tú piensas.”
Clarísimo, Terzani.
Entonces su hijo Folco le pregunta cómo se debe contar una historia.
–  «Con el corazón. Participando. Poniéndote en el lugar de esos encadenados.» – le responde.
Poniéndome en el lugar de los encadenados.
Y aquí estoy. ¿Por qué cuento todo esto? ¿Por qué acudo a Fallaci y Terzani? ¿Por qué repudio a Kapuściński que, en una de sus bellas crónicas dijo que habia conocido al Che Guevara sin nunca haberlo tenido enfrente? ¿De qué vale una bella anécdota si es pura mentira, puro poema periodístico, puto Macondo?
He leído en el diario «El País» una «bella historia», uno de esos poemas periodísticos posmodernos donde Humberto Castelló, responsable de información de «Radio Martí», «Televisión Martí» y «Martí Noticias» habla de ampliar el foco de atención de esos medios, dejar a un lado el monotema cubano, el anticastrismo, y dar una «visión regional» de Latinoamérica.
Ah, ya sabemos, la «Plataforma Martí» dejará de ser anticastrista. ¿Cómo se llamará entonces? ¿Radio Bolívar? ¿Tele América? ¿Patria Noticias?
Después de todo, José Martí, cuando fundó el periódico de Cuba, de su futura Cuba, le llamó «Patria». La «Plataforma Martí» nació como un proyecto anexo a la «Voz de América» enfocado a Cuba. Dice el reportaje del periódico español:
“Las instalaciones de esta agencia, en la que trabajan 132 personas y que tiene un presupuesto anual de unos 26 millones de dólares, tienen un mobiliario de los ochenta, como si estuvieran ancladas en el pasado a la espera de dar el salto a 2015.”
Me pregunto qué será más útil aquí, si abandonar el proyecto y declarar la independencia de «Martí» del gobierno norteamericano, dejar de recibir los 26 millones de dólares que lo encadenan a la política informativa de ese gobierno, convertirlo en una plataforma independiente. ¿Tal vez «PRISA»?
Son curiosas las coincidencias. El grupo empresarial con más acciones en «El Nuevo Herald» es el «Grupo PRISA», el mismo que es propietario del diario donde hoy se publican estas líneas de Humberto Castelló, quien tambien fue director de ese diario floridfano, y ese mismo grupo empresarial es el que el castrismo ha apuntado como el padrino de bodas de Yoani Sánchez, y que algunos conjeturan está detrás de «14yMedio». De eso último no me hago responsable, no lo sé, se conjetura por muchos.
¡Ah!, por cierto, tambien «14yMedio» se ha declarado como un medio que no es «anticastrista».
«La verdad tiene a veces un solo lado» decía Oriana Fallaci. Muchas veces solo tiene un solo lado.
Yo puedo entender que la «Plataforma Marti», siendo un medio costeado con dinero público del gobierno norteamericano, que surgió dentro de la llamada «guerra fría», que algunos dicen ya se acabó – ¿qué tal entonces Putin, la vuelta de las inversiones rusas en Cuba, la reactivación de contactos y acercamientos entre la otrora metrópoli soviética y la neocolonia cubana castrista? –, que fue hija desprendida de «La Voz de América» y cuya función principal fue acercarse al pueblo cubano, ocupar esa franja inexistente de información que el gobierno de los hermanos Castro no compartía con su pueblo, ayudar a levantar la sociedad civil y, ¡sí!, la verdad hay que decirla, ayudar a derrocar la dictadura castrista, entiendo que todo eso está sometido a las políticas y estrategias de las administraciones americanas, que son las que crearon el proyecto, establecieron su plataforma y objetivos y lo financiaron.
«Radio Martí» ha jugado un rol positivo en la sociedad cubana. A ese medio, y más de una vez, más de mil, casi todos lo días, miles de cubanos retornan para saber si sus familiares, amigos y conocidos han llegado en su escape de Cuba. Ya por solo eso hay que decir que aquel medio ha ocupado un lugar merecedor de respeto. Ha sido la voz por donde el cubano de la isla ha conocido, la buena o la mala noticia, de la llegada de los que se fueron, en balsas, quedados en algún lugar más al norte, en Canadá, o más al sur, en México, o en cualquier parte del mundo, para de alguna forma retorcer su destino hacia los Estados Unidos.
Y muchas personas acuden para conocer la otra verdad, o la otra parte de la verdad, o la noticia que en Cuba no se dice aunque se comente en la calle. Yo recuerdo a un primo que, de regreso de uno de esos flamantes hoteles de Varadero donde trabajaba de maletero, al llegar a su casa, en Cárdenas, lo primero que hacia era sintonizar «Radio Martí» para oir las noticias en la tarde. Ese primo era militante del partido, sí, de ese partido con carnet rojo y militancia sovietica caribena.
Pero los tiempos han cambiado, al parecer. La administración americana hoy reacciona blandamente ante el antiguo enclave de «guerra fría» al sur de su larga península tropical, La Florida.
El reposicionamiento de «Radio Martí» y del resto del proyecto descubre por donde van las presiones del gobierno de Obama, respondiendo a las del gobierno de Raúl Castro, que el mismo reporte del diario español no escatima en recordar como el dictador reiteró, en su reciente discurso ante la ONU, «que la normalización definitiva [con Cuba] llegará cuando EE UU levante el embargo, devuelva la base de Guantánamo, haya una compensación económica y cesen las emisiones clandestinas de Radio y Televisión Martí».
Es una obsesión para los dirigentes de la isla. Y a esta obsesión la administración norteamericana le ha encontrado una solución: reconvertir el «Proyecto Martí», la plataforma informativa diseñada para Cuba en una plataforma diseñada para latinoamérica. ¿Es que no existe «La Voz de América»? ¿O es que quieren reconvertir a «Martí» para desarticular la apariencia de una agencia informativa cuyo objetivo ha sido desarticular la dictadura cubana y de esa forma esquivar el petitorio obsesivo castrense?
«La verdad tiene a veces un solo lado», me responde Fallaci desde sus páginas inteligentes.
Y otras preguntas. ¿A quiénes entrevistará esa nueva «agencia latinoamericana»? ¿A los disidentes de salón? ¿A los disidentes de «escuelitas de disidentes»? ¿A los disidentes de «convenciones» en Miami y de «Comités de Base» por el mundo?
Una agencia que no sea anticastrista.
Pero la verdad de Cuba es el castrismo. Solo arrímese al litoral floridano y pregúntele a cada cubano que llega  y pisa el suelo estadounidense, y son muchos, más de 43 mil en un año fiscal, más que la última salida masiva del 94. Pregúntele qué ha cambiado en Cuba.
¡Nada!
El artilugio que hoy trata de montar la administración norteamericana a través de Humberto Castelló es una apariencia, la misma apariencia de mantener «Tele Martí» que no se ve, ni nunca lo ha hecho – porque el gobierno castrista siempre ha obstruido la frágil señal televisiva –. ¿Para qué entonces mantener un proyecto inútil? ¿Para qué reconvertir el que sí lo es, «Radio Marti», utilísimo, en una banalidad?
Por temor a decir la verdad. Por temor a que esa verdad tenga un solo lado.
Son estas debilidades las que han hecho a América, y especialmente a su último mandatario y a estos últimos ocho años, un pais más débil, más frágil, tan frágil como para que el loco de Irán mande barquitos militares al Atlántico, en pleno desafío a Obama, o que el neoStalinista Putin se haya lanzado en Siria y nadie le ponga un plante.
Bueno, el amigo de Putin, el socio territorial de aquella metrópoli en el sur de la Casa Blanca, a pocos pasos de la ciudad de Miami, a unas brazadas en el turbulento estrecho de aguas profundas, también le impone su agenda al presidente americano.
Y el presidente americano responde… accediendo a sus deseos.
¡Adiós «Radio Martí»!
¡Bienvenido «Radio Macondo» en voz de su ilustre titular, Kapuściński!
La realidad no existe dos veces, se reinventa en posmodernidad, en poscastrismo.

1 comments:

Simon-Jose said...

Un fuerte abrazo.
Tengo otro abrazo, pero es para Orianna Fallacci.
Algún día en el futuro Dios me llevará cerca de ella y se lo daré personalmente.

Simón José.