Monday, October 26, 2015

Hillary

Maya Angelou escribió un poema para celebrar la llegada de la era Clinton a la Casa Blanca. Maya fue una brillante poeta, su pensamiento volaba como sus palabras, y sus palabras, en aquel día en que Clinton llegó a la presidencia, volaron, se esparcieron por el viento, como hojas.
Años más tarde, en el 2008,  Angelou entregó sus palabras, en unos versos mezclados con prosa, a la que fue antes la Primera Dama de los Estados Unidos, esa vez en su carrera por ser Presidente. Y escribió:
“Podrás inscribirme en la historia
Con tus mentiras amargas y retorcidas,
Podrás arrastrarme en el fango
Y a pesar de todo, como el polvo, me levantaré.”
Las palabras de Angelou de entonces han perseguido a Clinton, como una profecía.
Se levantó sobre el polvo y regresó.
Desde hace algún tiempo tengo una deuda con Hillary, y me he prometido a mí mismo saldarla. Es una promesa de palabras, de preguntas, de sentimientos.
Es una prueba para mi inteligencia porque, debo confesarlo, yo pienso que esta mujer es una personalidad vibrante, una persona inteligente y brillante, un ser humano de energía interesante y de una serenidad a veces sobrecogedora. Cautiva verla, seguir sus movimientos, ver mover sus manos como alas, tornar el rostro, cruzar los dedos, sonreír con un brillo pícaro en sus ojos ante la pregunta indiscreta o molesta del periodista o del político.
Algunos hombres les intimida la presencia de una mujer en la política, porque la política es árida, sucia, arenosa, aferrada a la tierra como los cerdos, y a las mujeres nosotros los hombres las imaginamos libres, en el viento, cruzando como aves ligeras el azul del cielo, límpidas, frágiles como pétalos de una flor cultivada por manos dulces. Tal vez levantamos un pedestal a su nombre o, como dice Vicente Huidobro, «se hace más alto el cielo en tu presencia» y no lo podemos tocar.
Pero yo pienso que la mujer puede traernos al mundo una visión más humana, más cercana al corazón y más alejada del cerebro.
Y, ¡pobre de mí!, es aquí donde se me rompe la imagen cristalina de Hillary.
En el 2008 cuando Obama luchaba por la presidencia, yo apostaba por Hillary, tenía fe en que aquella mujer pudiera cambiar el rostro de la política norteamericana, humanizarla sin dejar de ser una gran potencia. ¿Esperaba demasiado de ella? Tal vez.
Pero los americanos escogieron la peor opción y eligieron a Obama. Lo sé, es mi opinión, pueden combatirme con su ráfaga de palabras.
¿Tuvo que ver el sexo en la elección? ¿Tuvo que ver los nervios de acero de esta mujer serena, que a veces parece distante, con la mente fría del gran estadista frente a un plan de guerra?
Yo no sé qué fue lo que se rompió, Hillary, pero algo se rompió desde entonces.
Y luego vino Benghazi, y ahora los servidores privados de tu correo electrónico, y los mensajes borrados y otros detalles minúsculos en los que la gente no se detiene y cruza, sin verlos, sin percatarse de que tu presencia se va deshojando, como lo hace una flor marchita en el viento. Ya no eres tú, ya dejaste de serlo.
Y aquí no tiene que ver nada ni la prensa, ni los ataques rabiosos de los republicanos, ni la insistencia de reportes, analistas, televisoras y contendedores a la presidencia de los Estados Unidos.
¿Puedo decir algo más?
No tiene nada que ver los partidos políticos, Demócrata y Republicano. Ni los Socialismos y liberalismos imaginables existentes. Tampoco tiene nada que ver Cuba, ¿o sí?, ni la continuidad de la debilidad política de Obama frente a un Putin y frente a tantos otros dictadores, mafiosos políticos y locos.
Eres tú, Hillary, la que escogió cometer el error tonto estratégico de romper un protocolo que presupone transparencia y elegir ese oscuro servidor privado para tus mensajes, personales, divinos y de gobierno. Dime, ¿no fue un error de juicio tan tonto, tan pequeño, tan minúsculo?
Eres tú, Hillary, la que en «Hard Choices» hablas de levantar el embargo y cambiar la política hacia Cuba para ahora cambiar y matizar las palabras.
Estos cambios de hoy. Estos cambios de ayer. ¿Cuántos cambios mañana?
Es curioso, en el debate con Sanders alegaste que cambias con los tiempos, pero que a la vez puedes ser tú, solo tú y tu decisión frente al mundo, frente a los eventos.
Sí, debo confesarlo, las personas cambiamos, todos los días. Nos cambian esos eventos, la vida, la experiencia, los golpes, pero también las conveniencias. Yo no sé separar los cambios de conveniencia en un político de los cambios en su persona como ser humano, porque los políticos son, en esencia, políticos de conveniencia ante las circunstancias que se le presentan.
¿Cambiarás por conveniencia del corazón humano de mujer o por conveniencias del cerebro frio del estadista? ¿O será las dos cosas juntas?
A contrapelo de los que no vieron en tu gesto nervioso ante las imágenes del asalto a la cueva de Bin Laden la firmeza necesaria de un candidato a la más alta posición política de este mundo, yo veo a la mujer, al ser humano, a la partícula minúscula divina con vida y sensible. Algunos vieron cualquier otra cosa.
Tal vez sea mi peculiar forma de percibir el poder en su relación con la humanidad, y también mi penosa experiencia con el poder absoluto, que modela a los líderes en estatuas de sal, recortadas sobre un trasfondo de acero. Las debilidades hacen a las personas, el estoicismo frio modela las estatuas de mármol.
De todo esto lo que no me gusta es que, tú misma, Hillary, tú misma hayas matizado ese gesto nervioso como una reacción a un resfriado. Te me rompes en pedazos, Hillary, te rompes.
¿Y Benghazi?
Pues, no sé. Yo prefiero pasar ese capítulo y dejártelo a tu conciencia. ¿Hiciste lo suficiente? ¿No dormiste en casa pensando en las víctimas y los sacrificios humanos de otros?
Todos tomamos decisiones, todos los días. Las nuestras no trascienden de nuestra casa y nuestros sentimientos. Las de otros las toman los políticos. Siempre es imprescindible dudar, preguntarse si es necesario arriesgar una vida por algo que no valía la pena, o que no hubiera hecho mucha más diferencia en aquellas circunstancias. No obstante, lo que ocurrió en Benghazi y en aquella noche a solas en tu casa, Hillary, es solo un capítulo al que no podemos ponerle una palabra que nos lleve a su final. Está en las últimas horas en los pensamientos de las víctimas y de los protagonistas lejanos de los sucesos. Tú, uno de ellos.
Pero lo que me sucede ahora contigo no es un problema de política, un problema de decisiones de gobierno y partidos, un problema de ideología y posiciones filosóficas, sino un problema humano.
A veces todavía encuentro el gesto oportuno, la ironía y sonrisa que yo mismo ejecutara en las circunstancias y los momentos si fuese yo y no tú, Hillary. Aún queda esa chispa pura, oportuna, como esa risa nerviosa y carnalmente humana en tu última comparecencia sobre Benghazi ante el Congreso, ¿te acuerdas?, ante la pregunta de aquella legisladora que insistía en saber si estabas a solas en casa, aquella desafortunada noche.
Por Dios, la política no puede adentrarse en la intimidad, no puede escudriñar nuestras camas y aposentos, nuestros momentos íntimos, desgraciados y felices. Mi abuela decía que la política era asunto de la calle, lejos de la mesa y la familia.
Aquella Hillary espontánea era la que Angelou llamaba a levantarse, y me gusta. Pero no me gusta la Hillary de acero que escoge esconder y borrar mensajes, que selecciona un equipo de seguridad y coloca sogas para torear periodistas y a la prensa, ¿te acuerdas, Hillary? ¿O no te diste cuenta?
«Podrás arrastrarme en el fango y a pesar de todo… me levantaré» escribió Angelou sobre ti, Hillary.
Y te has levantado.
¿Cómo serás si llegas a formar gobierno? ¿Sabrás hablar con voz de acero con Putin? ¿Serás la Margaret Thatcher de América con sus enemigos? ¿Sabrás hundir el «Almirante Belgrano» si se te presentara una oportunidad como aquella, con sangre fría, en el mismo despacho donde, horas después, redactes las cartas a cada familia de cada soldado caído en la acción, cada hombre muerto por tus decisiones de gobierno, como lo hizo la Margaret británica? ¿Lo harías así? ¿O encargarías a alguien de tu equipo a redactar el texto, corregirlo a conveniencia, teclearlo fríamente en alguna computadora del edificio blanco que llaman «Casa» los Presidentes, para después solo firmarlos sin leer, automáticamente, como se firma una ley debatida ya durante demasiado tiempo?
¿Lo hiciste cuando Benghazi?
Para mi tienes que romper muchas barreras, muchos estereotipos en política, muchas teorías vanas que creen en América cuando piensan que, hablando con dictadores, se logra romper las barreras de sus cadenas para lograr la democracia. Por eso me preocupa que algunos te pidan que continúes el legado de Obama y que tú, Hillary, lo hagas.
Ha pasado un año, no cien días, y el régimen de Raúl Castro no ha hecho nada, no ha dado un gesto garante de ninguna promesa de cambio. La esperanza y la acción política de Obama no han justificado nada y aquel 17 de Diciembre del 2014 es una fecha más de olvido.
Yo quiero y deseo una América fuerte, y humana, que pueda enfrentar a capos como Putin, que no tema enfrentar a dictadores ancianos con trajes de buen corte pero con botas verdes aun en sus pies, y garras, y muchas ideas viejas, desgastadas, inútiles. Una América que sea la garantía de la Democracia porque es fuerte en su humanidad frente a los prepotentes y arrogantes, y que no tema enfrentar las preguntas difíciles, y los eventos, con audacia.
¿Serás tú el Presidente de esa América nueva, renovada?
Pasará un año más y, en ese Noviembre de elecciones, Hillary, estaré leyendo ese poema de Angelou y preguntándome si te levantarás, definitivamente, del polvo y el barro, y serás tú, la persona, y no esa estatua de mármol, con mente, tal vez lúcida, de acero, pero con el corazón helado y sin sonrisa, una sonrisa para guardar un secreto y una debilidad de conveniencia.
Porque no quiero que desaparezca las alas de tus manos, ni la sonrisa de picardía ni el brillo de los ojos, quiero que desaparezca la astucia del político de conveniencia y resurja la inteligencia del corazón de mujer, de la mujer que cree una América fuerte.
¡Por solo eso es que valdría tu presencia en la Casa Blanca!
¿Lo sabrás hacer? Me pregunto.
Nota: La foto que encabeza el post fue tomada de AP en la sesión de comparecencia de Hillary Clinton ante el Congreso sobre Benghazi.

2 comments:

Simon-Jose said...

Un saludo cubanísimo, mi estimado amigo.
Siempre te leo aunque pocas veces comente. De hecho en Los Gatos casi no comento aunque soy parte del tejado.
Sobre el tema que nos traes en esta ocasión..
Sabes que soy republicano. De extrema derecha y anticastrista radical, intransigente y recalcitrante.
Si te detienes a pensar en todo lo que está sucediendo con Hillary hace casi un año es posible que te sorprendas.
Quien primero saca a la luz pública el tema de los e-mails fue el New York Times. Fue también ese diario el que informó de ciertos negocios ilegales del hermano de Hillary vinculado a un político demócrata por uno de los estados del oeste. Y fue también ese diario el que sacó, en primicia, los asuntos sobre las donaciones multimillonarias de gobiernos extranjeros a las fundación Clinton durante su desempeño como Secretaria de Estado.
El mismo diario que publicó seis o siete editoriales preparando a la opinión pública norteamericana para los sorprendentes e indeseados acuerdos de Obama y Raul Castro.
De donde debemos entender que es la cúpula demócrata la que ha estado en el camino de eliminar a Hillary. Los republicanos han "hecho leña del arbol caído" aprovechándose de esas informaciones.
Pero vino Raul Castro a Nueva York y Vil Clinton se entrevistó con él. Y parece que la suerte de Hillary está cambiando.
De donde "me da el pálpito" que lo peor que le pueda suceder a USA es que Hillary se mude a la actual Gay House a principios de 2017.

Un fuerte abrazo
Simón José.

Juan Martin Lorenzo said...

Simon, se cual es tu posicion, pero este post era mi obligacion frente al enigma Clinton. Yo no soy seguidor de ningun partido, yo miro las personalidades y reacciono a cambio. En el 2008 yo tenia una idea muy romantica de Clinto, desde entonces todo ha cambiado, y ese es el sentid del post.

Aqui en Canada hay una teoria politica muy publicitada. Esta es: si una eleccion transcurre en EEUU y el ganador es republicano y tenemos nosotros elecciones el ganador en Canada sera el conservador y viceversa. Tambien se dice que si lo contrario sucede, una eleccion en Canada antecede a la de EEUU y el liberal gana, hay una gran probabilidad que gane el Democrata en EEUU. Le llaman teoria del domino, y no siempre ha sucedido asi, por ejemplo, no sucedio con Harper. Pero, ¿te imaginas toda Norteamerica liberal liberalisima?

Este es mi temor y por eso el post.

Un saludo

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