Thursday, October 15, 2015

El ojo de la ignorancia fotográfica

¿Se ha preguntado usted cuántas veces ese casual turista, fotógrafo de ocasión o «periodista» en ciernes se convierte en un ignorante con poder de opinión y de dispersión de esa opinión, gracias a la apreciación absurda de que con solo ocho días, unas cuantas fotos coloridas y un recorrer apresurado por un país al que desconoce su esencia?
No es una pregunta superficial porque hoy Cuba está de moda, y todos quieren salpicarse con esa moda a cualquier coste, aun cuando la aparente noticia ya es vieja, pero la retocan como a una vieja con colorete.
Imagínese entonces que usted es un abogado en Tampa, peinando canas, y que una vez allá por los años cincuenta se fue a La Habana, de jerga y nocturnidad. Era joven y estaba en la «high school», muy «high» al parecer. Nada mejor entonces que salpicarse de mulatas y música rumbera por los casinos y burdeles de la ciudad de entonces. Tenía hasta un amigo que, a la luz – o a la oscuridad oportuna – de esos salpiconazos habaneros, decidió irse a vivir a esa ciudad después de servir en la armada americana. Y usted regresó a Tampa, pero en Cuba «llegó el comansindiente y mandó a parar» y pasaron más de cincuenta años por su balcón. Y La Habana volvió a ser la misma, los casinos no han aparecido pero nada es imposible en el poscastrismo con Castro.
Usted hoy es abogado, casado con una consultante de hospital, pertenecen ambos a los cuerpos directivos de la ápera de St. Petersburg (No canta «La Boheme» pero tal vez sí «Il Pagliaccio»), y usted además es directivo de la Orquesta de la Florida.
Música, cuerdas y violín, ¿no es así?
Esa es la historia que desempolva un tal Tony Fabrizio en el sitio de «BayNews9» con un titular que es para afilarse los dientes: «CUBA IN PHOTOS: Local couple captures country’s essence».
Sí, en ocho días. ¡Nada menos!
La historia es la de Dick Caldwell y Gloria Matyszyk, abogado y consultante de «Treasure Island», que no es la «Isla del Tesoro» de la que leímos cuando niños de mano de Robert Louis Stevenson. Visitaron La Habana en el 2013, tomaron sus fotografías turísticas y regresaron a su atesorada isla, y como hoy toda noticia sobre Cuba es moda – digámoslo de una vez, esta yendo Juana y su Palangana –, pues hay que apurarse y sacar de debajo de la manga un escritico en el periódico local. ¡Para eso nos sirven la Gloria y el Dick!
Si esto no fuera lo cotidiano no valdría la pena ni mencionarlo, el problema es que es lo usual. Dos mentecatos que dicen ser fotógrafos empacan unas cañas para instrumentos de viento, unas cuerdas para violín y papel de composición y se van a regalárselos a una orquesta cubana como ayuda, para luego regresar y descomponer estas fotos donde, así mismo afirma el Fabrizio, «descubren la esencia de Cuba».
Y en ocho días.
Hay cosas como para reírse. Les pongo algunos ejemplos, solo unos pocos, pero sirve para despeinar a estos tontos.
La foto que encabeza el post tiene como pie de fotografía lo siguiente:
“A woman living in a residence above a business hangs her laundry to dry from a veranda. Note the dangling electrical wiring - a common sight around Havana.”
Traducción: Una mujer viviendo en una residencia encima de un negocio (¿?) cuelga su ropa a secar en una veranda. Note el tendido eléctrico colgando – una visión muy común alrededor de La Habana.”
Para estos dos bobos los cables eléctricos colgando es la «visión común» por toda La Habana. ¡No la barbacoa de esa señora, señalada por la flecha roja que agregué para resaltar!
¡Tampoco el tanque de agua que es donde almacenan tantos habaneros el tan necesitado líquido, señalado por la otra flecha roja!
Y «veranda» no balcón, para que suene mas sublime.
Ah, y no se olviden, llaman al cuarto con barbacoa de esta señora una «residencia» sobre «un negocio».
Bueno, admitamos, yo no soy un hablante nativo de inglés, así que acudí a los expertos para aclararme si yo estaba en un error. ¿Cuál es la diferencia entre «home» y «residence»?
Busquen el diccionario si tienen dudas.
Sencillo, «home» es hogar, donde uno vive, y «residence» es la palabra mas formal para referirse al hogar, al «home», pero… pero no es cualquier hogar, cualquier «home», sino algo usualmente enorme e imponente. Eso lo dice el diccionario. Me imagino que el señor Fabrizio que es periodista y escribe «veranda» y «residence» para ese medio en inglés lo deba conocer. ¿O no?
Ah, pero es que él traslada para «BayNews9» lo que la feliz pareja de la «isla del tesoro» ha expuesto hasta en una exhibición pública y con debate y expertos sobre el embargo en Tampa. Tampoco tiene ojos el señor Fabrizio. Y, por cierto, las tendederas eléctricas también son comunes en Norteamérica, incluida Tampa.
Nada, ¡Dios le dio quijada al que no tiene barba!
Pero aquí no se detiene el «ojo fotográfico» de esta pareja y así se nos apresura una conclusión muy divertida en otra de sus fotos:
Aquí la divertida pareja nos deleita con su exuberante perspicacia, nos dice:
“Havana became strikingly colorful after the revolution. Part of the reason is cultural and part of it is the limited access to paint. Proprietors often will use whatever color paint they have available at a given time.”
Traducción: La Habana se convirtió en notablemente colorida después de la revolución. En parte por razones culturales y también por el acceso limitado a pintura. Los propietarios a menudo usan cualquier tipo de color de pintura que tengan disponible en un momento dado.”
Léanlo, habaneros. ¡La Habana de 1950 era gris! Así lo dicen estos dos expertos. ¡Ah!, y como no hay pintura pues entonces los «propietarios de negocios», en la foto los «dueños» de los edificios rosa y azul, usan cualquier tipo de pintura que tengan a mano en ese momento.
¿Se referirán subliminalmente a los hermanos Castros cuando estos dos faroleros regaladores de cuerdas de violín hablan de «los propietarios»?
En el escrito del señor Fabrizio hay, además, otra lechuga digna de no dejar escapar. Nos dice el buen escribano de «BayNews9» que las calles habaneras son «relativamente muy seguras» en comparación – y aquí viene lo verdaderamente fantástico – con la Siria de Bashar al-Assad.
«Usted puede caminar las calles de Siria», dice Caldwell  a través de Fabrizio, «y puede sentir casi el miedo y la opresión».
¡Que perspicacia la de esta pareja norteamericana! ¡Debieron estudiar cubanologia en la Universidad de Harvard!
En Siria Assad bombardea a sus propios ciudadanos con bombas rusas racimo, pero en Cuba no lo hacen los hermanos Castro. Ergo, en Cuba no hay ambiente totalitario. No obstante, el señor Caldwell agrega que «ellos usaron el sentido común».
En cuatro palabras: ¡NO ABRIR LA BOCA!
Para morirse de la risa.
El artículo de estos dos tontos útiles, turistas de ocasión que aprovecharon el programa «pueblo a pueblo» para disfrutar unas coloridas vacaciones en Cuba, no tendría mucha mas trascendencia si no fuera lo común, lo que se ve repetido en tantas ocasiones, lo que últimamente repiten diarios y escritos por doquiera. Molesta porque estos tontos pretenden que en ocho días, con unas decenas de fotografías y unas caminatas por las calles de La Habana mirando las musarañas, los tendidos eléctricos y el inusual multicolorido de algunos edificios de «negocios», puedan obtener «la esencia de un país».
Y usted los ve regresar, llenar las páginas de diarios y sitios web, acceder a otros tantos Fabrizios que le teclean sus banalidades fotográficas, y sus fruslerías sobre las grisuras de La Habana de los 50 y el colorido de la del 2013, ¡y pretenden que les creamos y se conviertan ellos en estos expertos de mermelada!
Ellos por ocho días se erigen en la voz de la experiencia. Nosotros con toda una vida vivida en Cuba somos los ignorantes.
Así de sencillo.
No puedo decir si es ignorancia o la arrogancia del primermundista que nos mira, desde allá, en lo alto, a los tercermundistas con la condescendencia del neocolono británico desde su silla, defecando boberías y cuerdas de violines para deleitarnos los oídos a nosotros, los indígenas con levita.

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