Friday, October 23, 2015

Animalitos de Zoológico

¿Ha estado alguna vez en algún zoológico? ¿Los ha visitado con sus hijos, su esposa, nietos o amigos, novia o novio, compañero o conocido? ¿Cuál ha sido su primera reacción? ¿Dejar caer una minúscula partícula de ese sándwich que se está comiendo, aun cuando en cada jaula cuelga un cartel que dice «No alimentar a los animales»?
Ah, ¡las jaulas y sus animales!
¿Se ha percatado de sus ojos? ¿Ha visto como algunos miran más allá de sus manos, el sándwich, mas allá de la distancia a la que usted está observándolos con curiosidad y detenimiento?
Miran el espacio abierto que usted recorre. Observan con una mirada dulce, aletargada, el pavimentado o apedreado camino que conduce a la salida de aquel recinto, a algún mas allá.
Pero usted no se percata. Usted toma su cámara, la levanta, encuadra pacientemente mientras esos ojos dulces miran mas allá de su lente, y da el CLICK que le resguardará a ese infeliz animalito que lo único que ha conocido en su vida es ese espacio entre rejas.
Toda su vida estará allí, viendo pasar a otras personas como usted, deteniéndose a mirar cómo le tiran una foto, y quizás levante una pata, tuerza la cabeza, emita algún sonido o haga alguna mímica y después regresará a su cubil, entre las piedras o la paja.
El zoológico es un circo donde vamos a divertirnos a costa de la sumisión y el encierro de animales que debían ser LIBRES, pero están PRESOS.
Esa es Cuba para el turista, para el fotógrafo ganador de premios que levanta esa cámara y capta el gesto de esa mujer vieja que tiende ropa, su ropa, gastada, lavada muchas veces, tantas que ha ido perdiendo el color o se ha desgarrado en algún costado y la ha vuelto a coser. Nada de eso aparecerá en su foto, ni tampoco usted lo mencionará. Ella sabe que usted la está mirando, pero está en su jaula transparente, invisible, es un animalito dulce, o cascarrabias, pero que no puede salir mas allá de su espacio, a la libertad de ese rincón del cual usted captura su foto, su premiada foto, la foto que le dará algún nombre, algún premio, algún dinero. Ella no le podrá reclamar ¡NADA!
Y esa foto que estará en su próxima exhibición, cuando regrese a su «isla del tesoro» para exponer sus postales tropicales de la jaula grande que es Cuba, tendrá o pretenderá tener mas derechos que esa pobre vieja que tiende ropa. Los derechos en una dictadura son inversamente proporcional a las prioridades humanas, pero eso no es de su interés, usted toma su fotografía y se aleja de la jaula y su león.
Entonces mañana saldrá a exhibirla en algún salón mientras un grupo de conversadores de refrescos, «expertos» de ocasión, hablarán de embargo, negocios con una dictadura, levantamiento de la prohibición para que todos los ciudadanos americanos, y no solo los que acuden «pueblo a pueblo», que es «pueblo a jaula», puedan ir a tomar su foto en el zoológico humano que está a 90 millas al sur de Tampa.
Su foto tendrá su COPYRIGHT, garantizada por unas leyes cínicas que permiten que exhiba el fruto de su visita oportunista a ese zoológico, PERO SIN PAGAR NI UN CENTAVO AL SUJETO DE LA FOTO. Y gritará a todos los visitantes de aquel salón que no pueden tomarle fotografía a «su obra», no pueden anotar ninguna información, ni pronunciar su nombre.
«Tengo COPYRIGHT», les recordará. ¡Hasta de Dios!
Pero esos seres, encerrados en su jaula que usted fotografió, no pueden hacer ni la mímica en silencio por sus derechos. SUS DERECHOS. SU COPYRIGHT, incluida la de que usted le pague el fruto de su indigna curiosidad de ocho dias.
En Cuba nos explotan dictadores eternos, turistas disfrazados de fotógrafos, fotógrafos convertidos en divinidad a causa de un accidental premio, ¡y qué premio! La foto de ese animalito cubano, asomado al balcón de una casa, que ni es su casa y ni es una casa. Menos de tres metros cuadrados con barbacoa, donde comer, bañarse, prepararse algún alimento y dormir a veces es una jornada más dolorosa  que el vivir cotidiano en la jaula de un zoológico de alguna ciudad populosa de occidente.
A los dictadores todos los conocemos y sufrimos. Tenemos sus nombres, sus rostros, aparecen todos los días en los diarios, los aplauden y reciben estos fotógrafos, todo el mundo conoce sus garras institucionalizadas en organizaciones, sus gestos y sonidos, sus pretextos y funciones degenerativas, como todo organismo enfermo, parásito, inútil.
¿Y de los turistas? ¿Y de los fotógrafos de ocasión? ¿Los aplaudidores de esta fauna a la que los dictadores han convertido a Cuba?
Esos que después de lanzar su flash, tomar su foto se «parten las patas» corriendo, como indignos zancudos, a estamparle su signo de COPYRIGHT.
Estos viajan a Cuba, ¿«pueblo a pueblo»? 
¡No!
«Pueblo a animalito de circo», «pueblo a jaula», «pueblo a zoológico de cristal».
Y allí, sin pedirle permiso, sin la obligación de las leyes espurias locales, y con su propia personal arrogancia de colono degenerado, le roban esa foto, tendiendo ropa en un estrecho balcón que, graciosamente, llaman «veranda», para hacer esos escasos tres metros cuadrados una «residencia» en un reporte de algún diario. No sonría, ¡ya ha ocurrido! Y cuando algún cubano descarga su ira sobre su ignorancia o soberbia, ¡o las dos cosas! Nos gritan:
«¡Copyright!, que soy fotógrafo multipremiado»
Sí, con esta personita que no puede hacer ni el asomo del gesto de protesta, la mímica de objeción o sencillamente levantar la voz como lo hace cualquier ser humano mas allá de esa jaula. Usted también los trata como «animalitos de circo», usted es parte de esa humillante dictadura.
Indigna ver tanta inmoralidad en ciudadanos norteamericanos, casi en el mismo corazón de Tampa, donde fue el Apóstol a reclamar, centavo a centavo, la dulce pero dura ayuda de los tabaqueros cubanos para la Libertad de Cuba. Indigna conocer que, ¡allí mismo!, hayan personas que viajen por ocho días a La Habana, conviertan unas pocas decenas de fotos, ¡con Copyright incluida!, en la postal de la vergüenza, y con nuestros cubanos de la isla como animalitos de exhibición, y vengan a reclamarnos conocer «la esencia de Cuba» en esos ocho días. ¡Y exigir COPYRIGHT cuando se les da la opinión vibrante de indignación por su desvergüenza!
Y regresan. Vuelven a su hogar. Exhiben sus postales como trofeos de caza. Y ganan premios. ¡Y adquieren la Copyright del animalito doméstico en que dictadores y turistas han convertido al cubano, sin pagar un centavo, solicitar su permiso o, incluso, utilizar lo obtenido con sus postales tropicales para ayudar de regreso al «animalito» enjaulado, esa señora colgando la ropa en su cuartucho de Centro Habana, para que pueda obtener un hogar decente, sin barbacoas ni agua estancada en el tanque de su balcón para su consumo, porque por las vías normales no le llega!
Ya lo he sufrido, lo hemos sufrido todos.
Reclaman derechos que no le conceden al ciudadano cubano en Cuba. Le tiran su foto y se marchan, y cuando le reclamamos pundonor, cuando lo desnudamos de sus andrajos de payaso, gritan indignados por su COPYRIGHT de MIERDA.
¿Y la de los que dejaron en Cuba, aquellos que son los protagonistas de sus premios, trofeos y dineros, a los que ni permiso pidieron para tomarle la instantánea de su miseria, para después solo recordar la ropa tendida y los tendidos eléctricos, Y NO RECORDARLOS A ELLOS?
¿Qué clase de fotógrafos premiados son estos que hacen del hombre el centro de su imagen para hacer culto solo a los superficiales abalorios que le rodean, y no a los de su propia vida, su pobre vida?
Si se es fotógrafo, si se es un hombre digno y se es fotógrafo debiera haber dicho, y se toma a la persona humana como tema de lo que se fotografía, es para hacer culto a la vida de ese hombre, dar testimonio de él y no de su entorno de cables y ropas tendidas. Pedirle permiso a su persona, INTERESARSE cómo vive y cuál es su entorno, y REGRESAR y entregar a cambio de su premio lo que le corresponde por SUS DERECHOS.
¡NO SE PUEDE RECLAMAR COPYRIGHT SIN PRIMERO OTORGARSELA A SUS PROTAGONISTAS!
Es una vergüenza y hay que decir ¡BASTA!
Por todas estas causas, en estos días, he recibido algunos anónimos, o supuestos mensajes con la firma de una persona de la cual no puedo confirmar su identidad, porque ha elegido, ¡vaya cobardía humana!, escribir desde un sitio que ofrece correos electrónicos volátiles, que desaparecen tan pronto como el fulano envió su recado anónimo, usualmente utilizados para ocultar la identidad real de las personas. Me reclama a MI lo que no admitiría que le reclamaran los sujetos de sus fotos a EL: esa señora que en mi post «El ojo de la ignorancia fotográfica» tiende la ropa y mira al lente, desde lejos, y no puede reclamar, está encerrada en esa jaula invisible que este fotógrafo, premiado, exhibido y orondo nos muestra en su foto.
Ella no tiene su Copyright para cambiar su vida. Ella no tiene su Copyright para reclamar su voz de protesta o de indignación. Ella no tiene su Copyright porque es el sujeto frágil de una sociedad que la ha enjaulado sin DERECHOS para que, paseantes fotográficos, como la persona anónima que me escribe, tome indecentemente su foto y le conceda Copyright y lo reclame, con urgencia al principio y después gritando de favor.
A ese paseante solo le interesan sus derechos, ¡no los de los otros!. Y reclama su foto, que no es suya sino de esa señora a la que no le pidió permiso para atraparla en su cámara. Ya sabemos, está en una jaula, y a usted le interesan más los DERECHOS DE UNA FOTOGRAFIA, que los derechos de un ser humano.
Ah, y que no se me olvide, reclama con urgencia borrar información, nombres, todas las cosas, todo lo que se resume en MI OPINION.
¡Vaya descaro!
Personita ANONIMA, insignificante y minúscula partícula indecente de este universo, a la que no puedo autenticar su identidad porque se esconde en curiosos sitios de correos volátiles, con un dominio con nombre muy curioso, «Guerrilla» – ¿como las narcoguerrillas colombianas? –, las FOTOS LAS ELIMINO CUANDO USTED LE PAGUE COPYRIGHT A ESA SENORA DE LA FOTO, a la que, cínicamente, ni siquiera intentó conocer cómo vivía, qué necesidades tenía ¡y mucho menos pedirle permiso para tomarle la degenerada foto!
Y de mi opinión, ¡OLVIDESE!, esa se queda ahí, per secula seculorum. De esa, ¡Yo, y solo Yo tengo la Copyright!
¡Nadie, y mucho menos con ANONIMOS o cartitas imperiosas desde lugares clandestinos de correos - lo que demuestra con toda evidencia la clandestinidad de la transacción ejecutada en ocho días en Cuba - podrá hacerme callar, borrar o censurar mi pensamiento.
¡Nadie!

Nota: Por cierto NO RESPONDO ANONIMOS, ni cartitas de personas que escriben vía correos volátiles a los que no se puede AUTENTIFICAR su IDENTIDAD. No respondo a amenazas. Y mi OPINION no se negocia, ¡Por principios!

2 comments:

Antonio Moreno said...

Estoy contigo Juan Martín. Ya compartí los dos artículos en mi blog. A mi también me han tratado de intimidar. Pierden el tiempo.

Juan Martin Lorenzo said...

Gracias, Antonio, lo que mas molesta es que no tienen el valor de escribir desde su propio correo electronico, con sus direcciones oficiales para que pueda autentificar su identidad y, ademas, la desverguenza de que intentan amedrentar para que no se les critique y se le de la opinion que se merecen y se le diga lo que en esencia son: unos oportunistas que ganan un miserable "prestigio" a bas del sufi iento y miseias de otros.

Un saludo

JM