Monday, September 28, 2015

¿Dónde está el vaso de leche, general Castro?

En las democracias los gobernantes tienen que responder por su programa de gobierno. Los partidos de la oposición, los Parlamentos y, fundamentalmente, los pueblos son los encargados de ejercer el escrutinio diario de su haber, de su hacer y de su cumplimiento durante el tiempo de vida del gobierno electo. La prensa, por supuesto, es el instrumento ideal para golpear, sin misericordia, contra aquellas promesas que se quedaron en el camino, como las hojas secas de un árbol infértil.
¿Y en las dictaduras?
Bueno, las de derecha fundamentalmente no destruyen el aparato económico del capitalismo, y aunque siguen siendo dictaduras, los procesos económicos continúan ininterrumpidamente. Está, incluso, el caso chileno que, a la par de un baño de sangre y vidas perdidas, la junta militar logró colocar al país en la avanzada económica de Latinoamérica.
Pero no nos equivoquemos, era una dictadura.
Las de izquierda. ¡Ah!, las de izquierda.
Destruyen todo, devastan el país, provocan los mismos cataclismos sociales de las de derecha con la agravante de que se convierten en dictaduras totales, en esa maquinaria sangrienta que aplasta todo, siega todo, silencia todo..
En Latinoamérica tenemos la veterana e icónica de todas ellas: la dictadura cubana.
¿Cuántas promesas incluyó el señor Fidel Castro en su agenda sin elecciones, en sus largas décadas de dictador ilustrado?
¿Tendremos que recordarlas todas?
Y después, el señor general que hoy se aclaró la voz tomando ese vaso de agua antes de decir que los derechos humanos son una «utopía».
¿También lo es el prometido vaso de leche, señor general?
Los niños cubanos siguen esperando.
Y el café, ese líquido precioso para todo cubano. Mezclado con cuanta gramínea existente. Adulterado. Vendido a precio de oro en las tiendas en divisas, mientras para la canasta básica siguen enviando esa extraña mezcla que tupe las cafeteras creadoras del precioso líquido criollo.
¿Es también una «utopía» el café, señor general?
Un «diablito burlón» me sopla en el oído izquierdo, sí, en el izquierdo sobre aquel «anillo de La Habana» que nunca logró existir, a pesar de las algunas promesas utópicas.
¿Pero hasta cuándo debemos esperar?
¿Es que están esos dos preciosos líquidos, que con el azúcar, hacen el maravilloso café-con-leche, esa bebida desaparecida desde hace años de la mesa cotidiana cubana, bloqueados por la guerra asimétrica cibernética de algún país?
Ah, ¡y el azúcar!
¿Dónde quedaron los centrales?
¿También fueron «víctimas» de las «guerras asimétricas cibernéticas»?
¿O lo fue de la senectud de un dictador que hasta el día de hoy sigue dictando úcases desde un punto que llaman «CERO»?
Cero Cuba. Cero País. Cero Futuro.
Los derechos de los ciudadanos no son NINGUNA UTOPIA, señor general. Las utopias son sus promesas.

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