Monday, August 3, 2015

Las falsas pretensiones

En 1962, el año en que el mundo estuvo mas cerca de una catástrofe nuclear "gracias" a la instalación de misiles nucleares en Cuba, los "Beatles" remplazaban al baterista Pete Best por Ringo Starr y el piloto del U-2, Francis Gary Powers, abatido sobre  Rusia era intercambiado por el espía soviético Rudolf Abel en Berlín, el gobierno norteamericano imponía un embargo económico a Cuba, según el "The New York Times", para subvertir a Fidel Castro.
Según el diario neoyorquino, durante todos estos años el gobierno de los Estados Unidos ha apretado o relajado las políticas impuestas por el embargo, pero:
"... La red de leyes y reglamentos promulgadas en un fallido intento de cambiar al régimen de La Habana a través de medios coercitivos permanece en gran parte congelado en el tiempo."
Tiempo de descongelamiento, según el diario.
Desde «su perspectiva» - al parecer o muy cercana al gobierno o respondiendo a sugerencias del gobierno - el diario se olvida en recordar que el embargo fue impuesto a La Habana, en primer término, como medida punitiva y de respuesta a las expropiaciones sin compensación e ilegítimas de propiedades norteamericanas por parte del regimen.
Desde esa misma perspectiva se olvida, - ¿ignorancia, escrúpulos, conveniencias del grupo editorialista? -  también de recordar que el fallo del embargo contra Castro no tiene sus causas en el establecimiento y sostén de esas políticas, sino en la traición de los socios comerciales europeos de Washington, que apelaron a gritos al Plan Marshall cuando sobrevivieron a Hitler, pero se olvidaron de Washington al acudir a Cuba, tomar las tierras y ex propiedades norteamericanas, en lo que a todas luces fue un Plan Marshall al régimen de los Castros a contrapelo, no solo de los Estados Unidos, su ex-salvador, sino a cuesta de la libertad del propio pueblo cubano.
Y algo mucho mas importante que olvida el NYT, que gracias a la política del embargo norteamericano otros regímenes y políticos del hemisferio occidental, en la Latinoamérica del populismo y la izquierda, se cuidaron de aplicar la misma medicina cubana. Desde entonces las propiedades norteamericanas y europeas han estado un poco mejor protegidas. El precedente cubano sirvió de medicina que, no obstante, no se hace en balde recordar no está lejos en la historia, y se sigue usando en la isla contra hombres de negocios occidentales, canadienses, ingleses, de Norteamérica y de Europa.
El NYT también practica el olvido conveniente sobre una historia muy conocida, aunque muy convenientemente callada e ignorada, que países como México y Canadá nunca rompieron relaciones, nunca sus embajadas se fueron de La Habana, nunca sus embajadores empacaron sus maletas y bajaron sus banderas. Que fue un Primer Ministro canadiense el primero de la comunidad occidental, socio de Washington, en visitar al dictador en La Habana. Y que fueron los canadienses los primeros en establecer las "reglas del juego" al estilo del castrismo. Las "reglas del juego" que tendrán que acatar los hombres de negocios americanos que deseen establecerse en La Habana... si el embargo "fallido" desaparece.
¿Le ha preguntado al gobierno de Ottawa el NYT qué ha logrado cambiar en lo que respecta a democracia su política de «buen amigo» con Cuba?
Mientras, el castrismo solo desea abrirle la puerta al turista americano. Nada más.
El editorial del "The New York Times" reproduce unas declaraciones de la senadora demócrata por el estado de Minnesota, Amy Klobuchar. Este es el "razonamiento de Klobuchar:
"Lo que va a pasar es que los americanos que acudan a Cuba van a albergarse en hoteles españoles, comer comida alemana y usar ordenadores chinos."
Las palabras de Klobuchar describen a la perfección, no solo lo que hoy ocurre en Cuba, sino lo que ocurrirá siempre mientras subsista el castrismo. Nada va a cambiar sencillamente porque cambie la política de embargo, porque el gobierno cubano y sus pretensiones son el mismo de ayer.
Es una falsa pretensión, alimentada por ignorancia política, tal vez por la arrogancia de pertenecer a una nación que moldeó la Europa de la postguerra, puede que también reproducida por la mistificación creada después de la caída de la Rusia soviética, o sencillamente por presupuestos establecidos en ese pasado en el que Estados Unidos era una primera potencia y ejercía su influencia inmune a cualquier otro germen social, económico y político. La falta de competencia en esos terrenos alimentaron estas pretensiones. Hoy la señora Klobuchar es víctima de ellas, y así el NYT también.
Lo esencial es que el régimen de Cuba no ha cambiado, ni tampoco su gente, su pueblo, los componentes que pueden cambiar el curso de los acontecimientos. La misma pasada semana los vendedores del país se fueron de paseo por Europa para vender las propiedades públicas de la isla a los que "le fueron fieles" por muchos años, y le seguirán siendo.
La Europa que negoció con el régimen de Cuba permitió el tratamiento neo esclavista de los nacionales cubanos. Admitió que el gobierno de los Castro controlara la mano de obra, los salarios, la empleomanía, las prácticas de mercado, la contratación y hasta el marketing de las instalaciones turísticas y de los productos de las inversiones extranjeras. Nada de eso cambiará con el levantamiento del embargo. Y no se trata de una mera especulación, lo han dicho claramente los que sostienen el poder en Cuba y sus voceros en todas partes, incluso frente al flamante Kerry.
Los americanos "regresarán a Cuba" para llenar las instalaciones, para llevar el turismo, llenar las playas y las calles de La Habana Vieja, pero no tendrán ninguna prioridad hasta tanto no firmen su cuota de sangre sumisa, como lo hizo Europa. Las condiciones que el régimen le ha estado imponiendo a "los negociadores" obamistas describe el ajuar de novia del castrismo. Las pautas la ha impuesto el gobierno de Raúl Castro, el ajuar lo ha financiado Obama y también la fiesta, y las fotos de la fiesta, y la mención de la fiesta en sus periódicos, y el cake y sus invitados.
Al final del editorial el diario menciona unas palabras de la  flamante candidata demócrata Hillary Clinton, el viernes en La Florida. Dice Clinton a través del NYT:
"Ellos quieren comprar nuestras mercancías, leer nuestros libros, navegar por nuestra web y aprender de nuestro pueblo. Ese es el camino hacia la democracia y la dignidad, y debemos caminar juntos”.
Sí, ellos quieren las mercancías, leer algunos libros (los apropiados) y lo del aprendizaje de los americanos se lo encargo a que se lo pregunten a los canadienses. Llevan mas de 25 años teniendo sus mercancías, despreciando sus libros y disfrutando del turismo de la indiferencia del país del norte de donde es la flamante demócrata, candidata a lograr la presidencia desde el asiento de un tractor de las «Brigadas Venceremos».
Ah, y todavía no han encontrado el camino alegado hacia la democracia y la dignidad. Son falsas pretensiones, mitos de conveniencia, política de Poncio Pilatos modernos.
Tal vez Bob Dylan pudiera escribir alguna canción al respecto. O tal vez tenga que agregar algunas líneas a aquella canción de 1964, “Chimes of Freedom”:
In the city’s melted furnace, unexpectedly we watched
With faces hidden while the walls were tightening
As the echo of the wedding bells before the blowin’ rain
Dissolved into the bells of the lightning
Tolling for the rebel, tolling for the rake
Tolling for the luckless, the abandoned an’ forsaked

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