Monday, July 13, 2015

Un olvido voluntario

La fecha llegó y pasó, inadvertida casi por todos. Ningún titular de importancia en los medios de prensa del exilio, muy poca memoria en muchos de los blogs y sitios cubanos, y nada en la prensa de Cuba. Por supuesto, la prensa castrista no iba a esbozar ninguna línea de aquella tragedia, estamos «acostumbrados» a eso, al olvido voluntario de la prensa cubana, no solo cómplice del olvido, sino instrumentadora ideológica del crimen.
Cuatro barcos equipados con mangueras hundieron una embarcación con niños, jóvenes y adultos. Cuarenta y una personas murieron, diez menores incluidos. Pero la prensa olvida. Los culpables callan y someten al silencio. Y los cubanos nos acostumbramos a la desmemoria.
El crimen, no olvidarlo, fue calificado por el dictador cubano Fidel Castro como «esfuerzo heroico». El eufemismo de un crimen no deja de ser un crimen, pero ya hemos escuchado tantos eufemismos de esa misma persona que a veces me pregunto si no es un síntoma evidente de su mediocridad como ser humano.
Algunas personas nacen mediocres, algunas alcanzan la mediocridad durante el transcurso de su vida, a otras se las imponen. Esto parece ser la historia de un día como hoy, 13 de Julio. La historia del liderazgo cubano socialista, de la ideología y el desamparo llevado al olvido, y del cubano que traspasa aquella puerta que delimita sus fronteras físicas y toma rumbo a alguna otra latitud, lejos de las siete millas donde hundieron al remolcador con su preciosa carga. Muchos de ellos ignoran el crimen, otros cargan con el mismo olvido voluntario, no solo de esos muertos, sino de toda Cuba, de todo lo que significa Cuba después que pasan esa puerta.
Huían. Escapaban. Trataban de encontrar otra vida como los miles que hoy lo siguen haciendo y alcanzan las fronteras de Honduras, México, o las costas de Gran Caimán o pequeñas islas cercanas a Estados Unidos.
No podemos olvidar. No es cuestión de que sean mártires o héroes o víctimas, es cuestión de que eran seres humanos que merecían la vida y no chorros de agua hasta hundirlos y ahogarlos y olvidarlos.
Habían niños, hoy fueran adultos de treinta o cuarenta años, Habían mujeres jóvenes que hoy fueran ya abuelas, madres de hijos que tuvieran su vida hecha, su futuro decidido. Habían hombres que hoy fueran adultos mayores, abuelos que llevaran de la mano a otros niños. Pero nada de eso ha ocurrido porque en alguna oficina de aquel cuartel de hormigón cuadrado, refrigerado y amueblado al mejor estilo soviético tropical, decidieron hacer un «esfuerzo heroico», es decir, hundirlos, ahogarlos, desaparecerlos, incluso de la memoria.
Y así ha ocurrido.
¿Merecen el olvido?
Reflexione.
¿Qué pasará si toda nuestra historia se convierta en un ejercicio para el olvido?
¿Que pasara si los que ayer murieron, no como héroes, no como mártires, no como víctimas, no como patriotas encaramados en estatuas ecuestres, cincelados en mármol y metal, bronceados por una mano ideologizada y oportunista, sino como seres humanos en su búsqueda desesperada por un mejor futuro, una mejor vida, una cotidiana felicidad, ya no queden de ellos hoy ni los nombres, ni sus rostros, ni su memoria?
No es cuestión de honrar muertos, es cuestión esencial de no olvidar a los vivos.

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