Wednesday, July 15, 2015

Neo Socialismo de «paquete»

Hay una nueva casta de neo empresarios cubanos que quieren que el régimen se sostenga, continúe su marcha y se mantenga en el limbo político que «disfruta» Cuba hoy dia, aunque con un perfil económico más abierto a los negocios con extranjeros, cubanoamericanos domesticados y socios de conveniencia en la misma empresa neo Socialista, como garantía para sostener su comercio de intereses con ese socialismo de contrapropismo.
Una casta que ha aprovechado la coyuntura ideológica, política y económica de la Cuba actual para establecer nexos con la generación de oficiales que sobrevivirán la desaparición biológica de los ideólogos del sistema, los «padres fundadores» del castrismo. Esa casta que hoy día vemos ocupar los puestos claves en el turismo, las telecomunicaciones, las inversiones en bienes raíces, todos los frentes en los que una futura Cuba poscastrista puede dar jugosos dividendos con las cadenas ideológicas y políticas de la censura.
Establecieron una relación frágil, pero sostenida, con altos oficiales del régimen cuando la caída del imperio soviético. Según algunas leyendas mediáticas, muy de moda por estos tiempos, por momentos pareció que aquella comunión podría llegar a desaparecer, algunos mencionan la embestida furiosa de las últimas políticas económicas y represivas de Fidel Castro en el 2003 como leyenda para santificarse de «demócratas», pero sobrevivieron, fundamentalmente porque el último personaje desapareció de la dirección efectiva del estado cubano, por causas naturales.
Leyendo estas historias que la prensa norteamericana publica hoy dia, la gran prensa, pareciera que la «Primavera Negra» del 2003 santifica a todo el mundo en estos días, incluido conocidos oportunistas.
Son personas como el Sr. Hugo Cancio, cubanos salidos del país con el Mariel, que lograron establecerse y crearon su fortuna personal a base de su oportunismo político con el régimen, sirviendo de «puente» entre comunidades divididas, tal vez por ellos mismos.
Personajes que lograron comprender que el régimen se sostendría «a pesar de todos los pesares», citando una frase del que cuelga una foto en la oficina habanera del Sr. Cancio, porque, en esencia, la generación que tiene en sus manos la posibilidad del cambio, o la tendría, era su generación y decidió o huir como él mismo lo hizo y establecerse en el extranjero y olvidarse definitivamente de Cuba, o huir y regresar a negociar su retorno en base a un intercambio de intereses: dinero y comercio para su bolsillo y erosión política del enemigo para los bolsillos ideológicos del regimen.
Un perfecto banquete de buitres.
Fue un comercio silenciosamente cultivado por la "admiración" del mito de Castro, mito de infalibilidad política, mito de terquedad e intransigencia. Admitámoslo, corrieron algunos riesgos, tal vez tuvieron noches de dudas y desvelos, algunas visitas frecuentes al inodoro y algunos apendejamientos noctámbulos, madrugadores, pero comprendieron la "necesidad" del castrismo de erosionar con acciones de propaganda la comunidad histórica del exilio, Miami, y la posibilidad de regresar y «limpiar adecuadamente su expediente». El pasado de marielito a algunos le sigue pesando, al parecer, demasiado.
Así surgió «OnCuba», ancla neoliberal castrista de la futura Cuba posCastro en «el imperio».
Parece macondiano, pero las oficinas de este engendro publicitario «marielista» están en La Habana, aunque su destino es el mercado norteamericano. Casualmente, ¿lo es?, Hugo Cancio se encuentra acreditado en el Ministerio de Relaciones Exteriores como un «representante de la prensa extranjera».
¿Cubanoamericana?, me pregunto.
Tengo otras preguntas, en realidad, muchas.
¿Qué cubanoamericano tiene la posibilidad de establecer una relación comercial con el régimen y tener hasta una oficina en uno de los altos edificios levantados en la década del cincuenta frente al malecón, y hoy flamantemente remodelados para extranjeros, y vivir y conversar con oficiales castristas, atender bienales de pintura, contratar músicos y artistas, vender publicidad cubana en Nueva York o en la Florida?
¿Cuántos cubanoamericanos cuentan con el permiso del Ministerio de Relaciones Exteriores para establecer una revista sobre Cuba en los Estados Unidos, y «sin censura», o sin pasar por las oficinas del DOR?
¿Quién puede sobrevivir a eso?
Ah, y así tropezamos con… Fernando Ravsberg, que trabajó por dos décadas para la BBC y que ahora ha sido empleado por el Sr. Cancio para dirigir, nada menos, que el equipo de reporte investigativo del monstruo bicéfalo, «OnCuba».
Esta fantasía criolla nos la cuenta un artículo de John Lee Anderson en el «The New Yorker» titulado «Opening for Business». Es el cuento de hadas con que ahora se nos quiere vender el caramelo en los centros liberales norteamericanos.
La respuesta a la última de mis preguntas, esa de la sobrevivencia, puede ser simple: sobreviven aquellos que establecen un intercambio de intereses comerciales e ideológicos. Quienes quieren cambiar "culturalmente" el exilio. Quienes desean posicionarse en el mercado en la era del poscastrismo, que al parecer se acerca y quieren estar bien posicionados, cerca de la nueva aristocracia socialista, esa que disfruta Grecia y Turquía en grandes yates.
Tal vez las dificultades de hombres de negocios extranjeros como el Sr. Tojmakjian y el británico Stephen Purvis puedan ser analizadas con más claridad y transparencia a la luz de los devaneos comerciales del Sr. Cancio. Fue precisamente el Sr. Purvis quien, en el 2010, en una carta al diario «The Economist» dijo:
“A medida de que los hombres de negocios emerjan de esa horrible experiencia [en Cuba] y cuenten sus historias individuales, tal vez las verdaderas razones de este ataque concertado en contra de los negocios e individuos que históricamente han sido amigos de Cuba [de su gobierno] aparecerán un poco más claras. Mientras tanto sus intrépidos reporteros [los del «The Economist»] podrían útilmente investigar a los individuos y a las camarillas que se están beneficiando de la reorganización del mercado y sus activos [en Cuba] recién nacionalizados, resultantes de esta ‘guerra contra la corrupción’.”
Se hace muy evidente que los procesos de «corrupción» donde están involucrados extranjeros, y cuyos cargos son "desestimados" después de un tiempo prudencial de «procesamiento», son simples desplazamientos de intereses de negocios de la nomenklatura de la sobrevivencia castrista por otras figuras de mas interés o peso específico estratégico como… el señor Hugo Cancio.
Hay un detalle que, de manera tangencial, el artículo del «The New Yorker» aborda y nos puede dar alguna luz. Según la fantasía tropical de John Lee el flamante empresario cubanoamericano Cancio se acercó a los que dirigen «El Paquete» – así llaman al paquete audiovisual que circula «clandestinamente» en Cuba con películas, música, informaciones y seriales televisivos – para que incluyeran la revista «OnCuba».
Desde hace algún tiempo ha estado circulando por internet, en sitios cubanos, la hipótesis, no muy descabellada, de que ese conocido paquete audiovisual estuviera siendo producido en algunas de las oficinas de la Seguridad del Estado cubana. Una de las tantas teorías de conspiración que, en tantas ocasiones, han resultado ser ciertas en aquel país.
El Sr. Cancio no revela quienes son los que dirigen «El Paquete» –  utiliza el plural. A mí también se me hace evidente  a estas alturas que todo eso no es más que otras de las sutiles maniobras de la misma oficialidad castrista – poscastrista debiera decir – para capturar un mercado negro y solidificarse para un posible futuro lanzamiento legal… cuando exista la coyuntura propicia. Para ser mucho más sincero agrego una pregunta más: ¿no será el mismo grupo productor de «OnCuba» quien elabore el conocido «paquete»?
No es descabellado tampoco preguntárselo.
Y es que el Sr. Cancio pertenece a esa generación que comenzó a perder sus vínculos con la lucha social, a la que le fueron arrebatados sus atributos esenciales como ciudadanos y que, en su lugar, solo se dedicaron al imperio de la lucha por la sobrevivencia diaria. Aprovecho entonces la oportunidad que le dio el Mariel, condimentada en el cuento del «The New Yorker» con cierta ironía y «encanto», logró un pequeño capital en Miami y se lanzó a multiplicarlo como conoce, en un comercio oportunista de intereses.
Algunos argumentarán que es natural que los nacionales emigrados a Estados Unidos establezcan o mantengan los lazos comerciales y afectivos con su antiguo país de origen, después de todo, la emigración italiana, por ejemplo, lo hizo, como tantas otras. Lo nuevo y diferente, sin embargo, en el caso de Cancio es el componente ideológico de esta relación comercial.
Dice Cancio:
"Yo admiro al presidente Obama. Y siempre he admirado a Fidel Castro. Yo lo utilizo como ejemplo cuando me invade el el desánimo – lo que ocurre pocas veces–, porque se trata de un hombre que tenía una idea y convenció a otras ochenta personas para hacer frente a un ejército de cincuenta mil, y cruzar un océano para hacerlo. Así que cuando la gente me dijo que no se puede abrir un espacio de comunicación en Cuba digo, bueno, Fidel hizo su revolución”.
¿No les parece conmovedor?
Es como si estuviera oyendo a Elián González.
Además de evidenciar una muy visible reverencia al dictador y cortejar con esa imagen al régimen, el artículo de John Lee demuestra que no hace una eulogia voluntaria de su parte. Todo lo contrario, tal vez por su desconocimiento de Cuba, o por el deslumbramiento ocasional del tema, de moda en los medios norteamericanos, o quizás por su tendencia liberal y de izquierda, que el Sr. Cancio esta allí, ha logrado lo que tiene y soporta el proyecto «OnCuba» por una coincidencia ideológica que le ayuda, además, a ganar dinero.
No está de más tampoco recordar aquí que el "The New Yorker" es una de las revistas más prestigiosas e influenciables, y de larga trayectoria, en los medios impresos norteamericanos, de tendencia liberal. El artículo es nada menos que un intento desesperado de insertar "OnCuba" y la figura de Cancio como un referente en la intelectualidad y en la clase académica, que es la que más la consume. Agreguemos que «The New Yorker» no está restringida, como se piensa, al área geográfica neoyorquina, de hecho es en California donde tiene la mayoría de sus suscriptores, lo cual nos puede dar una idea de su área de influencia. En el 2004 los subscriptores alcanzaban una cifra cercana al millón.
No, la aparición de «OnCuba» y del señor Cancio en ella no ha sido un accidente, ni una casualidad.
El corolario que debiéramos agregar aquí, desgraciadamente, es que la comunidad cubana en los Estados Unidos, y su exilio histórico, nunca ha logrado hacerse de un medio impreso de referencia en el medio norteamericano en inglés, y con una suscripción nacional de lectores nativos de ese país. De lo que se deduce que la principal debilidad nuestra ha sido siempre que no hemos logrado ofrecer nuestro mensaje más allá del público norteamericano en idioma español, que es esencialmente cubano. Mientras que, por el contrario, el castrismo si ha tenido siempre el propósito de alcanzar todo los Estados Unidos, utilizando elementos como el Sr. Hugo Cancio, con el firme propósito estratégico a largo plazo de hacer llegar «su mensaje», su visión, «su verdad» e influir en el cambio de la política hacia Cuba.
Como ha ocurrido, tristemente.
No solo el exilio ha dado prioridad solo a los cubanos, sino que también ha olvidado que mas allá de Miami existe un país que es quien, en última instancia, decide con su poder de voto e influencia el camino de la política hacia el régimen. Quizás la única respuesta de consuelo pudiera ser que nunca pensamos existiera un presidente como Obama, ni nunca un 17 de Diciembre como el del 2014.
La hipótesis de la inserción como referencia de «OnCuba» y de Cancio no es una elucubración de última hora, tomada por los pelos. En el mismo artículo John Lee inserta la opinión de Thomas Herzfeld, manager de Herzfeld Caribbean Basin Fund, uno de los inversores más grandes dentro de «Fuego Enterprises», la compañía del Sr. Cancio. Dice el Sr. Herzfeld, citado por el «The New Yorker»:
“El [Cancio] es un líder experto sobre Cuba, muy bien respetado allí. El se preocupa por Cuba y por su gente.”
Colgar "OnCuba" y Cancio en el medio liberal tiene una importancia estratégica para el régimen, al parecer, y en vista de que ya algunos analistas piensan que la futura presidencia de EEUU recaerá, una vez más, en el ala demócrata, y en especial en manos de Hillary Clinton, quien ya se ha perfilado como más liberal que su esposo y que el mismo Obama, y con la sombra del senador Bernie Sanders quien, increíble es decirlo, en un país como EEUU se ha declarado nada menos que… socialista en su lucha por la presidencia, y con un apoyo creciente en intención de votos en estos momentos.
Nada, que «El Paquete» no se nos quedó en el mercado negro de Cuba, sino que también circula por estanquillos de revistas y mercados en las propias grandes ciudades de Estados Unidos, especialmente en la Florida.
Neo Socialismo de «paquete», ¡nada menos!

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