Friday, July 3, 2015

Las palabras y la ira

«¿Qué soy, después de todo, más que un niño complacido con el sonido de mi propio nombre?», son unas breves líneas de un poema de Walt Whitman quien, curiosamente, no tuvo casi nunca que abandonar su habitación para describir un país, su país, que es más que una porción limitada de tierra. Son palabras que hoy pudieran transcribir el señor Donald Trump y, también, el Presidente de los Estados Unidos de América, Barack Obama.
¡Curiosa coincidencia de destinos humanos!
El señor Trump cuestionó tantas veces la partida de nacimiento de Obama que este tuvo que publicarla. Pero eso no detuvo al señor Trump de seguir ganando simpatizantes en las redes sociales y en ese país de Whitman. Es muy curioso el destino de los hombres, y especialmente las circunstancias en que esos destinos ocupan a los que conviven con ellos.
Las palabras de Donald Trump sobre México y los mexicanos emigrantes a Estados Unidos han creado un verdadero espasmo de críticas, pero también el resurgir de una simpatía silenciosa que lo ha situado en el segundo lugar entre los numerosos candidatos a la presidencia, en una carrera llena de curiosas figuras. Es interesante y peligroso.
Interesante. Porque el señor Trump no oculta su condición de rico. Su estilo ostentoso, arrogante, vociferador no se detiene. No han logrado detenerlo aun cuando Macy’s, NBC, Univision, Televisa, Ricki Martin, Shakira y cuanta celebridad latina le intente desbancarle y exijan muchos su perdón público. Trump no lo publicará, ya pueden irse olvidando del caso.
Peligroso. En los tiempos de crisis, cuando la credibilidad de una gran nación desfallece, cuando el liderazgo no existe y cuando lo que fue la única superpotencia que sobrevivió el debacle de la guerra fría se desvanece, ese es el tiempo de los extremos, en que las figuras más fuertes sobreviven y se hacen oír, aun al pago de rechazo y de una simpatía de silencio.
Es lo que ocurre con Trump.
La otra parte de la culpa está en la ausencia del líder, que es decir la presencia de Obama.
Este hombre gris ha cursado seis años al frente de un país que parece hundirse en su final. Sin capacidad de negociador, sin capacidad para gobernar, sin capacidad incluso para soportar un rol presidencial mas allá de su estatura «natural» de celebridad. No en balde ganó el Premio Nobel solo por su condición de raza, ser negro. ¿Es eso algún talento?
«¡Aquí estoy para ti!, ¡aquí, para América!»
Son palabras también de Whitman en un poema cuando le canta a su país. Son las palabras que un Presidente de los Estados Unidos debería decir, mas allá de la trivialidad de la existencia en paredes blancas, muros de mármol y muebles con la antigüedad histórica de sus antecesores. Antecesores que van desde Lincoln, recorriendo un camino glorioso de nombres hasta caer en él, Barack Obama, el primer hombre negro en ejercer la presidencia en un país que inauguró su grandeza en una lucha entre sus dos mitades por mantener o eliminar la trata de esclavos.
Pero, ¡no!, el presidente ha elegido indicar, con su dedo iracundo, a aquella visitante que le apunta en su ira, y le interrumpe. No le gustan las interrupciones. En su pausada conversación moderna, como si extrajera trabajosamente de algún profundo pozo las aguas que son sus palabras, le molesta que alguien lance un látigo para exigirle una velocidad que no puede encontrar. ¡Y encuentra la velocidad de estallar en rabia!
«!No!, ¡Tu estás en MI CASA!», apunta con su dedo molesto a una mujer que grita su rabia.
No, señor Presidente, esa no es SU CASA, es la casa de Todos los Americanos, que le fue dada en arriendo, por un corto periodo de tiempo, para que usted vigile los destinos de todos los americanos. De los negros, y de los blancos. De los hombres, y de las mujeres. De los Heterosexuales, y de los homosexuales. De los que creen en Dios, algún Dios, y de los que no creen. ¡No debe olvidarse!
Y ellos, Todos, son sus invitados de preferencia, los que pueden gritar, darle órdenes, aclamar y aplaudir de gozo o gritarle, desde su propio balcón, en sus salones lujosos, su ira, y su miedo, sus esperanzas y temores, su rabia y su fervor patriótico, si lo tienen.
Su deber, entonces, es escuchar.
Por eso esa casa la levantaron blanca, no de colores.
Lo que hay de preocupante en sus palabras es el sentido de la pertenencia de una propiedad que no es suya, sino compartida. Lo que hay de oneroso en esos colores aplicados como mascarilla facial, maquillaje teatral de ocasión, es que esa casa es del judío de Brooklyn, del negro del Sur o de Boston, del latino asentado en California o Tennessee, del mexicano que lucha por su familia, recién lograda la ciudadanía, para tener su casa en Texas, o del cubanoamericano que se toma su café en la Calle 8 de Miami.
La Casa es Blanca porque no puede ser de ningún color. Lo ocurrido con esos colores falsos, de reciente historia, en la cual usted no tuvo ninguna ocupación ilustre porque fue la de nueve jueces, es el epítome de la expropiación de una propiedad que es del pueblo de los Estados Unidos, y no de su Presidente.
El Presidente lo es por el período que le comandó su pueblo a través de las elecciones. ¡Y así su Casa!
El «síndrome Kardashian»
Hay un signo preocupante, mas allá de esos afeites, mas allá de colores y gritos, mas allá de pertenencias inútiles y temporales. Es el signo de la trivialidad que ha encarnado esta administración americana, que la ha llevado a fiestas y celebridades visitantes, que la ha coloreado con los tornasoles superfluos de la banalidad, la edulcorada frivolidad de Hollywood, la fantasía delgada de las estrellas de la música y el entretenimiento barato.
Beyonce y Jay Z atendiendo sesiones presidenciales. «Selfies» en liturgias mortuorias en atenciones a líderes internacionales fallecidos. Bailes en shows diurnos y nocturnos de primeras y segundas damas. Y ahora tenemos las fotos, que ya se pueden compartir y lanzar al éter internauta de trivialidades de la Casa Blanca, que ahora es de colores.
Esta pareja presidencial parece más un matrimonio mediático, presuntuoso, de celebridades de la música y el entretenimiento, que las personas encargadas de gobernar lo que en un día fue un gran país, y se cae en pedazos.
Hay una pérdida de virtud. Hay una secesión de credibilidad y de liderazgo. Todo se ha tornado demasiado acrisolado, demasiado dulzón. No en balde Europa cada vez más desprecia a estos señores. No en balde hasta un mediocre ex presidente como lo fue James Carter se encarga de minimizar los logros diplomáticos internacionales de esta pareja de «actores presidenciales».
“On the world stage, I think [Obama ‘s accomplishments] have been minimal… I can’t think of many nations in the world where we have a better relationship now than when he took over”
[En el mundo, Yo pienso que (lo logrado por Obama) ha sido mínimo… No puedo pensar en muchos países en el mundo en los que tengamos ahora una mejor relación que cuando él (Obama) tomó el poder.]
Y agrega:
“I would say the U.S.’s influence and prestige and respect in the world is probably lower than it was six or seven year ago.”
[Yo diría que la influencia de los EEUU y su prestigio y respeto en el mundo es probablemente menor que lo que era hace seis o siete años atrás.]
Y ahora la Casa Blanca puede también ser culto de la fotografía de los turistas. Una banalización más del poder, de la gubernatura de un país, anunciada por la Primera Dama en «Instagram» con un video… gracioso.
Es el típico «síndrome Kardashian» de darle celebridad a cualquier bagatela. Tornar lo mediocre, o lo que no debe serlo, en algo banal, pintoresco.
La administración Obama, en los círculos liberales de la prensa, ha sido arropada como «valiente», arriesgada. Especialmente en este último período presidencial, el «período del legado». Pero no lo es.
El Presidente ha usado su poder personal, sus órdenes ejecutivas en exceso para imponer su agenda, no porque sea «valiente» sino por carecer del verdadero valor y de las condiciones necesarias de ser un buen negociador, capacidad imprescindible en un presidente. La decisión con la emigración ilegal, esencialmente, fue tomada como medida puramente populista, no solo para garantizar «un legado obamista», sino también para proporcionarle un marco propicio a su sucesor demócrata, Hillary Clinton.
La administración precedente, Bush, intentó resolver lo mismo por la vía del Congreso y del Senado, el mismo problema, casi las mismas soluciones, y se encontró con los mismos escollos, pero entonces el señor Bush no usó su poder supremo, ese que lo puede delimitar entre un impositor de leyes o un negociador de ellas. Mostró Bush un poder de conciliación con la mayoría, que es la cualidad esencial que debe tener un presidente. Obama, en cambio, lo que ha demostrado con sus ukases presidenciales es su incapacidad e intolerancia con la negociación. Pero eso nunca lo reconocerá la prensa liberal, en realidad muy poca prensa tendrá el valor de decirlo. El populismo es un sello de silencio a la verdad. Nadie tendrá cojones para decir que Bush tuvo más estatura de estadista que Obama. No conviene.
La incapacidad negociadora de Obama salta de la falta de compromisos en sus conversaciones con Irán, en sus indecisiones al enfrentar el conflicto que representa ISIS en el mundo, su falta de liderazgo para enfrentar a lidercillos de toilette como Chávez y Maduro y, últimamente, la falta de cualquier imprescindible concesión por parte de la dictadura cubana a su «apertura» al régimen.
Como negociador Obama es el hazmerreir de este mundo, pero en silencio.
El «asunto Hillary»
Y ahora estamos en plena preñez del «asunto Hillary». La posibilidad en ciernes de que una Primera Dama sea Primera Presidente de los Estados Unidos. América retoza con esa idea desde hace mucho rato, no importa si es esencial o no lo que de ahí salga.
Lo peligroso del «asunto Hillary» no es que sea mujer. En definitiva hace mucho tiempo otros países demostraron que las mujeres pueden ser buenas figuras políticas. Margaret Thatcher, a pesar de todos los pesares nihilistas de izquierda, levantó Gran Bretaña a una altura que hacia muchísimo tiempo había perdido. Merkel hoy es el apellido de hierro de Europa. En el sur son nuestros dolores de cabeza Dilma y Cristinita, y ahora se duplica Bachelet.
No es su condición de mujer lo que preocupa de Hillary, es su condición de impredecible o, para ser bien claro, demasiado predecible hacia un cierto lado del jarro político. Y su falta total de principios, su mala memoria intelectual, demostrada muy a propósito de los devaneos con la bandera confederada. Hipocresía liberal consuetudinaria.
Según conocidos, amigos y biógrafos, y también ese mediocre librito escrito por ella misma, «Hard Choices», la señora Clinton se empleó a fondo para convencer a Obama de que cambiara la política con Cuba. Lo curioso es que esta señora, al parecer con una memoria muy descuidada incluso cuando escribe libros, se le olvidó agregar un detalle interesante en su historia: fue su esposo, Bill Clinton, quien el 12 de Marzo de 1996 convirtió el Acta Helms-Burton (Cuban Liberty and Democratic Solidarity Act) en LEY. ¿No son curiosos los matrimonios políticos en estos tiempos? ¿O es que tenemos también que aquí llamar la conjura Lewinsky en ayuda del matrimonio?
Agréguese que utilizó, cuando estaba al frente del Departamento de Estado, su correo personal en vez del que por ley es obligatorio usar, el de la casa, con el verdadero propósito de eludir cualquier escrutinio de su actuar.
Estos dos personajes, Obama y Hillary, han usado, o presublimemente usarán, la Casa Blanca como «su Casa», no la de Todos. Es eso lo que significa, y es en esencia ese el «peligro Hillary». No otro. La condición de mujer es solo la sal que condimenta la pasta, pero no hace la salsa.
«Ciudadano de muchas naciones»
«Ciudadano de la Nación de muchas naciones, de la más pequeña tanto como de la mayor», dijo Whitman también en «Canto a mi mismo». Estos versos me recuerdan «las palabras». Me refiero a Trump y lo esencial que hay detrás de su ira: la pérdida de credibilidad y liderazgo.
Pero Donald Trump tiene algo en su manga que decir. No nos gustará a todos – yo también soy emigrante en un país de emigrantes –, causará molestias por la generalidad de su significado. Es difícil escucharlas y no guardar una pequeña reserva de «la ira» que se contrapone a sus palabras. Pero ninguna de las voces que han gritado su descontento, y formado su algarabía, han respondido con la altura de su inteligencia.
Ni UNIVISION, ni Televisa, ni NBC, ni nadie, han dado razones para justificar su ira. ¿Por qué no hacerlo si las cifras, las estadísticas y los números existen? ¿Por conveniencia? ¿Por no querer arriesgar una verdad y acomodarse a un populismo?
Veamos esas cifras
Trump lanzó sus dardos contra México, lo cual le hizo un muy buen favor al señor Peña Nieto, que estaba hace ya mucho rato desbancado en su país, saquen ustedes mismos sus conclusiones. Revisemos entonces las cifras de la emigración mexicana a los Estados Unidos, que están en un sitio web, público, al alcance de TODOS.
  • Entre los hogares que mas hacen uso del «welfare» público en los Estados Unidos están los hogares compuestos por emigrados, y en primer lugar México (57%).
  • De los grupos de nacionales que emigran hacia América los que ocupan el lugar más alto en tener a sus miembros sin seguro médico son: Guatemala (46%), Honduras (44%), El Salvador (44%) y México (41%).
  • México es el mayor emisor de emigrantes en la última década, con más de 4 millones de emigrantes anuales. De la emigración total a Estados Unidos, el 53% procede de Latinoamérica, mayormente de ese país vecino.
  • Los emigrantes de Canadá y del Sur de Asia son los que poseen los mayores ingresos, siendo los de menor los que proceden de México, América Central, Africa subsahariana y el Caribe. De notar que los algunos grupos de emigrantes del sur de Asia tienen mucho más ingresos que los propios nativos norteamericanos, y muchos en igual condiciones que los nativos.
  • Muy pocos canadiense y europeos viven en casas superpobladas, entendiéndose estas como aquellas en las que viven más de una persona en una habitación, un hecho que las estadísticas reportan muy común en emigrantes de México y América Central.
  • La mayoría o cerca de la mayoría de los emigrantes de Guatemala, Honduras, México, El Salvador y República Dominicana reportan que no hablan inglés o no lo hablan bien.
  • Los emigrantes de México y del hemisferio oeste, con la excepción de Canadá, son en general los que menor nivel de educación tienen.
Pudiera están llenando este post con muchas de las estadísticas detalladas que brinda el «Center for Inmigration Studies», fundado en 1985 como una organización no gubernamental, no partisana, que examina y critica el impacto de la emigración en los Estados Unidos, pero es inútil, los que no quieren oir se tapan la boca. Sí, la boca.

Si desean acceder a esos datos pueden leer el reporte de ese centro titulado “Immigrants in the United States: A Profile of America’s Foreign-Born Population escrito por Steven A. Camarota.
Es público. Ese reporte podría ser revisado por las entidades que han cuestionado a Trump. Y Trump debería haberlo referido, para hacer más claro su mensaje.
¡Qué «las palabras» pueden tener un matiz racista! Sí, lo pueden tener.
¡Qué «la ira» puede ser justificada como una primera aproximación a «las palabras»! Sí, lo puede ser.
Lo que no puede ocultarse es que las palabras de Trump tienen un sostén real en términos escabrosos, no hay que negar lo último. Hieren, en primer lugar porque reconocen lo que ningún político tiene valor de reconocer, aunque silenciosamente todos lo piensan y aprueban: que existe un problema difícil en la frontera de México y Estados Unidos, que las bandas de criminales que trafican con la pobreza se incrementan día a día, que las drogas y la miseria provocan el caos, y es el caldo de cultivo para que las simpatías de Trump aumenten, en silencio.
Y también que hay americanos que usan a los emigrantes ilegales como fuerza de trabajo, no quieren que se les normalice su estatus para que no tengan que pagarle el salario mínimo por ley, y que mucha de la población «nativa» rechaza a esos emigrantes. Una creciente minoría, es el término apropiado.
¿Simpatia por el magnate?
Pues, ¡no!
No me gustan las personas arrogantes. No me gustan los que ostentan su riqueza ante todos. No me gustan los que dicen verdades sin que las expliquen.
A la inteligencia hay que cultivarla también con la razón. La razón se obtiene con el conocimiento, no con palabras duras, aunque sean una gran verdad. Sin embargo…
Sin embargo, es posible que «las palabras» que desataron «la ira» en los Estados Unidos, y en México, ayuden a mejorar el estado de una nación tan grande como Estados Unidos.
El mundo lo necesita.

Nota: La imagen que encabeza el post es una obra del artista pictórico Jean-Michel Basquiat

1 comments:

Anonymous said...

Formidable, mi estimado amigo. De veras Formidable.
Cuantas verdades y datos con tan buen análisis.
También Esperanza publicó anoche, en su blog, un post sobre Donald Trump donde alguien llevó una información de prensa (por copy-paste) y escribí un largo comentario como respuesta a ese "alguien".
Hazle la visita porque el comentario que escribí "se las trae".

http://www.anhelos-y-esperanzas.com/2015/07/los-lideres-liberales-y-la-prensa.html

Algo adicional:
Nos ha pasado a varios. Cuando escribimos comentarios en Los Gatos y añadimos links, nos ha sucedido que Wordpress desvía el comentario para Spam. No sabemos por que lo hace asi solo algunas veces y por eso no lo podemos evitar.
Cuando nos dejes un comentario y no aparezca al momento, es que se fue para Spam. Escribe una nota advirtiendolo como otro comentario y publicalo que Iyamiami revisa la carpeta de Spam y lo rectifica.

Un abrazo,
Simon Jose.