Thursday, July 30, 2015

La Fábula de la Buena Isla

A finales de Junio el señor Val Holford de la Environmental Defense Fund (EDF), una de las mas grandes organizaciones ecológicas con sus oficinas centrales en New York, me escribió por si estaba interesado en entrevistar a Dan Whittle, director para Cuba de la conocida organización, como parte de la premiere de «Tiburones: The Sharks of Cuba», uno de los tantos documentales que el «Discovery Channel» ha estado ofreciendo sobre mi país de origen.
Por supuesto, la carta del señor Holford es parte de la ofensiva de publicidad de la organización que representa, así como de los esfuerzos del canal por promocionar su programación habitual. Como no soy un experto en oceonología, y mucho menos soy un defensor de tiburones y otras criaturas marinas, no le respondí. Respeto el área de conocimientos de los que apoyan y luchan por la ecología y el balance natural de nuestro mundo. Admiro la dedicación de estas personas por lo que puede ser lo mas hermoso de nuestro planeta, las criaturas que la habitan, y aun cuando los tiburones no son de las especies marinas que me inspiran las mayores de mis simpatías, pienso que todos debemos cuidar nuestro hábitat, única forma de preservar nuestro mundo para las futuras generaciones por venir.
Dicho todo esto, no comparto el entusiasmo del Sr. Holford, por cuestiones políticas mas que por cuestiones ecológicas. Cuba hoy es una moda, casi reconocida como tal en la propia carta de Val Holford:
“Cuba has been largely unseen by the outside world for years and visiting feels like you are stepping back in time. Cuba is home to some of the most pristine coral reef shark habitats in the Caribbean and even worldwide, and some species of sharks are much more plentiful in Cuba than elsewhere.”[Cuba ha sido en gran medida desconocida para el mundo exterior durante años y al visitarla se siente como si usted estuviera retrocediendo en el tiempo. Cuba es el hogar de algunos de los hábitats de tiburones de arrecife de coral más prístinos en el Caribe e incluso de todo el mundo, y algunas especies de tiburones son mucho más abundantes en Cuba que en otros lugares.] 
Cuanto de todo esto es verdad, enteramente verdad, y no simple y pura especulación sobre mitos que unos pocos expertos, o una organización gubernamental oficial cubana, o incluso de determinadas personalidades del mundo de la ecología han agregado al bolsillo de la fábula que hoy se llama «Cuba» no lo sé.
Yo se que al sur de la Isla de Pinos, o «de la Juventud», eufemismo con que la nueva gobernabilidad en Cuba designó a la pequeña isla al sur de su parte occidental, existía uno de los mas largos arrecifes de coral del mundo. Pristiños, azules, de una belleza monumental, así lo han dicho muchos. Pero no sé si habrán sobrevivido a la mercantilización turística de Cuba.
Por solo poner un solo ejemplo, Varadero no sobrevivió. Las arenas, la fisonomía de la «playa azul», su entorno, uno de los rincones mas paradisíacos de nuestro país, hoy ya no son los mismos que 30 años atrás, y no precisamente por los efectos exógenos del cambio climático, sino por las políticas gubernamentales de la oficialidad de Cuba, de las mismas que le hicieron añadir a Val Holford las siguientes líneas en su misiva a mi humilde persona:
“Many in Cuba say they’ve learned from the mistakes of their neighbors, like parts of Mexico, the United States and other Caribbean countries, where short-sighted development decisions have degraded or eliminated natural areas that provide critical habitats …”
[Muchos en Cuba dicen que han aprendido de los errores de sus vecinos, como algunas partes de México, Estados Unidos y otros países del Caribe, donde decisiones miopes de desarrollo han degradado o eliminado áreas naturales que proveen de hábitats críticos…]
Estas fábulas ecológicas cubanas, fábulas oficialistas, olvidan convenientemente las decisiones onerosas de los «predaplenes», que destruyeron hábitats y fauna marinas, y hay expertos cubanos residentes en la isla que lo reconocen, sus voces en cambio han sido ignoradas. Hubiera sido importante que los expertos del EDF los hubieran localizado y entrevistado. Esas fábulas olvidan el bárbaro dragado de arena de las profundidades de Varadero, que impulsaron la destrucción de la franja natural de arena de playa, fina como el polvo, dorada y reluciente, para después tratar de resolver el problema agregando arena gruesa de otros lugares, luego que la extracción provocara la exposición rocosa en la playa mas reconocida de la isla en el turismo internacional. Únase la desafortunada desaparición de las coníferas que protegían esa franja arenosa, gracias a la mano de la misma oficialidad cubana que hoy clama «no haber cometido los mismos errores», a las que le culparon de la «degradación de las arenas de la playa azul». Esos viejos pinos, «casuarinas», protegían con sus raíces las arenas doradas de la playa. Su desaparición y la ausencia de reemplazo por alguna otra especie también contribuyeron a la degradación que hoy tiene el «Cancún cubano».
Porque Varadero es el reflejo de otros errores también cometidos en México que menciona Hal Holford en su carta. En ella se sigue construyendo sobre la franja playera, sobre sus mismas arenas. Son hoteles nuevos, construidos casi ayer, con esta misma burocracia política que gobierna la actual Cuba, algunos de ellos estan asentados en las mismas aguas de la «playa azul», como se puede apreciar si se toma el autobús que recorre esa larga y estrecha península. Hoy Varadero es un varadero indiscriminado de hoteles, como Cancún.
Los mismos errores y las mismas consecuencias mexicanas.
Los tiburones podrán seguir bordeando las aguas tranquilas, verde azules que rodean Cuba. En la orilla, las consecuencias son ya apreciables.
Por supuesto, para un equipo joven de «expertos» que no haya conocido el Varadero que yo conocí de niño, la playa es «un paraíso azul», pero para los que vimos aquel paraíso, mas allá de tiburones y la moda pasajera sobre Cuba, la ecología también ha sido una víctima de las políticas nacionales sobre el medio ambiente. Y aquí nada tiene que ver el «embargo», mas allá del local embargo de crítica pública oportuna en la prensa nacional a esas políticas que han deteriorado, sin ningún género de dudas, paraísos playeros como el de «la playa azul».
El error fundamental de las políticas locales sobre ecología es la falta total de transparencia, lo que ha provocado que el cubano desconozca el alcance de destrucción en su plataforma marina y que los expertos internacionales lo ignoren. A eso también ha contribuido «el embargo», aunque la ignorancia de conocimiento no justifica falsas proposiciones. Los «pedraplenes» aparecieron, como toda política castrista, a raíz del impulso voluntarista de su líder, Fidel Castro. Nadie mas puede clamar culpa.
En Cuba se hace difícil despejar incógnitas sobre quiénes son los responsables por todas las barbaridades cometidas en el área ecológica, primero porque la prensa la oculta; segundo porque las decisiones nunca fueron discutidas en ninguna sesión plenaria de la Asamblea Nacional, «parlamento» cubano; tercero porque esos errores nunca han sido reconocidos con suficiente claridad por expertos y altos oficiales, los únicos con poder suficiente como para implantar las «soluciones» descabelladas en el desarrollo de políticas sociales y económicas que han herido el medio ambiente cubano.
A falta de nombres solo es posible reconocer uno, el de su impulsor público. Ya saben quién es.
Todas estas reflexiones vinieron a mi mente en el momento que recibí el correo electrónico del señor Holford. Tuve entonces dos soluciones posibles: o cuestionar la carta y las conclusiones demasiado superficiales de los expertos sobre tiburones, una rama de la que no tengo ningún conocimiento, y cuestionarla sobre los hechos que he contado en los párrafos anteriores; o sencillamente no verme involucrado en semejante operación de fantasía político-ecológica.
Por honradez y coherencia, decidí ignorar al señor Val Holford y su petición mediática. Tal vez algún otro lo hubiera aceptado. Como se dice, hasta la mala publicidad es publicidad. Otros que hablen de su honradez, yo solo hablo de la mía.
Cuba tiene muchos lugares vírgenes, y especies como esos «bondadosos tiburones», porque, ¡gracias a Dios!, al señor Fidel Castro le faltó tiempo para acabarlo de tocar con sus dedos. Me imagino que lo de los tiburones y corales fueron líneas que despreció, o posiblemente olvidó, en ese mundo suyo donde todo lo preveía, todo lo demandaba y todo lo orientaba.
Esa ha sido la suerte y desgracia de Cuba.
Suerte para aquellos lugares o rincones donde su mirada no pudo posar su desafortunado dedo. Desgracia para aquellos que no se salvaron del toque maléfico de este «rey Midas» que, a diferencia de su antecesor, todo lo que tocaba lo convertía en mierda.

0 comments: