Friday, July 24, 2015

El salto mas alto de Sotomayor

«La caída del socialismo no existe», pero al parecer sus símbolos se marchan, desaparecen, se nacionalizan y juran a algún otro, entre ellos un Rey. La noticia ha saltado como la liebre, o quizás sea el último salto, de mas altura y mayor alcance, de Javier Sotomayor. El mismo que rompió tres veces el record mundial de salto alto, aun vigente.
Silenciosamente, como son las noticias que no se dicen, que dejan de serlo por su incomodidad, por ser esos símbolos que destierran socialismos, que entierran ideologías, que demuestran lo que las voces oficiales quieren esconder con sus eufemismos. Sotomayor fue el símbolo del atletismo cubano y, en última instancia, el símbolo del deporte nacional del castrismo. Cayó en desgracia un día cuando la IAAF destapó el escándalo del dopaje del cubano. Aquel día, o mejor dicho, aquella noche Fidel Castro secuestró la televisión nacional para denunciar públicamente, con su facundia y su ira, las «maniobras imperialistas» que querían destruir el símbolo de Cuba, del socialismo criollo, que era su propio prurito, su propio nombre.
Porque como en aquel país todo se hace «con fidel, por fidel y para fidel» enjuiciar un hombre que erigieron como el símbolo del sistema era enjuiciar un sistema. Esas son las consecuencias de encadenar gobiernos, personalidades políticas y gobernantes con un país. Cuando uno de esos símbolos es enjuiciado, la nación secuestrada se estremece. Desaparece la ilusión, se encalla la fantasía, brota como la espuma onerosa la realidad.
El dopaje es un estigma que ha perseguido algunos deportes y algunos atletas. En las naciones donde no existe la personalización del gobierno, donde la nación es algo mas que su presidencia y el país se alarga mucho mas allá de los mercedes benz que trasladan a sus gobernantes, la caída de un ídolo del deporte no significa la caída de un gobierno, de una ideología, ni siquiera de una escuela de deporte. El estigma persigue a la persona, no mancha una nacionalidad. No puede hacerlo.
Aquella noche Sotomayor salto mas bajo que nunca y otros lo desbancaron en su competencia. De lo que se trató, sin embargo, no fue de restablecer al atleta, o de defender su integridad personal. Aquella noche solo significó demeritar las circunstancias y los enjuiciamientos que apuntaban a Castro cuando se señalaba a Sotomayor. Pero no era ni eso, no podía serlo. Solo una mente retorcida puede creer que un país es un nombre y una persona, una mente arrogante que piensa que cada minúscula partícula del tablado de una sociedad es un componente privado de su pertenencia.
Cuba era Sotomayor que era Fidel Castro. Ergo, toda la noche Fidel Castro estuvo acusando al imperialismo de querer destruir a Fidel Castro.
El final de la historia es conocido. La acusación era cierta. Sotomayor era culpable. Sin embargo, aquella vez no acudió el sibarita a dar cuenta de la bofetada silenciosa del pupilo nacional del deporte socialista a su mentor. No hubo conferencia de prensa, no ocupó toda la noche televisiva con su bufonesca presencia. La consecuencia fue el silencio absoluto del atleta. Desde entonces, nunca mas nadie supo que pasó con el pájaro caído. Sotomayor no saltó nunca más.
Desapareció.
Ahora, sin embargo, conocemos que ejecutó uno de los saltos mas largos y altos de su vida. Se fue a España, y viaja con frecuencia a Francia para aleccionar a su pupilo Teddy Tamgho, pero del histórico plusmarquista, del hombre que voló una tarde de julio de 1993 en Salamanca, del hombre que se hizo leyenda y se convirtió en Cuba, nada se sabía, todo era silencio, un silencio de conveniencia.
¿Cuántos en Cuba conocerán esta noticia? ¿La ha publicado «Granma»?
Para algunos «el socialismo no ha caído», ¿no se hace patética la frase? Los símbolos que lo representaron desaparecen, son sustituidos. "Que viva el comandante" se transformó en "Que viva el Rey". El gusano se transformó en crisálida para poder ser mariposa. ¿No es conmovedor todo esto?
No ha sido el único, ni será el último. Cada vez que viajan atletas cubanos a un evento en cualquier país, siempre hay un grupo que se queda, traspasa las fronteras y aparece en los Estados Unidos. Se desangra el deporte nacional por la perfecta idiotez de los funcionarios del organismo que rige, con mano de hierro, el deporte cubano con la terquedad un hombre rabioso, roñoso, que prefiere destruir todo, hundir al país si es preciso, antes de cambiar una directiva ideológica. Porque es ideología lo que sigue condicionando el uso y el abuso de los atletas en ese país.
Pero el deporte no es ideología. Los hombres y mujeres que lo practican tienen el derecho de decidir, por sí mismos, su destino. Es hora ya que los atletas puedan tener sus propios agentes que lo representen, a él, primero que a cualquier otro. Que puedan ser contratados por los equipos a los que ellos quieran pertenecer. Que puedan defender su propio talento y habilidades. Que puedan ganar con decoro su salario en el mercado internacional del deporte sin que ninguna entidad fantasma, alegando »principios elevados socialistas», le robe lo que es suyo. Y algo imprescindible, que puedan retornar a su país para representarlo en los eventos internacionales de su especialidad deportiva. Es lo justo, lo único que puede y debe ser correcto.
Para que todo esto ocurra, sin embargo, tendría que ocurrir muchas cosas. Que las escuelas de deportes dejaran ser propiedad ideológica del gobierno. Y, fundamentalmente, que la entidad que controla el deporte nacional, el INDER, deje de ser un monopolio estatal, encargado de robarle el dinero a los atletas.
Y, sí, el socialismo desapareció, se les cayó en pedazos y se les cae cada vez que un símbolo, como lo fue Sotomayor, deja de serlo. Sotomayor se les convirtió en sotomenor. Cerró una puerta, para abrir otra. Abjuró de un comandante para jurar por un Rey, el de España.
El comandante ha muerto, ¡que viva el Rey!

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