Thursday, July 16, 2015

Dios no es musulmán

Siempre me ha quedado la pregunta de si la forma actual del Islam es compatible con la democracia y el Estado de Derecho como tal. ¿Podemos convivir con una religión que prescribe la segregación de la mujer, su mutilación y conversión en algo menos que un muro de silencio? ¿Acaso son necesarias una ilustración y una modernización del Islam? ¿Debemos callar, ser discretos, no confundir aquel que separa una cabeza humana de un cuerpo en nombre de un Dios que castiga con la muerte por una ofensa a «ese Dios»? ¿Debemos ser tolerantes con la intolerancia?
En Holanda la educación islámica es subsidiada por el gobierno. En ese mismo país un musulmán, Mohammed Bouyeri, perteneciente a una organización terrorista musulmana asesinó a tiros al director de cine Theo Van Gogh, y después le decapitó, por la «ofensa» del director de producir un corto donde se criticaba la vejación de la mujer dentro de la sociedad musulmana. De facto y en última instancia, el gobierno holandés sufragó el crimen de Van Gogh, y en primera, la religión musulmana, aplicada al dedillo, día tras día, a mentes como la del señor Bouyeri, convirtió aquel en un criminal que no respetó a su prójimo.
¿Respetan los musulmanes a su prójimo? ¿Lo consideran su igual? ¿Prescribió Dios esa violencia?
Camino al trabajo, y al salir del tren urbano, compro un ejemplar del «Toronto Star» en el estanquillo, lo hojeo entre el murmullo de conversaciones disímiles y el aroma del café en un «Tim Hortons». En primera plana una foto de una mujer negra con un turbante anaranjado que sostiene un cartel: «Bring back our girls». Cientos de niñas y jóvenes han sido raptadas y retenidas por Boko Haram en Nigeria. Mientras, en las apacibles oficinas de nuestros políticos, y de cara a las elecciones, nos hablan de multiculturalismo, tolerancia y fortalecer la seguridad contra el terrorismo fundamentalista del islam.
¿Cómo comprender la incoherencia de todo eso? ¿Cómo entenderlo?
¿Dónde queda la mordaz crítica, imprescindible, al mundo musulmán? ¿O es que, tal vez, el espíritu crítico de Voltaire se limita exclusivamente a la cultura occidental, al cristianismo?
Ofender al profeta, Mahoma, se castiga con la muerte. Esto lo aprendió de Dios el propio «Profeta», que recibía frecuentes mensajes a su conveniencia. Lo puedes leer en el Corán. También allí encontrarás que robó a Zayneb, la mujer de su discípulo, alegando que era la voluntad de Alá.
Peor aún, se enamoró de Aisha, de nueve años, la hija de su mejor amigo. El padre de la niña le pidió, le rogó, que esperara a que llegara a la pubertad, pero Mahoma hizo oídos sordos a su súplica.
¿Qué sucedió entonces?
El padre de Aisha recibió un mensaje de Alá conminándole a que la niña, de nueve años, hace falta recordarlo una vez más, todas las veces necesarias, se dispusiera a complacer a Mahoma. Esa es la enseñanza manifiesta de Mahoma: está permitido arrebatarle la hija a su mejor amigo, es permitido ser un pederasta bajo el reino del «dios» de Mahoma.
¿Qué dice usted de los más de 25 mil casos de pederastias y abuso sexual dentro de la iglesia católica en los Estados Unidos? ¿Qué diría usted de los miles, millones de casos de abusos y violaciones dentro del los marcos «legales» permitidos por el multiculturalismo en nuestros propios países occidentales de los musulmanes?
¿Se ha preguntado usted si a esa mujer, la que camina por un centro comercial o en el autobús, se le respetan sus derechos cuando se pasea toda cubierta con ese trapo negro, del que no quiero ni mencionar su nombre? ¿Es que conoce ella sus derechos? ¿Los puede ejercer?
El mundo islámico está fuertemente jerarquizado. Alá es todopoderoso y el ser humano es su esclavo, que debe someterse a sus leyes sin chistar. Aquellos que creen en el Corán, en Alá y que reconocen en Mahoma a su profeta, están por encima de los cristianos y de los judíos, estos, a su vez, en su calidad de «pueblos de las Escrituras», están por encima de los renegados e infieles. El hombre está por encima de la mujer, los niños deben una obediencia ciega a sus padres. Aquellos que no se atengan a las reglas recibirán humillación o muerte en nombre de Dios.
¿Qué dice usted de una llamada de un niño musulmán al 911 para reportar un abuso por parte de sus padres, o el reporte de una niña por querer sus padres circuncidarla en contra de su voluntad?
¿Conoce de algún caso?
Miro a mí alrededor. Todos toman café, algunos conversan con un agente de bienes raíces. Un niño juega con una rosquilla mientras mira a los lados, tal vez desee que sus padres terminen y regresen al Mall. El mundo cruza indiferente ante sus ojos.
Aun teniendo en cuenta todas las diferencias existentes entre musulmanes, lo cierto es que la doctrina del Islam y la manera en la que se practica constituyen el sustrato principal del crecimiento del fundamentalismo y, por tanto, también del terrorismo.
Se necesitan políticos que se atrevan a hablar, que no tengan miedo a la controversia o a ser tildados de racistas. Se necesita que alguien levante la voz y acabe de decir que los musulmanes están aquí para destruir nuestra civilización que tiene base cristiana, que vivió el crisol de las culturas romanas y griegas, enfrentó pensadores como San Francisco de Asís, el docto Santo Tomás de Aquino y también Voltaire y Martin Lutero. Quedaron atrás los años de la Reforma, y también las hogueras en España donde quemaban a los judíos. Se fue la Contrarreforma y los años oscuros de Galileo, el cristianismo sobrevivió las horas grises de la mediocridad y el crimen gracias a los disidentes que, en su propio seno, se preguntaron a qué Dios debían obedecer, al misericordioso y bueno, o al duro y vengativo.
¿A sufrido el Dios musulmán esas preguntas y esos cuestionamientos?
A nivel internacional los líderes políticos deben evitar esas declaraciones en las que dicen que el Islam está secuestrado por una minoría terrorista. El Islam está secuestrado por sí mismo. Es una religión terrorista.
Para los que creen en el Corán la vida en la tierra es temporal y lo único que tiene validez es que el creyente puede mostrar su temor a Dios, observando estrictamente sus mandatos y así poder ganar su lugar en el cielo.
Los infieles están sobre la faz de la tierra únicamente para servir a los creyentes de ejemplo de lo que no deben ser. Halal (lo que está permitido) y haram (lo que está prohibido) son los conceptos centrales en la práctica diaria, aplicables a cualquier musulmán en cualquier parte del mundo. Esas reglas determinan la vida privada y las relaciones sociales de todos los musulmanes, el cómo, qué y sobre qué deben o no pensar, sentir y actuar. La sharia, la ley islámica, está por encima de todas las leyes promulgadas por los seres humanos, y es obligación de cada musulmán cumplirla al pie de la letra.
¿Habla usted de musulmanes «moderados»?
No los conozco.
Los mismos fundamentalistas se apresuran a mostrar que la vida de esos «moderados» entra en conflicto con la doctrina islámica. Los musulmanes en Europa y en Estados Unidos reciben una educación especial a través de escritos como los de Yusuf Al-Qaradawi, a quien consideran un teólogo musulmán moderado y un interlocutor válido para dialogar con las instancias occidentales.
En realidad, Al-Qaradawi es cualquier cosa menos un moderado. En su libro «The Lawful and the Prohibited in Islam», preceptivo para musulmanes occidentales, escribe que es obligación de toda comunidad islámica aprender tácticas militares para poder defenderse de los enemigos de Dios y mantener el honor del Islam. Los musulmanes que no sigan este precepto, siempre según Al-Qaradawi, son culpables de un pecado espantoso. Incluso en esa misma obra hace saber que todas las leyes de los humanos son defectuosas e incompletas, dado que los legisladores se ciñen exclusivamente a asuntos materiales, descuidando así las exigencias de la religión y la moralidad. Los políticos occidentales, y en extensión todos nosotros, apenas nos podemos imaginar en qué medida Al-Qaradawi debilita, con sus palabras, el proceso democrático de legislación a los ojos de sus lectores musulmanes occidentales.
Lo único que todos los musulmanes tienen en común en nuestro mundo occidental, y en el suyo propio, es el convencimiento de que los principios fundamentales del Islam no pueden ser criticados, revisados o rebatidos de ninguna forma. Son inmutables y de estricto cumplimiento.
¡Adiós democracia y libertad de expresión!
Los valores sociales del Islam son el honor y el sometimiento, y ellos cuentan más que lo que es un logro de la civilización cristiana occidental: la autonomía y la libertad del individuo. La religión musulmana no es un instrumento que dé sentido a la persona, sino que una persona se debe adaptar a la religión y ofrendarse a Dios, algo que está en perfecta concordancia con el significado literal de la palabra Islam: sometimiento a la voluntad de Dios.
¿Se ha preguntado usted que estará pensando aquel que, tal vez, le pase por al lado en un autobús o en el tren urbano, barbudo y con los evidentes atributos de ese Dios vengativo?
¿Se preguntaría usted como seria su vida en el mundo de Moises? Y Moisés sabía escribir, era un hombre instruido, no así Mahoma.
La rabia que experimentan ahora muchos musulmanes, después del 11 de Septiembre especialmente, y que ha dado origen a fuertes sentimientos antiamericanos y a teorías del complot, no solo se remontan a su atraso social y económico con respecto a judíos y cristianos, ni al intervencionismo imperialista. La rabia viene también de una experiencia religiosa irracional, conservadora, en que ese musulmán que cruza por su lado cree que Satanás es una figura viva, que puede estar representado por usted. Y esa vivencia religiosa no solo tiene lugar entre musulmanes radicales y fundamentalistas, sino que también es habitual entre los musulmanes corrientes. La diferencia estriba en que los fanáticos no solo odian, sino que están preparados para el terror.
La ceguera de las potencias occidentales, y de sus políticos, y especialmente de los Estados Unidos, cuando apoyan a regímenes como los de Arabia Saudita les impide ver que justamente esos regímenes, y la clase religiosa que los mantiene en el poder, son copartícipes del fanatismo que hace estrago en las naciones europeas y en Norteamérica. Esos regímenes abusan del apoyo de Estados Unidos y las potencias occidentales para consolidar su propio poder, es así como buena parte de las organizaciones musulmanas, en esos mismos países occidentales, consiguen que prevalezcan sus ideas conservadoras y su agenda política en muchos temas como, por ejemplo, en lo que atañe a la posición de la mujer.
Y entonces aparecen las teorías del «islam fundamentalista» y el «islam moderado».
Se necesitan políticos, organizaciones y partidos que ayuden a los disidentes dentro de la comunidad musulmana, y que no eludan preguntas difíciles. Que no teman ser catalogados de racistas. El sentimiento de compasión y la comprensión que uno pueda tener hacia el sufrimiento personal de otro no debe hacer perder de vista que ese sufrimiento personal es la inevitable consecuencia del modo en que los principios básicos del Islam toman cuerpo en casa, en la escuela islámica, en la vida diaria y en los medios de comunicación.
¿Qué ha fallado y falla? ¿Ha fallado Dios? ¿Es ese que lo unió a usted con su esposa un Dios musulmán?
La comunidad musulmana, toda, ha perdido de vista el equilibrio entre religión y razón. El Islam necesita una profunda Ilustración, la misma que tuvo el cristianismo desde San Francisco hasta los días de hoy. Pero es improbable que esa Ilustración se origine en el interior mismo del mundo musulmán. Escritores, científicos y periodistas que ejercen la crítica son obligados a huir a Occidente. Su trabajo está prohibido en su propio país. Jóvenes que se cuestionan su fe, o algunos preceptos de esa fe, son condenados a muerte, lapidados, sacrificadas sus vidas.
En la cultura musulmana ni siquiera se alienta la reflexión, aun cuando es la única opción que el propio Islam tiene. ¿Convencer a miles de millones de musulmanes de pensar por sí mismos me dice usted?
No, eso no funciona.
Ningún musulmán, ni los de nivel educativo medio o alto, puede someter su fe a discusión. Nunca han aprendido a hacerse preguntas sobre el Corán.
¿Qué los árabes sufren racismo en el mundo occidental? ¿Y qué me dice del trato que reciben los no árabes en el mundo árabe? ¿Usted obliga a una mujer musulmana a maquillarse, peinarse, usar afeites y colocarse un traje sastre corto cuando va a una recepción en Canadá o Estados Unidos? ¿Por qué nuestras mujeres tienen que echarse ese trapo sobre su belleza en los países musulmanes?
 A los musulmanes no se les pone aquí ninguna traba. Aun al contrario: contra la mutilación genital femenina nadie puede alzar la voz porque «esa es su cultura». ¿La cultura es razón suficiente para consentir el sufrimiento humano? ¿Por qué no puede actuar la policía cuando un padre amenaza a su hija con matarla si no quiere ser circuncidada?
La OMS ha señalado que más de 125 millones de niñas y mujeres han sido sometidas a alguna forma de mutilación genital, y cada año tres millones están en riesgo de padecer una intervención similar. ¿Sabe?, el 18% de esas intervenciones son realizadas por profesionales de la salud. ¿Cree que los musulmanes profesionales de occidente son moderados? ¿Le sorprende a usted todo esto? ¿Y sigue tomando su café tranquilo? ¿Cree que eso solo es en Africa, o en los países musulmanes?
Entérese, de los pocos datos que se han logrado reunir surge el conocimiento de que hay cerca de medio millón de mujeres que sufrieron esta práctica y todas residen en… la culta Europa, especialmente en el Reino Unido, con 65.000 casos, aunque esta última cifra proviene de informaciones que datan del 2007. Las cifras actuales no las conoce nadie, nadie las reporta.
¿Es Dios musulmán? ¿Usted cree en ese Dios? ¿Permitiría usted que ese Dios fuera obedecido en la puerta de al lado de su casa?
Yo no. Yo no puedo pensar que Dios prescriba el sufrimiento de ningún ser humano, su humillación, aun cuando ese ser humano «elija por sí mismo» su sufrimiento y su humillación. Yo no puedo estar tranquilo por la ignorancia del prójimo que le hará «elegir» su propio sufrimiento.
Eso que usted lee en el «Toronto Star» o en cualquier otro diario de su ciudad o su país es también su propio sufrimiento. Es el mundo que le legamos a los que vienen atrás.
Dios no prescribe al hombre que pueda obrar, sino que de hecho obre.
No, Dios no es musulmán.

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