Saturday, June 27, 2015

(Ras)Padura

No tiene nada que ver con la envidia, tampoco tiene que ver con la intransigencia, aunque los dos fenómenos han estado presentes en Cuba toda la vida. Y sí es un fenómeno de la realidad cubana actual, porque desde hace 56 años la intransigencia se hizo política de estado.
Si antes a Chano Pozo, como dice Padura en la entrevista de Carlos Olivares Baró en «Cubaencuentro», lo envidiaban en los «ambientes religiosos afrocubanos por su virtuosismo como intérprete» eso no le impedía al conguero decir su verdad, ser honrado y no estar con paños tibios dándole la vuelta a la verdad, como se pela una naranja, cuidadosamente, con un cuchillo muy afilado y con delicado tacto, para no desgarrar la piel jugosa antes del desayuno.
Puede ser, sí, lo admito, que ciertos círculos, ciertas vanidades se sientan desgarradas por alguna envidia. Existen en todas partes, y especialmente en los corrillos culturales. El existencialismo criollo ha llevado a que la envidia en los círculos artísticos sea la manifestación escondida de la desesperanza y también de la hipocresía social.
Pero, primero que todo, ¿a qué me refiero cuando hablo de Padura?
Unas pocas palabras que se publican en el sitio que acabo de mencionar y que a una pregunta incisiva de Baró responde el escritor cubano:
Baró: Se dice que usted es un hábil oportunista que se mueve con maestría en los espacios de la cultura cubana, zigzagueando las fronteras de lo lícito, que el castrismo puede permitir y mostrar ante el mundo como muestra de tolerancia. ¿Qué piensa de eso?
Leonardo Padura: Solo soy un escritor que trabaja a diario más de 10 horas. Hacer literatura produce mucho desconcierto, nunca estoy del todo convencido con lo que hago. El régimen nada me ha dado, lo poco que tengo se lo debo a mis libros; pero, no hago mucho caso cuando las opiniones sobre mí tienen un matiz político. Ni oportunista ni habilidoso. Apenas tengo comunicación con las autoridades culturales de Cuba. En 2012 recibí el Premio Nacional de Literatura y nada se me pidió a cambio: yo no lo hubiera aceptado. Los cubanos no hemos aprendido a ser tolerantes. Yo defiendo la libertad de que cada quien tenga derecho a expresar sus ideas y respeto al otro que no piensa como yo. La polarización política nos ha hecho intransigentes. Hay un vicio que nos persigue: no aceptamos el éxito del vecino. Cuando entrevisté a Mario Bauzá en Nueva York en los años 90 me dijo algo muy significativo: “Yo le aconsejé a Chano Pozo que se fuera de Cuba, el conguero tenía muchos enemigos en La Habana, en los ambientes religiosos afrocubanos por su virtuosismo como intérprete, la envidia lo rondaba. Nunca le perdonaron a Chano su éxito”. Vivo en Cuba porque escribo sobre Cuba, mi personaje más renombrado, Mario Conde, no podría habitar otra geografía que no fuera la noche y los trasiegos de La Habana.
Yo sí pienso que Leonardo Padura es la quintaesencia de un oportunista y de un habilidoso. Lo digo sin tener que dar vuelta a la página y sin rubor alguno. Y me explico.
Habilidoso. Precisamente porque esquiva endorsar al régimen, protegerlo, pero también esquiva lanzarle los dardos de un escritor honrado debiera lanzarle como debe. Se escribe para romper la punta del lápiz con la realidad, para hacer las preguntas difíciles, para joder, mortificar, demoler, no para endulzar y cubrir de (RAS)padura el hueso.
Oportunista. Porque existiendo intelectuales aplastados por el régimen, por ser inconvenientes y no doblegarse, ni siquiera mueve silenciosamente los labios para mencionarlos.
¿Quieren un nombre? Angel Santiesteban.
El cinismo de Padura está, precisamente, en encajonarse en la envidia y en la intransigencia. Es fácil recurrir a esos motivos, podemos entonces reproducir la anécdota del conguero o cualquier otra. Es tan seguro retornar a un pasado lejano para mistificar. Digo más, hay algo tan de cobarde al ni siquiera aventurar un nombre de los que «le envidian». ¿A quienes se refiere? ¿Por qué no quiere medir espadas con esas plumas?
Y aquí me viene, como de perilla, las declaraciones de un compatriota suyo en España, Gonzalo Rubalcaba, entrevistado por Chema García Martínez en «El País», el brillante músico dice:
“Lo que está pasando en Cuba tiene más que ver con la verdad oficial que con ninguna otra cosa. La realidad cubana es la misma desde hace años, las carencias materiales y no materiales siguen ahí…. hay todavía un temor a llamar a las cosas por su nombre. Ahora todo el mundo habla de los americanos y de todo lo que van a traer sin entender que la apertura tiene que darse desde dentro. No se puede seguir esperando a que los problemas internos nos los resuelvan desde el exterior”.
Nada de eso se atreve a desbrozar Padura. ¿A qué le teme entonces? ¿A los envidiosos que no tienen poder para condenarlo en la hoguera ideológica o a los sargentos políticos que sí encierran a escritores y poetas mistificándoles sus causas políticas con asuntos domésticos amañados?
La (RAS)padura suele ser dulce, muy dulce… empalaga.

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