Sunday, June 14, 2015

Las verdades cortas

¿Dónde están los enemigos de Cuba? La respuesta más corta sería señalar dos nombres muy conocidos y muy referenciados, pero no son los únicos, y en esta historia se alargan demasiado. Pudiéramos decir, para hacer la verdad una vez mas «corta», que están en todos los que ocultan la verdad, o la manipulan o sencillamente le pasan por arriba, con ese toque aterciopelado de la pluma aviesa que dibuja un rostro amable, una frase cómoda, un perfil  redondeado.
Entonces, ¿es la prensa oficialista la única encargada de llevar a cuesta las culpas, todas las culpas, y solo las culpas?
Pues, ¡no!
En la otra acera del negocio de la noticia tenemos también a la «prensa independiente». Para ser más exactos, la «nueva» prensa independiente. Y yo voy al grano esta vez, también los podemos encontrar en los artísticos titulares del medio por complacencia de la prensa internacional, especialmente la española: «14 y Medio».
Ya en un post anterior dedicado a este sitio web le dediqué algunas opiniones, tardías para la media en que fueron registradas sus críticas – esperé nada menos que un año –, lo titulé «7 y un cuarto de cebollas» y allí expuse cuán corto se queda este «diario» en el reflejo de Cuba, a pesar de que su directora, en un post casi inicial, decía que ese sitio iba dirigido a:
“A esas personas pegadas a la realidad y que sortean adversidades durante 24 horas, van dirigidos mis escritos.”
Hoy he leído un artículo que se titula «Placetas estrena Campanas», firmado por un tal José Gabriel Barrenechea, y lo que he leído, mas allá del estupor, me ha sobrecogido de verdadero ASCO, en mayúsculas. No cabe otra palabra.
Conozco a Placetas como a la «palma de mis manos». Sus rincones, sus días y sus noches, los que la habitan, he caminado sus calles oscuras de noche, donde la luz parpadea miserablemente colgada desde un poste eléctrico. He soportado chaparrones, cuando el torrencial de pestilencia de la cañada, que atraviesa la parte sur de esa ciudad, se desborda y salta por encima de sus bordes arrastrando excrementos, suciedad industrial y olores nauseabundos. Conozco sus mosquitos, la invasión nocturna que arrastra sus noches, y su silencio, que hace a todos sus habitantes esconderse temprano en sus mosquiteros. Las llegadas nocturnas al hospital local, sabatinas, de los que se lían a machetazos por alguna bronca alcoholizada, o por cualquier enemistad en la cervecera local, o en la «plaza roja».
Placetas es una «pequeña Cuba». No hay un hogar que no conozca de un hijo, un sobrino, un cuñado o yerno, un hermano o hermana, un esposo o una novia, una mujer, hombre o niño que lo haya abandonado y que envíe hoy la supervivencia, desde Miami o cualquier otro lado, pero especialmente Miami, a los que se «quedaron atrás».
Placetas es «los que se quedaron atrás».
El pueblo vivía de la economía de sus centrales, pero el primer enemigo, aquel que mencionaba al principio de este post, el más importante, un día amaneció con el herético deseo de destrozar la industria azucarera y los centrales, que eran la vida de este pequeño pueblo, – la ciudad más grande de la provincia de Las Villas en 1959, incluso mayor que su capital Santa Clara – dejaron de existir. Los convirtieron en piezas, los vendieron, desaparecieron sus bateyes azucareros y la ciudad se hundió más en la miseria.
Hoy ese «pequeño país», dentro del país grande devastado que es Cuba, vive de lo que sus hijos, en cualquier latitud del mundo, le envían por remesas.
¿Puede usted sorprenderse que me haya causado tanto estupor y tanto ASCO, otra vez en mayúsculas, que un artículo tan desvergonzado haya aparecido en «14 y Medio»?
No sé cuál es el límite de la vanidad, o la frontera que puede tener la capacidad de mentir de las personas. Para mí la mentira es uno de los peores defectos, porque se hace a consciencia. En este «estreno de campanas» del Barrenechea, que muy bien hubiera ocupado un lugar en cualquier edición de la revista de corazón española «Hola» – casi puedo ir asegurando aquello de HOLA de PRISA, ¿me comprenden? –, nos habla de grandes duquesas, monseñores y embajadores galos, en el lenguaje almibarado de la versión vernácula, caribeña, de esta nueva «Hola y Media».
Y no reconozco a Placetas. Por ningún lado está. No encuentro su juventud que solo sueña con escapar algún día de casa de sus padres, para otras latitudes y no para otra Cuba. No encuentro sus borrachos sabatinos, las broncas de la «plaza roja», sus presos violentos – los más violentos del país, según las propias autoridades judiciales –, presos que se auto mutilan, se infestan las heridas aunque queden discapacitados de por vida, para poder disfrutar de unos días en la enfermería de las cárceles villaclareñas.
Los escribidores de este libelo que ahora debería llamarse «Hola y Medio» pudieran publicar eso y mucho mas, porque en ese pueblo hay jueces y personal del sistema judicial que conoce estas estadísticas y estos hechos, y lo conocen también las más altas autoridades de la provincia y, por supuesto, la policía política, los del «partido» y el espíritu santo. Y hay muchos que, por lo bajo, lo dicen y quieren decirlo. Hay muchos de esos jueces y autoridades judiciales que hoy acuden, de incógnito, o casi, a esa misma iglesia donde instalaron las campanas ducales.
Pero, siempre hay algún pero, por alguna razón corta este libretista revisteril español escogió decir una cosa como esta:
“A partir de ahora los placeteños tendrán otro motivo de orgullo, además de sus calles amplias y rectas y su envidiable situación, conectada al resto de la Isla por la carretera central, el ferrocarril y la autopista nacional.”
No sé donde estará el «orgullo placeteño», si en Placetas o en Miami, hay muchos allá, eso es seguro. Y sus calles, ¡vaya burla!, solo pavimentadas en un 25% cuanto más, en los alrededores de ese parque y de esa iglesia donde alzaron las «nuevas campanas» ducales. El resto, sin pavimento, sin sistema de alcantarillado, llenas de huecos y barrancos, donde desemboca el agua albañal, los desperdicios humanos y cualquier otra cosa. Por donde corren las lluvias y arrastran la cañada, o el nacimiento del río «Zaza», que es también un vertedero industrial y humano.
¿Envidiable situación?
¿Cuál?
Desde que existe la autopista Placetas dejó de ser el centro vehicular y de transporte interprovincial. Sus hijos saben cuán difícil es salir de ese pueblo cuando van de vacaciones y a fines de año a ver a sus familiares, o cuando diariamente se tienen que trasladar, como ganados, en «guagüitas» atiborradas hasta Santa Clara, a 36 kilómetros, donde se encuentran los principales centros de trabajo de los habitantes de ese pueblo, y también de muchos de sus estudiantes.
Placetas es, desde hace mucho tiempo, un pueblo muerto, que fallece en cuanto cae la luz del sol y, desesperadamente, parpadea su alumbrado público, que a duras penas descubre el rostro silencioso de esa ciudad.
¿Vida pública nocturna?
Los fines de semana su parque, tres cines que proyectan las películas de ocasión, una sala de video que ha tenido más de una ocasión que ser cerrada y que ya no existe, una «cervecera» rodeada de rejas y hierros, como una cárcel, donde más de una vez se agarran a los botellazos «los amigos» del alcohol. Las actividades esporádicas de aquella explanada fría al noreste del «Paseo Martí» y que, como ya dije, le llaman «la plaza roja», por las broncas sucesivas que han ocurrido en sus actividades «culturales».
Ah, ¡que no se me olvide el parque!, que 56 años atrás le llamaban el «parque de los laureles» por tener frondosos árboles de esa especie y que, un día hace décadas atrás, sufrieron las mismas bajas que su estación de radio, el equipo de proyección de su principal cine, el «Pujols», todo ello porque los «laureles» al parecer no eran muy verde olivos que digamos, y la planta de radio y el equipo de proyección tenían que trasladarse a la capital, porque eran los más potentes de la provincia.
¿Cuenta algo de esto el señor Barrenechea?
No. Para el señor es un pueblo idílico, como sacado de un cuento de hadas, o de las maravillas, casi podemos verlo escurrirse detrás del gato, perfecto para la revista de banalidades del corazón que, al parecer, se está convirtiendo «14 y Medio». Perdón, «Hola y Medio».
ASCO en MAYUSCULAS es lo que causa estos periodistas «independientes» que escriben, según la directora de ese libelo, para las «personas pegadas a la realidad», y cito. Me pregunto ¿cuál realidad? ¿Cuál?
A veces tengo ganas de no leer, de cerrar la ventana a este mundo de mentiras y medias verdades, o de verdades cortas que no alcanzan a reflejar lo que es Cuba. Pero son esas las que en España y en Estados Unidos, también aquí en Canadá y en muchas latitudes quieren ver escritas, y que sean leídas y oídas.
En las últimas décadas viene sucediendo lo que algunos analistas llaman la «mediatización de la política», concepto que hace referencia “al proceso por el cual los medios masivos, de preferencia los audiovisuales, imponen de modo creciente su lógica en la construcción de la realidad política”.
Una de las consecuencias de la mediatización de la política es lo que se denomina la “espectacularización de la política” o su “farandulización”. Estos conceptos definen “la utilización de códigos, figuras y lógicas del entretenimiento y del mundo del espectáculo en el ámbito político”. En este contexto de espectáculo, de construcción de espectacularización, las imágenes, las emociones y las apariencias adquieren mucha importancia. La política, entonces, “se convierte en un ritual personalizado con visos de espectáculo que se vale de un lenguaje de imágenes”.
The American Marketing Asociation, en 1985, definió el término marketing como “el proceso de planificar y de concebir el precio, la promoción y la distribución de ideas, bienes y servicios para crear intercambios que satisfagan los objetivos individuales y organizacionales”. En el marketing político, para lograr que una campaña alcance sus objetivos, requiere como tarea básica, precisamente, el conocimiento de las necesidades, expectativas, creencias, actitudes hacia ciertos temas e, incluso, los consumos culturales de los públicos.
No sorprende, entonces, la andanada de celebridades y la romantización de la situación política «de cambios» en Cuba, secundada por las constantes visitas de personalidades políticas, hombres de negocios, figuras deportivas, músicos, orquestas célebres, personalidades del mundo del espectáculo.
No sorprende entonces leer las campanas ducales de las que escribe Barrenechea. No sorprende que no veamos Cuba los cubanos, sino algún otro lugar, demasiado romantizado, y demasiado azucarado, aun cuando apunten algunas espinas aquí y allá. Se nos quiere, de alguna forma, vender un caramelo que no existe, pero que se hace para el consumo de los no-nacionales, para el turista de la noticia.
Así, ¿cuál es la noticia de estas campanas, qué agrega al perfil de Placetas y qué contribuye como reflejo social de lo que ocurre en Cuba?
Nada. Es pura banalidad, farandulería de mercado de un lugar inexistente para una localidad lejana, a miles de kilómetros de distancia del foco de atención de la noticia. Esa no es la Placetas geográfica, la física, la espiritual. Alguien pudiera decir que es una «verdad corta», porque se quedó en el campanario de su iglesia mayor católica. Tal vez, o tal vez no. Porque las verdades o son o no son, y no están encaramadas en ningún  campanario. La cortedad solo implica que hay una capacidad controlada detrás de lo que se escribe para regularla.
Es decir, una capacidad para mentir. Eso es lo que tenemos en estas campanas de «Hola y Medio».

Nota: La foto ha sido tomada del artículo de «14 y Medio»

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