Tuesday, May 5, 2015

Mariconerias de Estado

En un mundo cuyos valores están invertidos enseñar el culo puede ser símbolo de respeto, después de todo se trata de eso, de una inversión de valores, inversión de cuerpos, sexos y pensamientos. Inversión de políticas, banderas, ideologías, apostasías y fidelidades. Y así podemos entender el «gesto» invertido de Mariela Castro, con una celebración simbólica de una boda homosexual en un país donde no hay libertad de pensamiento, pero se quiere dar la impresión de un orden de libertad sexual, inexistente.
Lo fastidioso es que, según esta puta de estado socialista, se hace «inspirado» en lo que conoció en Toronto, durante el encuentro mundial de la comunidad gay celebrado en esta gran ciudad el año pasado. Lo inusual, sin embargo, en esta inversión, es que le faltó decir con claridad que en Toronto el matrimonio homosexual existe desde hace ya tiempo. Canadá fue el segundo país en reconocerlo. No hay orgullo alguno en decirlo, es solo una aclaración. Así que, simbología aquí, ninguna.
Hablemos un poco de la parada homosexual de Toronto, que se celebra el «Día de Canadá», nada menos que el «Día de Canadá», como si todos los canadiense fuéramos homosexuales y hubiera que sentir «orgullo» por exhibir el culo en una parada bochornosa de payasos.
Porque eso es lo que es, una parada de payasos, a la que acude mucha gente. Bueno decirlo también.
Puedo comprender una jornada por la igualdad sexual. Puedo entender un recorrido multicolor, incluso con poca ropa. ¡Vamos!, es verano después de todo. Pero, ¿enseñar el culo es señal de orgullo y una herramienta para solicitar igualdad?
El órgano se usa para defecar, además de otras cosas no habituales. No obstante, un millón de canadienses va a este carnaval de saltimbanquis de relajo para gozar «la papeleta», como decimos en Cuba. Niños, adolescentes, viejos y viejas, políticos y dromedarios sexuales, como se puede apreciar si miramos las fotos de la parada del «orgullo» gay de Toronto.
Nunca he ido. He visto fotos, he visto lo que la prensa y las televisoras transmiten. Este carnaval de pitonisas no me interesa, no me representa como persona, ni tampoco representa nada en el aspecto de libertad, armonía sexual y tolerancia. Es solo una bachata temperamental de un país que es usualmente de una «aburrides dromedaria».
Es sencillamente una marranada, pero Toronto es libre de celebrar. Algunos enseñan piezas de colores interiores, otros descubren esos cachetes desgastados por el uso, como los músculos flotantes de un animal muy viejo, desgastado y usado para demasiados menesteres. Está permitido. Enseñar el «pito» y el trasero, sonreír de espaldas y mover desmelenadamente el cuerpo.
Marranear.
Se «cagan» en la policía, le dicen muy soberanamente «Fuck the Police». Libertad tienen. ¿No es así, Mariela?
¿Qué pasaría en Cuba si salen a la calle y se cagan literalmente en aquella policía?
¿Qué pasaría si le dicen en un cartel colorido «Fuck you Castro»?
Son solo unas escasas preguntas
Ya que se «inspiró» en Toronto, debería inspirarse en el «todo de Toronto». En las nalgas viejas colgando del viejo que se pasa desnudo, enseñando el culo y meneándolo. En el hombre que menea «el rabo» como símbolo «orgulloso» de su marranada. En la libertad que tienen en mandar al carajo a la policía, a las autoridades y al propio Primer Ministro de Canadá. Eso es el todo, y algo mas, por supuesto.
Personalmente pienso que todos tenemos el derecho a vivir en libertad, en una libertad compartida y de respeto. ¿Es este carnaval voluptuoso verdadera libertad? Le dejo la pregunta en suspenso. Cada cual es libre de su opinión y su respuesta.
Mientras, lo que transcurre en La Habana con la Puta de Estado es una invención castrista, tropicalizada, de estos saltimbanquis que convierten Toronto cada «Día de Canadá» en un despojo de heces.
Así lo digo, me importa un pepino al que le moleste. Cada cual tiene derecho a menear la cama como lo desee. Es su cama. Y cada cual también tiene derecho a expresar su orgullo como lo entienda, hasta con el culo. Es su orgullo. Pero el desparpajo es simplemente eso, desparpajo.
No hay que enseñar el calzoncillo, o lo que está debajo del calzoncillo, para decir que se es hombre, ni tampoco para reafirmar una libertad o exigir un respeto. Pero, al parecer, es este el carnaval que la señora Castro Espín desea para los maricones de estado, de las locas socialistas, las que apoyan a Raúl, Fidel y ese mundo invertido simbolizado por el culo irrespetuoso de esta payasada que sale, cada verano, en Toronto y que, al parecer, quiere tener una sucursal tropical en Cuba.
Aclaración: una sucursal de locas oficialistas, «revolucionarias», comunistas. Nada más.
Me pregunto ¿qué más le pudo inspirar la libertad canadiense encontrada por Mariela en su estancia en Toronto, el año pasado?
Como pudo ver, la policía no detuvo a los del cartel en contra de su misma profesión y uniforme. Marcharon juntos, además. Un millón de torontianos rió, bachateó, se burló y tomó sus fotos. La marinería colorida celebró su parada y regresó a su estado usual, que no es la marranada esta de la parada. Los mercados estaban abiertos. El transporte era regular. Trenes y autobuses, metros y autos recorrían Toronto sin que nadie interrumpiera su normalidad. Protesta y aplausos. Palabrotas y risas. Mucha tolerancia, mucha.
Es un día en que Toronto se marca de colores, nalgas abiertas y bromas desvergonzadas, pero bromas al fin. Se llama tolerancia. Los líderes políticos acuden también, se fotografían con las «damas» y los «damos», hacen de su presencia una inversión de votos para su partido. Es lo que es. Y la vida transcurre con los que les gusta ver, participar y coger sol, además de otras cosas. O con los que pensamos que es solo una saltimbanqueria ambulante, que no representa el espíritu auténticamente tolerante de este país.
Canadá es algo más que todo esto. Algo que Mariela nunca comprenderá, es incapaz de hacerlo.
Mañana la prensa internacional «saludará» la disidencia prostituida de la señora Castro, muy de esperarse. Para eso abrió la boca, para esto expidió ese pedo voluptuoso de estado. Y por eso incluyo estas fotos que encontré en internet de la Parada Gay de Toronto, la del año pasado, donde pedorreó la babilónica puta de estado. Porque es pura payasada la actitud de Mariela, pura prostitución de esta mariconería de estado que ella agita, como símbolo del desparpajo de un cambio que no es, que no ha sido, que no será.
Pero, ¿qué se le puede pedir a una puta?
Pues que prostituya su cuerpo, su cerebro y su alma.
Ya ella lo hizo desde que fue concebida.
¡Amén!
Fotos del Toronto Gay Parade 2014:

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