Monday, May 18, 2015

Lirización del Terror

En 1980 Julio Cortázar impartió un ciclo de conferencias sobre literatura en la Universidad de Berkeley, California. Era la segunda vez que era invitado a hacerlo, la primera vez, a inicios de los 70, el argentino rechazó la oferta para no «colaborar con el imperialismo». Fue su respuesta de entonces.
En realidad la verdadera causa del rechazo de Cortázar a impartir esa serie de clases fue sencillamente su cobardía ideológica, después del cisma provocado por la reacción de la intelectualidad castrista contra Pablo Neruda, al concurrir el gran poeta al PEN norteamericano, a principios de los 70. Una reacción que fue, ineludiblemente, patrocinada desde el poder en Cuba.
Por otra parte, no existe otra respuesta, no es posible. No se puede hablar de ignorancia en Cortázar, no en una persona que transcurría su tiempo de vida entre Paris y Buenos Aires, que debía conocer que el mundo académico norteamericano era el mas polifónico internacional, guarida muchas veces de la izquierda intelectual. Sencillamente, el argentino no podía admitir un cisma entre su militancia incuestionable con Cuba y su condición de "escritor comprometido de izquierda". Militancia que ya antes le había impedido firmar la carta de intelectuales contra el régimen cuando el vergonzoso proceso contra Heberto Padilla.
1980, sin embargo, era otra época. Los tiempos habían hecho reajustar el programa ideológico cultural cubano (castrista). Una coexistencia pacífica promocionaba la influencia del castrismo en el ambiente académico norteamericano, y es aquí donde se inserta el curso de literatura de Cortázar en Berkeley.
En ese nuevo entorno se produce la visita del argentino a la conocida institución académica, durante el curso del cual se enfrenta a un alumnado que le pregunta, insistentemente, sobre los típicos casos de terror contra el pensamiento en la isla: el «caso Padilla» y «Paradiso» de Lezama.
Respondiendo, en una de sus últimas clases, a la pregunta sobre Heberto Padilla, Cortázar afirma:
“Lo que te puedo decir es lo siguiente: realmente hablar hoy de lo que se llamó el Caso Padilla sería como si alguien se levantara y con gran inquietud me pidiera noticias de Juana de Arco: «¿Qué pasa con esa chica que metieron presa en la ciudad de Rouen? ¿La van a quemar o no la van a quemar?»… No había pasado mucho tiempo del episodio de la Bahía de Cochinos y había un estado de ánimo que favorecía situaciones como ésa… Bueno, es todo lo que te puedo decir y puedo agregar que si de algo estoy seguro es que las condiciones internas que generaron el caso Padilla no existen ya en Cuba y no habrá otros casos Padilla.”
Por supuesto, todos sabemos que nunca dejó de haber «otros casos Padilla». Los nombres sobran, para recordar algunos: Raúl Rivero, María Elena Cruz Varela – poeta ella, también como Padilla – y el más reciente de Angel Santiesteban.
Lo «sorprendente» de la evaluación del caso Padilla por parte de Cortázar no es su mistificación, lo cual es usual y se hizo usual durante toda la vida extenuante de la «revolución cubana». Lo sorprendente es que no reconozca, no descubra y no logre discernir las consecuencias de lo ocurrido con el poeta para la intelectualidad cubana, él que tanto reclama en esas clases la libertad del escritor.
El «caso Padilla» fue el motivo necesario para acabar de sepultar toda resistencia en el mundo intelectual cubano. Fue la imposición del terror, del miedo a la rebelión, con lo que creó las premisas imprescindibles para que la intelectualidad cubana se convirtiera en un remanso de borregos amaestrados, a los que se le podía cursar el destino, mostrarle un señuelo y cambiarle las páginas a algún libro, cederle un mísero diezmo y eliminar algún verso amargo.
Prácticas cotidianas de la UNEAC.
Padilla fue la víctima propicia. La principal culpa del poeta fue creerse intocable, olvidándose de su naturaleza mortal, de su envoltura humana, en un país cuyos intocables disminuían inversamente proporcional a la falta de independencia personal.
Sobre Lezama, ¡ah!, sobre Lezama Cortázar utiliza otra figura de su discurso pedagógico: el «dedo mágico», tomado evidentemente del realismo socialista. Sobre el cubano afirma:
“Lezama es una de las figuras más prodigiosas de nuestra literatura contemporánea, y estoy hablando mucho más que de América Latina: del mundo.”
Y sobre esa figura mundial, un estudiante de su curso le pregunta:
ALUMNO: ¿Podría hablar, porque no sé si sería cierto, pero aparentemente el gobierno de Fidel había prohibido «Paradiso» en Cuba? ¿A qué se debió esto y por qué?
CORTAZAR: Una noche Fidel Castro fue a la universidad a hablar con los estudiantes; de vez en cuando hace una visita por sorpresa, llega a las escalinatas de la universidad, los estudiantes lo rodean durante una o dos horas, discuten muy violentamente entre ellos, exponen sus problemas y él escucha y contesta. Esa noche, en plena conversación un estudiante le dijo: «Oye, Fidel, ¿y por qué es que no podemos comprar Paradiso? Nos han dicho que lo han suspendido de las librerías y no lo podemos comprar». La respuesta de Fidel fue ésta, y me hago responsable de esa respuesta porque sé que fue así.

«Curiosamente», ¿casualidad?, algún dedo mágico oprimió el botón de «STOP» del equipo registrador de la voz de Cortázar, fiel a todas sus interjecciones, olvidos, zumbidos e interrupciones, y la respuesta del escritor argentino se desconoce y no pudo ser reproducida por los honrados editores de las «Clases de Literatura» de Julio Cortázar en Berkeley. Sin embargo, esos mismos editores recuerdan, en un pie de página, su respuesta a una pregunta muy parecida en una entrevista donde, por supuesto, el «dedo mágico» del realismo socialista no pudo hacer acto de presencia.
Dice Cortázar, refiriéndose a un acto con estudiantes de la Universidad de La Habana donde, supuestamente, Castro y él estuvieron presentes:
“Fidel dijo esto que me parece muy lindo: «Chico, mira, este libro realmente yo no entiendo gran cosa de lo que hay ahí adentro pero estoy seguro de que contrarrevolucionario no tiene nada, de manera que no veo por qué no lo van a vender». Y los que estaban con él escuchaban muy bien y al otro día el libro volvió a salir”.
Tomado de «Cortázar por Cortázar” de Evelyn Picon Garfield, México, Universidad Veracruzana, 1978, página 48.

Resulta de un cinismo macondiano, para no decir rayueliano, el que ese escritor que ha estado repitiendo en decenas de ocasiones que «no tiene memoria para recordarse de su propio teléfono», ni para citar anécdotas, nombres de obras y escritores, palabras y versos… en unas «clases de literatura» de una institución tan reconocida como la Universidad de Berkeley, que acuda a la memoria, ese recurso inexistente en su mente pedagógica, para citar a pie juntillas las palabras de Castro sobre «Paradiso».
Me demuestra que, no solo es una auto mistificación, sino de ese fenómeno que Milan Kundera había nombrado, con tanto tino, como «lirización del terror».
Dice Kundera en «Los testamentos traicionados»:
“Después de 1948, durante los años de la revolución comunista en mi país natal, comprendí el eminente papel que desempeña la ceguera lírica en tiempos del Terror, que, para mí, era la época en la que «el poeta reinaba junto al verdugo» (La vida está en otra parte). Pensé entonces en Maiakovski; para la revolución rusa, su genio había sido tan indispensable como la policía de Dzerginski. Lirismo, lirización, discurso lírico, entusiasmo lírico forman parte integrante de lo que llamamos el mundo totalitario; ese mundo, no el gulag, es el gulag de muros exteriores tapizados de versos y ante los cuales se baila. Más que el Terror, la lirización del Terror fue para mí un trauma
Precisamente es Kundera, en mi opinión muy personal, quien provoca el verdadero contraste con Cortázar. Y me explico.
Cortázar representa al intelectual de izquierda que, desde una península lejana de esa izquierda, anclada en Paris – como tantos otros –, ayuda a mistificar y crear la «lírica política» de la revolución cubana. Y así nos abundan todos estos intelectuales que no viven en el centro de la tormenta, que viajan de acomodo a la isla, aplauden un poquito y regresan haciendo esta «poesía mágica» de los procesos seculares en Cuba.
Kundera, por el contrario, representa lo contrario. Un intelectual que, comprometido y aplaudidor en sus inicios, con ese discurso y entusiasmo lírico que le hace escribir versos metálicos contra traidores y traiciones, y que pronto se descubre desbordado, consciente de que aplaude un terror mas y quiere re-escribir sus versos, borrar su historia, hablar con voz propia.
No deja de ser significativo entonces que Kundera, ya apartado del Partido Comunista, y ya intelectual con espíritu crítico, quiera entonces re-escribir su biografía literaria, reniegue de sus poemas iniciales y solo acuse «su primera obra» a aquella cuyo nombre es «La Broma», años después de la «poesía amorosa» a la revolución checa.
Pero antes, mucho antes, había escrito algo como esto:
“Even you, dogs, turn away
from those who have betrayed! (...)
The heads of the traitors abroad are heavy
and they are drooping.
Today, their loneliness
is turning into a coffin for them."
 No he podido encontrar los poemas del checo en español, y existen muy pocas referencias en inglés y, no sabiendo checo, me niego traducir un poema de una traducción – un acto de verdadera violación poética, sin lugar a dudas –, así que los dejo con su versión en inglés. De todas formas, Kundera alude a los «traidores», a esos que abandonan su tierra natal y sufren de la pérdida de su hogar y de su comunidad, especialmente en las Navidades.
Me imagino que estos versos estarán tan hundidos en el alma de Kundera, él mismo un «traidor» años después de escribirlos, que desde entonces se ha negado constantemente a que sean re-impresos. Ha pasado a esa etapa de re-escribir su biografía literaria.
Ese mismo Kundera, además, ha sido acusado – en la misma época de esos versos – de haber denunciado a la policía a un disidente, un hecho que ha causado recientemente mucha publicidad y que el escritor ha negado repetidas veces haber hecho, teniendo la solidaridad de muchos Premios Nobel, incluido García Márquez y Vargas Llosa
En mi opinión, sin embargo, yo sí creo que Kundera haya realizado aquel bochornoso acto. No es nada extraño a ese período de «lirización del terror», y es precisamente gracias a esta intimidad con estos sucesos que puede hablar de ellos con tanta claridad y transparencia. Es parte de la atmósfera de toda «revolución», de todas, comenzando por aquella que engendró todas las demás, la francesa.
La pluma lírica de un intelectual como Robespierre, redactando poéticos discursos revolucionarios mientras casi al borde de su ventana muchos ciudadanos franceses perdían sus cabezas. O la poética pluma encaracolada de Pablo Neruda, adornando de gallardía a Fidel Castro, en su «Cantar de Gesta»:
“Fidel Fidel, los pueblos te agradecen
palabras en acción y hechos que cantan,
por eso desde lejos te he traído
una copa de vino de mi patria:
es la sangre de un pueblo subterráneo
que llega de la sombra a tu garganta"
Para morir casi con la amargura de aquella carta donde los «intelectuales cubanos» lo sepultaban de estulticia por acudir al PEN Club norteamericano en 1972, y por cuya acción Cortázar evidentemente eludió acudir a las instituciones académicas norteamericanas por más de una década.
Neruda tenía el coraje del desafío, Cortázar tenía la debilidad de la mistificación para poetizar su ausencia como «no-colaboración con el imperialismo».
La cobardía siempre tiene otros nombres de acomodo.
Milan Kundera, a partir de aquella amarga experiencia lírica se compromete a un no-compromiso. Enjuicia duramente la literatura comprometida, la condena. Cortázar, también en sus «clases de literatura» en Berkeley, y con su doble discurso, no puede subscribir ese compromiso literario, y parte de su literatura puede adjuntarse a esa etiqueta lírica, pero entonces tenemos al «Libro de Manuel». Un bodrio político, asumido por él mismo. Y toda teoría pedagógica se arrastra en el fango
Kundera representa la reacción a la politización de la sociedad hasta los más altos estratos intelectuales.
Cortázar representa la alienación de la literatura a un testamento político. Demuestra, además, que se puede ser un gran escritor y, a la misma vez, un inepto profesor de literatura… en cualquier universidad de este mundo.
Los casos de Kundera y de Cortázar me vienen constantemente cada vez que miro el estado de la intelectualidad cubana. La «lirización del terror» comenzó en Cuba con el mismo nacimiento del régimen, y muy pocos escaparon de aquel bautismo.
El propio Guillermo Cabrera Infante recorrió el camino de Kundera, para luego convertirse en víctima de esa lirización, y también tratar de re-escribir su historia. El rechazo de Cabrera Infante a su periodo «lírico castrista», a hacer paces con su pasado amargo, lo llevó a eludir, a tratar de olvidar cuán profundo pudo haber caído si se hubiera quedado en Cuba y se hubiera convertido en uno de estos amaestrados intelectuales de pasillo, órganos asexuales de gobierno que se pasean por la UNEAC.
Cabrera Infante sobrevivió, y triunfó. Nicolas Guillen escribió su librito y aplaudió a Stalin, ¿alguno lo recuerda?
“Stalin, Capitán,
a quien Changó proteja y a quien resguarde Ochun
A tu lado, cantando, los hombres libres van:
el chino, que respira con pulmón de volcán,
el negro, de ojos blancos y barbas de betún,
el blanco, de ojos verdes y barbas de azafrán.”
Es patético ver un gran poeta haciendo el ridículo de adornar un dictadorzuelo. Patetismo lírico, además.
Recordando a Guillén me viene a la memoria un cubano que encontré en Toronto. Hay cubanos por todas partes, y de todos los sesgos. A este le costaba mucho recordar su pasado, tener memoria. Era como abrir la puerta de un lugar donde no podría salir, y verse hundido allí, sin poder escapar, sin salida a otra vida, que se le asemejaba lo peor a sucederle.
"¿Sabes? Lo peor no son los años perdidos, sino la memoria de esos años, tener la certidumbre que nunca podrán ser recuperados". – decía.
Reconstruir una vida después de un desengaño espiritual ha sido lo peor para los intelectuales que un día escribieron la lírica del terror, cuando se tiene la certidumbre del fracaso. Pero la diferencia es que mientras el hombre común vive aterrado por su memoria personal, y no encuentra como remedarla, el escritor es capaz de rehacerla, reescribirla, elaborar una distinta y acomodarla a las circunstancias
Nicolás Guillen nunca tuvo esa certidumbre. No vio destruida la sociedad que aplaudió y era, en sí mismo, un poeta auto complaciente que, alguna vez, confesó ser el mejor degustador de sus propios poemas porque se consideraba lo mejor. Hasta el último momento de mi salida de Cuba conservé esa "Bohemia" con aquella entrevista realizada por un periodista checoslovaco – curiosa coincidencia –, el mejor testamento a la imprescindible necesidad de huir del alcance de estos hombres que hacen de su complacencia el rito monstruoso de su propia elegía. Se auto reconocen omniscientes, más que Dios.
La intelectualidad cubana ha cerrado el ciclo que describía Kundera. La tipicidad de estos intelectuales es que un día, algún día, estuvieron encerrados en algún lugar, apaleados en una UMAP pública o privada, silenciados u oprimidos, y hoy se han convertido en los sargentos de opresión artística. Censurados censores.
Es la típica lascivia del intelectual que se ha convertido en mendigo del régimen de terror. ¿No es así, Barnet?

Serán olvidados, quedarán sepultados hasta en su propia hojarasca, pero mientras siguen haciendo su labor de gusano arrastrador. Conquistando artistas de acomodo, grandes artistas, esa es la gran vergüenza intelectual, para hacer esta lírica de bochorno en alguna universidad, y secundar a un poder que, hace mucho rato, dejó de hacer revolución y se convirtió en lo que es, lascivia.

Nota: El poster que encabeza el post pertenece a "A tu salud, Stalin" de Picasso.

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