Wednesday, May 27, 2015

7 y un cuarto de cebollas

Pensé esperar dos semanas, fue mi primera intención. Luego creí que lo mejor era esperar un mes, y al mes tuve la certeza de que era muy poco tiempo para poder evaluar una labor humana, aunque fuera en el espacio internauta. Decidí entonces esperar un año. Y aquí estoy, al año.
Un diario digital necesita un tiempo para poder ser «evaluado» con justicia. Hasta los grandes medios necesitan un  tiempo de reajuste y acomodo, un espacio en el cual calibrar cuál es su alcance, quiénes son sus «lectores», cuál es su estilo.
«14 y Medio» enfrentó, sin embargo, la embestida sin vacilaciones de muchos, como casi todo lo que ha llevado el nombre de Yoani Sánchez. Allí donde otros no vacilaron en condonar fracasos, o en aventurar banalidades, incluso acusar de mediaticidades con el «castrismo light», yo decidí esperar.
El tiempo, «ese niño que juega a los dados», siempre tiene su última palabra. Y así fue, siempre ha sido.
En uno de esos escritos que casi inauguró el «diario digital» de Yoani Sanchez, «14 y Medio», la bloguera se preguntaba:
“¿En quién pienso cuando escribo? ¿Cómo es ese lector que imagino se acercará a mis textos? ¿A quién quiero sacudir, conmover, llegar… con mis palabras?”
Para agregar en unas rápidas líneas más abajo de ese texto:
“No escribo para académicos ni sabios… Cuando me siento frente al teclado pienso en gente como mi madre, que trabajó por más de 35 años en el sector de los taxis. A esas personas pegadas a la realidad y que sortean adversidades durante 24 horas, van dirigidos mis escritos.”
Las palabras cuando se dicen, y nadie las oye, no provocan problemas, nadie las cuestiona ni las maldice.
Esas mismas palabras cuando se escriben, y las leen unos pocos provocan una pequeña tormenta en un vaso de agua.
Pero cuando se escriben en este mundo interrelacionado hecho marca por un nombre, y se dispersan a través de un blog que ha sido referenciado por las vírgenes vestales del periodismo internacional, al que se le ha otorgado premios por todos los santos de la iconoclasia mediática y su autora ha recibido el beneplácito de las autoridades sacrosantas de los medios internacionales de la información, esas mismas palabras se convierten en su misma sepultura… si no logran cuajar en un acto de verdadera justicia a lo enunciado.
Una clarísima perspectiva, por ejemplo, puede darnos las razones dadas por el emisor del último premio a la conocida bloguera cubana.
Premio Knight de Periodismo del Centro Internacional para Periodistas (ICFJ)
En la nota de prensa emitida por ese centro a la hora de señalar sus galardonados de este año, se señala:
"Yoani Sánchez ha superado la censura, arrestos y el acceso deficiente a internet para dar al mundo una rara visión de la vida cotidiana bajo el régimen comunista de Cuba y abrir la puerta a otras voces independientes".
El presidente del ICFJ, Joyce Barnathan, nos dice algo mucho más esclarecedor (para el propósito de este post):
"Nuestras ganadoras de este año muestran determinación poco común en la lucha contra la censura y la violencia sexual. Gracias a sus valientes informaciones, la cerrada sociedad de Cuba es más abierta y la sociedad democrática de la India es más sensible a la difícil situación de las mujeres maltratadas”.
Realmente, ¿lo es?
¿El hecho de la «existencia» del diario digital «Hecho en Cuba» de Yoani Sánchez provoca, de por sí, que la «cerrada sociedad de Cuba» sea más abierta?
Mistificaciones aparte, ¿qué cosa es un diario digital «Hecho en Cuba»?
¿Significa que sus creadores viven en el país y reflejan su realidad?
Este es el centro de la cuestión. Es, en última instancia, las razones por las que su autora será juzgada como la avanzada del periodismo independiente moderno – es importante el último apelativo para zanjar algunas malinterpretaciones, porque periodismo independiente ha existido en ese país por mucho más tiempo que el de la existencia de ese diario.
Un diario digital hecho en Cuba
Déjenme aclarar que, desde el mismo inicio de aparecer el medio creado por la señora Sánchez, expresé mis simpatías por su existencia. Era un medio más, una ventana más que podría acercarme mi país al lugar adonde hoy vivo, Canadá. Esperaba más, sí, mucho más. Las expectativas eran altas porque a la señora Sánchez se le había dado demasiada estatura. Había dado la vuelta al mundo en 80 días sin ser Julio Verne, y era considerada la estrella, sin ningún tipo de dudas, en la joven generación de disconformes.
Y así, esperaba un medio moderno, que hiciera uso extensivo de la imagen, de la fotografía. Que recogiera el pulso de la calle cubana. Después de todo, la misma Yoani Sánchez lo había anunciado a los «cuatro vientos»:
“A esas personas pegadas a la realidad y que sortean adversidades durante 24 horas, van dirigidos mis escritos.”
Los cubanos que vivimos fuera de las fronteras líquidas de nuestro país nos gustaba la imagen, esa oración melodiosa que «pega la realidad» al medio internauta para palpar el pulso del cubano, de la calle en Cuba.
Evidentemente, la autora de «Generación Y» y creadora de «14 y Medio» hablaba de un diario para el cubano de la isla, y que reflejara ese cubano. La extensión de aquel éramos nosotros, en otras latitudes y penínsulas del mundo.
Un año después, ¿qué queda de lo dicho?
Muy poca cosa.
El diario «Hecho en Cuba» refleja la ¿realidad? de un grupo de personas que escriben, o editan, un pequeño grupo de posts, algunas opiniones y escasas galerías de fotos sobre la vida del país.
Otro sitio más, y punto.
Abundan los reportes de prensa de EFE, la agencia española, al punto que el diario digital parece uno más de la península, con algunos toques isleños de Cuba. Hice la curiosa prueba de tomar una imagen y ensenársela a una amistad de Barcelona, que vive aquí en Canadá – tapando el precio de las cebollas en Santiago de Cuba, para evitar la revelación evidente –, y el resultado fue hilarante. Me dijo que posiblemente sería de España.
Yo esperaba esa respuesta.
Y es que no se explica que las imágenes de la calle, del cubano real, de la vida habanera – al menos – escaseen tanto. No se explica que ocurra, por ejemplo, un fenómeno atmosférico importante que haya afectado tantas vidas cubanas en la capital, las inundaciones recientes, y no podamos ver ninguna foto de lo sucedido. ¿No podían bajar de los 14 pisos para al menos documentar algo?
No encuentro explicación posible a la falta de documentación visual en un diario moderno, que es lo que la autora en ocasiones se ha jactado de hacer, y que la vida cubana se cubra solo de tanto en tanto, como parches para atajar alguna razón ajena. Si ahora usted mismo entra a la galería de fotografías podrá comprobar que desde la “Cumbre de Panamá”, un 10 de Abril, a las “Romerías de Mayo en Holguín”, un 4 de Mayo, va casi un mes, y no hay entre esas «noticias fotográficas» nada más. Y después solo aparecen otros tres «sucesos fotográficos»: “Hoyos en Santa Clara”, “Arte para Mamá” y “Bienal de La Habana”.
¿Es esto la Cuba real? ¿Son estas las imágenes que hacen que «la sociedad cerrada de Cuba sea más abierta»?
El dilema de las «cebollas»
Las palabras de Yoani Sánchez que he citado anteriormente aparecen en un escrito en su blog, adjunto a su diario digital, llamado «Mi Madre y las Cebollas», del 6 de Agosto del 2014. En él su autora, en el último párrafo, nos cuenta:
“A veces, cuando hablo con mi mamá le explico la necesidad de que Cuba se abra a la democracia, que se respeten los derechos humanos y se instale la libertad. Ella me escucha en silencio por un rato. Después de algunos minutos, cambia la conversación y me cuenta de los huevos que no han llegado, del burócrata que la maltrató o del salidero de agua que hay en la esquina de su casa. Entonces, le pregunto a cuánto están las cebollas. Mi madre necesita el pago de tres días de su jubilación para comprar una libra de cebollas. Ya no tengo que decirle nada más, ella sólo concluye: «Este país tiene que cambiar».”
El corolario que de esta anécdota se infiere es que el cubano no le da vuelo intelectual a sus demandas, las vive día a pié en sus problemas, y son esas demandas las que le significan la necesidad del cambio y no la búsqueda de una categoría de más alto vuelo filosófico, y político, como la democracia.
Puede ser verdad, puede serlo. Los cubanos muchas veces, casi siempre, o siempre son como ese «hermano grande» de Silvio Rodríguez que «iba despierto y bien atento a cuanto iba a pisar». Lo que provocó que nunca «el cuello se le enderezó y anduvo esclavo ya de la precaución».
Versos que se olvidan. Melodías que una vez fueron cantadas en la escalinata, casi en las mismas puertas de la facultad de letras donde Yoani Sánchez se hizo licenciada en Filología Hispánica.
El «dilema de las cebollas», para llamarlo de alguna forma, se le olvidó a la filóloga, devenida blogger, devenida periodista, devenida directora de un diario digital que reza «Hecho en Cuba», pero de una Cuba que no sabemos cuál es, dónde está y qué nos muestra. ¡Gracias a Dios que no es como «Granma»!, estaríamos refritos entonces.
Pero tampoco es la Cuba de la calle, porque escasea su reflejo. No es la Cuba de la diversidad, porque precisamente también escasea esa diversidad. Y los principales consumidores de este medio, que somos los cubanos de allende y no los de la isla, nos quedamos donde mismo estábamos, esperando esa puerta que nos dejara ver un país del que nos fuimos y al cual queremos recordar hoy como es, o al menos seguir recordando, y ver si en alguna ocasión cambiará para mejor.
Un periódico no un «medio anticastrista»
De lo que me viene, además, a la memoria unas palabras de la misma señora Sánchez, y de su esposo, donde en más de una ocasión han repetido que «14 y Medio» no es un medio anticastrista, sino un periódico.
¿Vale la aclaración? ¿O es solo miedo a enfrentar la disidencia de la declaración?
El periodismo, el buen periodismo, siempre es disidente, dondequiera que se ejerza. En Albania, en Madagascar o en Filipinas. No se escribe para hacer el cuento bonito de los logros, sino para ejercer la crítica y para ofrecer la noticia de la vida y los sucesos cotidianos de donde se vive. Lo demás es complacencia, un producto que solo los burócratas consumen, y los dictadores.
De ahí que esta cobardía a palabras, enunciados, etiquetas y otras categorías resume eso mismo, cobardía a enfrentar la esencia fundamental de un periódico: ejercer la crítica a la sociedad donde se vive. En Cuba eso significa ser anticastrista, ¿o no?
Pero eso, al parecer, no es «14 y Medio».
Diariamente visito varios medios digitales. Blogs, diarios, medios anticastristas y sitios personales de escritores y de periodistas, fotógrafos e intelectuales. Una vez, ¿casualidad?, luego de terminar de visitar el diario de Yoani Sánchez entré de seguido al sitio de “El País”, y de pronto se me antojó que, a pesar de los contrastes informativos, las noticias o las opiniones que se ofrecían, me encontraba visitando el mismo medio que, por una extraña circunstancia, habían cambiado repentinamente los contenidos.
Me pregunto si lo tantas veces dicho, la notable «acusación castrista» de que la señora Sánchez es un peón de zapa del Grupo PRISA, sea cierto. Es solo una pregunta que queda ahí, sin respuesta.
Por supuesto, si yo hiciera un diario digital no lo hiciera a la imagen de “El País”, que en mi sincera opinión es un periódico bastante mediocre. Pero lo cierto es que el diario digital «14 y medio» tampoco lo es, quiero decir, que no es un diario. A lo más que puede aspirar es a ser un sitio digital de informaciones de EFE… salpicado con posts sobre Cuba.
Es lo que es.
Y así, con muchos tropezones y bastantes piruetas, este catorce y medio se me convierte en un «7 y un Cuarto» de cebollas que quedaron olvidadas en algún lugar, porque la agencia EFE no las reportó por ningún lado.

2 comments:

adribosch said...

Admiro tu capacidad de escribir esta nota con tanta claridad , en algunas oportunidades he tratado exponer sobre el tema en mi blog .
Ni que me hubieras leido la mente.Felicitaciones ,la comparto

Anonymous said...

Como siempre, mi cubanísimo saludo.

Un abrazo, mi estimado amigo.
Simón José.