Thursday, April 16, 2015

Raúl Castro Kardashian, «Times» most influential

Años atrás las huestes castristas lanzaron sus gritos de histeria cuando la revista “Times” colocó a Yoani Sánchez entre las 100 personalidades más influyentes del mundo. No levantaron mucho la griteria, sin embargo, cuando en el 2012 la misma revista mencionó a Fidel Castro. Después de todo, ya la mosca se había caído del merengue y sus años de zumbido no contaban mucho.
Hoy lanza su nueva lista y, ¿adivinen qué?, el señor Raúl Castro se coló en la listica rosada de los nombres desafortunados.
Según «Times» la influencia puede ser «positiva o negativa», y selecciona un «escribiente» para que haga el panegírico del bien o la merengada del mal sobre el «influyente». De todas formas, quizás la discreción del castrismo en el 2012 tuviera mucho que ver con esos mismos criterios azarosos.
Se hace demasiado desafortunado ver incluido un nombre como el de, digamos, Malala Yousafzai separado algunos renglones de otro como Kim Jong Un.
¡Pobre Malala!
Nadie quiere estar en las vecindades de apellidos como el de Castro o el del coreano, pero me imagino que tampoco muchos deseen vanagloriarse de acercarse a Kanye West o a la señora Kardashian o Kardashia-West, lo mismo da.
¡Vamos, que pronto veremos incluidos a North West, East West, West West y cualquier otra banalidad de ese estilo!
Para «Times» funciona. ¿Y para el «Granma»?
Para que no quede dudas de que la lista de «Times» tiene más de celebridad que de estilo, profundidad e inteligencia, no les faltó incluir a Vladimir Putin ni mucho menos al muy «Nobel Prize» Barack Obama, seguido por Hilary Clinton, por supuesto.
Faltaría incluir el vestido de Monica Lewinsky y ya estuviéramos completos. Pobre Monica, seguimos acordándonos de ella cada vez que Clinton se asoma por las persianas de algún lugar.
Sin embargo, podemos agradecerle a «Times» que haya comenzado la lista de «influyentes» solo 12 años atrás y no desde principios de siglo porque si no, además de toda esta legión de celebridades descerebradas de California, hubieran necesitado incluir nombres como los de Adolfo Hitler, bien «influyente» al punto de ayudar a matar a 6 millones de judíos y provocar, de una forma u otra, la muerte de otros 60 millones de personas en Europa y Asia.
O Pol Pot en Cambodia que, durante los años setenta, de una población de 8 millones al inicio de su gobierno, en sus campos de muerte se calcula hayan muerto tres millones de personas. Una tercera parte de su país. Volveré a Pol Pot mas adelante, por ahora los dejo con esta avanzada.

Por su parte, no debería entonces haber olvidado «Times» a Stalin con 60 millones de una población de aproximadamente 500 millones, poco más del diez por ciento. Minucia socialista la del antecesor Lenin, que solo mandó al paredón a un millón de soldados blancos… sin juicio ni defensa.
También estaría el calvito en la listita del «Times» de todas formas, ¿no creen?.
Por la muy prestamista China tendríamos a Mao, con·35 millones de linchados en su «revolución cultural», así le llaman los chinos a la muerte al parecer, en una población total de 700 millones. Solo un 0.5 por ciento. Vamos, en comparación con Stalin Mao era ¡un gatito amoroso!
Tal vez en el artículo de «elogio» a la influencia de Stalin – si hubiera existido entonces «Times» y sus listica – la señora Rachel Kushner, encargada de glosar la figura del dictador cubano para la revista, no dejaría de citar aquella frase para la historia, y de historia, del aquel bigotudo dictador georgiano:
"Una muerte es una tragedia pero un millón una estadística."
De todas formas, y para suerte de «Times», y también para suerte de Castro, Rachel Kushner no tiene que hablar de 3 millones de cubanos exterminados en los campos de muerte de Cuba, como pudiera haberlo hecho con Pol Pot si hubiera sido el caso, sino solo de una cifra muy similar de cubanos exiliados, y algunos muertos en las aguas del estrecho de la Florida al encallar las azarosas balsas con que muchos han huido al caer en la muerte segura de nuestro mar azul turquesa.
¡Ah!, y algunos pocos ahogados “gracias” a la ayuda de las mangueras socialistas de agua a presión frente a las costas cubanas lanzadas por los muy patriotas guardacostas cubanos.
Pero no son el 10 porciento de una población de 8 millones de habitantes – un poquito menos, diría Rachel –, ni sus cráneos remedan pirámides horripilantes en las fotos de denuncia publicadas en su ocasión por la misma revista, como en el terror rojo de Cambodia.
Se le hace entonces tarea fácil a la señora Kushner escribir su elogio a la huida, porque siempre es más fácil encontrar algún eufemismo occidental al escape para ocultar la desvergüenza, que a la muerte cruenta de inocentes. Los eufemismos son las palabras de elogio de la falta de talento y del irrespeto occidental a la inteligencia humana del cubano común.
Pero ya estamos habituados a ese desprecio, es lo cotidiano en estos «intelectuales» de la izquierda nihilista.
«Times», además, necesita lo mismo del «The New York Times»: venderse en estanquillos y ser leída, que es decir hoy día «estar en el bombo cubano», estar de moda y en la moda, salir en los titulares y vivir del cuento.
Empecé el post con Yoani Sánchez, termino también con ella. En aquellos días en que «Times» descubrió a la bloguera devenida periodista y lanzó al mercadeo mediático su nombre para esta posteridad desafortunada del 2015, el castrismo levantó polvo e histeria sobre el «dinero imperialista» que habría fabricado aquella celebridad en la «gusana» revista.
Me pregunto hoy, y le pregunto a esos mismos buchiplumas, ¿quién le pagó hoy a la misma revista, a «Times»?
O, ¿ya apareció el oportuno aviso de la Gestapo cubana de que hoy «Times» dejó de pertenecer al imperio y hay que aplaudirle en lugar de gritarle socialistamente «Cuba sí, yanquis no»?
Todo es posible.
Como conclusión diría, y creo no equivocarme, que de todo este rollo no me sorprendería que mañana mismo apareciera un titular en toda la prensa amarillista occidental: «Nueva estrella cubana en Hollywood: Raúl Castro Kardashian».
Y no estaría muy lejos la realidad-ficción en que estamos viviendo los cubanos cada día, desde el desafortunado «Día de San Lázaro».
¡Que Dios nos ampare!

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