Wednesday, April 8, 2015

La soberanía de la porra

Por 56 años el castrismo ha estado creado la mítica de la soberanía nacional, es su argumento de uso,  cada vez que la necesitan para justificar cualquier cosa la utilizan. Ha sido, y sigue siendo, el comodín seguro al que acuden para acusar a sus principales enemigos, externos e internos.
Hoy, la historia le descubre su propia pezuña al argumento cómodo de la soberanía y la extraterritorialidad. La delegación oficial cubana, y miembros de la embajada cubana en Panamá, en una demostración bochornosa de irrespeto y urbanidad diplomática, atacaron en las calles de la capital de aquel estado SOBERANO a opositores que iban a ofrecer un sencillo homenaje a José Martí.
La piedra de aquella estatua debió sufrir viendo como unos cubanos hacían trizas las propias palabras que debería representar aquella estatua: tolerancia, respeto, civilidad.
Son estos lo que fueron al Foro de la Sociedad “civil”, ¿o no?
No hay que sorprenderse, la porra es el argumento al que usualmente acude el castrismo en Cuba, pero hablando y argumentando tanto sobre las “agresiones extraterritoriales” la oficialidad cubana acaba de ofrecer el triste espectáculo de su huerfanidad de argumentos, con la demostración evidente de su irrespeto a la soberanía de un país extranjero.
Es un hecho indefendible.
Lo mismo ha pasado en el Foro de la Sociedad Civil, donde también trataron de implementar el vergonzoso espectáculo de su intolerancia. Y tampoco es una sorpresa, llegaron por la puerta entregando un panfleto que demuestra que no han cambiado: MERCENARIOS, así lo titularon.
Lo más triste de todo esto es que de la Cumbre de las Américas el pueblo cubano, el verdadero pueblo cubano que se arrastra por las calles de su país, está ausente, y si se toma el pulso en las calles de Cuba a la opinión popular se podrá demostrar que al cubano no le interesa, no tiene la más mínima información objetiva, o sencillamente le importa un rábano la polaridad que parece incrementarse por horas en aquel pequeño país.
Para dejarlo claro en las últimas horas se han incrementado la detención de muchos de esos cubanos que no les interesa nada de lo que ocurre en Panamá y escapan hacia Honduras, hacia México, todos con un mismo destino fin: los Estados Unidos. He ahí el verdadero interés de aquel pueblo, escapar.
Mientras, y secuestrando como lo ha hecho siempre al nombre de Cuba, la oficialidad ha traído a “Las Américas”, además de la porra callejera de cara al Martí de piedra, la vulgaridad, el estrépito bochornoso, la chismería, y el atropello denigrante de la soberanía de un país que acoge lo que debería ser un diálogo.
No quieren enfrentar con “argumentos” a la oposición. Se niegan a reconocer que existen otros cubanos que piensan, que verdaderamente piensan, como sea. Aquí no importa si gusta Berta Soler, o Cuesta Morúa o Rosa María Payá, o quien fuera. Es sencillamente que todos tienen el derecho a opinar, a debatir y a confluir en una discusión civilizada.
¿Dije civilizada?
Pues, ¡no!
Y así lo prueba el castrismo, demostrando que el argumento sobre la soberanía y la territorialidad se escapó hace mucho de Cuba, quizás en balsa. Llegando por el aeropuerto, exigiendo el retiro de personas y la ejecución de órdenes militares de deportación y expulsión. ¿Es que se piensan que están en terreno castrista o es que tienen el poder permisible de la intolerancia en cualquier parte?
Histeria, atropello y vulgaridad en una delegación que dice ser de “origen cultural”. De llegar con mandolinas trovadorescas, plumazos “plásticos” y hasta con un ex Ministro «culturoso» de escritura muy gris. Olvidable.
¿En esto ha quedado Cuba? ¿Ha sido esto lo que 56 años ha legado a la cultura nacional una “revolución” que dice haber enseñado a leer, escribir y ha “ser dignos” al cubano? ¿Es dignidad el atropello, la porra?
El espectáculo “cultural” barriotero protagonizado por la tropa de Luis Morlote - ¡cuán apropiado apellido!, si se le quita la “ere” – demuestra que ya no tienen ni siquiera un argumento honroso mas allá que formar la porra y el “sal-pa’-fuera”.
Por supuesto, desvergüenzas mayores veremos suceder.
Es, además, muy sintomático que los tristes acontecimientos hayan ocurrido frente a una estatua de Martí. Lo que demuestra que, de las enseñanzas del apóstol, esta gentuza no conoce ni respeta su propia palabra. Aquella (de)generación del centenario – de Martí – generó (de)generaciones de una oficialidad que, como decía Chesterton, se indigna por carecer de opiniones.
He ahí lo que caracteriza al castrismo en su estado puro.

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