Friday, April 3, 2015

La puerta abierta

El presidente de Panamá, Juan Carlos Varela, acaba de emitir unas declaraciones que ya cubren los titulares de muchos periódicos en todas partes: la Cumbre de Panamá será el marco adecuado para una reunión entre el dictador cubano, Raúl Castro, y el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama.
Nada nuevo, solo decir lo evidente.
La Cumbre de las Américas será la cumbre en que se abrirá la puerta para una dictadura en el marco del consenso del populismo. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Qué ha ocurrido para que una dictadura sea aceptada como un estatus normal en el tejido político de América?
La pregunta más conveniente sería, ¿alguna otra vez una dictadura ha sido conveniente en este hemisferio?
Pues, sí. Las de Brasil, Argentina, Uruguay y la icónica de Pinochet en Chile mantuvieron su asiento en la organización hemisférica de estados, la OEA, y también sus embajadores en Washington, porque eran dictaduras convenientes con los gobiernos norteamericanos, republicanos y demócratas, y con los intereses comerciales de aquel país.
Mientras reprimían todos los sectores de izquierda, extremistas, radicales y moderados, mantuvieron el estatus de liberalismo económico, respetaron la propiedad privada, abrieron las puertas a la inversión extranjera, especialmente a los intereses de la banca y el comercio norteamericanos. En resumen, eran convenientes a los intereses regionales de los Estados Unidos.
“¡Dios bendiga los dictadores de derecha!”, dirían.
La dictadura de Cuba incumplió con los principios básicos de su sobrevivencia: respetar los intereses comerciales del poderoso vecino.
Intervino las propiedades de nacionales y extranjeros, sin indemnizarles, despojó de influencia a la embajada americana, destruyó todos los elementos democráticos y todos los partidos políticos del país, trató de ubicarse en el mapa mundial de estrategias políticas inclinándose por el barco soviético, y se dejó colonizar por su política, se desvinculó del mundo occidental y sirvió de punta de lanza en su afán de destruir un poder de fuerza en occidente, el poder americano.
Todo parecía un sueño, o una pesadilla, según sea el lado de la historia.
Y aquí estamos, 56 años después, el sueño o pesadilla se ha cumplido. El poder americano ha cedido a la resaca de todos los conflictos regionales para hoy estar rodeado de gobiernos que se oponen a sus intereses en la región. Hoy Estados Unidos se encuentra encallado en una geografía hostil a sus intereses.
De ser el traspatio de los Estados Unidos, latinoamerica se ha convertido en el litoral de la resaca en la caída de su poder. Hay que decir lo evidente, aunque pueda doler y en el intento tratemos de cerrar los ojos a esa evidencia.
Estamos aquí por las mismas políticas torpes de los sucesivos gobiernos norteamericanos, republicanos y demócratas, que tratando de defender sus intereses se han olvidado de que sus vecinos son una suma de iguales, y no una costa virgen donde se arriba con el látigo, la pistola de cowboy sureño y el dólar escondido en el ala del sombrero alano.
Ni el látigo, ni la pistola ni el sombrero con el ala del cheque han servido para defender la democracia en la región, sino para que el local vea al cowboy, el rubio colonizador y el banquero judío-americano como el muro extranjerizante que tiene que enfrentar, y destruir.
El populismo es la respuesta que ha encontrado la extrema izquierda al interés norteamericano en la región. Y en este frente, el gobierno del régimen cubano ha sabido cosechar la paciencia, el soborno político, la ventaja de una propaganda sembrada y cosechada por décadas gracias al apoyo financiero soviético. El gobierno de Castro era el “bolsillo” que las guerrillas tenían que conquistar. Cuba fue la Celestina insidiosa de la política del imperialismo soviético para penetrar América. Y, seamos francos, los Castros negociaban con el bolsillo ajeno, ruso, pero cosechaban su propia sembrada ideológica.
Chávez, Correa, Evo Morales, Maduro y la propia controversial señora Cristina de Kitchner, en Argentina, son el fruto incestuoso de esta triada Estados Unidos-Cuba-Unión Soviética con la región latinoamericana.
¿Dónde estamos hoy?
Desafortunadamente en el punto en que una cumbre organizada y monopolizada por la política americana, y por sus propios intereses en “engancharse” con la región, está secuestrada por sus enemigos de ideología, comercio y política.
La puerta de la séptima Cumbre en Panamá, a realizarse los días 10 y 11 de Abril, está abierta a la única dictadura que nunca defendió o respetó los intereses de los Estados Unidos, ni tampoco de los de su propio pueblo, aunque los intereses de este último nunca han sido su centro de gravedad.
El 17 de Diciembre del año pasado la administración Obama abrió la puerta a la evangelización de la única dictadura ausente en su mesa de negociaciones en su historia centenaria. Tengo la absoluta percepción de que los tecno políticos norteamericanos siguen desconociendo la verdadera esencia del régimen habanero, su sicología destructora, su paciencia camaleónica que le ha hecho sobrevivir peores infortunios que la convivencia “respetuosa”, y su astucia aquilina.
Se equivocan los que creen que negociando se debilita al “viejo zorro”.
Se equivocan los que piensan que la presencia del mercadeo debilita las estructuras aceradas de un régimen represivo.
Se equivocan los que claman que el dinero, el comercio, el intercambio académico y el neoculturalismo político concitan la democracia.
Lo usual ha sido lo contrario, como lo demuestra China.
El régimen castrista fue cercano en el concilio de poder al bloque soviético, pero nunca compartió en esencia su visión ni su espíritu, los usó simplemente, con oportunismo, como hoy utiliza a Venezuela. En realidad, el régimen de Cuba siempre tuvo más simpatía con el enfoque asiático que con el soviético, solo que el ruso le suministró los fáciles empréstitos mientras China prefirió cultivar la sonrisa benévola, y esperar su oportunidad. Hoy, tal vez, recoja los frutos de aquella sonrisa.
¿Se encontrarán Raúl Castro y Barack Obama?
Lo más seguro.
¿Saldrá algo de este encuentro?
Lo esperado. Palabras, un apretón de manos, algún intercambio apresurado y quizás asegurar la embajada en La Habana. Esto último lo necesita con urgencia Obama y no será tímido en obtenerlo.
El largo plazo será conquistado por la velocidad con que los hombres de negocios, y los intereses comerciales americanos, acudan a la isla caribeña y aseguren la “intrepidez” de la política obamista. Si eso sucede la Cumbre de Panamá se recordará como la puerta abierta a la única dictadura que nunca respetó los intereses norteamericanos, y fue aceptada y respetada por el gran otrora poderoso país, hoy en evidente retirada del tablero mundial y, especialmente, del latinoamericano.
Temible precedente.
“Por mi culpa, mi propia culpa, mi mismísima culpa”, dirían en un murmullo silencioso los ex presidentes de aquel gran país.

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