Sunday, April 19, 2015

El castrismo se reinventa

Dos candidatos opositores a Castro salen al ruedo escénico hoy en las «elecciones municipales» en Cuba. ¿Podrán ser elegidos? ¿Podrán hacer algo al alcance de su poder de decisión si «triunfan» en esas «elecciones»? ¿Qué ganarón? ¿Qué perderan? ¿Quién ganará y por qué?
Las «elecciones cubanas» no tienen prestigio ninguno. No hablo de su «prestigio internacional», sino del local, aquel que ejerce sobre sus electores, que es en definitiva lo importante a la hora de definir el sistema político de un país.
Cuba no es una democracia, y los mecanismos electorales establecidos no se corresponden con la estructura y el alcance establecidos internacionalmente. Ya esta razón pudiera desinstalar al sistema cubano de todas las razones jurídicas y políticas para denominarlo como democrático, pero eso no necesariamente significa mucho.
Todos los antiguos países «socialistas» sufrían «elecciones» y ninguno era democrático. Cuba las «instaló» en 1976 con un mecanismo muy cómodo para provocar, desde su célula primaria, el rechazo a la posible aparición de una oposición política en los estamentos oficiales de las asambleas municipales.
No se puede olvidar que ser opositor en Cuba, al castrismo como debemos entenderlo, es un estigma social. Es el enemigo, el gusano, el mercenario, el provocador y el blanco perfecto para los dardos represivos de los órganos de la seguridad del estado del régimen.
¿Cómo surgieron entonces Hildebrando Chaviano y Yuniel Francisco López en ese contexto?
Nadie puede responder eso más que ellos mismos. ¿Les debemos creer? ¿Son realmente opositores? ¿Son «enemigos» del castrismo disfrazados para servir de «ovejas en lugar de aullar como lobos»?
Digamos definitivamente que hay muchas preguntas que responder. Pero estamos en el terreno que, por 56 años, el castrismo ha preparado para que todos juguemos nuestro rol: el de dudar, pensar lo peor y creer que estas dos «ovejas» son lobos.
Se une a esto una estrategia importante en el tiempo en que se desarrolla este juego de «estrellas». Se hace muy conveniente la existencia de estos dos opositores en el marco internacional en que se desarrolla el neo castrismo. Ya lo avala el impacto mediático que han tenido estos dos candidatos en la prensa mundial.
Son las «estrellas de la apertura cubana». Ni más ni menos.
Medios como «El País» o la BBC califican de «histórico» y «signo de apertura» la sola presencia de esos dos candidatos a las elecciones municipales de circunscripción. Pero eso lo hacen estos medios por exclusiva ignorancia del sistema electoral cubano.
¿Qué poder real tienen los «delegados de circunscripciones» en el sistema cubano?
Ninguno.
No pueden cambiar nada. El que los opositores hayan «ganado» la simpatía de sus electores para ser elegidos como candidatos solo significa que los cubanos han abandonado todo deseo de ganar esos escaños locales para luchar contra los que desean hacerlo. Algo que ocurre de hace mucho tiempo, casi desde sus inicios. De hecho, eso lo conocen las autoridades reales a todos los niveles y los mismos cubanos.
Nadie en Cuba desea ser candidato a delegado, precisamente porque todos los cubanos conocemos que de lo que se trata es de servir de «notario de quejas» y «justificador de negligencias».
Los dos opositores ocuparán las plazas de tuercas instrumentales de respuestas a hechos concretos de su circunscripción. El bache que no se arregla, el salidero de agua de la esquina, la falta de fluido eléctrico local, el escándalo cotidiano de algún lugar, el inodoro tupido, el techo de los que se les caen las casas.
Es muy posible no cejarán en opinar, buscar alguna respuesta, luchar por mejorar algo o incluso criticar, como lo hacen otros al ser golpeados por el cansancio de la inutilidad, que es la consecuencia de ser «delegados de circunscripción». Pero eso no implica ninguna reforma política ni ninguna apertura porque no está en sus manos cambiar nada ni ser instrumentadores de ningún cambio. No hacen política, solo son una estera de transmisión de quejas e inconveniencias.
Surtidor de dolencias. Recogedor de quejas. Plañidera anotación de consecuencias locales de un sistema que no funciona.
Serán.
Del poder político ni hablar. En sus asambleas municipales no podrán hacer nada. Muy posible que hasta le impidan la palabra, la opinión y le formen el «acto de repudio» político en aquel mismo centro de plañidera respuesta.
Vayamos entonces a lo que recibe el régimen «gracias» a esta ingenuidad política de estas dos personas porque, dejémoslo claro, yo parto de pensar que son personas honradas y piensan con sinceridad que están haciendo el bien, transcurriendo un camino en el que, de alguna manera, pudieran socavar, poco a poco, el muro de contención política del régimen.
Déjenme explicarme un poquito más. Pienso en su honradez porque no puedo comenzar pensando, en principio, que son agentes. No es honrado hacerlo sin tener pruebas. Ni siquiera debiéramos dudar, porque es precisamente eso lo que desea la maquinaria de «inteligencia» del castrismo. Y porque en vez de cultivar la duda, como es la política del régimen, los que nos oponemos al castrismo debemos cultivar la creencia en el hombre, en su potencialidad real, en su deseo sano de ser honrado y sincero.
Debemos creer.
Entonces, ¿qué logra el régimen con la existencia de estos dos opositores en las elecciones locales?
Credibilidad. Hildebrando y Yuniel están sancionando credibilidad a las elecciones cubanas, y le están dando el marco apropiado para que el castrismo se reinvente.
Mañana Obama podrá mostrarle al electorado que lo que ocurre en Cuba es un proceso de apertura. Que las negociaciones con Raúl Castro han desembocado en la primera muestra de cambio real en el sistema político del país. Y que es posible influir más estando en La Habana, que cerrando oficinas.
Para Europa también es un alivio, porque pueden sellar las negociaciones con La Habana sin ningún contratiempo ni con ninguna razón relamida de prejuicios. «Cuba está cambiando», será su mensaje.
Me pregunto, ¿utilizó la seguridad del estado totas las «herramientas» para impedir la aparición de Hildebrando y Yuniel?
No. En mi opinión hicieron algunos amagos, tensaron algunas cuerdas, pero nada más.
Por otra parte, el cubano medio no quiere ser «delegado». Sabe que el cúmulo de mierda, literalmente, es tan grande que lo ahogará y no tendrá ni forma de convivir y superarla. Me imagino que haya sido difícil, entonces, encontrar alguien dispuesto y con poder real de superar a los dos opositores en este primer encontronazo.
Eso lo desconoce la prensa mundial, muy ocupada en hacer entrevistas a «mendigos» oficiales en La Habana Vieja, con habanos cubanos y perros salchichas para que esos ciudadanos del mundo en pantalones cortos los fotografíen y hagan del lugar la «delicia turística» del planeta. ¿No es así AFP?
Pero este «show opositor» favorece al régimen que, al parecer, ya parece disfrutar en las páginas de «Granma» de la re-lectura de la Constitución de Cuba y de su re-escritura a conveniencia. Están manoseando el pastel en adelanto. Ya pueden gritar en todas las plazas que Cuba es «democrática».
Tiene a sus dos candidatos opositores.
¿Es ignorancia o es conveniencia política la de estas dos personas?
Solo pueden responder eso ante Dios. El hecho cierto está aquí, ante nuestros ojos. La fruta ha madurado y la conveniencia política hará que la prensa amaestrada del país no los muestre en el terreno, pero los utilizará la castroburguesia en su negociación internacional, y en su represión diaria al resto de la pequeña comunidad opositora que no negocia, no sucumbe a mecanismos ortopédicos de estado para encaminar «algún cambio».
Lo que tenemos es, en realidad, un castrismo que se reinventa, para sobrevivir.
Nada más.

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