Monday, March 2, 2015

La uniformidad hostil de la guayabera

Cuando en Cuba había campesinos, y cuando el campesino tenía su tierra, o al menos trabajaba sin que nadie coerciera a base de precios de miseria, políticas e ideologías estatistas, la guayabera, esa humilde prenda de vestir confeccionada del también humilde hilo, el tejido mas basto y barato al que podía acceder el cubano, y especialmente el hombre de campo, era la prenda insignia de nuestros campesinos, y también la prenda que simbolizaba la cubana, como las palmas y la mariposa simbolizan nuestros campos.
Cuando miro esta foto de los cinco espías – cinco pobres tipos que no han tenido otra opción en su vida que servir para lo que han servido, chivatos en tierra de nadie, siendo nadie ellos mismos – lo primero que me llama la atención no es aquel que un día fue y ya no es, ni siquiera esa entelequia de vejez, sombra de lo que nunca fue y de lo que ha quedado para ser, un dinosaurio político encorvado en un momento encorvado de la historia de ese régimen.
Tampoco me llama la atención la bruja de guedejas rubias que asemeja ese espectro nihilista de Fernando de Rojas en “La Celestina”, buscando en la distancia con ese vestido rojo el futuro pretendiente de sus quehaceres libidinosos, aunque sinceramente no deja de ser un punto risible de la foto.
Pero no son estos dos, ¡no! El centro son esas cinco prendas de vestir que hace mucho tiempo simbolizaba Cuba, o la cubanía, y hoy simboliza todo lo peor: la chivatería, el símbolo inasible de la represión.
Para los cubanos que hemos vivido en Cuba, y no es necesariamente esto un pleonasmo, la guayabera es hoy el símbolo de ese agente del G2, o de ese idiota útil que ha servido de voluntario represor contra la diferencia. Todos recordamos los miembros de la escolta de la “mosca”, rodeándolo en una muralla de guayaberas blancas, con ese rostro de máscara o marioneta en que se convierte todo guardaespaldas cuando pierde su identidad, y se convierte en la camisa de protección antibalas de cualquier otro. ¿Por qué todos terminan teniendo siempre ese rostro de lápidas blanqueadas, muros calcinados de pensamientos y espíritu?, me pregunto
O los que dispersaban en azoteas, balcones y calles los primeros de Mayo cuando esa misma “mosca” se posaba a zumbar en la base al monumento a Martí en aquella plaza de nadie, sin sombra, soleada y asfaltada de botas.
Y aquí lo vemos, uniformando cinco espías, como mismo se uniformaban los otros y lo siguen haciendo. La guayabera ha dejado de ser el símbolo de lo que fue para convertirse en restrojo de lo que es: podredumbre de pensamiento, espíritu, desprendimiento de mala cubanía.
Son las heces hoy, cuando ayer era el símbolo humilde del país.
No es extraño entonces que la prenda ya no quiera ser utilizada si no por “estos”, por la otra península de Cuba que representa estos cinco despojos.
Mi abuelo la usaba de hilo, blanca, almidonada, con el cuello levantado y enhiesto. Era la prenda del domingo, del buen domingo en que iba a su logia a estar con sus hermanos. Pero entonces se convirtió en este enmascaramiento de uniforme militar, esta suerte de camuflaje visual de la desvergüenza, dejo de tener el alma blanca, impoluta del humilde ciudadano para convertirse en lo que hoy es, y entonces mi abuelo dejo de usarla. La guardó en el fondo de su escaparate de entonces para nunca más.
Hoy los jóvenes no la usan, algunos, creo, ni la conocen más allá de estas estampas uniformadas de represión y displicencia. Prefieren usar la camiseta, o el pulóver con la bandera de las múltiples estrellas y las barras. Es, incluso, extraño encontrarla en alguna tienda habanera, o que alguien la resguarde como una prenda de domingo, “de salir” como decimos los cubanos.
Ya no es “de salir” nunca más, es de los que resguardan “el entrar”… a la cárcel, a dar golpes, a vigilar, a chivatear o a servir de estas murallas humanas antibalas para dictadores y dicta-cualquier-cosa en Cuba.
Y quizás es por eso que, viéndolo como lo que es, les corresponde a estos zombis usarla, arrastrarla a los pies de quien reconvirtió su simple cubanía en otro desgraciado transformismo de un producto de nuestra nacionalidad, como han sufrido tantos otros en Cuba.
Ya no es guayabera, es el útil camuflaje para ocultar las botas militares.

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