Wednesday, March 11, 2015

La “necesaria” carta a Maduro

Las personas no cambian su comportamiento por gracia divina, mucho menos los que han medrado toda una vida y han hecho del oportunismo, y del atentado a la relación pacífica y normal entre dos naciones, su cotidiano quehacer. Y es así como se puede entender, en una primera aproximación, la “necesaria” carta de Fidel Castro a Maduro.
¿Carta? Bueno, telegrama.
Después de romper todos los records en tantos lugares por hablar, extenderse, y darle a la noria con la palabra, Fidel Castro ha terminado escribiendo telegramas cuyo centro de gravedad son la petulancia, la grandilocuencia y la pomposidad.
¿Por qué escribió Castro a Maduro?
Pues por esa vana necesidad de interferir, que ha sido la característica personalísima de este dictador. No ha sabido callar en nada, so pena de cometer burradas y hacer el ridículo, no solo por decir alguna idiotez, sino porque los otros, de quienes habla o defiende, en muchas ocasiones le han hecho caer en ellos mismos.
¿No es así, Sotomayor?
Pero, ¿qué se le puede pedir a un dictador? ¿Qué alguna vez alcance a darse cuenta de la estatura de su propia ridiculez?
No es posible lograrlo. No por sí mismo.
Pero la intención de la carta también es otra. Lograr que los medios de prensa hablen sobre Maduro, que desborden los cintillos de noticias precisamente porque Fidel Castro esta vez habló, escribió, interfirió. Es decir, darle un peso específico de noticia a lo que casi no lo es.
En el mundo occidental la “democracia estilo Maduro” no tiene prestigio, nadie tiene la “especial culpa” del desprestigio mas allá de su misma administración, se la ha dado con su propia coz este idiota empoderado. Basta recorrer la prensa y darse cuenta que, además, el impacto de sus palabras es pobre… sin la “necesaria” carta de Castro. Es ahí donde se inserta esta lechuga “oportuna” del castrismo. Tirarle una mano a su “gallina de petróleo”, de la forma usual a que nos tiene acostumbrados.
Es, además, una muestra de que aún entre bambalinas, halando delicadamente los hilos, el hermanastro sigue tirando del hermanistro, le sigue dictando pautas, pellizcando cuotas de poder, ajustando el timón. Sin él, la declaración de Raúl Castro tal vez fuese menos ardiente, mas tibia, mas en conformidad con el momento.
La pregunta que pudiera saltar entonces es si es un intento más de sabotear el acercamiento Cuba-EEEUU.
¿Puede hacerlo? ¿Es de conveniencia?
Quizás si la administración americana no tuviera el firme propósito de restablecer las relaciones diplomáticas esa carta ya hubiera sido la lógica justificación del frenazo. Pero aquí tenemos a Jen Psaki que se ha apurado en declarar que el diálogo con la isla seguirá su curso, a tenor de la determinación de Obama.
Pues, esta vez no logra la carambola Castro como en ocasiones anteriores, y creo no era su intención lograrlo tampoco. Claramente, la cartita castrense era para asegurarle a Maduro sus titulares en la prensa occidental, pura propaganda.
No obstante, es delicioso leer esas escasas líneas del cuasi-difunto cuando dice:
“Tus palabras pasaran a la historia como prueba de que la humanidad puede y debe conocer la humanidad”.
Pobre tipo. O su poder intelectual ya ha mermado demasiado, o el concepto de lo que es humanidad y lo que recordará la historia pasa por un diccionario de petulancia asombrosa – lo cual no es de sorprenderse –, o sencillamente no puede dejar de seguir utilizando los vocablos a los que tanto ha encariñado su verbo.
Maduro, en la misma Venezuela, no es ni historia, sino prehistoria de este sapo. No tiene ni siquiera la originalidad del verbo, de la acción ni de la oportunidad. Y mucho menos la “humanidad” está hoy día pendiente de guagüeros serviles. Pero, tal vez, sea por esta última razón que utiliza esta pomposa frase, muy típica de la usanza del señor feudal para agradecer los oportunos favores de sus asalariados de subclase.

Típico retruécano castrista. Logra, además, seguir recordando al mundo de que aún, a pesar de los pesares, sigue teniendo oídos en la política suprema del hermano en Cuba… hasta que la muerte los separe, a alguno de los dos.

1 comments:

Mario Riva said...

Yo también escribí un poco sobre la cartita.
Cuando termine y repasé lo leído, lo borré.
Llegué a la misma conclusión: Es darle demasiada publicidad a un muerto viviente.
Es como, sin querer, darle apoyo al guagüero-dictador.
Esa debe ser la única pretensión de la Bestia de Birán.