Sunday, March 1, 2015

La foto que siempre existió

No se entiende la fascinación, ¿o pudiéramos decir “sorpresa”?, de reporteros y analistas sobre la foto en un evento en La Habana, para promocionar el tabaco cubano, de “celebridades” de la banalidad como Paris Hilton y Noemí Campbell, y el hijo mayor de la socio-aristocracia cubana, Fidel Castro Díaz-Balart. La simulación es el genoma originario en la especie “Castro-revolucionaria” de ese proceso que algún día se hizo llamar “revolución cubana”.
La foto siempre existió.
Desde que Fukuyama proclamó el "fin de la historia" todos los días estoy leyendo a reporteros anunciar el "fin de la guerra fría" en Cuba, o el fin de “alguna historia”. La historia de la llamada “revolución cubana” terminó el mismo día que el padre del señor que se hizo la “selfie” con Trasero Hilton entró sobre el “lomo de hierro” de un tanque de guerra en La Habana, para desvirginizar un país que no necesitaba de su presencia. De aquella revolución, ¡ni cenizas quedan!
No sé si es su falta de estatura intelectual o la necesidad de alguna originalidad para justificar su salario, pero estos periodistas, reporteros y cualquier otra banalidad “ingeniosa” tratan de vender un producto reciclado. ¿Es ignorancia? ¿En un “profesional” de la información”?
Lo cierto es que las fotos de la estupidez banal de Paris Hilton y Noemí Campbell con el hijo del dictador siempre han existido en su padre – el de Castro –. ¿Se olvidan que Castro (padre) vivió 3 meses en el "Habana Hilton" robado al bisabuelo de esta bisnieta de Hilton, y renombrado entonces "Habana ¿Libre?” para cumplir las leyes puristas del genoma “revolucionario”?
¿O que Castro (padre) y el " emblemático" fusilador de la Cabaña, Che "el guadaña", jugaban golf en un sobreviviente campo en aquellos 60?
¿Qué hay de nuevo ahora? ¿Que los hijos hagan lo de los padres con los hijos o nietos de aquellos a los que el tipo les robó sus propiedades?
Sí, ese “detalle” quizás sea nuevo, pero no es de Castro Diaz-Balart, que le falta hasta originalidad para hacerlo, sino de la otra punta de la tontería, de Paris Hilton. De esta señorita se puede esperar todo, hasta dejarse fotografiar por el hijo del ladrón de las propiedades de su abuelo. Tal vez esto sea lo difícil de entender para un alma casta, pero las banalidades ya no son vírgenes ni en el pensamiento, se quedaron desfallecidas en el recorrido que realizaron a través de las páginas de “Las once mil vergas” de Guillaume Apollinaire. Allí es donde viven.
Por lo demás, nada nuevo. “Hijo de gato caza ratón” como reza el dicho popular cubano.
La Castro-aristocracia purista cubana perdió su virginidad desde el inicio, con sus visitas a cotos de pesca. Una actividad bien “banal-capitalista” en una república que, supuestamente, barrió todos los “rezagos burgueses”.
Pero ahí lo tenemos, disfrutando la pesca aristocrática en un país que le negó la posibilidad a los millones de cubanos de paladear la langosta y el camarón, bien cubanos, que no tiene centros de “scuba diving” al alcance de la mano del populacho, mientras los jerarcas de esta casta divina gozan de yates y clubes exclusivos en cayos desde tiempos que ya vienen siendo inmemoriales. Y comen sus langostas y se hartan de helados como Gabriel García Márquez nos “deleitó” en su “suculento” artículo sobre Fidel Castro. ¿Te acuerdas, Gabo, de tu mala pata “ensalzando” la burgués banalidad “revolucionaria”?
Pero así estamos en este planeta de “despistados” fuyukamistas. Haciendo el “fin de la historia”… a conveniencia.
Por lo demás, no hay por qué molestarse demasiado ahora, para muchos cubanos ya no es ni una molestia, ni siquiera un salpullido picoso y desagradable. Hemos vivido salpicados de esta banal secretidad de dobles lecturas, dobles vidas y dobles palabras públicas. Muchos, demasiados, conocen de las banalidades arquitectónicas de generales y doctores, de las suyas, de su familia y de sus queridas concubinas. Por ellas muchos emigran “en balsa” hacia un Norte.
Lo vergonzoso de todo este negocio no son los “vicios burgueses”. Vestir bien, o gustarle. Comer bien, o gustarle. Jugar golf, o gustarle. Pescar, o gustarle la pesca. Acudir a un hotel, rentar una habitación  y gustar de un buen trasero. Ser aficionado al “scuba diving”, o gustarle. Acudir a subastas de tabacos, y gustarle. Clubes náuticos, yates, veleros y autos de lujo, o gustarle.
Nada de eso es un crimen, algo envilecido de por sí. Lo vil es declarar una república libre de esos “vicios” y disfrutar secretamente de ellos, mientras se les prohíbe a los demás y se hace una ideología de la simulación.
Los cubanos vivimos un tiempo de verde-olivo puritano que nos desecó el pensamiento y nos hizo creer en vírgenes que eran proxenetas. De entonces siempre fueron lo que son, pura mierda.
¡Basta de sorpresas y bochornos!
Bajo este sol, hace mucho no hay nada nuevo sobre las vírgenes vestales del socialismo cubano.

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