Sunday, March 8, 2015

Consecuencias de un “vaso vacío”

Por supuesto, tratar de interpretar lo que es una “obra de arte” – y lo que no es – hoy día es como un laberinto donde nunca se encuentra el fin, o donde se encuentran dos: se acepta por lo que es, una supuesta indagación sobre la realidad, o se desprecia por lo que también puede ser, especulación sobre la nada cotidiana. Me salió un titulo de Zoé Valdés.
Y eso se le llama, entonces, arte conceptual. ¿Qué es?
Bueno, se pudiera decir que descansa en la doble existencia, y percepción, que tenemos todos los seres humanos: subjetiva y objetiva, que es lo que enuncia el Dr. Alexander Sebastian Mastropiero en su “principio de incertidumbre”.
Mastropiero dice que no existen pensamientos objetivos puros – los objetos no piensan –, debido a que en menor o mayor medida el proceso de pensamiento está notablemente influido por nuestra memoria selectiva, nuestros recuerdos y experiencias, los conocimientos y la cultura de las personas involucradas, sus propias tradiciones también.
El arte conceptual, entonces, es ese “movimiento artístico” en el que las ideas son el elemento más importante que el objeto o su representación física. Así lo definen algunos, lo que suena bastante extraño porque, después de todo, ¿no se puede interpretar la “sonrisa” de la Mona Lisa como cualquier otra cosa, en dependencia de quien la observe? ¿Es una sonrisa? ¿O es la falta de expresividad del pintor? ¿O es sencillamente la nulidad de personalidad de la modelo?
Y así tropiezo con Wilfredo Prieto. “Artista conceptual” nacido en Cuba, dicen que Sancti Spiritus, el nombre más conocido del arte cubano actual. Ha expuesto en las principales ferias del arte, y en las más importantes salas de exhibición del mundo moderno, principalmente en Europa.
Recientemente se mostró “Un vaso medio lleno” – o medio vacío –, como quiera llamarlo, en España.
Lo que me trae a este “artista” es mi “memoria subjetiva” de lo que ocurría a mediados de los 80 en el parque de F y 23, La Habana. Muchas de las “obras plásticas” que se exhibían allí eran “arte conceptual”, pero con un resultado muy provocativo.
Recuerdo una en particular.
Había salido del trabajo y estaba en mi camino habitual hacia casa. Por aquel entonces coger una “guagua” – autobús, para los desconocedores del “lenguaje criollo cubano” – era una experiencia aterradora… si la podías capturar. Y es por eso que iba caminando desde mi trabajo a casa, y muchas veces me detenía esos jueves a las cinco de la tarde en aquella esquina, a la “convocatoria” irreverente de estos artistas plásticos que se reunían allí, de propia voluntad y sin autorización alguna, y que de alguna forma representaron la voz de la discordia en la Cuba gorbachoviana.
El joven artista era barbudo, desgarbado, con unos ojos enormes mirando a los que nos acercábamos a “su obra”. En el piso, una foto descolorida – ampliada – del “Che Guevara”, sobre ella uno de esos recipientes de transfusión sanguínea a medio llenar – o medio vacío, usted escoge – dejando gotear por la punta de la aguja de su extremo gotitas de “supuesta sangre” sobre el rostro de la simbólica “figura revolucionaria”.
Es suya y muy personal la interpretación del significado de la “instalación”, como entonces la llamaban.
Las gotitas de “sangre” golpeaban indulgentemente aquel rostro manchando cualquier parte, una esquina de los labios descoloridos, la pupila, la estrella en el frontal de la conocida gorra, en virtud de la brisa tardía que flotaba en la céntrica avenida. Había muchas “instalaciones” en aquel parque capitalino, pero aquella atraía particularmente la atención de todos, y el artista acuclillado, como yoguista burlón, observaba la reacción, los cuchicheos, y las sonrisas cómplices. Su expresión – tengo que decirlo – decía mucho más que aquella “instalación”.
No duró mucho el arte en F y 23. Un día dejó de existir para siempre, lo ocuparon al tiempo algunos artesanos. El turismo sustituyó al arte conceptual, pienso.
Y aquí me asalta esta duda sobre Wilfredo Prieto. ¿Qué hay de irreverencia en el vaso medio vacío-medio lleno? ¿Qué queda de esa idea subjetiva más allá de los 20 mil euros que supuestamente vale esta “obra conceptual”? ¿De qué “concepto” se habla?
En Cuba, por ejemplo, un vaso de agua – medio vacío o medio lleno – sería interpretado de manera diferente en La Habana que en Guantánamo, donde el agua de tomar es insalubre. Mientras que un vaso de leche, medio vacío o medio lleno, “hablaría” con más claridad meridiana en toda Cuba. Sería como aquellas “gotitas de sangre” del artista anónimo – no recuerdo su nombre, aunque se lo pregunté entonces – cayendo indulgentes sobre el rostro del “hombre de la Cabaña”.
Los artistas plásticos de los ochenta fueron la voz de la disidencia en el arte cubano. Desaparecieron del horizonte cultural del país como por arte de magia en los principios de los noventa. Y en la Bienal de Pintura de La Habana no asomaban mucho el rostro. Quizás algún nombre ya establecido se aventuraba con algún arriesgado movimiento de la paleta, pero entonces la institución enclaustró al arte visceral de aquel parque del vedado habanero.
Dejó de existir.
No niego la existencia del arte irreverente, contestatario en Cuba. Todas las épocas lo han tenido, pero la comercialización de la sobrevivencia ha hecho que figuras como Wilfredo Prieto existan, y que este “vaso de agua medio lleno” recorra el mundo y que, tal vez, termine algún día en posesión de “un coleccionista de arte”.
Nadie niega que tiene una pregunta valida a la que se puede contestar de muchas formas. Pero es que todo lo tiene, sin ser necesariamente todo arte. Me imagino que en las partes asoladas por la sequia en la Etiopia o en la Somalia las respuestas serían muchas, y tendrían un trasfondo político de urgencia. En España y en Paris son objetos metafísicos de cuestionamiento existencialista, pero nada más.
Que lo haga un cubano, que viaje a su país por seis semanas para vacacionar, y el resto del año recorra el mundo occidental y viaje más que el americano promedio con estas obras de “arte conceptual”, insípido, es una muestra de cómo la “realpolitik” ha impuesto un sello de sobrevivencia en este mundo nuestro, castrocriollizado.
Medio vacío y medio lleno, de mas esta decir.

1 comments:

Lazaro Gonzalez said...

si mal no recuerdo en oficios y luz habia [hay?] un centro donde era frecuente encontrar obras de lazaro saavedra y ruben torres llorca entre otros. creo que fue pionero y tumba del arte conceptual y contestario en la 2da mitad de los 80 y quizas en los primeros de los 90.
lo curioso del wilfri prieto es que todas sus obras tienen un precio de $20,000.
el asunto del agua en el vasito es tan viejo y simplon, que el wilfri debiera pagar derechos de autor o al menos anadir una nota junto a la descripcion del vasito en el estantico que la idea no es original. pero que vamos a hacer con la estulticia humana que calza y viste a los picaros.