Sunday, February 8, 2015

Socio-Conformismo Cubano

Recientemente me he leído el libro de Marcos Roitman Rosenmann “El pensamiento sistémico. Los orígenes del social-conformismo”. Una lectura interesante, si no fuera por aquella capacidad ineludible, que recordaba Jean-François Revel, de mistificación del fracaso del modelo socialista en Europa del Este con el supuesto fracaso de un “modelo que no fue” ni que existió.
Es esta suerte de malabarista de malabarismos intelectuales que participó, como accesorio académico, en el intento de secuestro y enjuiciamiento del dictador Augusto Pinochet en Londres. No es casual, tampoco, que este “doctor” en Ciencias Políticas y Sociología, por la Universidad Complutense de Madrid, haya impartido cursos y seminarios en Cuba, Bolivia, Ecuador y Venezuela.
Círculo “bolivariano” de conformistas sociales.
Roitman “encuentra” el origen del pensamiento social-conformista en los años ochenta al confluir dos corrientes de pensamiento antagónicas, las ex anticapitalistas y las pos capitalistas, y centra el control social al disidente como fundamento esencial del pensamiento sistémico. Así lo llama.
“La autocensura”, nos dice. “Los principios del sistema se fundamentan en dicho autocontrol. Las formas tradicionales donde la locura social era aducida por el poder para encarcelar y doblegar la voluntad, se recrea, hoy en día, por la vía de los argumentos provenientes de la sicología conductista. Controlar la diferencia pasa a ser una responsabilidad compartida por todos los miembros del sistema.”
La aventura socio-conformista la adjudica Roitman al estado actual del liberalismo capitalista, al período pos-“fin de la historia” de acuerdo a Fukuyama. No es en balde, por ejemplo, que se haga estas preguntas:
“¿Cómo se explica que los norteamericanos acepten que su presupuesto se dedique a asesinar a iraquíes mientras se quema California?, o que los españoles voten a José María Aznar, quien ha conseguido que el número de militares muertos en su política contra el 'terrorismo' mundial supere a las víctimas de ETA. ¿Por qué alemanes o nórdicos asisten impasibles al desmantelamiento de su Estado del Bienestar?
El libro del académico fue escrito en el 2003, de ahí algunas de esas preguntas. Muy de seguro que hoy lo re-escribiera para argumentar otros hechos a raíz de “Podemos”, la crisis económica de España, los sucesos de Venezuela, y el deshielo del conflicto cubano-norteamericano.
Y aquí me detengo.
Resulta medular que las críticas agudas de Roitman se dirijan al capitalismo y no al modelo socialista establecido como ideología sistémica de la isla comunista, a pesar de su visita y sus conferencias en medios académicos cubanos. No deja de demostrar la ceguera intelectual gracias a su alineación anticapitalista cuando describe sucesos que, lejos de suceder en sociedades liberales, se estructuralizan sistémicamente en sociedades como la cubana.
“Asistimos a un rechazo hacia cualquier tipo de actitud que conlleve enfrentamiento o contradicción con el poder legalmente constituido.”
Y agrega:
“Pretender ejercer el juicio crítico y la facultad de pensar puede considerarse un signo de inadaptación al medio, ser identificado como un enemigo, constituirse en un peligro social y, por ende, ser acusado de alterar el sistema y condenado al ostracismo.”
Lo que dibuja al dedillo el sistema social cubano, en todas sus épocas, con todos sus interlocutores oficiales y oficiosos. Pero, ¡no!, el señor Roitman se lo achaca a otras latitudes, a otros sistemas, a otras filosofías.
¿Qué sucede en Cuba?
Pues precisamente eso que describe el académico.
No es fácil tropezar con la actitud indiferente de la población cubana, especialmente la juventud, que decide escapar, huir del país, encontrar un proyecto en alguna otra sociedad, obviar el compromiso social, incluso, cuando se está lejos del sistema que condena al ostracismo.
¿Cuántos cubanos viven fuera de su país y acusan una indiferencia, un rechazo tajante al compromiso político, a la protesta cívica ante cada discriminación e imposición restrictiva a viajar a su propio país, regresar a sus predios originarios?
Hace un año escribí un post sobre la quema de la bandera cubana en Venezuela. Un hecho secular que demuestra, no solo las consecuencias rotundas de la influencia nefasta, mas allá de nuestras fronteras, de las políticas intervencionistas del régimen de La Habana en los asuntos internos de otros países y regiones, sino también la ignorancia y el desconocimiento de lo que realmente caracteriza al cubano de lo que es sintomatología típica del castrismo.
De los comentarios a aquel post hubo uno que me causó verdadero estupor. Decía el anónimo – la anonimicidad de los comentaristas también refleja la falta de compromiso, este estigma que Roitman quiere etiquetar al capitalismo salvaje actual, pero que es la etiqueta del neo castrismo actual – que “esa bandera ya no era de Cuba, sino del régimen”.
Pues, ¡no!, los símbolos patrios no son categorías adjuntas a ningún sistema político, a ningún grupo de poder ni a ningún orden social, pertenecen a la nación como identidad. Pero ese “socio-conformismo” que ha traído el castrismo ha llevado al cubano a pensar en la inevitabilidad de que nada suceda, de que “esto nadie lo resuelve pero tampoco lo tumba”, de que lo que constituye la nación cubana y nuestra identidad es la identidad de un grupo social en el poder.
Roitman ha intentado, una vez más, lo que otros han intentado con menos resultado, construir una nosología propia para identificar los “males” de un sistema opuesto al que trata de enganchar su etiqueta oportunista.
O el doctor en política y sociología no supo encontrar los síntomas entre su auditorio en los medios académicos cubanos, o estos fueron “muy selectos” – como a veces acostumbramos a ver en esos predios –, o la hipocresía social, que es también un síntoma de ese socio-conformismo, les cerró los labios a las palabras indiscretas de los fulanos académicos lectores, o funcionó el mecanismo inevitable de autodefensa de lo indefendible, el socialismo, en el querido doctor.
El socio-conformismo lo vemos en la pérdida de los valores autóctonos del cubano. En este contagio inevitable de modismo, modas, símbolos foráneos en geografías corporales de los grupos sociales más influenciables al escapismo y la indiferencia, los jóvenes. Que es, precisamente, el grupo social sobre el que recae el futuro del país.
La juventud cubana, especialmente los que se gradúan en los centros académicos, no tienen otro plan que soñar con vivir mas allá de las fronteras líquidas del país. No se comprometen a cambiar el orden de cosas, precisamente porque asisten todos los días al “rechazo hacia cualquier tipo de actitud que conlleve enfrentamiento o contradicción con el poder legalmente constituido”.
Los medios oficiales cubanos, los órganos y estructuras del poder castrista, las instituciones todas, las organizaciones y grupos sociales permitidos ejercen ese rechazo como principio ético de sobrevivencia.
No es el capitalismo el que ha traído el pensamiento sistémico, el socio-conformismo a Cuba, ha sido el modelo castrista, o el llamado “modelo socialista cubano”. Un modelo que no es socialista, argumentará Marcos Roitman, siguiendo el hilo desmedrado de esta suerte de defensa a ultranza de lo indefendible, la bancarrota del socialismo como modelo económico y social. Es una defensa mediocre a una ideología desmedrada.
Pero el librito de Roitman es una de los tantos intentos del “marxismo cultural” por corroer el sistema liberal, por destruir desde dentro el capitalismo.
A pesar de que el doctorcito en política nos quiera vender que la sociedad de consumo es la que nos engancha estas vendas oportunas de mercado, la realidad social de Cuba le da la bofetada de ocasión. La juventud cubana persigue mas la moda, los giros de modismos y del mercadeo consumista que la propia juventud globalizada de este planeta en los predios donde vive el señor Roitman.
Me pregunto cómo es posible.
En Cuba, por otra parte, esto se refleja en todas las estructuras sociales y en todas las tendencias políticas. En los círculos de la indiferencia juvenil, como ya dije, pero también en los círculos de poder, que hoy re-escriben la historia, tratan de cambiar los sucesos de intransigencia de los sesenta, las censuras del período gris de los 70, los campos de reconcentración de homosexuales y de disidentes, las exculpaciones de los autores intelectuales evidentes de aquellas políticas represivas.
La “revolución cubana” ya no tiene hoy ninguna de aquellas banderas y logros por las que defendió su existencia. Hoy vivimos su “marcha atrás” silenciosa, el silencio intelectual a las intransigencias, y una suerte de reconstrucción oportunista de un nuevo castrismo veleidoso, escondido detrás de una “disidencia legal”, una oposición leal, permisible, al sistema, que logre hacer sobrevivir al poder, a los mismos.
Y es también socio-conformismo esta suerte de alegar, en los predios de la llamada oposición, disidencia, la imposibilidad de enfrentar la represión del régimen sin pasar por los predios de la oficialidad norteamericana, sin acudir a ayudas ajenas, exógenas.
A raíz de la “catástrofe” del 17 de Diciembre, la oposición ha dado el grito de la traición, del horror esperpéntico al beneplácito de la diplomacia norteamericana con la supuesta subsistencia del neocastrismo y se ha transformado en oposición obamista, más que en oposición castrista. O las dos cosas juntas. Artículos indetenibles en sitios cubanos, visitas al Congreso y el Senado, duelos de palabras y conceptos en los medios.
Y existen los otros, los que asumen la disidencia “light” sin llegar a engrosar las filas de la disidencia leal. Se caracterizan por ser simples observadores del tablado, sin compromisos con ningún extremo, que se apresuran a catalogarse de “observadores”, o centristas quizás, cuando arriesgan alguna cuadratura dentro de la geopolítica cubana. No son opositores, no son disidentes, en realidad, y para acudir a una muy bien estructurada definición ya enunciada por otros con anterioridad, son personas que se auto marginan de los procesos sociales y políticos para sobrevivir, o para vivir, de esos mismos procesos sociopolíticos.
Es un fenómeno que se repite en Cuba y que ocurría en todos y cada una de las sociedades de la otrora Europa del Este. Curiosamente el señor Roitman elude escribir sobre estas coincidencias.
En la isla de las coincidencias, nadie se replantea aquello de que, en esencia, lo que nos debe preocupar es la falta de compromiso, de un proyecto y de una acción de los mismos cubanos. Se ha abandonado el campo ante la enormidad del enemigo, la presencia inevitable de la censura y represión, la cárcel, las vejaciones y el sacrificio.
¿Es que todo eso no constituye lo normal en toda lucha de liberación de un grupo social contra el totalitarismo?
Lo sufrió la Europa del Este antes del “fin de la historia”. Pero esto es, precisamente, otra de las mistificaciones que describe Roitman, la falta de compromisos claros, la falta de voluntad, el miedo a enfrentar verticalmente el problema.
Y el problema en Cuba, y en los cubanos todos, es el conformismo a confrontar algo que no es cierto: la inevitabilidad de subsistencia del sistema, a convivir con él y navegar en sus aguas.
Los vivimos todos cuando vemos acudir a los cubanos a acuñar sus pasaportes en cada embajada y en cada consulado del régimen en cualquier latitud. Lo constatamos cuando algunos justifican su acción, su consentimiento, e incluso sus palabras soeces y groseras, en esos sitios sobre Cuba que conocemos y visitamos en internet, por la posible vengatividad del régimen con sus familiares encerrados aún en la isla.
Mientras más vivamos callados, soportando anónimamente estas venganzas y estos sufrimientos. Mientras más sobrevivamos justificando la indiferencia de generaciones por la de sus antecesoras. Mientras más creamos en inevitabilidades, consecuencias, o imposibilidades, estaremos suscribiendo con nuestros actos lo que Roitman escribió, no para Cuba, no para el sistema que representa Cuba, no para el socialismo que ese país dice suscribir, si no para el capitalismo.
Es un guiño cruel de la realidad que el mismo país donde dictó este académico algunas de sus conferencias y lecturas, sea el suscriptor número uno de cada una de sus conjeturas sociales.
Me pregunto si es un guiño, una burla o sencillamente el intento oportunista de un marxista cultural académico por cerrar los ojos ante lo inevitable. ¿El también un socio-conformista!

2 comments:

Lazaro Gonzalez said...

no aparece como anteriormente, el add this al final de cada post que permitia su envio inmediato a las redes. saludos

Lazaro Gonzalez said...

resuelto, algun mareo por el freezing drizzle. gracias